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CARRANZA: EL GRAN REFORMADOR DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

 

La mañana del 26 de marzo de 1913 Venustiano Carranza y su secretario particular, el capitán Alfredo Breceda, permanecieron largo rato en la oficina de “raya” de la hacienda de Guadalupe en Ramos Arizpe, Coahuila. Una tenue luz penetraba a la diminuta pieza a través de la pequeña ventana abierta en el centro de uno de los muros; en el otro extremo, una puerta angosta daba acceso a un corredor que comunicaba con los cobertizos donde estaban los talleres de herrería y carpintería y otras dependencias. En el centro de la habitación, como único mobiliario, había dos mesas mugrientas y apolilladas y dos sillas en las que Carranza dictó el documento que los mantenía ocupados en ese momento: el Plan de Guadalupe. Afuera, un grupo de funcionarios y oficiales, vestidos con chamarras de campaña, paliacates al cuello, botas rancheras y armados, esperaban; más lejos aún, una columna de poco menos de setecientos hombres aguardaban también. Poco más tarde, los jefes de aquel pequeño ejército ingresaron al improvisado centro de mando para hacer algunas observaciones y finalmente firmar el plan. Comenzaba en ese momento el segundo ciclo de la revolución mexicana.

Unas semanas antes, una parte del ejército federal se había rebelado contra el gobierno del presidente Francisco I. Madero. El cuartelazo terminó con la renuncia del mandatario y del vicepresidente José María Pino Suárez y el asesinato de ambos. El general Victoriano Huerta, encargado inicialmente de sofocar la rebelión, terminó por encabezarla y hacerse de la presidencia. Ante el rompimiento del orden constitucional, algunas autoridades decidieron no reconocer al gobierno usurpador. Venustiano Carranza, a la sazón gobernador del estado de Coahuila, fue uno de los funcionarios que actuaron en ese sentido.

Carranza, nacido el 29 de diciembre de 1859 en Cuatro Ciénegas, Coahuila, había formado parte de la clase política local durante el Porfiriato: en diferentes momentos se desempeñó como presidente municipal, diputado y senador; en 1908 fungió como gobernador interino y en las elecciones para gobernador de 1909 aceptó ser postulado como candidato independiente, apoyado por Francisco I. Madero; por supuesto fue derrotado por el candidato oficial.

Vinculado desde ese momento con el movimiento antirreeleccionista, se adhirió a la rebelión que terminó por derrocar a Porfirio Díaz. En el gabinete revolucionario formado en Ciudad Juárez, fue designado ministro de Guerra y en las negociaciones para conformar el gobierno interino de Francisco León de la Barra, Madero consiguió que fuera designado gobernador de Coahuila, cargo en que fue ratificado por la voluntad popular, tras celebrarse las elecciones correspondientes.

Ocupado en desarrollar su programa de gobierno, desde su territorio presenció cómo se desenvolvía el golpe militar en la ciudad de México en febrero de 1913. Tras consumarse éste y recibir el telegrama en el que se le informaba la renuncia del presidente Madero y el arribo de Victoriano Huerta a la presidencia, el 19 de febrero decidió desconocer a las nuevas autoridades y recibió del congreso local facultades extraordinarias para armar fuerzas que coadyuvaran al sostenimiento del orden legal de la República. Consciente de la necesidad de dar un programa a esa lucha, semanas después redactó y emitió el Plan de Guadalupe. El plan era sencillo y pragmático: en él sólo se hacía el compromiso de luchar por el restablecimiento del orden constitucional y no se hacían promesas de índole social o político, ni se entraba en diatribas ideológicas; en el plan también se designaba a Carranza Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, quien se encargaría del poder Ejecutivo a la derrota del gobierno huertista.

A partir de ese momento, Carranza se asumió como garante de la legalidad y como líder natural de la revolución que entonces iniciaba. Pronto estableció contactos con los estados vecinos y procuró extender el movimiento, logrando un éxito relativo en el noreste y en Sonora, donde decidió refugiarse tras la ocupación del ejército federal sobre Coahuila.

Durante la mayor parte de 1913 el avance constitucionalista fue lento e incierto, pero al iniciar 1914 el movimiento se hizo fuerte en el noreste bajo el mando de Pablo González, en el norte con la dirección de Francisco Villa y en el noroeste bajo el liderazgo militar de Álvaro Obregón. En el sur, los campesinos morelenses, comandados por Emiliano Zapata, luchaban bajo su propio plan (Plan de Ayala) contribuyendo también al debilitamiento del gobierno de Huerta. El régimen usurpador fue derrotado a mediados de ese año; el triunfo de los revolucionarios fue reconocido en los Tratados de Teoloyucan, firmados el 13 de agosto.

Las diferencias entre los distintos grupos que participaron en la lucha pronto dividieron el movimiento, si bien se mantuvieron unidos hasta la derrota de Huerta. Tras la entrada de los rebeldes en la ciudad de México, Carranza se vio obligado a convocar a una junta de jefes militares para determinar el futuro de la revolución. La Convención revolucionaria inició sus sesiones el 1 de octubre de 1914 y se trasladó a Aguascalientes, donde se declaró soberana y desconoció la autoridad del Primer Jefe. Éste, a su vez desconoció a la Convención y se retiró a Veracruz, donde, tal como se había acordado en el Plan de Guadalupe, comenzó a actuar como encargado del poder Ejecutivo.

