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PARTE DETALLADO DE CONCHA DE LA EXPEDICIÓN Y ACCIÓN DEL 5 EN QUE SE APREHENDIÓ A MORELOS

 

— 13 DE NOVIEMBRE DE 1815 —

Del señor coronel don Manuel de la Concha

Excelentísimo señor.— Agregado a la sección de mi mando en Tenango del Valle el día 20 de octubre último el refuerzo de 200 infantes y 50 caballos que vuestra excelencia se sirvió remitirme con su superior orden de 16 del mismo y los encargos más expresos para solicitar y perseguir, unido o de concierto con el teniente coronel Villasana al rebelde Morelos que con los de su facción sabía vuestra excelencia emprendía su marcha desde Huetamo para las provincias de Puebla y Oaxaca, me reuní a la sección de dicho jefe en la cuadrilla de Zazamulco el día 2 del corriente y acordamos unánimes hacer una persecución continuada al rebelde Morelos que con su gavilla marchaba por el margen del río con dirección al pueblo de Atenango, que era puntualmente el que le proporcionaba un paso más fácil que el de Totozintla y Mezcala; pero como este traidor había intentado por cuantos arbitrios le fueron asequibles ocultar su derrotero, creímos que acaso podría retroceder a pasar el río por algunos parajes que estaban ya a su retaguardia; mas como las noticias adquiridas por el señor Villasana y el vado que tiene el río por Atenango nos daba cierta idea de que su objeto no podría ser otro que acercarse a aquel, resolvimos separar de ambas secciones 130 infantes ligeros y 280 caballos, tomando yo el mando de esta tropa y la marcha a las doce de la noche del expresado día 2 por los pueblos de Manianalan y Tuliman, por donde a pesar de ser un camino extremadamente penoso, se ahorraban seis leguas respecto del real que guía a Atenango.

La noche del 3 la pasé en la hacienda de Tecuacuilco, de la cual salí la madrugada del 4 para reunirme en el pueblo de Tuliman a 100 dragones que el señor Villasana había mandado en observación de los movimientos de Morelos, quienes me aseguraron que éste había pasado dos días antes el río por Atenango, cuya certeza acabé de confirmar por un indio que aseguró haberlo dejado el anterior en el pueblo de Temalaca, donde estaba dando descanso a su gavilla.

Con esta noticia violenté la marcha para pasar el río aquella misma noche del 4, y habiéndolo verificado duró esta operación hasta las once de ella, y por lo mismo descansó la tropa al margen opuesto tres horas, bajo el supuesto de que creí que si lo hacia más tiempo no había de encontrar en aquel pueblo a Morelos, quien seguramente la confianza de haber pasado el río y un fuerte aguacero que le cayó la noche del 3, le obligaron a hacer aquel alto en Temalaca, que distaba seis leguas del río.

Éstas se me alargaron en extremo, porque sin haber tenido la más mínima detención no pude llegar a Temalaca hasta las nueve de la mañana, hora en que puntualmente avistamos la retaguardia de Morelos que marchaba para el pueblo de Coesala por la cumbre del cerro de intermedio.

Un corto alto que mi sección hizo en Temalaca sólo con el fin de tomar una poca de agua, que hasta allí había faltado, fue bastante para que los traidores en un corto trozo se apoderasen de la cumbre, la cual abandonaron luego que la división marchó hacia ellos, con la circunstancia de no haber disparado ésta ni aquellos un solo tiro, cuya particularidad acaeció también en otra altura que a continuación tomaron, formando una línea de batalla de alguna consideración con su infantería y caballería.

Desalojaron ésta en el mismo acto de observar que nosotros nos dirigíamos a batirlos en tres trozos, y por lo mismo se replegaron a unas lomas contiguas, donde Morelos había recibido la noticia de nuestra aproximación. Aquí fue donde este rebelde se resolvió a esperarnos en tres divisiones que formó su chusma, la una a su izquierda mandada por el supuesto brigadier Bravo, la del centro por el de igual clase Lobato y la de la derecha por él mismo, quien se reservó el principal trozo de infantería y las 2 piezas de artillería.

