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FERIAS DE CHIHUAHUA Y TAOS EN EL SIGLO XVIII

La villa de Taos, en Nuevo Mexico, constituía la avanzada más remota del territorio Novohispano. No tardo en organizarse ahí una feria, que se llamaba “de los apaches”, y que se celebraba a fines de julio de cada año. La villa contaba en 1760 con 160 españoles y 328 indios y hacia 1799 con 1,351 españoles y 728 indios. El obispo Don Pedro Tamarón y Romeral, que visito Taos en el segundo tercio del siglo XVIII, nos dice:

Todos los años acuden a los rescates o ferias. Concurren el Gobernador con gran parte de su presidio y gente de todo el reino a aquellas ferias que llaman de rescate. Traen cautivos que vender, prisioneros, provisiones de gamuza, millares de pieles de cíbolos, y de los pelajes que han tenido en otras partes, caballos, pieles, escopetas, municiones y cuchillos, carne y otras varias cosas. No corre moneda en estas ferias, sino trocar uno por otro, y así se presentan estas gentes.(1)

Nicolás de Lafora, en el célebre relato de su visita a los presidios del Norte, corrobora las palabras del obispo Tamarrón, y dice que las gentes “suelen venir todos los años a la feria del año, donde cambalachean gamuzas, pieles de cíbolo y algunos esclavos…, llevando en retorno ropa y caballos.(2) Se rescataban cautivos españoles o indios de tribus enemigas de los “comanches”. Es notable aquí el funcionamiento del sistema de trueque, en ausencia de la moneda.

De Saltillo y de Chihuahua salían anualmente recuas, “conductas” y tropa para la feria de Taos. Y a fines del año los mercaderes y pobladores de Taos acudían a su vez a Chihuahua, en grupos de quinientas personas a veces, para asistir a la feria que se celebraba en enero. En Chihuahua cambiaban lo que habían obtenido en Taos: mantas, siervos o esclavos indios (tomados a los comanches y apaches como cautivos o rehenes) pieles, ganado, carne, y volvían con vinos, alimentos, ropa, armas, municiones, correajes, telas, etc. Este comercio se calcula en $30,000 pesos para el año de 1788.(3) Hasta allá llegaban los rezagos de las ferias de Xalapa y Acapulco, y de la de San Juan de los Lagos y Saltillo. De esta manera las manufacturas europeas y asiáticas recorrían el territorio novohispano encontrando en todas partes buena acogida y dejando pingues ganancias en poder de los comerciantes.

Se puede concluir que, las ferias celebradas en el virreinato durante el siglo XIII e inicios del XIX, era el lugar ideal para mercaderes y consumidores, pues en ellas se ponían en contacto productores, mercaderes y consumidores. Constituían, por eso, centros de tráfico y de intercambio nacional e internacional. Eran periódicas, es decir, las operaciones comerciales estaban sujetas a tiempo y lugares más o menos fijas, bien por las rutinas estacionales de circulación y la dificultad de las comunicaciones, bien por los tiempos del tráfico naval ultramarino, aunque también hay que decir que éste fue en aumento y se volvió más complejo a lo largo de la colonia.

Durante la celebración de la feria, era común que ahí mismo se fijaran los precios en un momento dado, y estos precios eran únicos y generalmente para un mismo artículo; por consiguiente, mientras mayor era el número de comerciantes, mayor era la utilidad marginal individual de cada uno de ellos, y a la vez, se beneficiaba la clase consumidora, o sea la colectividad.  

Fuera de las ferias, en el interior del país, los artículos no tenían precio fijo de mercado, de manera que, por mucho que el mercader tuviera que pagar de transporte, derechos de peaje, alcabalas, almojarifazgo, real, armada, etc., siempre tenía segura una buena ganancia.

El pequeño mercader que llevaba sus artículos a las ferias interiores de San Juan de los Lagos, de Saltillo, Chihuahua y Taos, compraban en ellas las mercaderías que le ofrecía el gran comercio de importación realizado en Acapulco y Xalapa.

La feria de Acapulco primero, la de Xalapa, y las celebradas en el interior del virreinato con una cierta periodicidad, como las de San Juan de los Lagos, Saltillo, Chihuahua, Taos y otras menores, hicieron de México el punto de reunión de la corriente comercial entre Asia y Europa. Así pues, la economía novohispana se desarrolló bajo la influencia del comercio de exportación. 

Notas: 1.- Pedro Tamarón y Romeral, Demostración del vastísimo obispado de la Nueva Vizcaya, 1765, con una introducción bibliográfica y acotaciones por Vito Alessio Robles, México, 1937, pp. 343-344.;  2.- Nicolás de Lafora, Relación del viaje que hizo a los presidios fronterizos situados en la frontera de la América Septentrional pertenecientes al Rey de España, con un liminar bibliográfico y acotaciones de Vito Alessio Robles, México, 1938, p. 102.; 3.- Cf. H. H. Bancroft, History of Arizona and New Mexico (1530-1888), San Francisco, 1889, pp.277-280; Gaceta de México, II, 228; Alejandro de Humboldt, Ensayo político sobre el reino de la Nueva España, 6ª ed., México, 1941, voi. II, p.335.

Fuente: Wikipedia. María Ángeles Gálvez Ruiz, Ibarra, Antonio, Comercio local y circulación regional de importaciones. La feria de San Juan de los Lagos en la Nueva España.  Historia Mexicana 46(3): 581-616 (1997). Manuel Carrera Stampa. Las Ferias Novohispanas, p. 336-338. Mapa: Manuel Carrera Stampa. Creative Commons.

 
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