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UNA CIUDAD EN CRISIS: EL AYUNTAMIENTO DE MÉXICO ANTES Y DESPUÉS DEL MOTÍN DE 1692

El motín, rebelión o levantamiento que estalló en la ciudad de México el 8 de julio de 1692 ha dado lugar a que los estudiosos de este evento desarrollen diferentes interpretaciones sobre el tema.(1) En esta ocasión trataré brevemente sobre la situación que vivió el Ayuntamiento y su cuerpo capitular en las fechas cercanas a ese violento acontecimiento, tanto en los años precedentes como en sus posibilidades de recuperación posteriormente, en el tránsito del XVII al XVIII.

Por esas fechas, los regidores de la capital mexicana, criollos en su mayoría, habían sido desplazados del gobierno y administración de la capital novohispana por el virrey y sus amigos, compadres, criados y allegados, que ocupaban diversos cargos y se encargaban de diferentes oficios y negocios relacionados con el abasto de la ciudad, consiguiendo pingües beneficios a través de esas actividades.

Como aclaración, hay que señalar que el sueldo fijo de un regidor —32 pesos al año— por si mismo no animaba a nadie a ejercer este cargo, y durante el primer siglo de presencia española, el atractivo para los criollos había sido el prestigio, honor y poder que conseguían frente a la sociedad, así como los negocios que llevaban a cabo al encargarse del abasto de la urbe capitalina. Era de todos conocido que en el cuerpo capitular se incluyeron ganaderos que daban preferencia a sus carnes en el mercado

DECADENCIA DEL CABILDO (1660-1692)

Pero la situación cambia en el seiscientos y, de ser una rica capital que en la primera mitad del siglo, y en concreto en la década de 1520 a 1530, contaba con más de veinte miembros en su cuerpo capitular, pasa a tener sólo un regidor en activo —en teoría, por que tenía una edad muy avanzada— y además, el día del motín, Juan Aguirre y Espinosa se encontraba fuera de la ciudad. A lo largo de todo ese tiempo puede comprobarse como la disminución fue más lenta hasta 1660, e incluso hubo algunas alzas, pero en los últimos treinta años antes de este tumulto, se produjo una caída continua que llega a su punto mínimo precisamente en 1692.(2)

Muchas habían sido las causas que propiciaron esta decadencia: de índole física, como inundaciones y terremotos, y económicas como la transformación de la ciudad al abandonarla sus vecinos para vivir en las afueras, y convertir la mayor parte de las casas en almacenes y depósitos de multitud de productos comerciales que capitalizaban los comerciantes capitalinos. En esta ocasión señalaré, especialmente, las dificultades entre el gobierno local y los virreyes, situación que también favoreció la disminución del cuerpo municipal en el último tercio del siglo XVII; para comprender esta decadencia se hace a continuación referencia a unos cuantos incidentes entre estos dos poderes institucionales.

En 1664 el virrey conde de Baños terminó su período de gobierno con un violento enfrentamiento, cuando intentó impedir que el obispo de Puebla, Diego Osorio de Escobar, nombrado por la Corona para substituirlo, tomara posesión de su cargo. En estos incidentes el cuerpo capitular se dividió, unos al lado del conde de Baños, y el resto de los regidores, encabezados por Juan Antonio de Monroy y Figueroa,(3) defendiendo la causa del obispo-virrey.

Estos tensiones(4) continuaron en diversos acontecimientos públicos, implicando directamente al cuerpo capitular el día del entierro del castellano de San Juan de Ulúa, Francisco Castrejón, que había muerto encarcelado por el virrey saliente, por lo que sus funerales se convirtieron en una manifestación contra el gobierno de éste. Los partidarios del obispo Osorio de Escobar en la ciudad de México, presionaron al conde de Baños para que abandonara el palacio de gobierno, provocando la irritación del virrey y su familia durante la festividad del Corpus Christi. Al acordar los dos Cabildos, secular y eclesiástico, desviar la procesión para que no pasara bajo los balcones del palacio virreinal, el conde — completamente desquiciado y seguramente mal aconseja- do— preparado con sus hombres, entre los que destacaba el regidor Francisco de Gatica, se atrincheró en el palacio de gobierno, negándose a reconocer al nuevo obispo-virrey.

