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LA VICTORIA ESPAÑOLA SOBRE LOS COMANCHES

Prácticamente desconocido en España, Juan Bautista Anza fue uno de los mayores expedicionarios de la América española y de la historia de los Estados Unidos. Entre otros logros, abrió el paso al norte californiano, recorriendo cerca de 3,000 kilómetros, y terminó con los ataques de los comanches a las posiciones españolas.

La historia de los Estados Unidos va inextricablemente unida a la presencia española durante casi trescientos años. A lo largo de tres siglos, numerosas expediciones jalonaron gran parte del territorio norteamericano fundando ciudades, presidios(1) y misiones, algunas con final trágico como fue la expedición de Pedro Villasur a territorio Pawnee en lo que hoy es el actual estado de Nebraska, prácticamente el centro geográfico de los Estados Unidos. Villasur y casi todos sus hombres fueron masacrados y solo quedaron unos pocos soldados para contarlo. Pero otras terminaron con clamoroso éxito, como las realizadas por Juan Bautista de Anza, que recorrió gran parte de la costa californiana afianzando el dominio español en el continente americano.

Hijo y nieto de militares españoles, Juan Bautista de Anza nació 1736 en el presidio de Frontera, en la actualidad en el estado mejicano de Sonora, una de las fortificaciones construidas por las autoridades coloniales españolas para defender los límites del Virreinato de Nueva España. Era el hijo menor del capitán de su mismo nombre Juan Bautista de Anza (muerto en combate contra los indios apaches cuando Anza hijo tenía cuatro años) y de María Rosa Bezerra Nieto. Nuestro protagonista entró en la milicia en 1751 a la edad de 15 años en San Ignacio, estado de Sonora, Méjico, y gracias al patrocinio de su futuro cuñado, el capitán

Gabriel de Vildósola, sentó plaza como cadete de la caballería presidial en 1754. Ascendido a teniente de caballería en 1756, tres años más tarde en 1759 era el comandante en jefe del presidio de Tubac (estado norteamericano de Arizona) con el grado de capitán de dragones. Entre 1766 y 1773 se ganó el reconocimiento de sus superiores combatiendo contra los indios apaches, siendo herido varias veces.

En 1774 protagonizó la primera de sus famosas expediciones al abrir la ruta entre Sonora y Alta California. Con un total de 34 hombres 21 dragones de cuera(2), dos religiosos y varios sirvientes y tras ser autorizado por el nuevo virrey Bucareli, Anza partió de Tubac el 8 de enero de 1774. Después de atravesar el desierto y el río Colorado, llegó a la misión de San Gabriel el 2 de marzo de 1774 y así abrió la ruta deseada. Su regreso a Tubac el 26 de mayo de 1774 después de recorrer más de 3,000 kilómetros fue motivo de satisfacción para el virrey Bucareli que le recompensó con el grado de teniente coronel y con gratificaciones y ascensos a los dragones de cuera que lo habían acompañado.

El éxito de Anza no pasó inadvertido a la corona española que encargó al flamante teniente coronel una nueva expedición para llevar colonos hacia el norte californiano. La segunda expedición partió el 23 de octubre de 1775 con 240 personas, de las cuales 30 eran soldados con sus familias para poblar la nueva guarnición que había de crearse en aquellas lejanas tierras.

«La tropa que permanecería en California estaba formada por el alférez José Joaquín Moraga, el sargento Juan Pablo Grijalva y 28 soldados, ocho veteranos de la guarnición del presidio y 20 reclutas. Las mujeres de los soldados sumaban 29 y el resto lo componían niños, arrieros, vaqueros y cuatro familias de colonos»(3).

Tras 73 días de marcha, la expedición llegó a San Gabriel el 4 de enero de 1776. A su llegada el grupo lo formaban 242 personas. «Al menos ocho mujeres embarazadas habían emprendido el camino a San Francisco. Una mujer madre de siete hijos, había muerto de parto, pero habían sobrevivido tres niños nacidos en el camino. Desde San Gabriel, Anza viajó rumbo al Norte hasta San Francisco, donde el virrey lo había instruido de escoger el sitio para un presidio. Cumplida su misión, regresó a Tubac y a la ciudad de México»(4).

Pero el relato que nos ocupa quiere centrarse en la expedición que organizó contra los indios comanches en 1779. Los comanches son un pueblo amerindio del grupo shoshón cuyo idioma forma parte de la familia lingüística yuto-azteca. Tras abandonar sus territorios originales al oeste de las Montañas Rocosas, se dirigieron al sur de las Grandes Llanuras, expulsaron a los apaches y comenzaron sus robos y ataques a los colonos españoles, ataques que se hicieron más frecuentes y peligrosos tras recibir armas de comerciantes franceses que intercambiaban por pieles. Eran excelentes jinetes y feroces guerreros a los que era muy difícil combatir por su excelente conocimiento del terreno. En 1779 estaban dirigidos por el jefe Tabivo Naritgant (Hombre Peligroso) conocido por los españoles como Cuerno Verde debido a un tocado que lucía en su cabeza con dos cuernos de búfalo pintados de verde. Sabido era el odio que sentía este jefe comanche hacia los españoles ya que su padre había muerto en un enfrentamiento con tropas españolas años atrás.

