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DECRETOS Y MANIFIESTO DE HUERTA QUE ORDENAN LA DISOLUCIÓN DE LAS CÁMARAS DE DIPUTADOS Y SENADORES

 

10 y 11 de octubre de 1913

Victoriano Huerta, Presidente e Interino Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed:

Que en vista de las graves y excepcionales circunstancias porque atraviesa la Nación y

Considerando: que los solemnes compromisos contraídos por el Gobierno de la República ante sus nacionales, ante las naciones extranjeras y ante la posteridad misma, lo colocan, para cumplirlos, como necesariamente los cumplirá, en la necesidad imprescindible e imperiosa de conservar la causa de la pacificación preferente a cualquiera otro interés privado o colectivo, so pena de dejar al país entregarse a un estado de anarquía que en su desenfreno, ya que no justificara, podría dar pretexto para la intervención de potencias extrañas en nuestros asuntos interiores, lo que acabaría con la dignidad nacional, que debe mantenerse por encima de todo;

Considerando: que para la realización de aquellos compromisos, es condición forzosa, que los tres Poderes en quienes reside la soberanía nacional, marchen en perfecta armonía dentro de la ley, sin que ninguno de los tres rebase los límites de sus atribuciones para invadir las de cualquiera de los otros dos, porque esto, lejos de tender a la pacificación, donde radica la vida misma del país, es origen y fuente de desórdenes que rompen el equilibrio de los tres Poderes, sin el cual el orden constitucional es una farsa encubridora de violaciones;

Considerando: que tanto se interrumpe el orden constitucional cuando el Poder Ejecutivo invade la esfera propia del Legislativo o el Judicial, como cuando es uno de éstos el que invade las atribuciones del Ejecutivo, y en el supuesto de que por fuerza de las circunstancias sea necesario interrumpir ese orden, debe ser siempre como suprema e ineludible medida de bien público, y esto sólo por el tiempo estrictamente indispensable para volver al régimen constitucional;

Considerando: que las Cámaras de la actual Legislatura de la Unión, que ya bajo el Gobierno anterior se habían demostrado inquietas y desorganizadas, al grado de que en vez de contribuir a la obra propia del estado político, constituían un poderoso elemento disolvente de todo orden social, bajo el Gobierno que en la actualidad rige los destinos de la República, han llegado a convertirse en el peor enemigo del Ejecutivo, hostilizándolo en todos sus actos e invadiendo su jurisdicción hasta en aquéllos, como el nombramiento de Secretarios de Estado, respecto de los cuales jamás se puso en tela de juicio la plena soberanía del Ejecutivo, por donde aquel poder, la Cámara popular principalmente, se ha convertido en una agrupación demagógica, cuya única tendencia perfectamente definida, es la de impedir toda obra de gobierno, en el preciso momento en que, puesta en peligro la autonomía nacional, todos debieran reunirse al Ejecutivo y agruparse bajo la misma gloriosa bandera para la defensa de la patria;

Considerando: que en sus tendencias demagógicas la Cámara de Diputados no solamente ha atacado las bases fundamentales de la vida social, como el derecho de propiedad y otros menos esenciales, sino que diariamente y alardeando de ello para soliviantar los ánimos, atropella a los otros dos Poderes de la Unión e invade su esfera de acción propia y genuina, con la pretensión, no obstante no ser un poder completo, de reunir en sí todos los poderes como sucedió en el caso Barros-Limantour, en que despreció las órdenes del Poder Judicial, y como sucede ahora mismo en que de nuevo atropella a ese Poder usurpando atribuciones de juez de Instrucción para investigar supuestos delitos del fuero común y en que, desatendiendo las condiciones del país, de suyo ya muy graves, amenaza al Ejecutivo y al país con abandonar su solapada conducta revolucionaria para declararse francamente rebelde;

Considerando: que el Ejecutivo de la Unión, deseoso de evitar choques con los otros poderes ha estado tolerando las usurpaciones que de sus facultades ha venido cometiendo el Legislativo, ha intervenido con sus buenos oficios para prevenir choques entre la Cámara de Diputados y el Poder Judicial como de hecho intervino en el citado caso Barros-Limantour, evitando el conflicto de fuerzas;

Considerando: que en el presente caso la prudencia y la buena voluntad del Ejecutivo han llegado al extremo pocas veces visto de ir la Cámara Popular reiteradamente la reconsideración de sus acuerdos ilegales y atentatorios, sin haber obtenido otra cosa que una comprobación más de que aquella Cámara es decididamente disolvente y revolucionaria y de que está resuelta a acabar por cualquier medio con el Poder Ejecutivo, sin que en modo alguno le preocupen ni le importen las gravísimas consecuencias que su actitud implica en este supremo instante de la vida nacional;

