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JURISDICCIÓN DEL OBISPADO DE DURANGO SIGLO XVII

Aun cuando la mayor parte de la región costera de Nueva Vizcaya fue ocupada por misioneros, fundamentalmente jesuitas, también llegaron algunos párrocos o curas miembros del clero secular sometidos a la autoridad de un obispo. En un principio el reino de Nueva Vizcaya caía dentro de la jurisdicción eclesiástica del obispado de Compostela o Guadalajara. Como el obispado de Guadalajara abarcaba una enorme extensión, el obispo difícilmente cumplía con sus obligaciones pastorales hacia sus feligreses. Así, pronto se vio la necesidad de erigir un nuevo obispado en las tierras conquistadas por Francisco de Ibarra.

El papa Paulo V otorgó la bula para la erección del nuevo obispado el 11 de octubre de 1620, la sede del mismo sería la ciudad de Durango.(1)  El límite suroccidental del obispado, que es el que nos interesa, se fijó entre las provincias de Acaponeta en Nueva Galicia y la de Chametla en Nueva Vizcaya. A diferencia de lo ocurrido con la jurisdicción política, la provincia de Culiacán quedo incluida dentro del obispado de Guadiana o Durango. Las tierras que se colonizaran al norte de Sinaloa quedarían adscritas al obispado recién fundado.

A pesar de que el obispado de Guadiana se estableció para mejor atender a la feligresía, los obispos rara vez pudieron visitar la diócesis a su cargo tal como era su obligación. El objeto de estos recorridos era evaluar el ejercicio del culto y la aplicación de justicia en las provincias dependientes del obispado. Bartolomé de Escañuela fue el primer obispo que visitó la frontera noroccidental del virreinato entre 1679 y 1680. El obispo señaló la proliferación de pecados públicos, como el amancebamiento y la bigamia, entre los fieles de esa región. Los obispos Pedro Tapís y García, Benito Crespo y Monroy, Martín de Elizacoechea y Pedro Tamarón y Romeral, también visitaron la frontera.

Las parroquias se localizaban en los asentamientos no indígenas, en los reales de minas principalmente. Como los reales mineros fueron centros de población poco estables, las sedes parroquiales se mudaban al desaparecer aquellos. Esta situación aunada a la escasez de recursos impidió el fortalecimiento de la iglesia secular en la región del noroeste. En efecto, los curas y los curatos se sostenían gracias a las obvenciones que obtenían de los vecinos por las ceremonias del culto divino. Además les correspondían cuatro novenos del diezmo recaudado, pero cuando se fundó el obispado tan sólo Culiacán y Sinaloa pagaban diezmo. La iglesia secular también podía contar con limosna del rey pero como en el noroeste ésta se dirigía a las misiones, los curatos carecían de tal ayuda. Tan sólo tenemos noticias de que el curato de Maloya recibía 400 pesos anuales de la real hacienda. Así pues, como los curatos dependían de las contribuciones de los colonos para sobrevivir, sucumbían si estos emigraban.

Nota: 1. Erección de Obispados en el Siglo XVIII El Obispado de Valles. Ernesto de la Torre Villar.

Fuente: Wikipedia. Historia General de Sonora, volumen II, De la Conquista al Estado Libre y Soberano de Sonora, Gobierno del Estado de Sonora, Hermosillo 1985 Imagen: Gobierno del Estado de Durango. Creative Commons.

 
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