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DISCURSO DEL SENADOR BELISARIO DOMÍNGUEZ EN EL SENADO DE LA REPUBLICA

 

Señores senadores:

Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente. Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿ A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión?

No, señores. Todos sus miembros son personas ilustradas que se ocupan de política; que están al corriente de los sucesos del país y que no pueden ser engañadas sobre el particular.

¿Se pretende engañar a la Nación Mexicana, a esta noble patria que confiando en nuestra honradez ha puesto en nuestras manos sus más caros intereses? ¿Qué debe hacer en este caso la Representación Nacional? Corresponder a la confianza con que la Patria la ha honrado; decir la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.

La verdad es ésta: durante el gobierno de don Victoriano Huerta, no solamente no se ha hecho nada en la pacificación del país, sino que la situación actual de la República es infinitamente peor que antes.

La Revolución se ha extendido casi en todos los Estados y muchas naciones, antes buenas amigas de México, rehúsanse a reconocer a su gobierno, por ilegal; nuestra moneda encuéntrase depreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa entera de la República amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados; muchos arrasados y por último, el hambre y la miseria en todas sus formas amenazan extenderse en toda la superficie de nuestra infortunada Patria.

¿A qué se debe tan triste situación? Primero y antes que todo, a que el pueblo mexicano no puede resignarse a tener como Presidente a don Victoriano Huerta; al soldado que se apoderó del Poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la Presidencia fue asesinar cobardemente al Presidente y al Vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular, habiendo sido el primero de éstos, quien colmó de ascensos, honores y distinciones a don Victoriano Huerta habiendo sido él igualmente, a quien don Victoriano Huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantables.

Y, segundo, se debe esta triste situación a los medios que se han propuesto emplear para conseguir la pacificación. Estos medios ya sabéis cuáles han sido: únicamente muerte y exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpatizan con su gobierno.

La paz se hará cueste lo que cueste, ha dicho don Victoriano Huerta. ¿Habéis profundizado, señores, lo que significan estas palabras en el criterio egoísta y feroz de don Victoriano Huerta? Estas palabras significan que don Victoriano Huerta está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional, a convertir en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra Patria, con tal de que no abandone la Presidencia, ni se derrame una sola gota de su propia sangre.

En su loco afán de conservar la Presidencia, don Victoriano está cometiendo otra infamia: está provocando con los Estados Unidos de América un conflicto internacional, en el que, si llegara a resolverse por las armas, irían a dar y encontraría muerte los mexicanos sobrevivientes, menos don Victoriano Huerta y don Aureliano Blanquet, porque esos desgraciados están manchados por el estigma de la traición y el pueblo y el Ejército los repudiarían llegado el caso.

Esa es en resumen la realidad; para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable, porque don Victoriano Huerta se ha adueñado tanto del Poder, que para asegurar el triunfo de su candidatura a la Presidencia de la República, en la parodia de elecciones anunciadas para el 26 de octubre próximo, no ha vacilado en violar la soberanía de la mayor parte de los Estados, quitando a los gobernadores constitucionales e imponiendo gobernadores militares que se encargarán de burlar a los pueblos por medio de las fuerzas ridículas y criminales.

Sin embargo, señores, un supremo esfuerzo para salvarlo todo, cumpliendo con su deber, la Representación Nacional, y la Patria estará salvada y volverá a florecer más grande y más hermosa que nunca.

La Representación Nacional debe deponer de la Presidencia a don Victoriano Huerta, por ser él contra quien protestan con mucha razón todos nuestros hermanos levantados en armas, y de consiguiente, por ser él quien no puede llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de todos los mexicanos.

Me diréis, señores, que la tentativa es peligrosa, porque don Victoriano Huerta es sólo un soldado sanguinario y feroz que asesina sin vacilación y sin escrúpulo a todo aquel que le sirve de obstáculo.

¡No importa!, señores, la Patria os exige cumplir con vuestro deber aun con el peligro y aun con la seguridad de perder la existencia.

Septiembre 23, 1913

BELISARIO DOMINGUEZ

Fuente: Wikipedia. Gildardo Magaña. Emiliano Zapata y el Agrarismo en México. Tomos I a V.; Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana.; México, 1a ed. 1937. Edición facsimilar 1985. Tomo III. p. 303 305. Imagen: Casa Museo Dr. Belisario Domínguez. Creative Commons.

 
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