Al regresar de su segunda expedición, Anza fue nombrado por el rey Carlos III gobernador de Nuevo México el 24 de agosto de 1777 y entre sus obligaciones estaban las de mantener la paz con los indios y acabar con los robos y asesinatos de colonos españoles.

Para cumplir con sus nuevas misiones, Anza organizó una expedición contra los comanches compuesta de 150 dragones cuera, unos 600 hombres más entre milicias e indios aliados a los que posteriormente se les unieron unos 200 utes y apaches que sumaban un total de 950 individuos. Lo sucedido en la expedición fue recogido por el propio Anza en su diario que nos servirá de base para lo narrado a continuación.

Anza partió el 15 de agosto de 1779 hacia el Norte, por un camino diferente al que habían seguido expediciones anteriores para evitar ser descubierto por los indios como había ocurrido en otras ocasiones. Al día siguiente, tras recorrer seis leguas, se detuvo en San Juan de los Caballeros para pasar revista a sus tropas y decidió dividir sus fuerzas en tres «divisiones» y una reserva. Ese mismo día envió por delante a dos espías

para que le informaran de lo que observaran y con la orden de reunirse nuevamente con él el día 20. Estando acampado en las inmediaciones del río de los Conejos, el día indicado regresaron los espías con poca información del enemigo y se le unieron los 200 indios utes y apaches, indicándole que su único objetivo era atacar a los comanches.

El 22 de agosto, Juan Bautista Anza decidió continuar viaje de noche para evitar que exploradores comanches descubrieran la polvareda que levantaban sus monturas. Tras seis leguas de marcha llegaron al río San Lorenzo (Río Grande) a las dos de la mañana.

El 24 de agosto, y después de cabalgar toda la noche, Anza acampó en una ciénaga a la que bautizó con el nombre de San Luis; hoy día ese valle recibe el mismo nombre.

El 25 por la noche reanudaron el viaje, habiendo enviado una nueva avanzadilla de espías. Después de caminar varias leguas llegaron a un arroyo al que denominó de San Ginés.

El 27 de agosto reanudó la expedición a las 7 de la mañana por un cañón muy estrecho de paredes escarpadas y tras varias horas de viaje llegó a un caudaloso río al que llamó San Agustín, el actual río Arkansas. Al día siguiente lo atravesó y continuó varias leguas antes de acampar.

El domingo 29 de agosto, regresaron los espías que esta vez tampoco trajeron informes importantes de los comanches. Aprovechó la jornada para el aprovisionarse de carne y se cazaron 50 búfalos para alimentar a los expedicionarios. Otros espías sustitutos de los anteriores partieron para conseguir noticias de los indios.

El 31 de agosto regresó uno de esos espías que notificó al gobernador que había descubierto un poblado comanche unas leguas más adelante. Según su propio relato, Anza dejó a 200 de sus hombres con las caballerizas y bagajes que llevaban y avanzó hacia el campamento indio de donde muchos ya habían huido. Anza no pudo determinar cuántos indios le hicieron frente debido a la enorme polvareda que se produjo, pero en su diario anotó que contaron 120 tiendas y cada una suponía entre seis y ocho combatientes. Señala que el número de muertos fue 18 y que cogió prisioneros a algunas mujeres y niños comanches, las primeras le informaron de que Cuerno Verde y unos cuantos guerreros se habían marchado días antes del campamento y se dirigían hacia el Sur en razia contra los asentamientos españoles.

Persiguiendo a Cuerno Verde, Anza se encaminó también hacia el Sur y volvió a cruzar  el río Arkansas el 2 de septiembre. Ese mismo día una de sus avanzadillas le informó de que Cuerno Verde se aproximaba hacia donde estaban los españoles y que no habían descubierto su presencia. Para aprovechar esta ventaja, el Gobernador hizo esconder el tren de carga y mandó a la tropa que se ocultara para preparar una emboscada. Cuando los indios se acercaban, Anza ordenó cargar a sus hombres que consiguieron acabar con la vida de ocho comanches e hicieron huir al resto por una gran zanja que se abría en el terreno.

El 3 de septiembre de 1779 se produjo el combate principal, que ha pasado a la historia norteamericana como la batalla de Cuerno Verde, ya que el valle y las montañas que rodean el lugar reciben el nombre de montañas y valle de Cuerno Verde respectivamente, en recuerdo del famoso jefe comanche. Tras el combate del día anterior, unos centenares de indios encabezados por su jefe se dispusieron a atacar a los españoles y sus aliados. Anza dividió sus fuerzas en tres columnas para formar una bolsa donde encerrar a los comanches. Cuando comenzaron los disparos la mayoría de los indios que se vieron acorralados huyeron, pero Cuerno Verde junto a 50 de sus guerreros, entre ellos sus principales lugartenientes, decidió atacar a los indios auxiliares de los españoles que se encontraban en el centro del despliegue y a los que Anza había ordenado hacer una maniobra de falsa retirada para atraer a los comanches. Aunque parecía claro que aquello era una encerrona, incomprensiblemente Cuerno Verde cayó en la trampa, quizás movido por su odio visceral hacia los españoles o quizás por una actitud mesiánica que le hacía creerse inmune a las balas de los dragones de cuera. Al verse rodeados, los comanches se metieron en la zanja que habían utilizado el día anterior para escapar. Desmontaron de sus cabalgaduras y utilizaron los cuerpos de los caballos para protegerse. Cuerno Verde murió en los combates junto a su hijo mayor, cuatro de sus lugartenientes, su hechicero y diez de sus guerreros, el resto consiguió escapar en medio de la confusión.

