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ACATITA DE BAJÁN, EL LUGAR DE LA TRAICIÓN

Luego de la derrota insurgente en Puente de Calderón y tras haber despojado del mando al cura Hidalgo, los rebeldes decidieron marchar a Estados Unidos para obtener recursos económicos y materiales y reorganizar el movimiento.

Hidalgo y Allende sabían que el camino desde San Luis Potosí hasta la frontera estaba allanado y a pesar de que se prepararon para marchar atravesando el desierto, no previeron lo tortuoso del camino y la caravana insurgente pronto comenzó a sufrir la falta de agua.

Cuando estaban en la parte más ardua y difícil del camino, en el Espinazo del Diablo, las provisiones estaban prácticamente agotadas. Sin embargo, apareció José María Uranga, para informar que en Acatita de Baján los esperaba Ignacio Elizondo con ciento cincuenta hombres para auxiliarlos, que el pueblo los recibiría con las calles adornadas y con los vecinos haciendo honores.

Uranga sugirió que como eran muchos hombres, lo mejor sería que los jefes fueran adelante. Apenas salió el sol del 21 de marzo de 1811, los insurgentes levantaron el campo y se pusieron en marcha. A la vanguardia iban los caudillos y algunas mujeres, luego oficiales y soldados.

A las nueve de la mañana avistaron el pueblecillo de Acatita de Baján, Coahuila. La gente que se veía a lo lejos estaba tendida en línea dejando libre el camino en actitud de recibirlos con honores, pero detrás de una loma se encontraba Elizondo con tropas. Uno tras otro desfilaron ante la loma y uno tras otro fueron aprehendidos y amarrados.

El carruaje en el que iba Allende, el sexto en la fila, fue rodeado por la retaguardia al llegar a la loma, enseguida los traidores intimaron rendición en nombre del Rey. Allende prefirió sacar su arma a rendirse y se escuchó una violenta descarga que acabó con la vida de su hijo Indalecio. El capitán se reclinó para ver el cadáver ensangrentado y en ese momento fue tomado prisionero.

Cerca de mil trescientos tres hombres, entre ellos Hidalgo, Allende, Aldama, Jiménez y Santa María –los principales jefes insurgentes- fueron tomados prisioneros junto con un enorme botín. Muchos fueron enviados a Monclova pero a los jefes les esperaba una terrible travesía hasta Chihuahua donde serían fusilados. 

Fuente: Wikipedia. Articulo autoría de Sandra Molina Arceo, Charlas de café con Ignacio Allende, México, Grijalbo, 2009. Imagen: INEHRM. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Creative Commons.

 
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