Finalmente, el 29 de junio de 1664 la multitud, apoyada por el clero secular y un buen número de importantes criollos, formó un gran tumulto en la capital, obligando al virrey a entregar el gobierno al obispo, quien se presentó ante el conde de Baños con las Reales Cédulas que lo autorizaban a relevarle del cargo. Cuatro meses después el virrey obispo Osorio de Escobar entregó el mando al marqués de Mancera, pero la violenta destitución del conde de Baños y las constantes muestras de odio que manifestaron los vecinos de la ciudad de México (llegaron a apedrear al virrey y a su familia) trajeron como consecuencia, para el Ayuntamiento capitalino, que sus miembros fueran sometidos a investigación por la Real Audiencia. Antonio de Monroy no volvió al Cabildo y renunció el cargo en su hijo José en 1670, pero la enemistad latente con el siguiente virrey —el marqués de Mancera— hizo que su hijo no ocupara la regiduría sino hasta 1676, abandonándola en 1687, sin renunciarla a sus herederos, sino devolviendo el oficio a la Corona en ese mismo año.

Entre bastidores de toda esta oposición se encontraba el segundo conde de Santiago Calimaya,(5) corregidor en tres ocasiones de la ciudad de México y durante períodos especialmente largos, proveedor para la capital novohispana de harinas, verduras y flores desde sus haciendas en el Valle de Toluca. Auténtico Hank González(6) de la ciudad de México en el seiscientos, por su poder entre bastidores en la capital virreinal, siempre cerca de las intrigas y arreglos del Cabildo y encabezando cualquier tipo de descontento o presión que los criollos llevaran a cabo frente a las interferencias de los virreyes en los asuntos de la administración política, económica o social de la capital.

Entre 1668 y 1670 llegó a producirse de nuevo el encarcelamiento de la mitad de los regidores capitalinos como consecuencia de la quiebra del quinto cabezón de alcabalas,(7) situación que debilitó definitivamente al Cabildo pues se encarcelaron regidores que jamás volvieron a recuperar la titularidad de sus oficios como Antonio de Landa y Salazar, Diego Serrano Rosales y Juan Fernández de Mansilla; éste último fue el peor librado en estos acontecimientos pues, tras ser encarcelado junto con el ex regidor Felipe Morán, padecieron ambos varios años de cárcel, falleciendo el primero en prisión probablemente por falta de recursos.(8)

Fueron castigados también por las autoridades peninsulares Francisco Cervantes de Carvajal (que sustituía al correo mayor Francisco Díaz de la Barrera) y Baltasar de la Barrera, suspendidos los dos de sus oficios y requisados sus bienes hasta que demostraron su inocencia. A otros concejales se les acusó de haber obtenido sus cargos en complicidad con el virrey conde de Baños y por esta razón serían destituidos Juan de Rivera Vargas y José Morán de la Cerda, que había obtenido su empleo por renunciación en él de su tío Felipe Morán, quien lo dejó para ocupar la alcaldía mayor de Puebla.(9) Mayor riqueza y suerte tuvo Antonio de Monroy, que viajó a la Corte para limpiar su nombre y el de su familia y, tan pronto lo consiguió, trabajó en la causa de su primo, el dominico criollo Diego de Monroy, que conseguiría ser arzobispo en Santiago de Compostela, para revancha de los criollos capitalinos.(10)

De 1680 a 1687, con el conde de Santiago Calimaya como corregidor de la ciudad de México (1680-1683) y un reducido pero muy activo número de regidores, encabezados por José Arias Maldonado, Diego de Pedraza Vivero y Bernabé Álvarez de Hita, se reavivó la vida municipal,(11) organizándose las cuentas del Cabildo y defendiendo sus derechos como institución de gobierno local, con numerosos escritos ante el Consejo de Indias.

