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INDIOS EN EL CORREGIMIENTO DE QUERÉTARO DURANTE LA INDEPENDENCIA

 

Uno de los momentos más cruentos de la guerra de Independencia en el corregimiento de Querétaro, se registra entre los años de 1810 a 1814. Por un lado, el Bajío era el principal foco de insurrección, por lo que Querétaro fue tomado por los ejércitos realistas, para desde este punto de paz recuperar los pueblos, villas y ciudades que habían abrazado la insurrección; al mismo tiempo que abrir el paso hacia el norte, cortado por el cinturón que formaron los indios insurrectos desde San Miguel el Grande hasta Xichú. Para poder transitar se creó un sistema de convoyes comandado por Agustín de Iturbide, que se movía desde la Ciudad de México hasta las zonas mineras, introduciéndose y rodeando a través de Querétaro, Celaya, León y Aguascalientes. Por otra parte, los insurgentes de Huichapan comandados por los Villagrán, trataron de cortar el camino abierto por los convoyes, lo que no pudieron lograr, pero abrieron otro paso desde Huichapan, Tecozautla, Cadereyta, los pueblos de Tolimán, Tolimanejo, San Miguel, hasta Xichú.

Muchos simpatizantes de la insurrección se aliaron con los Villagrán moviéndose entre el corregimiento de Querétaro y Cadereyta. Sin embargo, en 1813 el ejército realista logró derrotar a los Villagrán, retomando el control de esos espacios el ejército virreinal, las milicias y las compañías volantes instaladas en las haciendas.

Las fuerzas insurgentes tenían un alto componente de población indígena. No todos los indígenas fueron insurgentes, sobre todo los que habitaban en las zonas urbanas de Querétaro y San Juan del Río, que habían sido tomados para controlar el Camino Real de Tierra Adentro. En Querétaro, ante la presencia de la gran cantidad de soldados realistas, la República de Indios se pronunció a favor de la Justa Causa realista. El diario anónimo llamado Acuerdos Curiosos nos dice que la República de Naturales escribió en un tablado al lado del Hospital Real la siguiente leyenda, en demostración abierta de su postura frente a la insurgencia y su lealtad a la Corona:

De la república fiel

De caciques naturales,

Resuenan los ecos leales

Hacia el sagrado dosel.

Como acerado broquel

Su pecho presentará

A toda prueba, y hará

Ver que Fernando es su dueño

Y con este fiel empeño

A Napoleón hollará.(1)

Sin embargo, en los lugares aledaños a la ciudad de Querétaro, como La Cañada, San Isidro y El Pueblito, se alcanza a distinguir la filiación insurgente. Durante estos primeros años, por la influencia de los Villagrán fue más notoria la presencia de indígenas insurgentes entre los límites del corregimiento de Querétaro y la alcaldía Mayor de Cadereyta, que se encontraban viviendo en los pueblos de indios y en las haciendas, mismos que eran asediados por los realistas.

La participación indígena en la guerra de Independencia fue muy grande. En ocasiones ésta se dio por parte del pueblo o la República de Indios a la que pertenecían, organizada por el mismo gobierno indígena, como sucedió en los pueblos de indios de Tolimán, San Pedro, San Miguelito y de la República de Indios de Tequisquiapan, pueblos ubicados en la parte limítrofe del Corregimiento de Querétaro con la alcaldía mayor de Cadereyta. Ellos se levantaron en armas y además les facilitaron apoyo a los insurgentes al momento de iniciarse la confrontación. Algunos lo hicieron de manera abierta, otros no. En los pueblos de indios era más fácil mostrar su adhesión, no así en las villas o pueblos con una gran cantidad de población española o criolla, como en Tequisquiapan, donde de inmediato detectaron la participación de la República de Indios, por lo que su gobernador indígena fue depuesto.

La adhesión a la causa fue sembrada en esos pueblos por emisarios de Allende y de Hidalgo, y sobre todo por la participación de los Villagrán de Huichapan que organizaron la zona para la rebelión.

Algunos párrocos se alarmaron y desde su trinchera contra atacaron leyendo los edictos y excomuniones que se habían comenzado a expedir contra los principales insurgentes. Por su parte, los que se adhirieron a la causa decían que las excomuniones publicadas eran sólo papeles, con los que pretendían asustar a la gente en beneficio de los gachupines.(2)

Pero no todos los indígenas eran insurgentes, algunos que estaban asentados en las haciendas o en villas fueron enlistados en las tropas realistas. Para controlar la insurrección iniciada en el Bajío, el virrey envió al General Flon, en octubre de 1810, a Querétaro, donde además de su ejército reunió a otras tropas locales, a voluntarios y milicianos para recuperar San Miguel el Grande. Cuando salió a someter a San Miguel salió acompañado por mil indios flecheros.(3) Los flecheros quizá fueron traídos de Cadereyta, como parte del Regimiento de Sierra Gorda, en donde los dueños de las haciendas obligaron a sus trabajadores a incorporarse a las milicias.

Los pueblos indios de San Miguelito, San Pedro y Tolimán fueron un problema para los realistas de la región al levantarse en armas. El Regimiento de Sierra Gorda y las milicias que se formaron estaban integradas en sus cuadros más altos por los dueños de las haciendas locales y sus mayordomos. Ellos conocían muy bien la zona y a la gente. También llegaron ejércitos realistas para apoyarlos. En mayo de 1811 el capitán José de Castro se encargó de combatirlos.

Los pueblos fueron atacados, algunos quemados y arrasados para poder reducirlos y someterlos. Donde más problemas tuvieron fue en San Miguelito: cuando el capitán José de Castro llegó y encontró a todos los indios “remontados en las cumbres de los cerros, sumamente insolentados por verse seguros en aquella posición que a más de lo escarpado de ella les favorecía por la parte opuesta la bajada a la Sierra de donde ya no podía internarse la tropa.” Cuando fueron vencidos no aceptaron el gracioso perdón que les iban a otorgar, ni siquiera le contestaban al capitán cuando los inquirió, eso era muestra de demasiada insolencia, por lo que decidió quemar el pueblo. Así controlaron los pueblos logrando que los indios volvieran a sus labores. Pero las haciendas fueron seriamente dañadas, de la misma manera que los pueblos indios. Las haciendas sufrieron ataques y asaltos por parte de los insurgentes, pero también les fueron impuestos por el gobierno colonial préstamos forzosos para financiar a las tropas realistas, que también fueron engrosadas con indios que eran castigados por diversos delitos en las haciendas. Como en la hacienda de los Servines, donde el mayordomo incorporó a dos indios por estar acusados de embrujar a un mestizo, sin acceder a desembrujarlo.(4)

En Cadereyta en cambio, el padre Br. don José María Gutiérrez formó dos compañías de patriotas, dirigidas por él, que eran financiadas con tributos que les cobraban a los indios del pueblo de San Miguel de las Tetillas.(5) Los indios de este pueblo, mucho tiempo antes, se habían inconformado legalmente en los tribunales, por problemas que tenían porque les habían quitado sus tierras, motivo por el cual, iniciada la guerra abrazaron la causa insurgente, aliándose con ellos y apoyando a los Villagrán. Luego entraron los ejércitos realistas a calmarlos, quedando los indios de Tetillas “a ser pasto de las fieras” y a los que sobrevivieron les cortaron media oreja como escarmiento y señal de su participación. Los indios de Tetillas fueron obligados a formar parte de las milicias, así podían vigilarlos de cerca y obligarlos a presentarse para que les tomaran lista. Pero para darles la oportunidad de redención, el padre José María Gutiérrez les cobró una cantidad de dinero, con lo que pagaba sus dos guarniciones.

