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JOSÉ LÁZARO DE LA GARZA

JOSÉ LÁZARO DE LA GARZA Y BALLESTEROS (1785-1862)

Nació en Ojo de Agua en Valle de Pilón, Nuevo León, 17 de diciembre de 1785. Se graduó de licenciado en Derecho Civil y doctor en Derecho Canónico. Obispo en Sonora y arzobispo en la Ciudad de México durante la Guerra de Reforma.[1] Fue medio-hermano del primer gobernador constitucional del estado de Nuevo León, José María Parás.

Ingresó en el Seminario de Monterrey a la edad de 13 años. Continuó sus estudios en el Seminario Tridentino en la Ciudad de México. En 1810 se graduó como abogado. Cinco años más tarde recibió su orden sacerdotal. En 1819 se obtuvo el doctorado en Derecho Canónico. Fue nombrado vicerrector del Seminario, cura de Tepotzotlán, y de la Palma y del Sagrario Metropolitano.[2]

En 31 de octubre de 1837 fue nombrado obispo de Sonora, comenzó la construcción del seminario de la diócesis. En 1847, Lázaro de la Garza redactó el opúsculo Bienes de la Iglesia. El documento contempla el origen de los bienes de la Iglesia, su administración, y las leyes sobre la materia conforme a la legislación mexicana de 1843.[3]

Siendo arzobispo de México, Lázaro de la Garza se pronunció en contra de las Leyes de Reforma contenidas en la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857. En marzo de 1857, declaró durante un sermón, que las nuevas leyes eran "hostiles a la Iglesia". El 17 de abril, envió una circular a todos los sacerdotes de su diócesis "previniendo que no se absolviera sin previa retractación pública a los fieles que hubiesen jurado la constitución". Su postura fue escuchada por muchos empleados que se negaron a jurar la Carta Magna, quienes fueron destituidos de sus puestos por el gobierno mexicano. En diferentes partes del país, se realizaron diferentes pronunciamientos, y levantamientos armados bajo el grito de "religión y fueros".[4]

En consecuencia, la sociedad mexicana quedó dividida en dos facciones. Los liberales que apoyaron las reformas a la Constitución y los conservadores que la detractaban apoyando al clero. Estalló la Guerra de Reforma en el territorio mexicano, estableciéndose dos gobiernos. Por una parte el Constitucional a cargo de Benito Juárez y el promulgado por una Junta del Partido Conservador bajo el mando de Félix María Zuloaga. El 23 de enero de 1858 el gobierno conservador quedo formalmente establecido, el gobierno de liberal tuvo que escapar de la capital. El arzobispo ofició una misa en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, y para celebrar el acontecimiento se cantó el Te Deum. El 12 de febrero De la Garza envió una carta al presidente interino Zuloaga para congratular a su gobierno de forma oficial y brindarle su apoyo.[5]

Durante el desarrollo de la guerra, el gobierno de Juárez se mantuvo errante. Durante su estancia en San Juan de Ulúa, Veracruz oficializó las Leyes de Reforma que habían dado origen a la disputa entre liberales y conservadores. El arzobispo Lázaro de la Garza, escribió cinco cartas pastorales dirigidas a los fieles y al clero.

La Primera carta pastoral fechada el 29 de julio de 1859 denunció el nulo valor de los decretos de Juárez bajo el punto de vista de rechazar su autoridad legítima. Juárez había declarado que el clero había promovido el Plan de Tacubaya en diciembre de 1857, el cual había desencadenado el golpe de Estado al gobierno de Ignacio Comonfort. En la carta, el arzobispo calificó de injurias, las declaraciones del presidente, acusándolo a su vez de promover la persecución de la Iglesia Católica.[6]

