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LA CAZA DEL CÍBOLO


En 1827, al mando del general Manuel Mier y Terán se efectuó una expedición para establecer con claridad la frontera entre México y Estados Unidos. En esa época Texas todavía pertenecía al territorio Mexicano y era una región habitada principalmente por indios apaches y comanches, entre otros. Luis Berlandier fue miembro de esa expedición y dejó relatos, mapas y documentos de lo que vieron y les ocurrió en ese viaje.

Inserto en uno de sus numerosos relatos se encuentra un pasaje donde describe el modo en que el cíbolo era cazado en Tejas. En él menciona la caza desmedida que se hacía de este animal por parte de los angloamericanos y la rápida reducción de su número que ya era notable.

“La caza del cíbolo se hace en diversas estaciones, según quiere el cazador. Los salvajes, quienes principalmente se alimentan con su carne, la hacen en todos tiempos. A fines de otoño y principios de invierno (principalmente en noviembre y diciembre), los cíbolos vienen hasta las inmediaciones de Bejar; San Antonio Béjar (la actual ciudad de San Antonio) y antes que se hubiese matado inútilmente tantos millares de estos animales, ellos pasaban el río grande, pues por las crónicas antiguas sabemos que ellos visitaban el Nuevo Reino de León.

Los habitantes de Texas, tanto los que eran militares como los civiles (paisanos), se dedican a esta caza y a la del oso anualmente, para acopiar de la primera la carne, de la segunda la grasa, y de ambas las pieles. Ordinariamente, cuando los cazadores encuentran en los llanos una partida de cíbolos, se dividen en dos partes; unos cazan a pie, mientras que los otros, colocados en puestos, lo hacen a caballo cuando los cíbolos echan a correr. Para acercarse a estos animales, se hace uso de caballos mansos y adiestrados, los cuales, ocultando a su amo que va montado en uno de sus lados, se acercan hasta ponerse a tiro de fusil, lo que se consigue muy fácilmente no haciendo ruido; pues los cíbolos, acostumbrados a la vista de los caballos silvestres, no se asustan al ver un animal de esta raza.

Si el que caza de esta manera tiene la fortuna de matar o herir de muerte algún cíbolo, y asumiendo de que los cazadores a caballo no hayan sido vistos por los otros animales, el que está cazando puede seguir matando a los otros sin mayor trabajo; pues aunque al estallido del fusil eche a galopar a la manada, tan pronto como cae el que está herido, regresan los otros a oler su sangre y comienzan a mugir sin separarse de él. En este momento es cuando un cazador hábil, sin moverse de su lugar, puede aniquilar a todos; pues al memento que cae el siguiente, los que quedan, se amontonan en derredor de los heridos. Pero si la manada se ha asustado y huyen, entonces los cazadores de a caballo los persiguen con el fusil o con una formación de persecución en media luna hasta despeñarlos. Estos dos últimos modos de cazar, frecuentemente peligrosos, solo son practicables en los llanos o en algunos valles, y cuando el cazador ha sido visto. El primero, por el contrario, es más seguro, mucho menos penoso y peligroso, y puede ponerse en práctica en todas las localidades, sobre todo en los bosques. Este soberbio animal resiste a grandes heridas, y sucede comúnmente que se escapan con muchas balas en el cuerpo y van a morir en la soledad de los bosques o en el fondo de alguna cañada. Los Tejanos hacen primordialmente esta caza en noviembre y diciembre, y solo por circunstancias accidentales van a ella en otros meses.

El número de estos bisontes “mexicanos” (según lo llaman la mayor parte de los autores españoles) ha ido disminuyendo día a día, a pesar de la poca densidad poblacional. Pero debido a una persecución despiadada en las Floridas por los colonos angloamericanos, se extinguieron completamente mientras que todavía resisten en Tejas. Todavía hacia finales del siglo XVII, adentrados más hacia el siglo XVIII manadas de cíbolos venían hasta las inmediaciones de San Antonio de Bejar, desaparecidos completamente en nuestros días. Las emigraciones continuas de este animal son alternativamente del NO. al SE.; y como están bien definidas, ellas determinan los movimientos de las tribus errantes, que continuamente se hacen la guerra entre sí por la caza de este mamífero cada vez más escaso y estratégicos para la supervivencia. Los huasas  en la América del Sur hacen la caza sobre su país, en el estío (verano), porque entonces la emigración es hacia el norte, y los lipanes la hacen en invierno en las cercanías del presidio del río grande, a donde los cíbolos vienen en corta cantidad. Pero ninguna nación nómada los persigue tanto como la inmensa tribu guerrera de los comanches; pues ella, como otras muchas, casi enteramente carnívora, solo subsiste de la caza del bisonte.

Los particulares y militares de los presidios también contribuyen a la destrucción diaria de un animal tan útil por su carne, que es muy buen alimento, y por su piel, que sirve de vestido a la mayor parte de los indígenas. Se ha visto muchas veces, y se ve todavía, que algunos cazadores matan grandes partidas de bisontes, tan solo para tomar la lana que tienen en la cabeza, o quitarles la lengua, que es considerada por una comida deliciosa”.

El bisonte era conocido por los antiguos mexicanos con el nombre de cíbolo; los comanches le llaman cuttse. Este animal entra en calor en los meses de julio y agosto; las hembras paren en abril y mayo.

Fuente: Wikipedia. The Extermination of the American Bison, by William T. Hornaday from Project Gutenberg.; Papers, 1871–1917 and undated, of buffalo hunter John Wesley Mooar in the Southwest Collection, Special Collections Libraries at Texas Tech University. www.geocities.ws.; Imagen: Indians hunting the bison. Engraving in Maximillian Wied - Neuwied, Travels in ... North America, 1843-1844, after Charles Bodmer. Creative Commons.

 
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