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1915 EPILOGO DE UN INCIDENTE: MÉXICO Y ESPAÑA

 

DECLARACIÓN DE DON ÁNGEL DEL CASO

Son muy interesantes, y por eso las reproducimos íntegramente, las manifestaciones hechas por D. Ángel del Caso á un periodista de la Habana.

Las publica el periódico habanero Diario de la Marina en su número de 29 de junio. Llegado hoy a Madrid.

Con motivo de la llegada del Sr. D. Ángel de Caso á la Habana, el viernes pasado, en el vapor Atenas, procedente de Nueva Orleans, se ha vuelto a recordar y comentar entre nosotros el resonante incidente ocurrido entre España y Méjico á causa de la expulsión del que, aun cuando no había presentado sus credenciales ante el Gobierno mejicano, por el hecho de no haber Gobierno alguno reconocido, era ministro de España, D. José Caro.

El hecho es sobradamente conocido en la Habana para que lo repitamos ahora. Aunque si podemos aclarar de él un punto: el de que D. Ángel de Caso no estuvo escondido y protegido por el ministro Sr. Caro en la Legación de España, cuando era perseguido. Esto nos lo ha asegurado solemnemente el propio Sr. D. Ángel de Caso, en entrevista con el hemos celebrado.

Efectuamos dicha entrevista porque para nosotros, como seguramente también para el público de España, había en esta cuestión un punto oscuro, que por ser el más importante de todos nos pareció interesante aclarar. La presencia del Sr. Caso en La Habana nos pareció ocasión propicia para satisfacer esa curiosidad.

Se habló mucho de si D. Ángel de Caso era oficialmente agente confidencial del Gobierno de España cerca del Gobierno de la Convención Militar de Aguas Calientes, en la que fue electo Presidente provisional de la Republica de Méjico el general Eulalio Gutiérrez.

De labios del Sr. Caso hemos recogido las siguientes declaraciones, todas ellas confirmadas con documentos irrefutables que hemos leído, como las cartas y telegramas que se cruzaron entre el embajador de España en Washington, D. Juan Riaño y D. Ángel de Caso, en el escrito firmado por el marqués de Lerma, donde se hace mención del nombramiento hecho a favor del Sr. Caso de agente confidencial del Gobierno de España “en vista de sus servicios prestados anteriormente en pro de los intereses españoles en Méjico.”.

Nos dijo así el Sr. Caso:

-He vivido en la capital de la República mejicana veintiocho años, dedicado a negocios de minería.

Cuando la expulsión de los Españoles de Chihuahua y Torreón, en Abril de 1914, tome espontáneamente la determinación de ir al norte a tratar cerca de los principales jefes revolucionarios de que se revocase tal orden de expulsión. Mis gestiones dieron un resultado favorable, al extremo de que pudieron regresar á Torreón los expulsados, á excepción de aquellos que desde un principio pudieron encontrar auxilio y embarcarse para España ú otros lugares y encontrarse lejos cuando la orden de expulsión fue revocada., ó no convenirles ya acogerse á esta medida de rectificación.

Continúe prestando análogos servicios hasta llegado el momento de celebrarse la Convención militar de Aguas Calientes, en la que fue electo Presidente provisional el General Eulalio Gutiérrez.

El gobierno de España determino entonces nombrar un agente confidencial cerca de dicha Convención, y teniendo en cuenta los servicios y los éxitos que como mediador entre los intereses de los españoles y los jefes revolucionarios había ya obtenido (aquí los mostro el Sr. Caso la carta del marques de Lerma donde así lo expresa) me envió el nombramiento de agente confidencial, nombramiento que me fue entregado en propia mano por persona perteneciente al Cuerpo diplomático español, acreditada debidamente.

Ocurrió el incidente de todos conocidos. Solamente declaro que no me refugié en la Legación de España. Al Sr. Caro lo había visto y le había hablado aquella misma tarde; pero desde que, pocas horas después, creí prudente poner á salvo mi persona buscando un refugio seguro, no volvió a verle, ni de su amistad y carácter diplomático me valí para conseguir ocultar y salvar mi persona.

El Gobierno de España relevo de su cargo al Sr. Caro, el que se embarcó á la Habana. Para ocupar el puesto que yo deje vacante designo al Sr. D. Emilio Zapico, cónsul en Riga (Rusia), y tanto fue esto una sustitución a un cargo anteriormente creado y recaído en mi persona, que en el comunicado oficial del Gobierno de España, en la que se daba instrucciones al Sr. Zapico por mediación del embajador Riaño (aquí el Sr. Caso nos mostró dicho documento oficial), se me suplica insistentemente que quedase yo como colaborador del Sr. Zapico, puesto que por mi conocimiento del país y de las personas que dirigían la revolución, y en vista de los éxitos que yo había alcanzado en el desempeño de ese puesto confidencial, y delicado, podía ser muy útil y hasta indispensable al buen resultado de las gestiones del nuevo agente.

-El Sr. Urueta, secretario de Relaciones en el Gabinete del Gobierno de D. Venustiano Carranza, hizo algunos cargos á usted cuando se provocó la expulsión del ministro de España, Sr. Caro. ¿Qué podría usted decirnos acerca de estos particulares?

-Que no fueron aquellos cargos concretos, sino torpes desahogos, y como tales no debo tomarlos en consideración y si dedicarles la mayor indiferencia.

-A pesar de eso, ¿no teme usted que esos mismos desahogos le causen algún daño moral allá, en Méjico?

-Absolutamente; allí nos conocemos todos íntimamente y no sabríamos engañarnos.

-Está usted en buenas relaciones con la sociedad mejicana y especialmente con los miembros de la colonia española que allí radican?

-Haciendo a un lado toda modestia, confieso que he sido objeto de especiales consideraciones, tanto de parte de los mejicanos, como de los españoles. Radico en la capital de la Republica, como he dicho, desde hace veintiocho años teniendo la forma de ser bien recibido en todos los círculos sociales.

Estos eran los puntos nebulosos que aún no habían podido ser aclarados, sobre el incidente que tan gran repercusión ha tenido y que, como frecuentemente ocurre con las informaciones que vienen de Méjico, no pueden aclararse hasta que los protagonistas de ella vienen á la habana y se ponen al alcance de la investigaciones de la prensa habanera.

Fuente: Wikipedia. Periódico La Correspondencia de España. Página Séptima. Julio de 1915. Creative Commons.

 
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