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EL PERIODISMO POLÍTICO EN MÉXICO (1808- 1821)

 

La prensa desde sus inicios ha servido como testimonio de la vida social política y cultural de la sociedad. Indiscutiblemente también se ha visto influida por la ideología del gobierno en turno.

Los orígenes del periodismo en México se encuentran en las hojas volantes o relaciones manuscritas, que incluían generalmente sólo una noticia, las cuales comienzan a circular a partir del siglo XV y durante el siglo XVI.

En el siglo XVII las hojas volantes cambian su nombre por el de gacetas, periódicos de corta duración. El primer periódico con una presentación más formal fue establecido en 1728 por don Carlos Sigüenza y Góngora con el nombre del Mercurio Volante (Carrión, 1983, p. 183).

En 1722 se publica mensualmente la Gaceta de México y Noticias de Nueva España, la cual tendrá una publicación interrumpida en varias ocasiones y varios cambios de nombre. La función principal del periodismo durante estas primeras épocas fue fundamentalmente informativa (Fuentes, 2003, p. 19-20, 43).

El periodismo del siglo XVII estuvo orientado básicamente a difundir aspectos culturales, científicos e históricos; En el siglo XIX, con el surgimiento de El Diario de México el periodismo modifica su función informadora, centrándose en los acontecimientos políticos nacionales e internacionales.

Debido a las condiciones político-sociales de aquella época la prensa en la Nueva España, durante los años previos al movimiento de Independencia, era muy escasa en comparación a la que se producía durante la misma época en Estados Unidos y Europa. Como señala Cruz (2006, documento en línea).

Aunque la imprenta se introdujo hacia 1638 en Estados Unidos de Norteamérica, es decir, cien años después que en Nueva España, su producción impresa pronto superó a la novohispana. Su primer periódico –The Boston News Letter– se editó en 1704, 18 años antes de que en la ciudad de México se imprimiera la primera Gaceta de México, y su primer cotidiano se editaría con 20 años de anticipación al primero periódico diario de Nueva España.

En Inglaterra a finales del siglo XVIII circulaban más de 200 periódicos y en el país vecino 70. En toda Nueva España se leían solamente dos: la Gaceta de México de 1784 y la Gaceta de Literatura, que desaparecería en 1794.

En 1808, la invasión de Napoleón Bonaparte y la designación de su hermano José Bonaparte como rey de España y de las Indias, provocó en la Nueva España el descontento, principalmente por parte de los criollos, provocando el enfrentamiento entre la Real Audiencia (españoles) y el Ayuntamiento (criollos).

Estos acontecimientos fueron determinantes para desencadenar el movimiento de Independencia. La cantidad de impresos aumentaría significativamente: hojas, pliegos y periódicos llegaron a conformar la mayor parte de impresos durante ese periodo. Cabe señalar que es destacable la labor realizada, a pesar de las dificultades que enfrentó la prensa en la producción de impresos, como los altos costos de elaboración, la falta de herramientas para imprimir, la escasez de papel, ya que hasta años después de consumarse la Independencia llegaría a México la primera máquina para producir papel. Pero la dificultad más grande fue sin duda la suspensión de la libertad de imprenta en 1812, ya al suspenderse ésta, la circulación de la mayoría de los impresos se dio de forma clandestina: En México, al igual que en toda la América novohispana, la producción y circulación tanto de impresos como de publicaciones periódicas estuvo sometida a un estricto control y a multitud de trabas. Por un lado existía la censura inquisitorial que obligaba a respetar las disposiciones del Santo Oficio para impresión, venta y posesión de papeles; se pensaba que así se evitaban los impresos que atacaran la fe, la moral o las instituciones hispanas. Por otro lado, los editores solicitaban los privilegios, que constituían permisos de imprimir en exclusiva alguna obra o periódico, a fin de evitar la competencia; de esta manera protegían su negocio y alcanzaban mejores ganancias. Asimismo, había necesidad de pedir a las audiencias y a los obispos una licencia o permiso para imprimir cualquier escrito. Desde 1672, se obligó a los impresores de México a entregar al oidor semanero ocho ejemplares de cualquier papel, informe o libro que hicieran (Cruz, 2006, documento en línea).

El Santo Oficio, que había sido concebido como un órgano de control religioso, extendió durante los comienzos del siglo XIX su control a un ámbito más bien político.

La necesidad de dar a conocer dos proyectos con tendencias opuestas (liberales y conservadores), con el principal objetivo de atraer partidarios, es lo que da origen al periodismo político entre ambos bandos.

Para dar impulso al movimiento insurgente surgen periódicos como El Despertador Americano, El Semanario Patriótico Americano, la Gaceta del Gobierno Provisional, El Mexicano Independiente, La Gaceta del Gobierno de Guadalajara, El Ilustrador Nacional y posteriormente El Ilustrador Americano.

Reyes, 1961, citado por Carrión (1986), señala que:

La primera manifestación literaria surgida de la guerra de Independencia fue la aparición de una serie de proclamas y alegatos políticos en ambos bandos. La persuasión y la cólera, cuando no minuciosas argumentaciones, llenaban estos documentos con que se pretendía señalar a los mexicanos los tremendos peligros a que los arrastraban las luchas civiles o la necesidad de que el pueblo, arrastrando todas las amenazas y penalidades, emprendiese la defensa de su libertad.