Pero sus esfuerzos no tuvieron continuidad, debido a la falta de interés de los capitalinos por adquirir en la Real Almoneda las regidurías que se ofrecían a la venta,(12) teniendo en cuenta que en las últimas dos décadas del XVII, la asistencia de los regidores al Ayuntamiento fue muy irregular debido a que muchos de ellos se empleaban en oficios públicos (alcaldías o corregimientos) alejados de la capital y después de una licencia no volvían a ocupar sus oficios concejiles.(13)

La situación era tan desesperada y desoladora que la Corona respondió —a instancias de los quejas de los novohispanos— con la real cédula del 3 de mayo de 1691,(14) en la cual se ordenó al virrey que favoreciera a los cabildantes de la ciudad de México ocupándolos en esos oficios de administración de justicia, para que mostraran más interés en el tiempo que atendieran los servicios capitulares a cambio del beneficio obtenido en esos otros cargos. Al respecto, el alcalde mayor se dirigió al Consejo en los siguientes términos:

Muertos los regidores que tenía y los renunciados en dichos ejercicios no

haber querido entrar en el ejercicio de dichos oficios ni haber esperanza de

que a su majestad haya quien se los beneficie y siendo tan precisos para la

causa pública pues ...ser criollo de esta ciudad y persona que siempre ha tratado

y comunicado con los más regidores que han sido y son de ella, ha reconocido

los pocos o ningunos emolumentos que hoy obtienen respecto de las

que han venido por unas razones y haberles quitado los seiscientos pesos

que gozaban en cada año en la carnicería y por lo honorífico y asistir en

actos públicos teniendo lugar y asiento le parece a este testigo que el sumo

valor del dicho oficio será el de 4.000 ps, ...en sus oficios consiste el cuidado

de que los bastimentos se mantengan en la fidelidad de las posturas y

peso que está determinado por los aranceles, y así mismo ser precisos para

la asistencia de la mesa de propios, diputados de policía, alhóndiga y los

demás oficios que consta se deben repartir en dichos regidores y que en la

ejecución de esta Nobilísima Ciudad fueron doce los que se consideraron

precisos para el lustre de ella.(15)

EL CABILDO Y EL MOTÍN

Cuando se produjo este estallido social en 1692, estando fuera esos regidores eventuales, ejercía el gobierno de la ciudad el alguacil mayor Rodrigo de Rivera Maroto. Alrededor de este personaje y sus turbios intereses con el virrey en el abasto de la ciudad de México se desarrollaron los acontecimientos que enfrentaron a la oligarquía criolla de la capital novohispana, encabezada de nuevo por el III conde de Santiago Calimaya, de quien se decía en el momento que estaba detrás de los agitadores que atacaron y destruyeron el palacio virreinal y las casas del Ayuntamiento, entre otros edificios públicos, no sólo apoyando —según indican sus contemporáneos— a los que estaban entre la multitud sino también fomentando los libelos que aparecieron por la capital mexicana antes y después del levantamiento.

Muchos fueron los informantes que enviaron al Consejo de Indias relación de lo sucedido en el Motín, destacando especialmente la correspondencia anónima que comienza por autonombrarse “los leales vasallos de su Majestad”. En estos documentos se denuncia la situación en que se dio el tumulto y se culpa al virrey y al alguacil Rivera Maroto de lo sucedido.(16)

