historia.jpg

LA BANDERA NACIONAL, SÍNTESIS DE NUESTRO MESTIZAJE

 

El parche resuene

retumbe el cañón:

estallen los ecos

de patria y de unión.

¡Bandera de Iguala!

¡Divisa de honor!

que el cinco de mayo

renueve su sol.

Guillermo Prieto, Himno patriótico, publicado

en el diario El Siglo XIX el 30 de mayo de 1862. 

El 24 de febrero de 1941, el presidente de México, general Manuel Ávila Camacho, inauguró el primer monumento nacional a la bandera en Toluca, capital del Estado de México. Esta iniciativa fue impulsada por el gobernador de la entidad, coronel Wenceslao Labra, con el fin de promover el culto a la enseña patria. Posteriormente, se erigieron monumentos similares en Iguala, Guerrero; Zitácuaro, Michoacán; y Mérida, Yucatán. En 1999, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, la Secretaría de la Defensa Nacional llevó a cabo un programa para izar banderas monumentales en las principales ciudades del país y en lugares históricos. Hoy en día, la bandera nacional ondea en las oficinas públicas, escuelas y demás dependencias de los gobiernos federal, estatal y municipal de todo el país.

Los elementos que conforman el lábaro patrio sintetizan nuestras herencias prehispánica y española. El águila y la serpiente son símbolos de la identidad mexica. Según el mito, Huitzilopochtli, principal deidad mexicana, ordenó a su pueblo abandonar Aztlán, su lugar de origen, para ir en búsqueda de tierras mejores, mismas que habrían de reconocer al encontrar en ellas a un águila posada en un nopal, con sus alas extendidas y desgarrando a una serpiente.

Según los estudiosos de la simbología mexica, el águila es una representación del sol, mientras la serpiente devorada simboliza el sometimiento de un pueblo agrícola por uno guerrero; el nopal es el árbol cósmico y las tunas rojas, representan los corazones rojos de los guerreros vencidos. En síntesis, esta imagen sugiere que Tenochtitlán se fundó sobre el corazón sacrificado de los enemigos de Huitzilopochtli. Es por esta razón que dicha iconografía apareció de manera recurrente en los escudos y estandartes de los guerreros mexicas, como alusión a la guerra sagrada que nutre al sol de corazones humanos para asegurar el equilibrio cósmico.

Con la Conquista, el símbolo del águila y la serpiente no fue del todo desplazado por la nueva cultura hispánica, conservándose en los relatos consignados por los frailes educadores y en la heráldica novohispana. Hernán Cortés trajo como estandarte una virgen de busto pintada sobre un damasco rojo y de tono morado.

Ya bajo la administración virreinal, el 13 de agosto de 1530, se instauró en la Nueva España la fiesta de la bandera o paseo del pendón, festividad cívico-religiosa en la que confluían la procesión en honor a san Hipólito y la conmemoración de la caída de México-Tenochtitlán. Los pendones que se paseaban eran de colores verde y rojo pálido, por no haberse encontrado el morado de Castilla; con el tiempo, el rojo tomó tonalidades más encarnadas. Posteriormente, la bandera oficial de la Nueva España fue un estandarte cuadrado, de seda y color pardo leonado, con escudos de la Ciudad de México, leones coronados y, partiendo del centro, la Gran Cruz de san Andrés, en seda morada. Esta bandera se colgó en el balcón central del antiguo Palacio Nacional desde el siglo XVII hasta el 24 de agosto de 1821, tras la firma de los Tratados de Córdoba, con los que se reconoció la Independencia nacional.

Durante la lucha de Independencia, los bandos insurgentes adoptaron diferentes estandartes y banderas. Miguel Hidalgo y Costilla tomó la imagen de la Virgen de Guadalupe para guiar a los suyos, mientras que uno de los batallones de José María Morelos utilizó, en 1811, una bandera cuyos escudos eran la Guadalupana, en un primer plano, y un águila de frente, parada en un nopal, devorando una serpiente.

