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LUIS FELIPE JOSÉ AZUETA ABAD

 

TENIENTE DE ARTILLERIA LUIS FELIPE JOSE AZUETA ABAD (1895-1914)

Nació el día 2 de mayo de 1895 en Acapulco, Guerrero. Fue fruto del matrimonio integrado por el entonces Teniente Mayor de la Armada Nacional Manuel Azueta Perillos y doña Josefa Abad Fernández, de origen español. El pequeño José fue el cuarto hermano de siete hijos cuyos nombres eran: Rosario, Manuel (quien serviría también en la Armada Nacional y en 1924 llegaría a ostentar el grado de Capitán de Navío), María del Carmen (quien falleció a los pocos meses de haber nacido), Leonor, Tomás (quien moriría muy joven al servicio de la Marina Mercante en 1922) y Víctor Manuel.

Durante los primeros años de su vida José no contó con la imagen paterna como cualquier otro niño, debido a que la ausencia de su padre fue constante por las exigencias del servicio que prestaba a la nación. La disciplina como militar del Capitán de Fragata Manuel Azueta no le permitía denegar las órdenes recibidas, por lo que su esposa Josefa fue la encargada de los cuidados y la educación de los pequeños. A la edad de 5 años José aún no tomaba conciencia de la importancia del trabajo de su padre, y ni siquiera se imaginaba el valor que su progenitor tenía en el servicio activo de la Armada, sobre todo gracias a su experiencia y conocimientos sobre barcos que había adquirido durante su preparación en España. El 18 de enero de 1901, el padre del pequeño José fue nombrado Jefe del Primer y Cuarto Grupo de la Comisión Inspectora de la Construcción de Cañoneros en el Astillero de Elizabeth, New Jersey, y el día 25, por Acuerdo Presidencial, recibió el Diploma de Honor, por sus 25 años de servicios a la nación. José entonces realizó su primer viaje en compañía de toda su familia, a bordo de El Azteca, con destino a New Jersey, radicando más de un mes en aquel lugar de la unión americana.

Al terminar la comisión de New Jersey, la familia Azueta Abad regresó a México y estableció su residencia en San Pedro de los Pinos, en la Ciudad de México. José y sus hermanos ya estaban en edad escolar e ingresaron al Colegio del Árbol Bendito, muy cercano de donde la familia habitaba. El 17 de agosto de 1904, el Capitán de Fragata Manuel Azueta llegó a su casa y comunicó con emoción a su familia el nombramiento que recibió por parte de las autoridades de la nación para ocupar la dirección de la Escuela Naval Militar ubicada en Veracruz y fundada en 1897. Al aceptar este digno cargo, se convirtió en el Segundo Director del Plantel, después del Capitán de Fragata Manuel E. Izaguirre.

La familia Azueta Abad se trasladó hacia su residencia en las instalaciones de la Escuela Naval Militar. En el trayecto José observaba con detenimiento cada uno de los edificios que pasaban frente a él. Cuando llegaron por fin al plantel, la puerta estaba custodiada por un contingente de cadetes que llevaban a cabo, como parte de su formación militar, la guardia correspondiente. Entre ellos se encontraba su hermano mayor Manuel, quien cursaba el primer año en la Escuela Naval. La sorpresa del pequeño José fue mayor cuando vio que su hermano, junto con sus compañeros, se cuadraba ante la presencia de su padre entrando al plantel.

Luis Felipe José Azueta Abad continuó con sus estudios en Veracruz y fue inscrito en la escuela primaria “José Manuel Macías”. Comenzaba a desarrollar un carácter fuerte y decidido, pero permeado por la inmadurez y las travesuras de la edad. El joven José era considerado un buen estudiante y los problemas del país aún no distraían su atención; además, su padre mantuvo firmeza en su educación, debido a que procuraba estar siempre atento a lo que hacía. Al adolescente comenzaba a inquietarle el continuar con el ejemplo del padre y del hermano, ya que por su mente empezaba a gestarse la idea de ingresar a la Escuela Naval Militar.

A finales de 1909, José Azueta terminó la primaria con buenas calificaciones y quiso cristalizar su deseo por estudiar en la Escuela Naval Militar, pero la edad no le favoreció en lo absoluto, ya que aún era muy joven para ingresar a la institución. La ilusión no se desvanecía de su mente, pues la insistencia por ser parte del plantel naval provocó que su padre, entonces Director de la Escuela Naval, le otorgara la autorización para asistir a clases en calidad de oyente. Y así lo hizo, teniendo como compañero a su hermano Manuel, que se encontraba cursando el quinto grado. El 1 de agosto de 1910, finalmente José Azueta presentó el examen de admisión en el que obtuvo altas calificaciones. Esto le valió para que el 1° de septiembre, por orden del Presidente de la República, Porfirio Díaz Mori, se le nombrara alumno interno de la Escuela Naval Militar por haber cumplido con los requisitos reglamentarios de ingreso.

Así fue como José inició una nueva etapa de su vida dedicado a las fuerzas armadas. Al haber adelantado el primer año de estudios en calidad de oyente, el 30 de septiembre de 1910 pidió autorización al Secretario de Guerra y Marina, Manuel González Cosío, para realizar el examen extraordinario con la finalidad de cursar el siguiente año sin sufrir perjuicio alguno en su carrera. El Capitán de Navío Manuel Azueta Perillos en su calidad de Director del Plantel, presentó ante la Secretaría de Guerra y Marina la petición del joven cadete, que fue aceptada el 20 de octubre, pero bajo la condición de que debía esforzarse el doble de tiempo, a fin de que demostrara que conocía de manera suficiente las materias por las cuales se le iba a examinar.

Poco tiempo había pasado de que el gobierno de Porfirio Díaz Mori había sucumbido ante el movimiento revolucionario encabezado por Francisco Ignacio Madero González, quien se convertiría en Presidente de la República, cuando el 18 de junio de 1911, a sus 16 años de edad, José realizó su primer viaje de prácticas a bordo del velero Yucatán. En el año de 1912 comenzó a tener dificultades debido a su indisciplina, lo que provocó que fuera arrestado constantemente. En su expediente quedó registrado que en febrero se le arrestó por “introducirse sin permiso al calabozo a visitar a un amigo y por no saber la clase de jurisprudencia”; en abril por “no saber su clase de fortificaciones y dormirse en horas de estudios”; incluso le llegaron a arrestar por la curiosa falta de “matar chinches con las gorras de sus compañeros”. A pesar de su comportamiento, el 16 de junio de 1912 realizó otro viaje de prácticas a bordo del Morelos, pasando después al Bravo el 14 de julio.

El gobierno del Presidente Madero duró poco tiempo, porque pronto hubo descontento a su alrededor, lo que dio paso al reinicio de un movimiento de contrarrevolución. El 16 de octubre, en Veracruz se levantó la guarnición para apoyar el movimiento contrarrevolucionario del General Félix Díaz, quien pidió el apoyo del Ejército Federal para que secundara su movimiento. Por orden del Capitán de Fragata José Servín, Director de la Escuela Naval Militar, se intentó izar la bandera de la Cruz Roja en señal de neutralidad ante estos acontecimientos; sin embargo, el joven Azueta junto con sus compañeros se opuso tenazmente al pedir que se izara la bandera de la Escuela Naval, para dejar claro que los cadetes estaban dispuestos a combatir por el honor de su escuela y la legalidad de las instituciones. Ante el desorden, el Capitán Servín trató de tranquilizar a los cadetes y restaurar el orden, pero los jóvenes se empeñaban en tomar las armas. Enterado de esto el General Díaz y, reconociendo el valor del alumnado, le envió una carta al Director Servín, en la cual expresó: “que como hijo que era del Colegio Militar, jamás podría atacar al plantel que considera hermano suyo”.

Aunque la sublevación de Félix Díaz fue rápidamente sofocada gracias a la intervención del ya Comodoro Manuel Azueta Perillos y del General Joaquín Beltrán, el gobierno de Madero igual tendría un fin desafortunado. En 1913 se llevó a cabo el golpe de estado en contra del Presidente, quien junto con el Vicepresidente José María Pino Suárez, fue asesinado. La silla presidencial fue ocupada por el General Victoriano Huerta, gracias a un hábil manejo de la Constitución Mexicana.