Esta formación se observó por nosotros luego que se tomó la segunda altura, y así dispuse que el capitán de fieles del Potosí don Manuel Gómez con su compañía y el piquete de Dragones de España al mando del de igual clase don Mateo Cuilti atacasen su izquierda, haciendo su caballería una carga a todo escape, al propio tiempo que 40 cazadores de Fernando 7º a las órdenes de su teniente don José Cobos, 30 de Zamora a las del subteniente don Serafín Pérez, 30 de Tlaxcala a las del de igual clase don Victoriano Castillo y 30 mixtos del fijo de Veracruz y Tlaxcala a las del de igual clase don Mariano Irala avanzasen por el centro, confiados los dos trozos en que por nuestra izquierda tenían igual orden los cuerpos de realistas fieles de Tepecuacuilco, Iguala, Cocula, Teloloapan y mi escuadrón de Ixtlahuaca a las órdenes de los comandantes don Juan Pablo Paniagua, don Mariano Ortiz de la Peña, don Manuel Castrejón, don Anastasio Román, don Faustino Romero subteniente urbano de Toluca y el capitán don Francisco Alejo Salazar.

En esta disposición se emprendió el ataque a las once de la mañana con un fuego bastante vivo por ambas partes, y con la circunstancia de que el enemigo rompió los suyos con las 2 piezas, mas como todos los cuerpos de mi mando cumplieron tan perfectamente bien con sus deberes, principalmente el bizarro capitán Gómez que se fue sobre ellos sin atender a las dificultades del terreno que le tocó, se dispersaron y pusieron en precipitada fuga casi a un propio tiempo los tres trozos que componían la batalla enemiga poco después de una hora que duró la actividad del avance, y por lo mismo se siguió el alcance en todas direcciones, particularmente por aquellas donde iban los gruesos principales.

Uno de ellos fue el que tomó y siguió a Morelos por el gran cerro contiguo a la loma de su formación, por donde se llevó un cañón acaso con el objeto de hacerse fuerte en la cima de aquel pero la valiente caballería que tenía aquella dirección, sin haberle dado lugar para más que a subir hasta la mitad le quitó aquella pieza e hizo una mortandad horrorosa en la infantería enemiga que seguía a Morelos, y a éste lo apresó en una de las cañadas el teniente de realistas de Tepecuacuilco don Matías Carranco, cuya particularidad lo hace recomendable, a pesar de que por aquel lado habían cargado muy cerca de 200 caballos de todos los cuerpos de que se componía la sección. Los restos de ésta seguían el alcance por el frente y camino real de Coesala, en donde por habérseles formado nuevamente los dispersos en una barranca que intermedia, se empeñó otra escaramuza, en la cual resultó nueva mortandad por parte de los rebeldes.

Esta operación la hicieron seguramente por defender el botín de Morelos, su equipaje y los de los cabecillas que lo acompañaban, pero a pesar de ello todo quedó en nuestro poder, y aunque se haya escapado alguna cosa sólo habrá sido lo que tomó mucha anticipación.

Hasta las cinco de la tarde no se reunieron los cuerpos que siguieron el alcance a los enemigos, y por consiguiente no habían sabido parte de ellos la prisión de Morelos y la del capellán mayor del congreso Morales, cuya vista les fue tan inesperada que por sólo ella se olvidaron de la hambre que hacía tres días que les acompañaba, y de la sed que por la fatiga y por no encontrarse agua en aquellas inmediaciones les acosaba extremadamente. Todo fue alegría, en términos que a la tropa le pareció poco el ver todo el fruto que se había conseguido en comparación de la presa de Morelos, como objeto principal de sus desvelos.

La pérdida de los rebeldes con 30 prisioneros que se fusilaron en Atenango, no bajó de 300, con la circunstancia de que en el campo murieron también los cabecillas Sesma el Viejo, Lobato el coronel o brigadier, y Gallardo sargento mayor. Las armas de fuego y blancas que perdieron aquellos es de mucha consideración, pero no he podido averiguar el número cierto de ellas a causa de que los cuerpos realistas marcharon al siguiente día, para sus respectivos destinos. Los 2 cañones con sus municiones y las de fusil que son en número de bastante entidad, quedan en mi poder. El botín y equipajes se ha distribuido en la tropa, y sólo he reservado 5 barras de plata de 6 que dice Morelos llevaba, y algunos comestibles para la provisión de aquellas. El importe de las barras y el producto de las mulas que conducían todo, se servirá vuestra excelencia decirme el destino que le he de dar.

A Morelos y al capellán Morales los tengo con bien asegurados, esperando que vuestra excelencia determine de ellos, en virtud del parte que desde Temalaca le dirigí con fecha 6, debiendo haber sido del 5 que fue la acción, cuyo equívoco padecí por no tener allí mis papeles.

Los pueblos por donde he transitado hasta éste, desde el campo de batalla, han concurrido con todas las cuadrillas inmediatas a ver y conocer a Morelos como autor de las desgracias que les han sobrevenido, en términos de que ha habido república que ha pedido la muerte en pedazos, principalmente aquellas que en la marcha actual de aquel han sufrido el incendio de sus pueblos y la muerte de uno de los mejores capitanes que mandaba a los realistas de Tuliman.