Pero también se encuentran algunas cartas a favor de la máxima autoridad novohispana o disculpando su culpabilidad, como la que referimos a continuación, en que se inculpa directamente de la rebelión al conde de Santiago Calimaya:

y otros muchos autos se van haciendo el virrey para su disculpación y la de

sus criados.., de quien se ha valido para persuadir a su Majestad es del conde

de Santiago, y su hermano Fernando, Teobaldo Gorraez, yerno del mariscal,

y don Agustín Flores y otros caballeritos de la ciudad, parientes de

éstos, que todos son unos zaramullos, galleros o jugadores de gallos a quienes

ha dado para este efecto los oficios de maestres de Campo,...los pasquines

cada día piden que quite al corregidor, a don Rodrigo, y a Cumplido y

otros semejantes, el tributo y gabela de los guardas de caminos.(17)

EN BUSCA DE SOLUCIONES: NUEVO IMPULSO AL CABILDO

Alarmadas las autoridades capitalinas, presentaron a la Corona varias propuestas, concordando el corregidor Teobaldo de Gorraez Beaumont con el virrey en que se permitiera a éste último nombrar regidores honoríficos que cubrieran las plazas vacantes hasta que el oficio de regidor pudiera ser vendido de nuevo en Almoneda.(18)

El virrey conde de Galvez aprovechó esta coyuntura para nombrar a criollos que le fueran favorables pues tenía que justificar su actuación ante el Consejo de Indias después de los sucesos de 1692. Como primera medida se pregonó en la ciudad de México que los vecinos con títulos de regidores que no ejercieran como tales, los entregaran a la Real Almoneda. Así, se sostuvieron como capitulares Bernabé Álvarez de Hita, Juan Aguirre de Espinosa y el correo mayor —ausente del Cabildo durante estos años— ocupó de nuevo su lugar en el Cabildo, en 1693, pasando este oficio de Francisco Díaz de la Barrera a su hijo Pedro Díaz.

Pronto volvieron a conformar el Ayuntamiento representantes, por nobleza o poder económico, de la oligarquía capitalina como: Antonio Urrutia de Vergara, Antonio Flores de Valdés, Francisco Guerrero de Ardila, Pedro de Castro y Cabrera, Francisco de Rodesno, Luis Moreno de Monroy, Gonzalo de Casáus, Jerónimo de Arteaga y Juan de Urrutia.(19)

Los regidores interinos elegidos por el virrey eran criollos influyentes de la sociedad novohispana, pero pocos de este grupo se consolidaron después como miembros de pleno derecho del Ayuntamiento.

Pese a estos intentos, todavía en 1696 hubo en la capital mexicana otro tumulto conocido como “del Nazareno”, por lo que la normalidad y recuperación completa del Cabildo no se conseguirá hasta la segunda década del siglo XVIII, después del establecimiento de los Borbones en el trono español. Ello nos anima a preparar nuevos estudios que nos permitan conocer el alcance de esta crisis sobre la vida de la capital mexicana y su gobierno local, así como la evolución y el final de la misma.