Cuando sucedieron estos acontecimientos, José ya estaba por cumplir los 18 años y su familia continuaba creciendo, ya que su hermana Rosario contrajo nupcias con el acaudalado veracruzano Manuel Aladro. A la boda asistió su padre, el Comodoro Manuel Azueta, que recién había llegado procedente del puerto de Guaymas. A su padre poco tiempo le llevó percatarse del comportamiento de José, que de manera inmadura había descuidado los estudios a causa de las constantes salidas nocturnas, que realizaba con sus amigos. El Comodoro Azueta, incómodo ante semejante falta, le llamó la atención, y notó que su hijo poseía un fuerte temperamento. El futuro del joven Azueta en la Escuela Naval Militar comenzaba a oscurecerse, debido a que la falta de disciplina y el bajo aprovechamiento en sus materias, provocaron que reprobara los exámenes y que fuera expulsado del plantel.

El Capitán de Fragata, Rafael Carrión, nuevo Director de la Escuela Naval, sostuvo una plática con el joven y le explicó que podía integrarse al Ejército para continuar su carrera militar; Azueta aceptó y prometió a Carrión “estar dispuesto a hacer todo lo posible para distinguirse en el servicio”. El 23 de noviembre de 1913, José Azueta envió una carta al Secretario de Guerra y Marina, General Manuel Mondragón, en la que le solicitó su aprobación para ingresar al Ejército como Oficial de Artillería de la Milicia Permanente. El 9 de diciembre de ese mismo año, el Secretario de Guerra y Marina respondió favorablemente a la petición de José para causar alta en la Batería Fija de Veracruz, como Teniente Táctico de Artillería.

La situación política y social de México se vio amenazada con la dictadura impuesta por Victoriano Huerta, que se caracterizó por ser de tipo represivo y violento. El Chacal, como fue conocido el sanguinario presidente, entabló negociaciones con los países de Europa, con el objetivo de traer capital y armamento a México. Obviamente, para el gobierno de los Estados Unidos esto constituía una seria amenaza, no sólo por la adquisición de material bélico, pues también temía que Europa disminuyera la influencia que el país yanqui ejercía sobre el país mexicano. El 14 de marzo de 1914, el Comodoro Manuel Azueta recibió las órdenes del Secretario de Guerra y Marina, General Aureliano Blanquet, para formar una escuadrilla con buques de guerra que se encontraban en el litoral del Golfo de México y fue nombrado jefe de la misma. El 29 de ese mismo mes tomó el cargo e izó su insignia en la corbeta Zaragoza. En ese entonces, José Azueta ya portaba el uniforme de Teniente del Ejército, que lucía gallardamente cuando salía de su casa ubicada en la calle Benito Juárez número dos, para dirigirse a su nueva sede: el antiguo edificio del Cuartel de Artillería, que se encontraba ubicado en la contra esquina posterior de la Escuela Naval.

Como miembro de la Batería Fija de Veracruz, su actividad era dar instrucción a la tropa para el manejo de ametralladoras. El joven Teniente no dejaba de sentir nostalgia por la Escuela Naval y sus compañeros. Después del conflicto suscitado en Tampico el 9 de abril de 1914, cuando las fuerzas federales bajo el mando del Coronel Ramón H. Hinojosa, apresaron a nueve hombres de la tripulación del cañonero norteamericano Dolphin, perteneciente a la flota del Atlántico, cuyo Comandante era el Almirante Henry T. Mayo. Estados Unidos vio esto como una oportunidad para intervenir en la situación general que se estaba viviendo en México, con el pretexto de proteger los intereses de los ciudadanos norteamericanos que se encontraban en suelo mexicano.

El Comodoro Azueta informó oportunamente al Mando sobre la presencia de los buques norteamericanos en el puerto, y las autoridades le respondieron que no interfiriera en asuntos que no eran de su competencia. Por si esto fuera poco, la flotilla del Golfo que tenía bajo su mando había salido por órdenes del gobierno rumbo a Tampico. El 12 de abril, el Almirante Mayo dirigió su flota de Tampico a Veracruz para reunirse con la flota bajo el mando del Almirante Frank F. Fletcher, que ya se encontraba fondeando en el puerto jarocho.

El día 21 de abril de 1914, a las 11:20 horas, las tropas de Infantería de Marina y Marinería norteamericanas desembarcaron en el puerto y ocuparon los edificios más importantes, como la Aduana, la Terminal del Ferrocarril, la Oficina de Correos, la Oficina de Telégrafos, el Cable Transoceánico y la Planta de Energía. El Comodoro Azueta, al percatarse de la situación cuando se dirigía a sus oficinas, de inmediato acudió a la Comandancia Militar para recibir las órdenes del General Gustavo A. Mass; pero la suerte no estuvo de su lado, ya que el Comandante Militar de la plaza veracruzana no se encontraba en dicho lugar, así que el Comodoro Azueta optó por dirigirse a la Escuela Naval Militar.