El 5 de septiembre Anza reanudó la marcha de regreso al presidio de Taos. Durante el camino encontraron caballos muertos y algunas sepulturas de comanches que habían fallecido por las heridas recibidas tras atacar el citado presidio una partida de unos 250 indios. Ese mismo día, los indios ute abandonaron la expedición «llenos de riqueza y satisfacción», según palabras del propio Anza, para regresar a sus poblados.

El 7 de septiembre los expedicionarios llegaron a Taos donde se les informó del ataque, del que ya tenían noticias por las tumbas descubiertas dos días antes. El 10 de septiembre Anza arribó a Santa Fe y concluyó la expedición y su diario.

La fama y el éxito que alcanzaron Anza y sus hombres junto con las presiones que siguieron sufriendo los comanches por parte de los dragones de cuera en los años posteriores, obligó a aquellos a la firma de un tratado de paz con los españoles, tratado que se hizo efectivo a través de su nuevo jefe Ecueracapa quien firmó la paz en febrero de 1786. Fue el tratado de mayor duración de todos los firmados por la nación comanche y continuaba en vigor cuando los Estados Unidos empezaron a ocupar sus tierras.

En 1781 los indios yuma se levantaron en armas y Anza fue acusado falsamente de no haber informado correctamente de la situación a sus superiores, a pesar de que sí lo había hecho y de que el gobierno había ignorado estas advertencias. En los años siguientes, la situación se volvió incómoda para Anza por lo que solicitó su relevo como gobernador de Nuevo México en noviembre de 1786. No obstante, permanecería en Santa Fe hasta la llegada del nuevo gobernador Fernando de la Concha en agosto de 1787.

Juan Bautista de Anza murió el 19 de diciembre de 1788 en Arizpe, México. Con él moría uno de los mayores expedicionarios de la América Española y de la historia de los Estados Unidos.

El tocado de Cuerno Verde fue retirado de su cadáver y enviado posteriormente al virrey de Nueva España. Este lo envió a su vez al rey Carlos III quien más tarde lo regalaría al Papa. Aún forma parte de los fondos del Museo Vaticano.

En la actualidad diversas estatuas ecuestres recuerdan a Anza en Méjico y en los Estados Unidos. Cada año el 16 de octubre, en Tubac (Arizona), se celebra el Día de Anza (Anza Day) para recordar su gesta y diversos grupos de recreación histórica vuelven a vestir los uniformes de los míticos dragones de cuera. Desgraciadamente en España, casi nadie ha oído hablar de Juan Bautista Anza y de sus famosas expediciones. Este artículo rinde homenaje a su memoria y a la de todos los soldados españoles que le acompañaron.

NOTAS; 1. Además de la acepción de establecimiento penitenciario, esta palabra se emplea también, como en este caso, para denominar a la ciudad o fortaleza guarnecida por tropas. Curiosamente en inglés se escribe igual el nombre de las fortalezas españolas construidas en el sudoeste de los EEUU. - 2. Los dragones de cuera eran los soldados de caballería españoles encargados de vigilar la frontera norte de los territorios de España en América. Creados a finales del siglo XVI para proteger los presidios o fortificaciones, también se les denominaba tropas presidiales. Se caracterizaban por vestir sombrero de ala ancha y un abrigo de piel (la cuera) sin mangas, confeccionado con varias capas de cuero para protegerlos de las flechas de los indios. - 3. Martínez Láinez, Fernando y Canales Torres Carlos. Banderas Lejanas. Editorial EDAF. 2009. Pág. 317 - 4. Weber, David J. La Frontera Española en América del Norte. Editorial Fondo de Cultura Económica. México. 1992. Pág. 359

Bibliografía y Fuentes: Wikipedia. Revista Ejercito. Núm. 845. Julio/Agosto 2011. José Enrique López Jiménez. Teniente Coronel. Ingenieros. Martínez Láinez, Fernando y Canales Torres Carlos. Op. cit. − Juan Bautista Anza. «Diary of the expedition against the Comanche Nation». Citado en Thomas, Alfred Barnaby. Forgotten Frontiers: A Study of the Spanish Indian Policy of Don Juan Bautista de Anza, 1777-1787. University of Oklahoma Press. 1932. Pp. 122-139. − Cook, Warren L. Flood Tide of Empire: Spain an the Pacific Northwest, 1543-1819. New Haven and London: Yale University Press. 1973. − Weber, David J. Op. cit. Creative Commons.

 
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