Que yo haya hecho unas marchas forzadas de noche y día desde el 23 del último octubre que por superior orden de vuestra excelencia salí desde Tenancingo buscando a Morelos, nada tiene de extraño porque habiéndolo verificado así, cumplí con mis deberes y desempeñe la confianza de vuestra excelencia en haber puesto a mis órdenes la respetable sección que mandó; pero que los individuos que componen ésta hayan trabajado tan empeñosamente por climas malos y caminos peores, sufriendo con resignación la escasez de alimentos y aun la de agua en estos últimos días, me hace recomendarlos a la consideración de vuestra excelencia, dividiendo en dos partes a los oficiales que componen esta valiente tropa; la una para aquellos de mi sección y la de Villasana que atacaron a Morelos, y la otra por los demás que en mi división dejé agregados al señor Villasana.

Los que componían la sección que atacaron y contribuyeron al destrozo y prisión de Morelos son el teniente don José Cobos de Fernando 7º, don Serafín Pérez subteniente de Zamora, don Victoriano Castillo, de la misma clase de Tlaxcala y don Mariano Irala también subteniente del fijo de Veracruz. El capitán de caballería de fieles del Potosí don Manuel Gómez, su teniente don Vicente de Irureta y su subteniente don Feliciano Pedrosa; el capitán de Dragones de España don Mateo Cuilti y su teniente don Feliciano Rodríguez que me sirvió de ayudante en la expedición.

El comandante de realistas de Tepecuacuilco don Juan Pablo Paniagua, su teniente don Matías Carranco y el subteniente don José María Ramírez el comandante de realistas de Iguala don Mariano Ortiz de la Peña, el teniente don León de Higuera y el subteniente don Ignacio Peña; el comandante de fieles realistas de Huitzuco don Manuel Castrejón el comandante de realistas de Teloloapan don Anastasio Román, el teniente de éstos don José de Jesús Román y el subteniente don Bruno Rabadán; el subteniente de Dragones Urbanos de Toluca don Faustino Romero; el capitán de mis realistas de Ixtlahuaca don Francisco Alejo Salazar y el subteniente don José Fariñas.

Los oficiales que dejé en la sección del señor Villasana y pertenecen a la mía como que han acompañado a ésta en todas las expediciones que con este objeto se han hecho desde Tenancingo, son el capitán de Zamora don Manuel Herreros, su teniente don Manuel Cedrón, el subteniente don Francisco González y el cadete don Rafael Ruiz; el capitán de infantería de Fernando 7º don Jacobo Velarde y los subtenientes don José Zola y don José González Fuentes; el teniente de Tlaxcala don Mariano Gil, el de igual clase don Manuel Zorrilla y los subtenientes don Mariano Arana, don Antonio Guarnero, don Juan Oropeza y Rafael Aguilar que son los únicos que vienen al frente de 200 hombres de Tlaxcala; el teniente de urbanos de Toluca don Agustín Fuentes, el capitán de mi escuadrón don Martín de Iturraga y el teniente del mismo don Francisco Patiño.

Todos, todos los recomiendo a la consideración de vuestra excelencia porque han despreciado las amarguras de una persecución, porque supieron que ésta de dirigía en contra del rebelde Morelos, que tantos daños ha hecho y amenazaba hacer en la América.

Con particular debo hacer presente a vuestra excelencia al sobresaliente mérito del sereno capitán don Manuel Gómez, del de igual clase don Francisco Salazar, del teniente y subteniente de infantería Cobos, Pérez, Castillo, e Irala; del mi ayudante el subteniente de fieles Pedroza, y sargento de mi escuadrón Jorge Henríquez que fueron los que primeramente despreciando los fuegos enemigos se arrojaron sobre ellos.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años. Tepecuacuilco 13 de noviembre de 1815.— Excelentísimo señor.— Manuel de la Concha.— Excelentísimo señor virrey don Félix María Calleja.

Fuente: Wikipedia. Juan e. Hernández y Dávalos, Colección de Documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821, Tomo VI. Coordinación Alfredo Ávila, Virginia Guedea. Universidad Nacional Autónoma de México 2008. La edición del tomo VI de la Colección de documentos para la historia de la Guerra de Independencia de México de 1808 a 1821 estuvo a cargo de Edna Sandra Coral Meza, Raquel, Güereca Durán, Rodrigo Moreno Gutiérrez, Gabriela E. Pérez Tagle Mercado, Claudia Sánchez Pérez. Proyecto DGAPA PAPIIT IN402602. Creative Commons.

 
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