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BREVE HISTORIA DE LA VITIVINICULTURA EN MÉXICO


La historia del vino en México evidentemente se inicia con la conquista. Entre los conquistadores y colonizadores españoles, el vino constituía una parte fundamental de su dieta cotidiana, al ser consumido como alimento, medicina y como “reparador de fuerzas”.

Sin embargo, el uso de la vid silvestre (de tipo cimarrón) se remonta a épocas inmemorables, en las que los indígenas preparaban el ahora llamado “vino de acachul”, a partir de diversas frutas silvestres, incluyendo la uva, agregándole miel de abeja.

La uva cimarrón, de gran acidez al igual que otras especies autóctonas como la rupestris, berlandieri, labrusca, etc., no eran adecuadas para la producción de vino. De manera que, tras el descubrimiento de América en 1492, inició la importación de barricas con vino europeo para satisfacer las necesidades de los nuevos pobladores y poco tiempo después se comenzaron a importar también sarmientos y semillas de vitis vinífera para poder producir, en el Nuevo Mundo, vinos “de calidad”. 

Según narran los códices y crónicas, 25 años después de descubrimiento de América, el 24 de junio de 1517, el navegante español Juan de Grijalba fue el primer español que compartió el vino con algunos de los señores indígenas que iba encontrando a su paso.

El consumo y comercialización del vino fue incrementándose velozmente en los nuevos territorios, y éste era visto como alimento e incluso como medicamento, además de ser parte fundamental de la dieta de los españoles.

Con la colonización, los asentamientos urbanos se extendieron y la demanda de vino también, haciendo necesaria la plantación de vides en amplios territorios adecuados, por suelo y clima, para tal efecto.

Las primeras vides europeas que se sembraron en México fueron traídas por misioneros españoles; la razón que los impulsó a cultivarlas fue la necesidad de tener vino para celebrar la misa. Inicialmente se plantaron en la ciudad de México y, conforme avanzó la colonización hacia regiones más septentrionales, el cultivo se amplió a Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí y, posteriormente, al Valle de Parras, en Sonora, y a las misiones jesuitas en Baja California; la variedad de uva plantada en esta última región adquirió la denominación especial de “uva misión”, variedad llamada “criolla” en toda Sudamérica.

Pero no solo los misioneros católicos jugaron un papel determinante en el establecimiento y desarrollo de la vitivinicultura mexicana y americana en general. También los jesuitas, que llegaron a la península de Baja California extendieron el cultivo de uva por esa región hasta entonces cubierta por desiertos semi-áridos en los que no se trabajaba la tierra y que hoy en día, constituye la zona más prolífica de la vitivinicultura nacional.

Siguiendo la inercia dejada por los Jesuitas, los Franciscanos llevaron el cultivo de vid más al norte, en las tierras que hoy comprenden el estado de California en los Estados Unidos, sentando las bases del afamado Valle de Napa. Fue fray Junípero de Serra quien estableció misiones, y con ellas viñedos desde San Diego hasta Sonoma.

Corresponde a Hernán Cortés el mérito de haber sido el primer promotor del cultivo de la Vitis vinífera en México, el primer sitio del continente americano donde comenzó a ser cultivada regularmente la vid. El 20 de marzo de 1524 –otros dicen que el 24 de marzo del mismo año– firmó las Ordenanzas de buen gobierno dadas por Hernán Cortés para los vecinos y moradores de la Nueva España.

Luis Hidalgo, enólogo español, afirma que estas Ordenanzas se hallan en el Archivo del Duque de Terranova y Monteleone, en el Hospital de Jesús, de la Ciudad de México. En el decreto signado por Cortés queda asentado que “cualquier vecino que tuviese indios de repartimiento sea obligado a poner en ellos en cada año, con cada cien indios de los que tuviera de repartimiento, mil sarmientos, aunque sean de la planta de su tierra, escogiendo la mejor que pudiera hallar. Entiéndase que los ponga y los tenga bien pesos y bien curados, en manera que puedan fructificar, los cuales dichos sarmientos pueda poner en la parte que a él le pareciere, no perjudicando terceros, y que los ponga en cada año, como dicho es, en los tiempos en que convienen plantarse, hasta que llegue a dicha cantidad con cada cien indios cinco mil cepas; so pena que por el primer año que no las pusiere y cultivase, pague medio marco de oro. (Ítem) que habiendo en la tierra plantas de vides de las de España en cantidad que se pueda hacer, sean obligados a engerir las cepas que tuvieren de las plantas de la tierra” (sic).

