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MARÍA JOSEFA ZOZAYA

 

MARÍA JOSEFA ZOZAYA DE GARZA (1822-1858*)

Nació en 1822 en San Carlos, Tamaulipas, hija de Cristóbal de Zozaya y Gertrudris Valdez. Conocida por haber alentado a las tropas mexicanas al ayudar y dar alimento a las tropas,[1] durante la batalla de Monterrey.

En 1846 se mudó con su familia a Monterrey, ciudad que poco después sería sitiada por las tropas estadounidenses durante la Intervención estadounidense en México.

De acuerdo con las fuentes, Zozaya de Garza visitó a las tropas mexicanas que combatían en el sitio para alentar a los soldados y darles alimento para que así pudieran continuar durante el sitio, cuya duración se extendió a un total de tres días. Incluso entabló diálogo con las tropas estadounidenses para que los soldados mexicanos pudiesen salir de la ciudad y reorganizarse en el estado de Saltillo.[2]

Su casa, por estar estratégicamente situada frente a la plaza principal, el último recinto defensivo en el plan de combate del General Pedro de Ampudia, comandante del Ejército Mexicano, fue ocupada con tropas que se colocaron en la azotea. Desde ahí era posible dominar el paso de varias calles. El 19 de Septiembre la batalla dio inicio cuando una sólida columna de cerca de 6,250 soldados norteamericanos se presentó ante Monterrey, por el camino que venía de Marín, seguidos por sus cañones y carretas de suministros. Desde la Ciudadela, el principal fuerte mexicano que dominaba el acceso por el norte, la artillería de grueso calibre comenzó a hacer fuego, anunciado claramente a la población la inminencia del conflicto.“Las familias que hasta entonces no habían emigrado” -narró un testigo- “ahora abandonaban en tropel sus hogares con el terror en los semblantes.

Escenas de dolor y ternura se veían por todas partes.... la joven sosteniendo los pasos del trémulo anciano, el padre cariñoso llevando en brazos á sus hijos..”. Durante los siguiente días la batalla rabió con una intensidad nunca antes vista en Monterrey, con una serie de asaltos y ataques frontales de los yanquis, que iban de la periferia hacia en interior. Primero sobre los fortines en los suburbios; y después de tomar algunos de ellos, avanzando hacia las barricadas en las calles.“El 23 (de Septiembre) al amanecer” –escribió un oficial mexicano- “ya se había abandonado la primera línea y reconcentrado en la última toda la fuerza, que quedó reducida al pequeño recinto de la Plaza de Armas, blanco de las bombas y granadas”.“Los americanos fueron por consiguiente dueños de toda la población, que penetraron en el acto, orando paredes y circundándonos de rifleros, que antes eran nulos y entonces ya se hacían respetables”.Posesionados de varias casas contiguas a la plaza principal, varias compañías de Rifleros de Mississippi armados con sus rifles rayados Withnfield, de mayor precisión que los mosquetes normales, comienzan a hacer fuego desde la parte alta de los edificios.

Los soldados mexicanos apostados en las azoteas aledañas, incluyendo los que se encuentran sobre la casa de Josefa Zozaya, responden al tiroteo y el combate se generaliza por entre los techos. La balas silban y caen como granizo, rebotando en los sillares de los parapetos. Las municiones se consumen y es necesario pertrechar a las tropas.

Su cita con el destino ha llegado para Josefa Zozaya, y con valor y determinación enfrenta su momento en la historia. A riesgo de su vida sube voluntariamente a la azotea y desdeñando no solo su condición de mujer y madre de dos hijas pequeñas, sino también de la fatal precisión de los “rifles Mississippi”, lleva pólvora y balas para todo aquel que las necesite, los alienta; les alienta a despreciar los peligros.[3]

José María Roa Bárcenas, Guillermo Prieto, David Alberto Cossío, Ricardo Covarrubias, Santiago Roel, muchos son los historiadores y escritores que han descrito este acto patriótico: “animó y municionó a la tropa”; “logró infundirles ánimo en la lucha”; “inyectó nuevos alientos a los defensores”. Su osado desprecio al peligro, presentándose valientemente en la primera línea del combate durante uno de los momento más difíciles del conflicto, ha sido justa razón para que sea llamada la “Heroína de Monterrey”.

Un año después, en 1847, se casó con Manuel de la Garza y Flores, con quien procreo dos hijas. No obstante, tras la muerte de éste dos años después, Zozaya de Garza contraería matrimonio con el hermano de Manuel, Juan Martín de la Garza Flores, quien durante un corto período fue gobernador de Tamaulipas. Vivió en Matamoros y tuvo cuatro hijos más.

María Josefa Zozaya murió en 1860?. Fue aparentemente enterrada en Matamoros, Tamaulipas. Sin embargo no se han encontrado evidencias de su tumba.

Un hallazgo reciente de el T.C. Palmerin menciona que María Josefa  murió el 17 de Octubre de 1858* en Matamoros, Tamaulipas a los 36 años. [4]

Referencias: 1. a b «María Josefa Zozaya de Garza». CIMA Noticias. Consultado el 9 de agosto de 2011.; 2. «La heroína María Josefa Zozaya Valdez». Oem.com.mx. Consultado el 9 de agosto de 2011.; 3. «Fuerzas invasoras norteamericanas toman Monterrey». ; 4. labatallademonterrey1846.blogspot.mx.

Fuente: Wikipedia. Pablo Ramos (Pedro de Ampudia) labatallademonterrey1846.blogspot.mx. Memoriapoliticademexico.org. Consultado el 9 de agosto de 2011. Biografía de María Josefa Zozaya de Garza en el sitio web de CIMAC Noticias. Creative Commons.

 
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