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LA GUERRA DE INDEPENDENCIA EN OAXACA

 

La Guerra y los levantamientos armados, se fueron extendiendo en forma paulatina casi por toda la Nueva España, siendo muy variable la fuerza y la naturaleza de las acciones que se emprendían en cada caso; siendo en el año de 1812 cuando los realistas, a pesar de los esfuerzos que realizaban, no podían ya sofocar los levantamientos aun cuando contaban con mejor armamento. La situación se tornó preocupante y de mucho temor para las fuerzas realistas, al grado que los insurgentes se fueron apoderando cada vez del mayor número de territorios, del armamento de sus enemigos, de las fortalezas militares e incluso, de su propia gente.

En el caso particular de Oaxaca, la Mixteca y la Costa, fueron las regiones en las que se daban las acciones armadas a la orden del día, lo cual estimulaba a la gente del pueblo a integrarse al movimiento independiente; sin embargo, aún faltaba tomar la zona de los Valles Centrales, misma que se encontraba controlada casi en su totalidad por los poderosos españoles peninsulares, y en la iglesia, por el Obispo Bergoza y Jordán, personaje que al percibir una probable derrota de las fuerzas realistas, dada la gran difusión de los triunfos militares del Ejército Insurgente en Huajuapan, decidió escapar junto con el Intendente de Oaxaca, Lazo y Macarino, dando con eso un rotundo golpe moral a sus seguidores que presenciaron la toma de la Ciudad como un suceso inevitable.

Es en este momento histórico que interviene en Oaxaca, uno de los protagonistas principales a nivel nacional de la Guerra de Independencia: el Generalísimo Don José María Morelos y Pavón, sacerdote y brillante estratega que fortaleció su ejército en Puebla para cruzar el difícil camino montañoso oaxaqueño y enfrentar en la hacienda de Viguera a la caballería realista del comandante Regules. Al resultar vencedor, se aloja en Etla para enviar la última advertencia de la inminente ocupación de la Ciudad, y al no recibir respuesta preparó a sus distinguidos generales y coroneles Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, Mariano Matamoros, Ramón Sesma, Manuel Mier y Terán, Eugenio Montaño y Félix Fernández para disponer el ataque que dio inicio el 25 de noviembre de 1812, fecha en que los españoles conmemoraban el 391 aniversario de la invasión a los mixtecos y zapotecos, acontecimiento que distrajo la atención de los oaxaqueños, hasta que fueron advertidos de la presencia de las fuerzas de Morelos.

“En la Ciudad se celebraba ese día, según costumbre, la fiesta de Santa Catalina en el Templo de San Juan de Dios, con asistencia del Cabildo Eclesiástico. Estábase cantando la misa cuando se supo de la aproximación de Morelos. El pánico se apoderó de todos y no bien se hubo mal terminado aquello, cuando los clérigos que pertenecían a la “mermelada” corrieron a ocupar sus puestos y lo mismo los colegiales del Seminario que, desnudándose en la calle del traje telar que portaban, desde ella arrojaban por los balcones al interior de las casas que habitaban, los mantos y las becas, no teniendo tiempo que perder para empuñar el fusil”. (Gay, 1978)

La ofensiva, se desarrolló principalmente en las iglesias y conventos más fastuosos de la Ciudad, tales como el Fortín de La Soledad, Carmen Alto, Santo Domingo, San Francisco y la Iglesia de Guadalupe, lugares sagrados que por su resistente construcción se convirtieron en los fuertes idóneos para resguardar a los jefes realistas Saravia y Regules comandados por el Coronel Bernardino Bonavia. Sin embargo, la suerte estaría del lado de los insurgentes que ganaban batalla tras batalla, haciéndose de prisioneros y de más armamento, anunciando sus victorias con el tradicional repique de campanas, sonido que motivaba a los demás a continuar la lucha por el triunfo.

El objetivo se alcanzó ese mismo día y la euforia de la victoria propició que aquellos soldados que buscaban la independencia manifestaran sus inconformidades ante el maltrato del Gobierno mediante el saqueo a las casas y comercios de los españoles, desorden que amedrentó a los civiles y a las Instituciones como el Ayuntamiento, el Cabildo Eclesiástico, los Gremios, las Cofradías, los comerciantes etc., induciéndolos a contactar y ponerse a las órdenes de Morelos, quien les concede el perdón inclusive hasta algunos soldados, exceptuando a Saravia, Regules, Aristi y Bonavía jefes realistas que manda a fusilar el 2 de diciembre del mismo año.

Las órdenes dadas por el General Morelos fueron en primer término: recaudar todos los objetos de valor que habían sido abandonados por los españoles para sufragar los gastos del ejército y de la guerra; en segundo lugar, mandó a liberar a sus aliados y a encarcelar a sus opositores que no solicitaron indulto. Asimismo, ordenó la atención a los heridos e inhumación de los caídos; pero su principal preocupación recaía en buscar la conciliación con el Cabildo Eclesiástico, promoviendo que se mantuvieran las estructuras eclesiásticas y las ceremonias religiosas ya que pensaba que la religión, era lo único en común que tenían todos los mexicanos, debiendo ser defendida a toda costa.

En cuanto a la reorganización de la intendencia, Morelos efectuó la selección de autoridades entre los criollos, sin admitir excusas para no desempeñar sus puestos y a partir de ese momento se dice que se celebraron innumerables festejos, juramentos y ceremonias en casa del Alférez Real, Don José Mariano Magro, tanto para refrendar la lealtad de los seguidores del movimiento insurgente, como para aclamar la victoria en la toma de la Ciudad, alegría que en el centro se manifestaba por medio de desfiles, danzas, fuegos artificiales y estandartes de la Virgen de Guadalupe.

Alcanzar la paz social y la calma no fue nada sencillo, ya que las fuerzas realistas intentaron nuevamente contraatacar, habiendo sido interceptados y derrotados en su intento por los Hermanos Bravo en la Costa Chica de Oaxaca y por Matamoros en el Istmo de Tehuantepec.

Al concluir estos sucesos, el General José María Morelos y Pavón, pensó que la victoria Insurgente en Oaxaca se encontraba consolidada, lo cual se consideraba vital conseguir para continuar la lucha por la independencia hacia la Ciudad de México, ya que el territorio oaxaqueño no solo le había dado los recursos necesarios para continuar la guerra, sino fue la primera Provincia Colonial conquistada que tenía un gran abolengo, era cabecera de Intendencia, tenía un obispado, un seminario, biblioteca e incluso una imprenta; ésta última, fue de gran utilidad para Morelos, pues motiva a José María de Herrera y a Carlos María de Bustamante a ejercer su libertad de expresión, iniciando una publicación que se denominó “Correo Americano del Sur”; la imprenta no era de la mejor calidad pero facilitó la publicación y reimpresión del “Ilustrador Mexicano”, el “Semanario Patriótico”, proclamas y manifiestos que le facilitaron a la población el acceso a la información de los acontecimientos que iban dándose a lo largo y ancho de la Nueva España.

La estabilidad aparente dio pie a Morelos a decidir abandonar la Ciudad de Oaxaca el 9 de febrero de 1813, partiendo para el Congreso de Chilpancingo con las ideas que serían parte de la futura Constitución de una Nación que estaba en proceso de cambio.

Por esos años la figura de Morelos se agiganta por sus brillantísimas campañas que le produjeron grandes triunfos al ejército insurgente, al grado que el pueblo componía cantos e himnos para elogiar las hazañas de este genio de la estrategia militar, entre la que se seleccionó, la siguiente:

“Por un cabo doy un real,

 por un sargento, un tostón,

 por mi general Morelos,

 doy todo mi corazón”.

PRIMERA ESTRUCTURA GUBERNAMENTAL INSURGENTE DESIGNADA POR JOSÉ MARÍA MORELOS Y PAVÓN EN OAXACA:

Intendente Corregidor, D. José María Murguia y Galardi; Teniente Letrado, Lic. D. Manuel María Mimiaga; Promotor Fiscal, Lic. D. Mariano Castillejos; Regidor Alférez Real, D. José Mariano Magro, Alcalde Provincial, Lic. D. Joaquín de Villasanta; Alguacil Mayor, D. Nicolás Fernández; Contador de menores y albaceazgos: D. Manuel Murguía; Juez del Pósito, D. Antonio Mantecón; Fiel Ejecutor, D. José Fernández; Fiel Contraste, D. Miguel Iturribarría; Juez de Policía, D. Jacinto Varela; Comisionado de Fiestas, D. Pedro Silva; Regidor, D. José Jimeno Varela; Regidor: D. Ignacio Morales.

Fuente: Archivo General del Poder Ejecutivo del Estado de Oaxaca. Gobierno del Estado de Oaxaca.  www.archivohistorico.oaxaca.gob.mx. Creative Commons.

 
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