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PRIMERA PRESENCIA ESPAÑOLA DEL NORTE DE MÉXICO: CABEZA DE VACA, CORONADO Y OÑATE

La primera presencia española en el territorio norte de México se remonta alrededor del año 1530, cuando el legendario expedicionario náufrago andaluz Alvar Núñez Cabeza de Vaca, habiendo llegado accidentalmente en la costa de Texas, llevó a cabo una peregrinación de siete años hacia el oeste, topándose únicamente a su paso con tribus indígenas desde las orillas del Río Grande a la del Rio Gila, hasta que encontró otro grupo de españoles en Sinaloa, cerca del Golfo de California. De este asombroso viaje y de la información recogida por Alvar Núñez, impulso la organización en las siguientes décadas de nuevas expediciones por los españoles, que estaban ya para entonces establecidos en la ciudad de México, habían fundado Guadalajara y acariciaban la esperanza de encontrar más al norte del territorio; deseaban descubrir otro rico y poderoso reino como el conquistado por Hernán Cortés. Por lo tanto, motivado por ésta visión, a la extensión de tierra siguiendo el curso del Río Grande hacia el norte se le llamó Nuevo México. De estas tierras se contaban fabulosas historias que las describían como habitada por una gran nación, y que en las ciudades de esa región, se había dado un hecho inusual, poseían grandes tesoros de metales preciosos y piedras preciosas, lo que también dio origen al mito de las Siete Ciudades de Cíbola.

La más famosa de las expediciones enviadas al norte en esta época fue la dirigida por Francisco Vázquez de Coronado en 1540-1542. La incursión permitió una amplia exploración de la región y llevó al descubrimiento del Gran Cañón del río Colorado. La expedición regresó, sin embargo, con la constatación de que en esta región, tan distante de México, era poblada tan sólo por algunos grupos de agricultores de los Indios Pueblo, y que no había evidencia de la gran riqueza minera deseada. Coincidentemente en 1542, Juan Rodríguez Cabrillo y Bartolomé Ferrelo emprendían el viaje desde Acapulco navegando a lo largo de las costas de California y Oregón pero tampoco descubrieron ningún reino o país que valiera la pena conquistar. Con dicho viaje, se completó el primer ciclo de expediciones marítimas del noroeste(1).

Sin embargo, el extremo norte del territorio, continuó ejerciendo su atracción sobre los españoles que empujaron lentamente sus asentamientos hacia esa remota región y que, a mediados de siglo XVI, habían fundado Zacatecas, el centro de una zona muy importante de minería de plata. Éste asentamiento sirvió como punto de partida para la ocupación y colonización de otros territorios como San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila, Durango y Sinaloa. De todas estas fronteras se realizaron nuevos intentos de expansión durante los años siguientes, pero no fue hasta 1598 que Nuevo México fue introducido en el Imperio español. Un rico minero, oriundo de Zacatecas, Juan de Oñate, con la autorización del virrey de México y el rey español Felipe II, organizó y dirigió una expedición a Nuevo México. La  excursión fue formada por más de 100 soldados, muchos de ellos con sus respectivas familias, además de 83 carromatos y unas 7,000 cabezas de ganado, lo que indica la intención que tenían de establecerse en ese país como colonos a los expedicionarios. También formaban parte de la expedición un grupo de aproximadamente diez frailes franciscanos, que se encargarían de cristianizar a los nativos, propósito que había logrado llevar a cabo  la Corona Española en todas sus posesiones americanas.

La colonización de Nuevo México comenzó pacíficamente. La caravana cruzó grandes extensiones de territorio abandonado hasta llegar a El Paso del Río del Norte y, más tarde, la expedición, siguiendo el curso de éste río hasta la región centro de este país, donde se encontraron con asentamientos de los indios Pueblo quienes, con aparente facilidad aceptaron someterse al rey de España y recibir la instrucción religión cristiana.

Pero pronto se suscito un movimiento de resistencia centrada en Acoma, tribu de la Cultura Pueblo. Sin embargo, fue sofocada por los hombres de Juan de Oñate. Pero no pasaría mucho tiempo cuando, por segunda vez, ahora los colonizadores perdieron el interés, al darse cuenta de la escasa  riquezas del territorio. Así seguirían,  en una condición de aislamiento durante casi ochenta años, hasta que, se estableció una ruta anual de una caravana de carromatos que empezaron a pasar por su territorio con destino a la ciudad de México. Una distancia de 1,500 kms., rodeada de poblaciones indígenas que con frecuencia eran hostiles, se convirtieron en una provincia misionera donde dos docenas de franciscanos trabajaron entre 50,000 indios. Su capital, fue fundada definitivamente a principios del siglo XVII y significativamente se le dio el nombre de Santa Fe.

Nota: 1.- Sergio Ortega Noriega. Breve historia de Sinaloa.

Fuente: Wikipedia. Luis Navarro. Handbook of Hispanic Cultures in the United States: The “North” Under Spanish Administration: The Internal Provinces. Pp. 160-161.; Sergio Ortega Noriega. Breve historia de Sinaloa.; Núñez Cabeza de Vaca, Álvar. Naufragios y Comentarios. Madrid: Espasa-Calpe, 2005.; Naufragios y Comentarios. Col. Crónicas de América. Madrid: Dastin, 2000.; Naufrágios e Comentários. Porto Alegre: L&PM, 1999. (en portugués).; Naufragios, La Habana , Instituto del Libro, 1970. Creative Commons.

 
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