Más de un autor ha querido establecer un paralelismo entre las estancias de Venustiano Carranza y Benito Juárez en Veracruz por la trascendencia de las medidas que ahí tomaron cada uno en su momento. En efecto, desde su llegada al puerto, el líder coahuilense imprimió un nuevo sentido a la revolución rebasando el aspecto puramente militar: el 12 de diciembre de 1914 hizo una serie de adiciones al Plan de Guadalupe entre las que destacó el artículo  2° que dice: “El primer jefe de la revolución y encargado del Poder Ejecutivo expedirá y pondrá en vigor, durante la lucha, todas las leyes, disposiciones y medidas encaminadas a dar satisfacción a las necesidades económicas, sociales y políticas del país, efectuando las reformas que la opinión exige como indispensables para restablecer el régimen que garantice la igualdad de los mexicanos entre sí”. En los días y semanas siguientes, en efecto, Carranza expidió importantes leyes, como la relativa al divorcio y, quizá la de mayor trascendencia, la ley agraria del 6 de enero de 1915 que atacaba el complejo problema de la tierra. El lema de los documentos carrancistas resumía el sentido y alcance del nuevo momento: “Constitución y reformas”.

Desde mediados de 1915, las facciones revolucionarias opuestas al carrancismo fueron paulatinamente derrotadas, tanto los villistas en el Bajío, como los zapatistas en Morelos y los convencionistas, que tras abandonar la capital del país se refugiaron en Toluca y luego en Cuernavaca; a mayor abundamiento, el gobierno norteamericano terminó por reconocer a Carranza como gobernante de facto en octubre del mismo año. Así, para 1916 y dominada la mayor parte del territorio nacional, el Primer Jefe regresó triunfante a la ciudad de México.

Reconociendo que las grandes transformaciones ocurridas durante la lucha armada requerían la actualización y reforma de la carta constitucional vigente desde 1857, convocó a un congreso constituyente que inició sesiones el 1 de diciembre de 1916, en el Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro. Pronto los debates dejaron ver una serie de demandas sociales que urgían ser resueltas en ese espacio. Al tiempo que se avanzaba en la conformación general de la nueva Carta Magna, se debatía la incorporación de reformas que rebasaban con mucho las propuestas inicialmente por Carranza.

La nueva Constitución, promulgada el 5 de febrero de 1917, mantuvo muchos elementos políticos de su antecesora: México seguía definiéndose como una república federal, representativa y democrática. Sin embargo, también incorporó elementos novedosos como la predominancia del poder Ejecutivo y la presencia constante del Estado en la economía, la religión y la educación. En lo referente a los contenidos sociales introdujo aspectos de gran importancia como el derecho a la educación y la regulación del trabajo, exigencias de los sectores populares que habían adquirido un notable peso militar y político durante la contienda. Así también, la nueva Carta Magna reflejaba cierta dosis de nacionalismo frente a la agresiva política expansionista de las nuevas potencias.

Tras su promulgación se procedió a celebrar elecciones en las que Carranza resultó triunfador. Así, el 1 de mayo de 1917, el Primer Jefe dejó de serlo para convertirse en presidente constitucional. Además de las dificultades políticas inherentes a procurar gobernar bajo el nuevo marco, Carranza tuvo que hacer frente a graves apremios financieros, amén de drenar la mayoría del presupuesto para mantener al ejército, que seguía en lucha contra los focos rebeldes villistas, zapatistas (aún después del asesinato de Zapata en 1919) y otros en Veracruz, Oaxaca y Michoacán.

Sin embargo, el mayor reto de su administración fue conseguir el relevo pacífico del poder en 1920. Desde el año anterior, su antiguo lugarteniente Álvaro Obregón se había postulado como candidato a la presidencia en oposición a la candidatura del ingeniero Ignacio Bonillas, civil respaldado por Carranza. El rompimiento no se hizo esperar y fue en aumento, hasta que en abril de 1920 el grupo obregonista se levantó en armas proclamando el Plan de Agua Prieta. Una parte importante del ejército secundó el plan, de modo que, virtualmente aislado política y militarmente, Carranza tuvo que salir de la ciudad de México. Se encaminó hacia Veracruz. Cayó muerto el 21 de mayo de 1920, mientras pernoctaba en un jacal en Tlaxcalantongo, Puebla.

Moría así el gran reformador y el constructor del Estado posrevolucionario que había tomado el papel protagónico en aquel todavía no lejano marzo de 1913 en medio de las áridas tierras norestenses. Carranza pasó a la historia de la revolución mexicana, como el gran reformador, el gran líder que cimentó a las instituciones surgidas del proceso revolucionario.

Fuente: Wikipedia. Artículo autoría de Pablo Serrano Álvarez. México 2010. Bicentenario del inicio del movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del inicio de la Revolución Mexicana. INEHRM. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Creative Commons.

 
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