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MANUEL DE FLON Y LA INTENDENCIA DE PUEBLA

 

Uno de los intendentes más carismáticos que gobernaron la Nueva España estuvo personificado en la figura de Manuel de Flon, que desempeñó el cargo en Puebla y que propició la aplicación de la Ordenanza de Intendentes de 1786 en Nueva España. En estos momentos se hacía imprescindible la reforma de las intendencias para aumentar el control de la Corona sobre sus posesiones americanas, al mismo tiempo que se potenciaba el desarrollo económico de esta zona. La implantación de esta institución originó una serie de conflictos con otras autoridades americanas y supuso una ruptura respecto al modelo anterior. Con esta nueva Ordenanza se vinieron a limitar las competencias de los virreyes, que en materia de hacienda pasaban al recién creado superintendente subdelegado de Real Hacienda. La realidad, sin embargo, fue que el virrey continuó ejerciendo sus influencias hasta la misma independencia. Desde un primer momento, esta nueva regulación sufrió un fuerte rechazo por la clase política dirigente en América y en la metrópoli.

Manuel de Flon fue la persona encargada de asumir la implantación de la reforma de la intendencia en Puebla. Este ilustre personaje, nacido en Pamplona (España) hacia el 1745 y militar de carrera, falleció ejerciendo el cargo de intendente de Puebla en 1811, durante la batalla del Puente Calderón contra los insurgentes. El nombramiento de gobernador intendente de Puebla tuvo lugar con carácter interino el 19 de octubre de 1785. Poco tiempo después, el 21 de febrero de 1787, Carlos III le otorgó en propiedad el cargo de intendente de la provincia de Puebla.

La Ordenanza dividía el virreinato de Nueva España en una intendencia de ejército y provincia, con capital en México y once de provincia, entre ellas se citaba Puebla, en primer lugar. La intendencia de Puebla comprendía dos gobernaciones, Puebla y Tlaxcala, así como dieciséis alcaldías. Tlaxcala se alzaría con la independencia de Puebla en 1793, mediante la Real Orden de 2 de marzo.

La falta de formación jurídica de los intendentes hizo necesaria la asistencia del teniente asesor letrado, que asesoraba legalmente en las cuestiones de gobierno, y en la correcta administración de justicia civil y criminal en su territorio.

El art. 26 de la Ordenanza de 1786 recogía la obligación de los intendentes de visitar anualmente la provincia, para revitalizar la economía de la zona y recabar información del estado físico y socioeconómico de la intendencia, para adoptar las medidas oportunas. Otorgaba importantes funciones a los intendentes en materia de justicia y policía, si bien no proveía de los recursos financieros necesarios para su ejercicio, necesitando la colaboración de la Junta Superior de Real Hacienda. El art. 20 de la Ordenanza de 1786 venía a establecer que los intendentes presidirían el ayuntamiento de la capital de su intendencia. En caso de enfermedad, ausencia o cualquier otro motivo que aquejase al intendente, sería sustituido por el teniente, y en defecto de ambos, los alcaldes ordinarios. Los enfrentamientos entre los intendentes y los regidores en el ayuntamiento de Puebla fueron frecuentes y plantearon serias dificultades en el gobierno. Uno de los principales problemas que planteó esta Ordenanza era su carácter general para todo el virreinato, ignorando los privilegios de los regidores. De hecho, el intendente tenía que presidir las reuniones del ayuntamiento, limitando la autonomía del cabildo. Las pugnas entre ambas figuras estuvieron presentes en todo momento y supuso un serio obstáculo para el buen cumplimiento de las Ordenanzas en los preceptos relativos a la justicia y policía y, fundamentalmente, en la administración de los propios y arbitrios, donde reinaba el desorden y la desorganización en estas cuestiones (pp. 88-90). Las relaciones entre alcaldes ordinarios y los subdelegados del gobierno también fueron tormentosas. Los primeros tenían entre sus competencias la presidencia del ayuntamiento y el conocimiento de las causas de policía y justicia; los segundos se ocupaban de los negocios de hacienda y guerra. En ocasiones, incluso los subdelegados llegaron a asumir a nivel particular la administración de las causas de justicia y policía, sin oposición de los alcaldes ordinarios o del ayuntamiento.

La Ordenanza de 1786 establecía la designación de los subdelegados en la persona de los intendentes (art. 11), en cuanto que aquellos estaban subordinados a éstos. Sin embargo, la realidad fue que estos subdelegados realizaban numerosas actividades fraudulentas en su actuación como intermediarios entre los grandes comerciantes y los indios. Flon adoptó medidas para luchar contra los repartimientos, e incluso propuso la supresión de la práctica del comercio a los Juristas, presbíteros, administradores de rentas, dependientes de la Acordada y a cualquier otra persona que ejerciese cualquier tipo de jurisdicción o comisión pública. Las funciones de policía contribuyeron al fomento de la agricultura, el comercio y la minería, la construcción de caminos, puentes e infraestructuras en general, así como otras diversas actividades que fomentasen la economía. Los numerosos bandos que se dictaron en Puebla durante el mandato de Flon en materia de policía fueron incumplidos reiteradamente.

Una de las principales razones para implantar las intendencias fue por motivos hacendísticos, para entre otras cosas terminar con el fraude y la corrupción en las arcas reales. El primer escribano de esta intendencia fue Mariano Zambrano, que sería destituido por el fraude de una gran cuantía de las arcas reales, que le llevó a enfrentarse con Flon. Éste no fue un incidente aislado. De hecho, uno de los principales problemas que tuvo que afrontar Flon fue la falta de moralidad y profesionalidad de los escribanos en el ejercicio de su cargo. Uno de los principales cometidos de los intendentes era la dirección general de las rentas en su provincia, lo que implicaba el conocimiento e inspección de las rentas reales, así como la de auxiliar de las providencias que dictaran el superintendente o los directores de rentas, según estipula el art. 79 de la Ordenanza. Con esta medida, se venía a racionalizar la administración hacendística en la medida en que simplificaba su buen funcionamiento, y separaba de estas funciones a los oficiales reales. Aunque existía una clara delimitación entre las funciones que los administradores debían despachar con el intendente, y las que eran competencia del director de rentas, no faltaron enfrentamientos entre ambas personalidades.

Las atribuciones asumidas por los intendentes en virtud de esta Ordenanza en la causa de guerra estaban referidas principalmente a cuestiones de carácter económico. En efecto, el art. 251 de la Ordenanza limitaba la función de los intendentes en esta causa "a los dos puntos de suministrarlas su haber en dinero, y su manutención en víveres quando no se hayan encargado de ella los mismos Cuerpos". Los intendentes asumieron el carácter de autoridad militar y su poder de jurisdicción sobre los oficiales y la tropa destinada en su provincia. Flon luchó en todo momento por conseguir que se le reconociera esta potestad, a pesar de los numerosos conflictos que ello originó con el teniente Antonio Junco (pp. 212-221).

Este trabajo realizado por Rafael García Pérez, profesor de Historia del Derecho en la Universidad de Navarra, especialista en Derecho indiano y discípulo de ese gran indianista que es Ismael Sánchez Bella, viene a colmar un vacío en el Derecho de Nueva España. Es seguro que, tratándose de una obra guiada por la experta mano de Sánchez-Bella, sería un fruto maduro, detrás del que vendrán otros si García Pérez prosigue su aventura americana. 

Fuente: Wikipedia. García Pérez, Rafael D., Reforma y resistencia: Manuel de Flon y la intendencia de Puebla (México, Editorial Porrúa, 2000), 309 págs. Guillermo Hierrezuelo Conde.  Revista de estudios histórico-jurídicos versión impresa ISSN 0716-5455. Rev. estud. hist.-juríd.  n.24 Valparaíso  2002. http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552002002400018. Imagen tomada del libro: Joaquín Jara Díaz, Elías G. Torres Natterman, Vida de Hidalgo. Biografía ilustrada, México, Editorial Patria, 1953, p. 128. INEHRM. Creative Commons.

 
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