Entre 1812 y 1817 las fuerzas de Guadalupe Victoria y Nicolás Bravo enarbolaron una bandera tricolor (verde, blanca y roja) cuyo escudo era un carcaj cruzado por un arco y un sable. En 1821, tras el Plan de Iguala, el Ejército Trigarante utilizó una bandera de franjas diagonales blanca, verde y roja, y al centro una corona con la leyenda: “Religión, Yndependencia, Unión”.

Para los patriotas, el color blanco representaba la pureza de la religión, el verde a los insurgentes y el rojo a los españoles. Una vez consumada la Independencia, el 2 de noviembre de 1821, Agustín de Iturbide promulgó un decreto que establecía cómo debía ser el pabellón del Imperio mexicano: tricolor (verde, blanco y rojo), al centro un águila ligeramente de perfil y ciñendo una corona imperial. Ya siendo emperador, Iturbide decretó, el 7 de enero de 1822, que los colores de la bandera serían perpetuos.

En 1843 se dispuso de manera oficial que en cada conmemoración cívica se izara la bandera nacional, especialmente en los cuarteles.

Durante gran parte del siglo XIX, la posición del águila variaba según las variantes pictóricas o la posición ideológica prevalecientes; por ejemplo, durante la Guerra de Reforma, los liberales mostraban la cabeza del águila mirando hacia la izquierda, mientras que los conservadores la hacían mirar a la derecha. Durante la Regencia y el Imperio de Maximiliano, el águila fue de nuevo ceñida con una corona y puesta dentro del escudo de armas del propio emperador, mientras que los republicanos añadieron en sus pendones la leyenda “República Mexicana”.

En 1893, el notable historiador mexicano Agustín Rivera propuso que se le quitara el rojo a la bandera nacional porque ese color no representaba al México independiente, sino que aludía a la unión entre México y España. Su iniciativa causó gran polémica entre sus contemporáneos, pero no prosperó.

El 20 de septiembre de 1916, el encargado del Poder Ejecutivo, Venustiano Carranza, expidió un decreto para que el águila retomara la posición de la época prehispánica. Este nuevo modelo de escudo nacional fue obra del artista michoacano Antonio Gómez R., y ondeó por primera vez en Palacio Nacional el 15 de septiembre de 1917. La bandera nacional sufrió algunas modificaciones, hasta que, en el decreto del 17 de septiembre de 1968, quedó tal y como la conocemos hoy en día. Este decreto se transformó en ley federal el 24 de febrero de 1984, siendo la Secretaría de Gobernación la garante de que se cumplan cabalmente sus disposiciones. Se tienen datos de ceremonias en honor a la bandera nacional por parte de particulares desde 1903; sin embargo, la primera vez que se rindió culto ex profeso, de manera oficial, al símbolo patrio, fue el 24 de febrero de 1937, en el jardín del Panteón de San Fernando, al pie de la estatua de Vicente Guerrero, el primer militar mexicano en jurar ante el lábaro patrio, el 12 de marzo de 1821.

Esta ceremonia fue impulsada por la Dirección General de Acción Cívica del Distrito Federal, el H. Cuerpo de Defensores de la República y el Comité Central Pro Día de la Bandera. La propuesta inicial de dicho comité —conformado por políticos, militares y otros personajes nacionalistas— al presidente Lázaro Cárdenas era que el día de la bandera nacional se conmemorara el 14 de abril, “Día de las Américas”;  sin embargo, esta propuesta no prosperó y el 24 de febrero de 1939 quedó instaurado en el calendario cívico como el Día de la Bandera.

La bandera tricolor, el escudo y el Himno nacional son los símbolos patrios que unen las conciencias de los mexicanos, motivo de orgullo y veneración, tanto en las festividades cívicas, sociales y culturales como en los eventos deportivos. En cada hogar mexicano, la bandera nacional es un monumento permanente para su honra.

Fuente: Wikipedia. Artículo autoría de Rafael Hernández Ángeles. México 2010. Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana. INEHRM. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Creative Commons.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia