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1539: EL PROCELOSO VIAJE DE FRAY MARCOS DE NIZA EN BUSCA DE CÍBOLA

 

La expedición de fray Marcos de Niza (que anteriormente ya había formado parte de la expedición de Alvarado al Perú en 1534) salió de Culiacán el 7 de marzo de 1539 y se dirigió al norte, bordeando la costa, hasta llegar a un lugar llamado Vacapa, en el estado de Sonora.

Fray Marcos envió a Estabanico hacia el norte, con la orden de continuar 50 o 60 leguas, y ver si podía encontrar cualquier indicio que ayudara en la búsqueda.

Cuatro días más tarde, Estebanico envió al cura un mensajero que portaba una gran cruz de madera. El mensajero informo de “siete ciudades muy grandes en la primera provincia, todas bajo el mando de un solo señor, con grandes casas de piedra y cal, las más pequeñas de un solo piso y otras de dos y tres pisos de altura. Y en los portales de las casas más grandes hay grandes dibujos realizados con piedras de color turquesa, de los cuales se decía había mucha abundancia.”

Días mas tarde, Estebanico envió un nuevo mensajero, que aporto una información más específica sobre la localización de las siete ciudades, situadas a 30 días de camino. El padre Marcos decidió marchar al encuentro de Estebanico, para verificar las declaraciones de los mensajeros.

Fray Marcos de Niza salió de Vapaca el 8 de abril de 1539, esperando encontrarse con Estebanico en el pueblo desde donde se envió el segundo mensajero, pero al llegar allí vio que Estebanico había desobedecido sus órdenes y había marchado en busca de Cibola sin esperarle.

Fray Marcos salió inmediatamente hacia el norte, en busca de Estebanico, pero este siempre tenía varios días de ventaja. Por cada pueblo que pasaba, Marcos enseñaba a los nativos muestra de oro y otros metales, para saber si eran conocidos en la zona. Llego a la conclusión de que dichos metales si eran conocidos por los nativos de las montañas del interior.

En el viaje, Estebanico había vuelto a practicar el chamanismo con las tribus con las que se encontraba, y se le habían unido un gran número de admiradores a lo largo del último valle (seguramente el valle por el que transcurría el rio san pedro, en el sureste de Arizona) antes del desierto. Ambos, Estebanico y fray Marcos en su persecución, continuaron el viaje por la región montañosa cerca de la actual frontera entre Arizona y Mejico.

Parte de los nativos del valle se unieron a fray Marcos, quien esperaba reunirse con Estebanico alrededor del día 24 de mayo en las cercanías de las siete ciudades de Cibola. Estos nativos actuaron como guías y porteadores de la expedición, siguiendo una ruta que ya conocían.

Pero a pocos días de llegar a Cibola, la expedición de fray Marcos se encontró con un par de ensangrentados nativos. Estos le informaron que Estebanico había llegado a Cibola, donde el señor de la ciudad le había prohibido acercarse a la ciudad. El señor de Cibola estaba preocupado por Estebanico. Nunca había visto a un hombre de color, chaman, que además viajaba acompañado por dos galgos castellanos, animal que los nativos no conocían.

Estebanico, confiado por su amplia experiencia en la zona, se había reído de la orden del señor de Cibola y había tratado de acercarse a la ciudad. Se produjo un enfrentamiento, que costó la vida a Estebanico y a varios de los indígenas que le acompañaban.

A pesar de esta información, fray Marcos decidió continuar adelante. Acompañado por un pequeño grupo de nativos, al fin llego a la vista de Cibola.

Era una gran ciudad, situada en la falda de una colina redonda. Las casas eran como los mensajeros habían contado, y la ciudad era incluso más grande que la ciudad de Méjico.

Los nativos que le acompañaban le indicaron que esa era la más pequeña ciudad de las siete, y que en el reino más lejano llamado Totonteac, había incluso más casas y muchos más habitantes.

Fray Marcos decidió llamar al lugar San Francisco. Con la ayuda de los nativos que le acompañaban erigió una cruz y anuncio que tomaba posesión del lugar en nombre del emperador y del virrey de nueva España, don Antonio de Mendoza.

Y se marcho de allí lo más rápido que pudo, no se acerco a la ciudad, siguiendo a la vuelta la misma ruta que había llevado a la ida. Pero en todos los pueblos por los que paso se encontró con que los habitantes, que tan bien le habían recibido antes, eran ahora hostiles.

Llego a ciudad de Méjico a mediados de agosto. El día 23, el obispo de Ciudad de Mejico, fray Juan de Zumarraga, escribió una carta describiendo los descubrimientos de fray Marcos.

El día 28, una copia de la carta fue certificada y enviada a sus superiores de la orden franciscana. Que el día 2 de septiembre la entregaron en persona al virrey, en una reunión en la que estuvo presente el mismo Marcos de Niza.

Comenzaron a circular los rumores de que el fraile había asegurado haber encontrado oro. Pero parece ser que lo que el fraile aseguro fue que había visto una ciudad rica y populosa, no que había encontrado oro.

Pero eso fue suficiente para avivar las esperanzas de los españoles. Si Francisco Pizarro y Hernán Cortes habían conquistado imperios repletos de oro solo unos pocos años antes, eso sugería que otros imperios indígenas también lo tendrían.

En 1540, el virrey autorizó una expedición armada al mando de Francisco Vázquez de Coronado para intentar la conquista de las siete ciudades de Cibola y las enormes riquezas que se suponía albergaban.

Fuente: Wikipedia. Publicado por angelillo. historiaparanodormiranhell.blogspot.mx. Creative Commons.

 
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