Al llegar, traspasó la guardia en prevención y exclamó al personal de Jefes, Oficiales y Cadetes del plantel: ¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!, y los cadetes coreando le contestaron ¡Viva! a cada expresión; entonces el Comodoro expresó: ¡A las armas muchachos, la patria está en peligro! Junto con el Director del plantel, Capitán de Fragata Rafael Carrión, se organizó la defensa. José, como pertenecía a la Batería Fija de Veracruz, recibió la orden de salir junto con la guarnición; pero en lugar de ello se dirigió a la Escuela Naval con sus compañeros que ya estaban listos para enfrentarse a las tropas norteamericanas. Entró corriendo a la que había sido su alma máter y se encontró con su padre, al que le expresó su coraje ante la invasión y le dijo: “Padre, los americanos están desembarcando y hay órdenes de que todos nos retiremos hasta Los Cocos”. El Comodoro le contestó: “Hijo, yo aquí me quedo con estos muchachos a cumplir con mi deber, tú ve a cumplir con el tuyo”.

El joven Teniente Azueta se hizo de una ametralladora a la que bautizó como “mi flaca”, que había quedado abandonada en la esquina de las calles Landero y Cos y Esteban Morales, después de que las tropas federales se retiraron. Al tomar tan importante decisión expresó las siguientes palabras: “Allí está mi padre (señalando a la escuela) y aquí debo quedar yo”. Desde ese lugar comenzó a disparar en contra del enemigo desde una posición vulnerable por quedar al descubierto. En la esquina de la Aduana Marítima se encontraba el Contramaestre de Segunda Clase norteamericano Joseph G. Harner, quien apuntó la mira de su arma sobre el Teniente Azueta; con toda la intención de no matarlo sino de dejarlo inútil para la defensa, el experto francotirador le disparó tres veces: primero en la pierna izquierda y le destrozó el fémur, luego en la rodilla derecha, y ya en el piso el heroico Teniente, recibió un proyectil más en el codo derecho con el que quedó inconsciente. Por su parte en la Escuela Naval Militar había caído ya la primera víctima del fuego invasor, el Cadete Virgilio C. Uribe Robles, quien bautizó con su sangre al noble plantel.

Las heridas provocadas al Teniente Azueta desgastaban su estado de salud, con lo que se desvanecían las esperanzas de salvar su vida. Esta noticia llegó a oídos del Almirante Fletcher, quien envió unos médicos a la familia Azueta Abad para intervenir en la curación de José; pero éste los expulsó diciéndoles: “que se larguen esos perros, no quiero verlos”. El 24 de abril de 1914, por iniciativa del Vicealmirante Tomás Othón Pompeyo Blanco Núñez de Cáceres, en ese entonces Jefe del Departamento de Marina, se le otorgó a José Azueta el grado de Capitán 2º Táctico de Artillería, por sus méritos desempeñados en campaña también le fue concedida una medalla de oro especial para los combatientes del 21 de abril, y el 1º de mayo se le dio la Cruz de Tercera Clase del Mérito Militar.

La tarde del 10 de mayo de 1914, a las 4:00 p.m., Luis Felipe José Azueta Abad finalmente cerró sus ojos para siempre. Su muerte levantó el coraje y la indignación de los veracruzanos; una multitud considerable se presentó a su sepelio en el Cementerio Particular Veracruzano, acompañando el dolor de los padres. En honor a estos héroes se edificó un monumento en el malecón del puerto, que se ubicó exactamente dando frente a los muelles en donde las tropas norteamericanas iniciaron el desembarco. Los restos del Comodoro Manuel Azueta Perillos, del Teniente de Artillería Luis Felipe José Azueta Abad y del Cadete José Virgilio C. Uribe Robles, fueron trasladados al pie de las imponentes estatuas, cuyas imágenes ejemplifican su actitud épica y aguerrida.

Fuente: Wikipedia. Asociación de la Heroica Escuela Naval Militar, A.C. ahenmac.org.mx. Creative Commons.

 
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