La Segunda carta pastoral fue redactada el 5 de agosto de 1859. El documento se refiere al análisis de la ley de desafuero eclesiástico. La ley había sido reprobada con anterioridad por el papa Pío IX el 15 de diciembre de 1856. El punto de vista establecido por el arzobispo fue la indefinición de que tipos de negocios habían de ser considerados de índole eclesiástico. Argumentó que la Iglesia no podía depender del poder civil, ya que solo a ésta le atañaba el nombrar ministros, predicar el evangelio y la administración de sacramentos. De tal suerte que los matrimonios realizados por el Registro Civil no tendrían validez, ya que de acuerdo al Concilio de Trento solamente la Iglesia podía ejercer este sacramento.[7]

La Tercera carta pastoral fue fechada el 12 de agosto de 1859. En el documento reclamó la intromisión del Estado que contemplaba el artículo 123 de la Constitución: "corresponde exclusivamente a los poderes generales, ejercer en materia de culto religioso y disciplina externa la intervención que designen las leyes". Argumentó que era la voluntad del pueblo católico rechazar esta posición, y que Juárez iba en contra de esta postura. Nuevamente manifestó que Juárez carecía de representación legítima y autoridad para expedir leyes.[8]

La Cuarta carta pastoral fue emitida el 19 de agosto de 1859. El arzobispo denunció la intromisión de Juárez en las corporaciones regulares, por haber ordenado la extinción de cofradías y cierre de noviciados religiosos. Juárez había declarado que pasarían a formar parte de la Nación los bienes raíces administrados por el clero secular y regular.[8]

La Quinta carta pastoral se dio a conocer el 7 de septiembre de 1859. En la carta, el arzobispo se pronunció en contra de la ley del 11 de abril de 1857, referida a las obvenciones parroquiales. Denunció que la enajenación realizada por el gobierno contra los bienes eclesiásticos fue con un precio más bajo al valor real de los mismos. Pidió de nueva cuenta hacer llegar a los feligreses la circular emitida el 17 de abril.[8]

El 1 de enero de 1861 el ejército liberal entró en la Ciudad de México. Benito Juárez y su gabinete arribaron diez días más tarde. De inmediato, el presidente Juárez expidió un manifiesto dirigido a la Nación, en donde declaró su política liberal y reformadora. La separación de la Iglesia-Estado fue oficialmente establecida. Al día siguiente, el ministro de Relaciones Melchor Ocampo solicitó formalmente a los representantes de España, el Vaticano, Ecuador y Guatemala abandonar el país, por haber favorecido a la administración del gobierno del Partido Conservador. Cinco días más tarde, se giró la orden de destierro para el arzobispo Lázaro de la Garza junto con cuatro obispos más,[9] entre ellos, el obispo de Oaxaca José María Covarrubias y Mejía.

El Obispo de Ciudad de México Don Lázaro de la Garza murió el 11 de marzo de 1862 en Barcelona, España,[1] camino a Roma, Italia.

Extraemos del semanario "La Verdad Católica" de Cuba, varios fragmentos de este acontecimiento curioso de la historia que hermana México y Catalunya.

"En el vapor correo que salió de nuestro puerto ayer 4, marchó para la Península, con destino ulterior á Roma, el Ilmo. Sr. Dr. D. Lázaro la Garza y Ballesteros, Arzobispo de Méjico. Acompaña a S. Ilma. en su viaje el Sr. Canónigo D. Salvador Zedillo. No dudamos que el Padre Santo, en medio de sus angustias y tribulaciones, recibirá grandísimo consuelo viendo en la ciudad eterna al primero de los Obispos Mejicanos, cuyas virtudes ensalzó tanto Su Santidad en la última Alocución al Sacro Colegio..."