Considerando: por último, que si ha de romperse el orden constitucional por uno u otro medio como resultado de la obra antipatriótica de los señores miembros del Poder Legislativo, es indispensable que mientras se reconstituyen las instituciones, se salve la patria y la dignidad nacional, lo que no se concilia con la desaparición del Poder Ejecutivo que viene procurando la Cámara Popular;

Por estas consideraciones, he venido a expedir el siguiente

DECRETO

Art. 1o. Se declaran disueltas desde este momento e inhabilitadas para ejercer sus funciones, las Cámaras de Diputados y Senadores de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión. En consecuencia, cualesquiera actos y disposiciones de dicho cuerpo legislativo, serán nulos y no podrán recibir la sanción el Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos.

Art. 2o. Se convoca al pueblo mexicano a elecciones extraordinarias de diputados y senadores al Congreso de la Unión. Estas elecciones se verificarán el día 26 del mes en curso y servirá para ellas la división territorial verificada para las elecciones extraordinarias de Presidente y Vicepresidente de la República, que se celebrarán en la misma fecha.

Art. 3o. Por esta vez el Senado se renovará por entero, debiendo durar los senadores de número impar, así como los CC. diputados, hasta el 15 de septiembre de 1914, y los de número par, hasta el 15 de septiembre de 1916.

Art. 4o. Las próximas Cámaras se reunirán el día 15 del próximo mes de noviembre para la revisión de credenciales, debiendo quedar instaladas el 20 del mismo, y deberán ocuparse preferentemente de calificar las elecciones de Presidente y Vicepresidente de la República, y de juzgar los actos cumplidos por el Gobierno interino desde la presente fecha hasta la reinstalación de las Cámaras.

Art. 5o. Las elecciones extraordinarias de diputados y senadores a que se convoca por el presente decreto, se sujetarán a las disposiciones relativas de las leyes electorales vigentes, en cuanto no se opongan al presente decreto.

Art. 6o. Para las elecciones de diputados, servirá la misma división territorial a que se sujetaron las elecciones de 1912.

Por tanto, mando se imprima, publique, circule y se dé el debido cumplimiento.

Dado en el Palacio Nacional del Poder Ejecutivo, en México, a 10 de octubre de 1913.

V. Huerta.

Al C. Lic. Manuel Garza Aldape, Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación.

MANIFIESTO DE VICTORIANO HUERTA CON MOTIVO DE LA DISOLUCIÓN DE LAS CÁMARAS LEGISLATIVAS

Mexicanos:

Al hacerme cargo de la Presidencia Interina de los Estados Unidos Mexicanos, en circunstancias que vosotros conocéis, mi único propósito, mi más ferviente anhelo, fue y ha sido, y sigue siendo, realizar la paz de la República, aceptando los sacrificios y las responsabilidades que demanda esta gigantesca labor.

Uno de los mayores sacrificios a que me he visto obligado, es la expedición del decreto en el que se consigna la disolución del Poder Legislativo, al cual siempre traté con el mayor acatamiento, procurando también, con el mayor ahínco, hacer una perfecta armonía entre los Poderes de la Unión.

Desgraciadamente he fracasado en este supremo deseo, porque la Cámara de Diputados ha demostrado una sistemática e implacable hostilidad para todos y cada uno de los actos de mi Gobierno.

Designé como Secretario de Estado y del Despacho de Instrucción Pública y Bellas Artes, al honorable ciudadano Eduardo Tamariz, y la Cámara, tras el espacioso pretexto de que se trataba de un católico, negó el permiso respectivo a dicho ciudadano, cuya gestión hubiese sido sin duda, fructuosa para la República, en la que precisamente, por liberal, caben todos los credos y encuentran ancho campo, diversas aspiraciones.

Se han remitido varias iniciativas del Ejecutivo, para la organización y la reorganización de los servicios públicos, y la Cámara, intransigente, no ha despachado asuntos que son trascendentales, para el porvenir de la Nación. Y más aún, el Ejecutivo pudo convencerse de que la mayoría estaba resuelta a negarle todo subsidio, a pesar de las anormales condiciones porque atravesamos y los graves compromisos que tenemos en el interior y en el exterior.