La libertad de imprenta es restablecida en el periodo que comprende del 6 de febrero de 1812 al 5 de diciembre de 1815. Durante esta etapa aparecen pequeños periódicos como La Gaceta, El Pensador Extraordinario, El Juguetillo, El Papel Nuevo de Ahora, El Vindicador del Clero, El Verdadero Ilustrador, El Juguetón, El Perico de la Ciudad, El Sastre Elogiador de la Niña Juguetona, y otros (Fuentes, 2003, p. 46).

Sucesor de Venegas, el virrey Don Félix María Calleja se comportó de igual forma que su antecesor en relación con la libertad de prensa, pues consideraba que los periódicos fomentaban el pensamiento antiespañol. El 20 de junio de 1813 Félix Calleja envió un comunicado al Ministro de Gracia y Justicia donde hace referencia a la labor subversiva realizada por los Insurgentes en la Nueva España.

Poco tiempo después de darse a conocer la Constitución de Apatzingán, el virrey Calleja publica un documento en el que ordena que se quemen en la plaza pública todos los documentos que hicieran referencia a ésta o a las ideas de Independencia, por ser contrarias a la soberanía del rey.

A continuación se transcriben algunos fragmentos del documento publicado por Félix María Calleja, dirigido al rey, contra la Constitución de Apatzingan.

Toda persona de cualquier clase, condición ó estado, que tuviere alguno o algunos de semejantes papeles, los entregará en el perentorio término de tres días, después de la publicación de este bando…Lo mismo se entenderá con cualquier otro papel o papeles que fuera de los enunciados hayan publicado o publicaren en adelante los rebeldes; y a cualquier persona que dentro del expresado término, los retenga, los expendiese o prestare y comunicare a otros, y que por escrito, de palabra o de hecho los apoyare y defendiere, se le impone la pena de la vida y confiscación de todos sus bienes…Siendo para ello conveniente que se sepan los nombres de los infames que se llaman diputados y han firmado la monstruosa constitución, como igualmente las provincias por las cuales se suponen falsamente nombrados, se hacen notorios en la siguiente lista: José María Liceaga por Guanajuato, José Sixto Verduzco por Michoacán, José María Morelos por el nuevo reino de León. José Manuel Herrera, por Tecpan, José María Coss, por Zacatecas. José Sotero de Castañeda, por Durango. Cornelio Ortiz de Zarate, por Tlaxcala. Manuel de Aldrete y Soria, por Querétaro. Antonio José Moctezuma, por Coahuila. José María Ponce de León, por Sonora. Francisco Argandar, por San Luis Potosí. Los cabecillas Ignacio López Rayón, Manuel Sabino Crespo, Andrés Quintana Roo, Carlos María Bustamante y Antonio de Sesma, son también del ridículo congreso, aunque no firmaron la constitución por no hallarse en Apatzingan (Antuaño, 2005, p. 122-126).

Por decreto real quedó suspendido el nuevo orden constitucional y con ello la libertad de imprenta. De acuerdo con los argumentos dados por Calleja, la libertad de imprenta no podía permitirse por la ignorancia que prevalecía en los habitantes de la Nueva España, lo que daba margen a que una minoría se aprovechara de ésta e influyera en la población con escritos revolucionarios contrarios a la autoridad del rey, poniendo como ejemplo la labor realizada por los periódicos Semanario Patriótico Americano, Ilustrador Americano y Correo Americano del Sur, los cuales según él causaban más daño que sus victorias militares.

Durante el régimen colonial existía una legislación especial para poder publicar libros, folletos o impresos, por que los impresores necesitaban contar con un permiso de la Junta de Censura.

Dadas las condiciones de extrema censura bajo la que se encontraba cualquier documento escrito durante la etapa colonial [recordemos que todo material impreso era escrupulosamente supervisado por el Consejo de Indias para fin de ser autorizado su ingreso al Nuevo Mundo]; Es El Despertador Americano como periódico insurgente, quien irrumpe en el escenario social del occidente mexicano y fractura el sistema político al escapar de la vigilancia civil y eclesiástica. Conforma en sí mismo un medio y un fin de contacto, de comunicación entre la insurgencia y la opinión pública, sin intermediarios o censura alguna. El periodismo insurgente es la primera manifestación del alma libre de la Nueva España. Antes de El Despertador Americano ningún periódico, ninguna publicación de la clase que fuera, había escapado al rigor de la censura (Fregoso, 2000, documento en línea).

Bajo estas condiciones es que se modifica la función informativa que hasta ese entonces venía realizando la prensa, dando paso al surgimiento de los primeros periódicos destinados a ejercer un poder social dentro de la Nueva España, el cual fue utilizado por ambos partidarios.

Fuente: Jaime Eluani Vázquez. Universidad Nacional Autónoma de México. Facultad de Filosofía y Letras. Colegio de Bibliotecología. La Prensa como Medio de Información de las Ideas Independentistas. Informe Académico para Apoyar la Docencia para Obtener El Título de: Licenciado en Bibliotecología. Asesor: Mtro. César Augusto Ramírez Velázquez. Ciudad Universitaria, Agosto 2008. Creative Commons.

 
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