Resulta admirable advertir el método empleado por los españoles para hacer de la profusión de vides silvestres el cultivo de la Vitis vinífera. Es evidente que sobre las cepas silvestres se procedió a injertar las vides españolas. Por ello el juicio de Luis Hidalgo es certero al afirmar: “Es indudable la gran visión de Hernán Cortés al llegar a establecer, en el año 1524, la injertación de la Vitis vinífera como práctica vitícola, cuando ello no se realizaba en el resto del mundo, con más de 350 años de anticipación a cuanto la mencionada práctica se hizo necesaria en el cultivo de la vid, como consecuencia de la invasión filoxérica en Europa”.

Si bien se carece de información fidedigna respecto de los lugares donde fueron sembrados los primeros viñedos en la Nueva España, a partir del decreto firmado por Cortés en 1524, se tiene conocimiento que el cultivo de la vid se propagó a Puebla, Michoacán, Guanajuato, Querétaro y Oaxaca. Más tarde fue llevado a tierras septentrionales de las provincias de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Nueva Extremadura y Baja California.

En el estado de Chihuahua con la conquista de la Nueva Vizcaya en el siglo XVI, el cultivo de la vid se consolida. Pronto los exploradores españoles comenzaron a fundar por el vasto territorio pueblos y posteriormente los Franciscanos y Jesuitas, misiones. Las necesidades propias de los asentamientos para abastecerse de alimentos, hacen florecer en sus alrededores la agricultura, la ganadería, la industria y el comercio. Ejemplo fue la de el Paso del Norte, donde a la rivera del rio Paso del Norte se cultiva un bello vergel que surte a Chihuahua, a Nuevo Mexico y hasta la Capital de la Nueva España de ricas frutas y excelentes vinos.[1]

En un artículo de 1831 que aparece en Noticias Estadísticas del Estado de Chihuahua se lee en el rubro de Agricultura; Parras.

“Apenas podrá hallarse en la republica un país en mayor aptitud de sacar muchas riquezas de las viñas que el estado de Chihuahua. En la villa del Paso, a 110 leguas al norte, se cultivan las parras del fruto mas variado y exquisito, y mas de 8,000 almas sacan su mantenimiento de la fabrica de licores: ellos son una calidad compatible con la de los mejores que vienen de los países estrangeros. La margen derecha del famoso rio del Norte, se halla poblada de viñedos en la extensión de 7 leguas; y los licores que llevan el nombre del Paso, se consumen en Sonora, en Chihuahua y en el territorio de Nuevo Mexico. Cuando los paseños dejan añejar sus licores, ningún otro que los tome puede creerlos fabricados en dicho país. En la villa de Aldama, Allende, y otros muchos lugares hay viñedos de consideración; pero ¡que pocas ventajas dan!. La industria no ha comenzado ni a nacer cuando ha sido ahogada en su embrión. Últimamente no tiene mas razon España para enriquecerse con los vinos de Andalucía, Cataluña, Málaga &c., que México con los licores y frutos de Coahuila y Tejas y de Chihuahua.”

*se respeta la ortografía de origen.

Nota: [1] Chihuahua y su Cultura a través de los Siglos, León Barri Jr.

Fuente: El Parral de Baco y El Lagar del Sol. Chihuahua y su Cultura a través de los Siglos, León Barri Jr. Noticias estadísticas del estado de Chihuhuahua, José Agustín de Escudero. Creative Commons.

 
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