Esta grave carga de tributos y presión para los indígenas fue denunciada por el indio Ilario Antonio, primer alcalde del pueblo de Tetillas, quien le escribió al subinspector de Querétaro, don Ignacio García Rebollo, para reportar los hechos. Decía que, a nombre de la República y común de los indios, le hacía patente la terrible situación que estaban viviendo. Primero fueron atacados por las fuerzas realistas por considerarlos insurgentes, quedando casi en la total destrucción, situación que se agravó por una peste en la que murieron más de dos mil moradores que dejaron sus casas y solares desamparados por la ruina. Para poder sobrevivir tuvieron que declararse fieles a la justa causa realista. Luego, los insurgentes los atacaron por considerarlos aliados leales de los realistas. Además, la tropa realista asentada en la hacienda de Juchitlán diariamente les pedía servicio de acarreo y conducción de pastos para sus caballos, que era de lo poco que producía su pueblo porque se quedaron estériles sus laborcillas, reduciéndolos a la mayor indigencia. Por estas causas Ilario Antonio le solicitaba desesperadamente ayuda a don Ignacio García Rebollo, para suspender los impuestos y servicios exigidos por las tropas.

Diario les tomaban lista y pese a ello muchos huyeron del pueblo, tratando de encontrar una salida a la situación que padecían. El capitán Pedro Sierra los tenía bajo la amenaza de aniquilarlos, de hacer pasar al pueblo entero a degüello, comenzando por el alcalde y la República, si no se presentaban al pase de lista. Por lo que Ilario Antonio le envió al alcalde de Tetillas una lista de los indios que habían quedado en el pueblo, y solicitó su ayuda para evitar más desgracias ya que, se encontraban reducidos a la última miseria, la que aumentaba ante el gran temor de que el señor Sierra ejecutara el degüello. En cambio, en el pueblo de San Gaspar, junto a Cadereyta, los indios eran realistas y fueron atacados por 80 insurgentes de Tecozautla y Huichapan, durante el ataque mataron a tres y se llevaron a 30 en condición de prisioneros.

Esto pasaba en los pueblos indios. Pero los indígenas que vivían dentro de las haciendas también tenían otros problemas. En el paraje de las Tuzaz, perteneciente a la hacienda de El Ciervo, de don Mariano Marcos Fernández de Jáuregui, también dueño de las haciendas de Santa Bárbara y Extoraz, algunos indios estaban en calidad de renteros. Ellos tenían sus animales y sus siembras y pagaban una renta al hacendado por dejarlos ocupar la tierra. Esas haciendas eran regularmente robadas por los insurgentes, quienes se llevaban los animales y los productos que le pertenecían al dueño. Como a ellos no les robaban los animales, el mayordomo de la Santa Bárbara, los comenzó a considerar como aliados de los insurgentes, por lo que un día se metió a sus tierras con otros hombres y les robó todo su ganado, además del maltrato que les hicieron. Como se quedaron sin ganado, no podían pagar la renta y el mayordomo de El Ciervo los quería desalojar, por lo que se dirigieron al general García Rebollo para que los ayudara.(6) Pedían auxilio hasta Querétaro porque en esa zona quienes estaban a cargo del orden eran las compañías volantes que se instalaban en las haciendas y, precisamente, los dueños de las haciendas y los mayordomos estaban a cargo de ellas.

Durante la guerra de Independencia los indígenas tuvieron una gran participación. Pero, como al final de ésta Iturbide se convirtió en insurgente, logrando junto con Vicente Guerrero hacer la Independencia, las antiguas tropas realistas fueron las que ganaron la guerra.

Notas: 1 Acuerdos curiosos, tomo IV, Gobierno del Estado de Querétaro, 1989, p. 224.; 2 AGN, Operaciones de Guerra, 143, fs. 79-80v.; 3 AGN, Inquisición, vol. 462, exp. 2, fs. 2-3.; 4 AHPJQ, serie 07 gde. Crim, caja 7-1, exp. 07cri016, 13 agosto de 1812.; 5 AHPJQ, 07gde. Crim, caja 7-3, exp. 07cri059, 9 febrero 1813.; 6 AHPJQ, Justicia, 07cri079, 1813.

Fuente: Wikipedia. Investigación Universitaria. Independencia y Revolución Mexicana 2010. Dra. Lourdes Somohano Martínez. Facultad de Filosofía. Universidad Autónoma de Querétaro. Extensión Nuevos Tiempos. Año 2 No. 21 Segunda Época Septiembre-Octubre 2010. Revista Universitaria de Divulgación del Conocimiento.

 
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