" Por el último correo de la Península se tienen noticias detalladas de la llegada á España y permanencia en Cádiz del venerable Arzobispo de Méjico, que por espacio de un año residió entre nosotros (Cuba) después de ser expulsado de su diócesis, y que tan acreedor se hizo al aprecio y respeto de cuantos tuvieron el gusto de tratarle, así por su acendrada piedad como por la afabilidad de su carácter. El Ilmo. Sr. D. Lázaro La Garza y Ballesteros llegó a Cádiz el 24 de Enero prócsimo pasado, siendo recibido al desembarcar por el Sr. Canónigo secretario de aquella diócesis. el fiscal eclesiástico y el Sr. Consul de Méjico, y conducido en silla de mano á casa de la familia del Sr. Secretario de este obispado, Monseñor Sanchez, en cuya casa se alojó desde luego. Poco después de su llegada á Cádiz, recibió el Sr. Arzobispo un parte telegráfico de Roma en que se le indicaba que se detuviese por algún tiempo en España á causa de lo riguroso de la estación en la ciudad eterna, hacia la cual se dirige el ilustre Prelado. Este recibió, el dia 6 de febrero, otro parte anuncíandole que podia continuar su viage, y en tal virtud debia embarcarse para Italia el 16 del pasado".

"Los numerosos amigos que dejó en La Habana y en la vecina villa de Guababacoa el Ilmo. Sr. D. Lázaro de la Garza y Ballesteros, digno Arzobispo de Méjico, verán con doloroso interés los siguientes pormenores relativos á su enfermedad que extractamos de los periódicos de la Península recibidos por el último vapor correo: "Anoche, dice el Diario de Barcelona del 28 de febrero, nuestro Ilmo. Prelado tuvo noticia de que el Excmo. é Illmo. Arzobispo de Méjico se hallaba enfermo á bordo de uno de los vapores que hacen tráfico en la costa de Levante. Constituyóse en seguida S.E.I. al puerto para recibirle, y enterado del estado del ilustre enfermo, prévia consulta facultativa, dispuso que fuese trasladado á su palacio episcopal, como así se hizo en la mañana de ayer, debiendo ser transportado en una camilla á causa del estado grave en que se hallaba dicho Excmo. é Ilmo. Sr. Arzobispo, quien se dirigía a Roma á asuntos de su diócesis. Inútil es decir que S.E.I. es objeto de los mas cuidadosos desvelos por parte de nuestro Ilmo. Prelado y de sus familiares".

El mismo periódico, en su número de 1º de Marzo, añade lo siguiente: "Ayer tarde la campana mayor de la Catedral anunció la noticia de haber presentado S.M. la Reina, para ocupar la silla de Gerona, al Ilustre D. Constantino Bonet, canónigo penitenciario de nuestra Santa Iglesia. Como casualmente anteayer se hallaba enfermo de algun peligro el Excmo. e Ilsmo. Sr. Arzobispo de Méjico, varias personas se dirigieron al palacio episcopal creyendo iba á viaticarse a éste anciano prelado; mas pronto supieron el verdadero motivo de echarse á vuelo la campana. Dicho Sr. Arzobispo se hallaba ayer notablemente mejorado, y á continuar así, dentro de pocos dias podrá dejar la cama". No tardaron en desvanecerse tan alhagüeñas esperanzas: en efecto, el propio Diario publicaba el siguiente suelto el 2 de marzo: "Anoche, habiéndose agravado la enfermedad del Ilmo. Sr. Arzobispo de Méjico, hubo de administrársele el Santo Viático.

