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RAMÓN ORTIZ, UN HÉROE DESCONOCIDO
Escrito por fuentes citadas.   



PADRE RAMÓN ORTIZ Y MIERA (1814-1896)

Una calle de la zona Centro de Cd. Juárez lleva su nombre; sin embargo, muchos de sus habitantes y comerciantes, así como quienes transitan por ella, no saben quién es Ramón Ortiz.

Son muchos los actos que el padre Ortiz realizó por esta ciudad, pero quizás su mayor mérito fue organizar aquí, en Paso del Norte, la defensa contra las fuerzas invasoras de Estados Unidos en la guerra de 1846-1848 y dar cobijo a cientos de mexicanos expulsados de sus propiedades al perder México casi la mitad de su territorio. Con ellos habría de fundar Guadalupe y San Ignacio (hoy Praxedis G. Guerrero), en el Valle de Juárez, además de otras comunidades en la frontera mexicana.

Nació en Santa Fe, Nuevo México, el 28 de enero de 1814. Fue el menor de 11 hijos de el alférez real Antonio Ortiz y María Teresa Mier, de acuerdo con datos recopilados por investigadores de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.

Su familia fue descendiente de los primeros españoles que llegaron al norte para colonizar los territorios que posteriormente formarían parte de la Nueva España. Su niñez y adolescencia trascurrieron en épocas donde el dominio de la corona española llegaba a su fin y México obtenía su independencia.

A los 18 años fue enviado por su familia a Durango, donde estudió teología con el obispo José Antonio Laureano de Zubiría quien, tras ordenarlo sacerdote, en 1836 lo envió a la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Paso del Norte, hoy Ciudad Juárez.

En su carácter de cura párroco de la Misión de Guadalupe, destacó por su hospitalidad y servicio a la comunidad, incluso con los invasores, lo que quedaría de manifiesto ese mismo año, durante los primeros movimientos que buscaban independizar a Texas de México y anexarla luego a la nación estadounidense.El padre Ortiz convirtió su  parroquia en taller de costura y construyó una gran cocina para proporcionar lo indispensable a 180 texanos, capturados en combate y hechos prisioneros de guerra por el ejército mexicano. No obstante ser considerados enemigos de la Patria, los trató como su profesión religiosa se lo exigía y los ayudó a recuperarse.

Sin embargo, el conflicto apenas iniciaba. La anexión de Texas a Estados Unidos fue el inicio de un proyecto de expansión territorial a costa de México.

La región de Paso del Norte, ajena al conflicto, pronto se vio envuelta en la guerra entre los dos países, relata el historiador Martín González de la Vara, en Breve Historia de Ciudad Juárez. Los estadounidenses avanzaron a México por varios frentes, uno de ellos por el oeste con tropas al mando del coronel Stephen Kearny, que avanzaron de Fort Leavenworth para ocupar Nuevo México y California. Llegaron a Santa Fe y la tomaron sin encontrar resistencia. Desde ahí era obvio que el siguiente paso era avanzar sobre Chihuahua.

En 1846, al ver las necesidades de defender la soberanía de México, Ramón Ortiz se unió a la causa y desde el púlpito inició su activismo dando sermones en contra de la invasión estadounidense y exhortando a la población a atender los llamados de las autoridades mexicanas que requerían soldados para la defensa.

En junio de ese mismo año, junto con el prefecto de Paso del Norte, Sebastián Bermúdez y el coronel José Ignacio Ronquillo, se dedicó a reclutar gente, y al mes siguiente, Ortiz partió junto con una columna de 380 “soldados” al mando del coronel Mauricio Ugarte, rumbo a Socorro, cerca de Santa Fe, para enfrentarse a las fuerzas invasoras de Kearny.

En Paso del Norte se unió también a la milicia de Chihuahua que salió a combatir al invasor y participó en la batalla de Temascalitos, que se desarrolló al noroeste de la actual Ciudad Juárez, en un paraje llamado Vado, Nuevo México, un 25 de diciembre de 1846.

El capitán Antonio Ponce de León recibió el mando de las tropas mexicanas establecidas en Doña Ana y junto con sus fuerzas planeó la batalla contra los estadounidenses. Decidió no dar batalla abierta y esperarlos en Temascalitos.

Los mexicanos estuvieron a punto de romper las líneas enemigas en el primer ataque y lograr la victoria, pero la superioridad del enemigo y la descoordinación o improvisación hizo que las fuerzas de México fueran dispersadas, ya que por error el ejército chihuahuense confundió el toque de trompeta e hizo la retirada a sólo 30 minutos de haber iniciado el combate. La derrota fue inevitable para los mexicanos: los invasores tomaron Paso del Norte y el padre Ortiz fue hecho prisionero y llevado por las tropas estadounidenses en su avance a Chihuahua capital.

El mismo Ramón Ortiz hablaría con tristeza y decepción del combate y la derrota en “Apuntes para la guerra entre México y Estados Unidos”, publicado en 1849 por Ramón Alcaraz y del que el sacerdote fue coautor: “Una repugnancia invencible se experimenta al tener que referir hechos tan vergonzosos como los que vamos a describir, producidos por una ineptitud de tal manera inexplicable que al examinarlos instintivamente va a buscarse su causa oscura en la fatalidad.

Tras describir la estrategia, Ortiz relata el error que llevó a la derrota:

“Ponce manda entonces tocar degüello y aquel toque ¡circunstancia inaudita! Bien o mal ejecutado por el corneta, maliciosa o equivocadamente interpretado por la caballería ¡es la señal de retirada!

