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LA REBELIÓN TEPEHUÁN DE 1616 Y LOS MISIONEROS JESUITAS MUERTOS EN EL NORTE DE LA NUEVA VIZCAYA

Misiones, minerales y presidios, paulatinamente fueron transformando la geografía neovizcaína. Para el Gobierno y la Iglesia, el norte de la Nueva España iba siendo domeñado y los llamados salvajes se convertían al cristianismo y en las congregas, su fuerza de trabajo era bien aprovechada. Sin embargo, de manera secreta, los shamanes tepehuanes organizaron la gran Rebelión de 1616, bajo el argumento del mesianismo y la redención indiana.

La guerra dio inicio en El Zape, Santiago Papasquiaro, Santa Catarina y Tenexpa, lugares desde donde la insurrección se extendió rápidamente por todo el centro del territorio estatal. Españoles y esclavos negros, así como xiximes y acaxees, aliados de los conquistadores, fueron los enemigos de los bravos tepehuanes.(1)

En noviembre de 1616 un grupo de tepehuanes de Santa Catalina atacó una recua de mulas y mató al padre Hernando de Tovar. Dos días después los rebeldes atacaron Santiago Papasquiaro, donde mataron a cien más, entre ellos a dos misioneros jesuitas. Para el 27 de noviembre la propia capital de la Nueva Vizcaya, Durango, se hallaba en peligro inminente; poco después el mineral de Indé era arrasado; la misma suerte corría una estancia cercana al Valle de San Bartolomé, que fue atacada por indios conchos, así como una hacienda de beneficio de metales en el vecino mineral de San Juan. El historiador Porras Muñoz destaca la labor del fraile Oliva, quien desde su misión de San Francisco de Conchos contribuyó grandemente a evitar que los conchos se unieran a los tepehuanes; además aportó una buena cantidad de harina e incluso reclutó indios para guerrear contra los rebeldes.

Entre noviembre de 1616 y diciembre de 1618, los españoles y tepehuanes trabaron una sorda lucha que significó más de mil muertos para los rebeldes, unos trescientos españoles, entre ellos ocho misioneros jesuitas, y una erogación estimada en 800 mil pesos de fondos de la Corona. Pero antes los tepehuanes obligaron a los españoles a abandonar minas, ranchos, misiones y haciendas de una amplia porción situada entre Durango y Santa Bárbara. Algunos hallaron refugio en las cercanías de esta última, otros en la capital de Nueva Vizcaya. Estos abandonos provocados por los levantamientos y las rebeliones indígenas serían cosa común en los siglos subsiguientes y conformarían un patrón de asentamiento altamente inestable.

El terror se apoderó de los hispanos y con miedo irracional masacran a sus aliados indios en la villa de Durango. Aunque las cifras varían mucho, se calcula que el número de sublevados llega a 20,000 y el gobierno de la Nueva Vizcaya está fuerte con 1,000 de tropa.

El enfrentamiento decisivo entre los seminómadas y los europeos es en los Llanos de Cacaria, en el actual municipio de Canatlán. En la batalla, la más costosa en vidas humanas en la historia durangueña, 15,000 bravos tepehuanes sucumben, ante los arcabuces y los cañones de los hispanos.(2) De acuerdo con Antonio Estrada: “Perdió así la tribu de una vez a casi todos sus mejores hombres, con un gran desequilibrio entre la población masculina y femenina. El resultado fue una gran baja en la procreación, hasta quedar reducido el grupo a su mínima expresión. Después, aunado esto a la precaria vida en su hostil y reducido territorio, pobre alimentación, epidemias, y enfermedades endémicas, dio como consecuencia que se redujera más aún la población.”(3)

Los indígenas sobrevivientes de la guerra se reconcentraron, unos en el actual municipio de Mezquital, donde las inaccesibles quebradas permitían el exilio de los llanos del centro del estado, y otros, en el sur de Chihuahua, poblando Nabogame y Baborigame. Los antiguos centros de población tepehuán del centro del estado quedaron abandonados y los restos de la etnia se vieron fraccionados definitivamente en tepehuanes del norte y tepehuanes del sur.(4)

Una vez lograda la frágil paz entre tepehuanes y españoles, en los pueblos comarcanos a la ciudad de Durango, como Santiago Bayacora y El Tunal, se localizaron múltiples pertrechos de guerra, así como una corona, de rica plumería, supuestamente destinada al Señor del Guadiana.(5)

Entre 1617 y 1622 se suscitan diversos conatos de rebelión y los españoles optan por la mediación, más que por la acción. La Nueva Vizcaya continúa siendo zona de guerra y los brotes insurreccionales menores no dejan de perturbar la paz de los colonizadores. En 1643, los tepehuanes, junto con los salineros, mamites, julimes, conchos y cacazones, se rebelan en Mezquital y, en 1645, la rebelión se generaliza en el norte del estado a El Tizonazo, Ramos, Cuencamé y San Pedro. Los colonizadores y misioneros viven en la zozobra. La inseguridad, la drástica disminución de la población indígena y, por consiguiente, de la fuerza de trabajo producen el aletargamiento de la economía de la Nueva Vizcaya, mientras que en toda la Nueva España, sucede algo parecido y en 1650, la población novohispana se calcula en sólo 1, 500,000 habitantes.

Las matanzas de españoles, mestizos, negros y grupos indígenas llevados, de Tlaxcala, del Estado de México y de Michoacán, a trabajar los minerales serranos durangueños se multiplicaron, por parte de los tepehuanes, como producto de su empeño por no dejarse dominar. Resultaba pues imposible, para los colonizadores, servirse de tan insurrectos nativos. La Nueva Vizcaya no era terreno seguro para extranjeros. Ante el carácter indómito de los tepehuanes, el Gobierno Colonial sin obtener resultados, optó al fin mejor por dejarlos en paz y no trabar más contacto con ellos.

Por lo demás, las imágenes de tepehuanes de la época, en general, son muchísimo menos que las de los avecindados europeos, criollos e indígenas del centro de México.

Notas: 1.- GALAVIZ DE CAPDEVILLE, MARÍA ELENA. Rebeliones Indígenas en el Norte de la Nueva España, XVI-XVII, México, ed. Campesina, colección Clásicos de la Reforma Agraria, 1967.pp. 122 a 125.; 2.- RAMÍREZ, JOSÉ FERNANDO. Noticias históricas y estadísticas de Durango, (1849-1850), Durango, Gobierno del Estado de Durango (edición facsimilar de la primera; México, Imprenta de Ignacio Cumplido, 1851), 1994, p. 14.; 3.- ESTRADA MUÑOZ, ANTONIO. Los tepehuanes, la tribu más desconocida de la República, mecanoscrito inédito, Archivo personal de Antonio Estrada Muñoz, p. 7. 4.- MASON, J. ADEN. “Notas y observaciones sobre los tepehuanes”, en: Hinton, Thomas B. Coras, Huicholes y Tepehuanes, México, INI, 1971, p. 138.; 5.- SARAVIA, ATANASIO G. Op. Cit., Tomo I, p. 203.

Fuentes: Wikipedia. Antonio Avitia Hernández Historia Gráfica de Durango De los tiempos geológicos al triunfo de la República. Dibujo de Xavier Gómez sobre la Rebelión Tepehuán de 1616. Creative Commons.

 
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