Su Señoría Ilma., en su profunda humildad, rogó con vivas instancias que se verificase este religioso acto con sencillez, y sin nada de ostentación; y tan solo por complacer al paciente, accedieron nuestro Excmo. Prelado é Ilmo. Cabildo á omitir la solemnidad y la pompa que se acostumbra en semejantes ocasiones. Sin embargo todos se hicieron el deber de asistir á este acto como particulares, y dar con esto una muestra del aprecio y veneración que profesan al ilustre paciente. Dios quiera consolarle con su gracia en el duro ostracismo que está sufriendo. Su Ilma. se llama D. Lázaro de la Garza, y es un anciano de cerca de ochenta años, que recuerda muy bien la dominación española de aquel país, ahora tan desventurado. Le acompañaban un Sr. Canónigo secretario y un solo paje. Su Ilma. no ha admitido mas cama que unas simples tablas". Por último La España, del 5, citando al Pensamiento Español, inserta lo siguiente: "El alivio que segun anunciábamos ayer, había experimentado el Sr. Arzobispo de Méjico, no ha continuado. Por el contrario, el digno prelado ha sufrido un recargo de tanta consideracion, que los facultativos que le asisten temen por su preciosa existencia. En la noche del sábado se le admnistró el Santo Viático, cuya ceremonia, á ruegos suyos, se verificó sin ningun género de ostentación, á pesar de los deseos del Ilmo. Sr. Obispo de Barcelona, y cabildo de aquella santa iglesia catedral. Pero si oficialmente no se desplegó pompa alguna, el acto se verificó con el mayor lucimiento, porque acudieron como particulares cuantos en otro caso lo hubieran hecho de oficio. Las amarguras que el ánimo de S.I. ha sufrido de verse desterrado de su diócesis, las que experimenta cada vez que recibe noticia de los atentados de que es víctima una parte de sus ovejas, así como los extravíos de otra parte de ellas, han hecho un daño irreparable en su corazón de padre, y mas que los achaques de la impiedad. Por su mandato, que ha tenido que ser obedecido, está S. I. postrado en una tarima, sin mas abrigo que una manta de lana. - Si Dios en sus altos juicios llama á sí al venerable Sr. Lagarza, los que están hoy recibiendo tan sublimes ejemplos de humildad y paciencia, exclamarán al ver volar al cielo su bendita alma: pretiosa in conspectu Domini mors sanctorum ejus" -.

"Tenemos que anunciar una sensible pérdida: el Excmo. é Ilmo. Sr. D. Lázaro de la Garza y Ballesteros, Arzobispo de Méjico, gran canciller d ela distinguida Orden mejicana de Guadalupe, pasó a mejor vida el dia 11 del corriente á las diez de la noche. [...] El 11 del corriente, á las diez de la noche menos cinco minutos, despues de haber pasado todo el dia implorando las divinas misericordias y recitando afectuosas jaculatorias que enternecian á cuantos le rodeaban, despues de haber bendecido á su patria y especialmente á su diócesis, entregó el alma al Creador.

Su cadáver, después de haber sido conducido por varias calles de esta capital, precedido de las siete Comunidades mas antiguas, de los alumnos internos del Seminario conciliar y del Ilmo. Cabildo catedral, y seguido de nuestro Excmo. é Ilmo. Prelado, del Ilmo. Sr. Obispo de Antequera (Méjico), de los Excmos. Sres. Capitan General, General segundo cabo, Gobernador civil, del Excmo. Ayuntamiento, de los catedráticos del Seminario y de la Universidad literaria, y de algunas otras corporaciones, fué depositado en la tumba destinada para los Obispos forasteros (parece que estaba en el Coro). Muchos de los espectadores que se agolpaban para ver pasar el cadáver del virtuoso Arzobispo no podian menos de exclamar: He aquí un Santo".

Los restos del Arzobispo De la Garza fueron repatriados a México en 1887, y sus cenizas descansan en la capilla de la Purísima de la Catedral de la Ciudad de México.

Referencias: 1.↑ a b Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.346.; 2.↑ Sistema informativo de la Arquidiócesis de México (ed.): «Lázaro de la Garza y Ballesteros». Consultado el 31 de octubre de 2009.;  3.↑ Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.352.; 4.↑ El Colegio de México Op.cit. p.597.; 5.↑ Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.116.; 6.↑ Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.347.; 7.↑ Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.348.;  8.↑ a b c Saranyana, Josep Ignasi Op.cit. p.349.; 9.↑ El Colegio de México Op.cit. p.603.

Fuente: Wikipedia. El Colegio de México (2009) Historia general de México, versión 2000 capítulo "El liberalismo militante", Lilia Díaz, México, ed.El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, ISBN 968-12-0969-9.; SARANYANA, Josep Ignasi; ALEJOS GRAU, Carmen José (2008). Teología en América Latina, volumen II, "II. Las polémicas teológicas en las repúblicas independientes", Madrid, ed.Iberoamericana, ISBN 978-84-8489-333-2. texto en la web Consultado el 30 de octubre de 2009. Asociación Cultural Mexicano Catalana. Creative Commons

 
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