“El ala izquierda da media vuelta y la derecha contramarcha y de este modo se retira en el mejor orden en tanto que la infantería continúa batiéndose con el enemigo, que ha vuelto a ordenarse. Ponce se muestra herido, llama al capellán en su auxilio; por tres veces manda tocar retirada a la infantería, que obedece a última y, dejando el mando al capitán Carbajal, se retira del campo.

“Así por tan inesperados medios, la Providencia descargó sobre nosotros ese nuevo golpe, pero, como en todas ocasiones, dejó para siempre marcados a los responsables de nuestras desgracias”, relata el padre.

Como prisionero, se le permitió ejercer el sacerdocio entre las tropas invasoras, principalmente las de origen irlandés de religión católica, pero también esa condición lo hizo ser testigo de la batalla del río de Sacramento, donde nuevamente el ejército mexicano fue derrotado.

Al terminar la batalla, suministró los sacramentos a los heridos y difuntos y posteriormente fue liberado.

Al regresar a Paso del Norte, se vería obligado a dejar el sacerdocio al ser atacado por sus enemigos dentro de la Iglesia. En 1848, antes de terminar la guerra de México contra Estados unidos, se postuló para diputado federal y desde ese cargo votó en contra del Tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo e hizo ver a los legisladores de entonces el grave daño que ocasionaban a la población fronteriza y principalmente a la Nación con la firma de ese acuerdo.

“Perdidas las fértiles riberas, los montes, las salinas y todos los terrenos, en fin, que habitantes de Paso del Norte poseen en la parte izquierda del Río Bravo… habrán desaparecido todos los elementos con que contaban para subsistir… trasladarán su residencia a la otra margen del río, pues pasando éste sin dejar a la población ni sus ejidos por el lado Este, tendrán que ocurrir a un país extranjero aún para la leña, carbón de consumo y la empalizada para llevar agua al centro de la villa… tal sería el conflicto en que se pondría a un distrito de 15,000 habitantes”, manifestó el sacerdote.

Tras el fin de la guerra, muchos mexicanos fueron desplazados al ser despojados de sus propiedades; algunos siguieron en Estados Unidos, pero también hubo quienes prefirieron irse a territorio mexicano cargando hasta con sus muertos.

Por ello, en 1849 lo comisionó el Gobierno mexicano para que se encargara del traslado de los connacionales que no quisieron perder su nacionalidad.

Acudió a Nuevo México, donde encontró que centenares de mexicanos querían irse a México por miedo a ser esclavizados y por no tener bienes ya. La mayoría eran de las clases más pobres. En Santa Fe, fue recibido por las nuevas autoridades quienes pensaban que no tendría éxito y se ofrecieron a proporcionar transporte a los mexicanos que buscaran la repatriación. Sin embargo, nada más en San Miguel del Vado recibió 900 solicitudes de asistencia de repatriación.

Lo anterior molestó a las autoridades de Nuevo México, quienes vieron en Ortiz “un peligro para la paz” y le pidieron que no reclutara directamente a las familias mexicanas. También buscaron que el gobierno diera fin a la repatriación, puesto que requerían mano de obra casi esclava para sus agricultores, ganaderos y mineros.

Estados Unidos estableció que el tratado de Guadalupe Hidalgo no había cubierto la repatriación, y la actividad de Ortiz fue considerada ilegal debido a que el Tratado de Guadalupe Hidalgo daba “garantías” a los mexicanos que deseaban quedarse a vivir en los territorios conquistados por Estados Unidos. México protesto por el acoso que recibió Ramón Ortiz. Por ello, Ortiz se vio obligado a regresar a Chihuahua, donde el gobernador, el general Ángel Frías, le otorgó facultades para “anunciar y dar la posesión de la tierra que se necesita para formar nuevas ciudades”.

Las ciudades principales en Chihuahua construidos por los repatriados de Nuevo México fueron Guadalupe y San Ignacio, hoy Praxedis G. Guerrero (1849), La Mesilla (1850), Refugio de los Amoles (1852) y San Tomás de Iturbide (1853). Algunos de los colonos volvieron a quedar en territorio de Estados Unidos en contra de su voluntad, debido a que México vendió el territorio de La Mesilla.

Sin embargo, las promesas del gobierno mexicano de asistencia a los repatriados con el abastecimiento de semillas, no se cumplieron y a menudo se generaron intrigas que afectaron al cura Ramón Ortiz.

En 1853 fue acusado de malversar fondos de la repatriación de mexicanos y abandonó esa comisión.

Tras separase de la política, regresó a su parroquia donde permaneció hasta el final de sus días.

No hay registros de que en fechas posteriores se haya inmiscuido en la resistencia que Benito Juárez encabezó en Chihuahua contra las fuerzas francesas, pero asistió al traslado de los restos del general Manuel Ojinaga, de Santo Tomás a Guerrero, en 1870. Ojinaga murió a manos del ejército imperialista.

El padre Ramón Ortiz murió de cáncer el 11 de marzo de 1896 en Paso del Norte. Fue sepultado en el panteón de la misión de San José. Su tumba y la lápida que la identifica, siguen ahí.

Fuentes: Wikipedia. Juan de Dios Olivas, El Diario  2013-05-04 .; Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Visión Histórica de la Frontera Norte de México; Apuntes para la guerra entre México y Estados Unidos. Sedena.gob.mx. Creative Commons.

 
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