No se ha detenido aquí el Poder Legislativo: numerosos de sus miembros militan en la filas de la revolución, y muchos otros, amparados por el fuero, conspiran en la ciudad, a ciencia y paciencia del Gobierno, que se ha encontrado maniatado frente a tales funcionarios, para quienes el fuero ha sido patente de inmunidad penal. Últimamente, la actitud de la Cámaras ha rebasado, no ya los límites constitucionales de la armonía de los Poderes, sino hasta las fórmulas de simple cortesía y decencia: el Presidente de la República se ha visto aludido en forma profundamente ofensiva y calumniosa, instituyéndose comisiones para la averiguación de hipotéticos delitos, que no sólo privan al Ejecutivo de la eficacia en la acción que le está conferida, sino que al mismo tiempo, de la manera más flagrante, invade las atribuciones del Poder Judicial, único al cual le corresponde juzgar y decidir de los delitos que se cometen.

Semejante situación no podrá engendrar sino el caos y la anarquía. Si el subscripto, viese en la actitud de rebeldía de la Cámara, un movimiento coordinado y compacto, brotado de la opinión pública, con caudillos capaces de recibir el Gobierno y de conducir al país a días prósperos y gustoso abandonaría el Poder para entregarlo a manos expertas.

Pero nada de esto sucede. La oposición en las Cámaras obedece a los más encontrados móviles y los anhelos más divergentes. Podría asegurarse que si mañana este Cuerpo tuviese que designar al Ejecutivo de la Unión, se trabaría en su seno la más sangrienta batalla, sobre los despojos del Poder Público.

Mexicanos: Sólo un compromiso he contraído con vosotros:

HACER LA PAZ EN LA REPÚBLICA. Para lograrlo, estoy dispuesto a hacer el sacrificio de mi vida y a emprender las más abnegadas empresas. Devastada la Nación por tres años de guerra civil; disminuidos sus ingresos notablemente; y aumentados, en cambio, sus egresos al doble de los años normales, he podido, sin embargo, organizar un ejército de ochenta y cinco mil hombres al servicio de la pacificación nacional.

Todos mis esfuerzos, para hacer de la patria un pueblo respetable en el interior y respetado en el exterior, lamentablemente se han visto nulificados por la labor perturbadora y obstruccionista de la Cámaras, con las cuales quise ser conciliador hasta el último extremo.

Al recibir una comunicación de la Cámara de Diputados, apremiante para el Ejecutivo e invasora de las facultades constitucionales de los otros Poderes, mandé al señor Secretario de Gobernación para que aquel Cuerpo reconsiderase sus resoluciones. Todo fue en vano. Y agotados los recursos de la prudencia y del orden, tuve que decidir la disolución del Cuerpo Legislativo, a fin de que el pueblo elector, experimentado ya por los dolores de una larga lucha civil, mande a la Representación Nacional a ciudadanos cuyo único anhelo, cuyo solo ideal, sea la reconstrucción de la Patria, sobre el sólido cimiento de la paz pública.

Victoriano Huerta

DECRETO DEL EJECUTIVO CON QUE CESA EL FUERO CONSTITUCIONAL DE LOS MIEMBROS DEL XXVI CONGRESO DE LA UNIÓN

11 de octubre 1913

Victoriano Huerta, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, sabed:

Que en virtud de haber sido disueltas las Cámaras de Diputados y Senadores de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión, e inhabilitadas para ejercer sus funciones, y en uso de las facultades de que me hallo investido en el ramo de Gobernación por el Decreto de 11 de octubre del año en curso, he tenido a bien decretar lo siguiente:

Artículo único. Cesa el fuero constitucional de que han estado investidos en razón de las funciones que desempeñaban los ciudadanos que formaron el XXVI Congreso de la Unión, y en consecuencia quedan sujetos a la jurisdicción de los Tribunales en caso de ser responsables de algún delito o falta.

Por tanto, mando se imprima, publique y se le dé el debido cumplimiento.

Dado en el Palacio Nacional de México, a 11 de octubre de 1913.

V. Huerta.

Al C. Lic. Manuel Garza Aldape, Secretario de Estado y del Despacho de Gobernación.

El Presidente Interino decreta que el Poder judicial continúe en funciones y que el Ejecutivo asuma las facultades del Legislativo en los ramos de Gobernación, Hacienda y Guerra, "sólo por el tiempo estrictamente necesario para que se establezca de nuevo el Poder Legislativo".

Fuente: Wikipeida. De la crisis del modelo borbónico al establecimiento de la República Federal. Gloria Villegas Moreno y Miguel Angel Porrúa Venero (Coordinadores) Margarita Moreno Bonett. Enciclopedia Parlamentaria de México, del Instituto de Investigaciones Legislativas de la Cámara de Diputados, LVI Legislatura. México. Primera edición, 1997. Serie III. Documentos. Volumen I. Leyes y documentos constitutivos de la Nación mexicana. Tomo III. p. 271. Creative Commons.

 
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