Notas: 1 Feijoo, Rosa: “El tumulto de 1692”, Historia Mexicana, vol. XIV, n.º 4, México, abril-junio de 1965, págs. 656-679.; 2 Pazos Pazos, M.ª Luisa: El Ayuntamiento de la ciudad de México en el siglo XVII: Continuidad institucional y cambio social, Sevilla, 1999. Véase gráfica 3, pág. 287.; 3 Aliados del virrey fueron Juan Fernández de Mansilla, Felipe Morán de la Cerda y Francisco Gatica.; 4 Jonathan Israel (Razas, clases sociales y vida política en el México colonial, 1610-1670, México, 1981, pág. 265) describe estos acontecimientos según están referidos por Gregorio M. de Guijo (Diario 1648-1664, México, Porrúa, 1953, tomo 2, págs. 207, 208, 211, 212, 216, 218-227) y Antonio de Robles (Diario de sucesos notables, 1665-1703, México, 1972, tomo I, pág. 29). También son interesantes los informes de la Audiencia de México al Consejo de Indias guardados en el Archivo General de Indias (en adelante, AGI), México, 77, y la versión del conde de Baños (AGI, México, 39). A esta información añadimos el informe del virrey Mancera y las explicaciones de los regidores Antonio de Monroy y Figueroa y Francisco de Gatica, que se irán indicando en su momento.; 5 Esta es la versión de lo ocurrido que uno de los “soplones” del virrey, Juan Fernández de Mansilla, envió a la Audiencia, robando la información del Acta de Cabildo del 31 de Diciembre de 1663. Véase AGI, México, 158. La Audiencia al Consejo de Indias, 1665.; 6 Este político (1927-2001) fue uno de los principales dirigentes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México hasta el año 2000. Fue presidente municipal de Toluca, gobernador del Estado de México, Jefe del Departamento del Distrito Federal, secretario de Turismo y sobre todo regente capitalino desde 1988 a 1994, entre otros cargos importantes. “El Profe” (así se le denominaba) se enriqueció durante sus años de actividad política, siendo acusado de actividades fraudulentas, tanto en la República Mexicana como fuera de ella. Véase Delgado, Álvaro: “De Costa Rica a Estados Unidos, la madeja de los ‘negocios ilícitos’ de Carlos Hank”, Proceso. Semanario de Información y Análisis, n.º 1.181, México DF, 20 de junio de 1999, págs. 12-15.; 7 Sobre la administración de alcabalas véase Pazos, El Ayuntamiento, págs. 254-262.; 8 AGI, México, 25. Manuel Escalante y Mendoza informa al Consejo de Indias de la suspensión de oficios de regidores, 1673.; 9 AGI, México, 91. Renunciación del oficio de regidor de Felipe Morán, 1663.; 10 Ver sobre esta posición Pazos Pazos, María Luisa: “La ciudad de México y el nombramiento de un arzobispo compostelano: la familia Monroy y Figueroa”, en Entre nos, estudios de Arte, Xeografía e Historia en Homenaxe ó profesor Xosé Manuel Pose Antelo, Santiago, 2001, págs. 483-491.; 11 La labor de estos tres regidores se recoge en Pazos, El Ayuntamiento, Apéndice III: Semblanza de los regidores que ocuparon el Cabildo de 1601 a 1692, págs. 394-395 y 409.; 12 Se pueden seguir las cartas enviadas al Cabildo durante la década de 1680 en Vila Vilar, Enriqueta y Justina Sarabia Viejo (eds.): Cartas de Cabildos Hispanoamericanos. Audiencia de México, S. XVI-XVII, Sevilla, 1985, tomo I, págs. 176-190.; 13 Las quejas de los criollos buscando mayor atención a la subida de sus retribuciones eran constantes en el Cabildo. AGI, México, 193. Melchor de Vera al Consejo, 29 de mayo de 1682.; 14 Archivo Histórico del Ayuntamiento de la Ciudad de México, vol. 426-A, Cedulario Municipal, tomo II, f. 33.; 15 AGI, México, 193. Melchor de Vera al Consejo de Indias, México, 29 de mayo de 1682.; 16 AGI, Patronato Real, 226, n.º 1, r. 25. Los vasallos leales informan de lo que ha sucedido después del 6 de julio tocante al tumulto.; 17 AGI, Patronato Real, 226, n.º 21, r. 25. Información enviada al Consejo por Juan de Castillo, prior provincial de la provincia de Santiago de Predicadores y residente en el convento de Santo Domingo de México.; 18 AGI, México, 60, r. 3, f. 19. El corregidor al Consejo de Indias, 1693.; 19 AGI, México, 10. El virrey al Consejo de Indias, 1694.

Fuente: Articulo autoría de María Luisa Pazos Pazos. Universidad de Santiago de Compostela. El Ayuntamiento de México antes y después del motín de 1692. Pag. 767-774. ® Asociación Española de Americanistas. Gutiérrez Escudero, Antonio, María Luisa Laviana Cuetos (coords.): Estudios sobre América: siglos XVI-XX.. Sevilla, AEA, 2005. Creative Commons.

 
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