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LEANDRO VALLE: ¿TRAIDOR Y HÉROE?

 

“—Supongo que a éste si lo fusilaremos –dijo [Leonardo] Márquez a [Félix] Zuloaga. —A éste sí, porque lo hemos cogido con las armas en la mano –afirmó Zuloaga”.

El infortunado aludido en el diálogo anterior, extraído de Los reportajes históricos de Ángel Pola, era Leandro Valle, general del ejército liberal, víctima de las filas conservadoras que aún después del término de la Guerra de Reforma, seguían activos en una guerra de guerrillas. La estabilidad del gobierno del presidente Benito Juárez se encontraba amenazada.

El 21 de junio de 1861, por solicitud de Ignacio Zaragoza, ministro de Guerra, el Congreso le concedió licencia al general Valle para que se hiciera cargo de una brigada que enfrentara a los hombres encabezados por Leonardo Márquez. Las primeras dos semanas de junio de aquel año habían estado marcadas por las violentas muertes del destacado liberal Melchor Ocampo y la de don Santos Degollado. En sesión de 4 de junio el Congreso declaró que Félix Zuloaga, Leonardo Márquez, Tomás Mejía, José María Cobos, Juan Vicario, Lindoro Cajiga y Manuel Lozada quedaban fuera de la ley por considerarlos “culpables asesinos” del otrora ministro de Estado.

Fracasada la expedición que pretendía vengar la muerte de Ocampo, en la que sucumbió Santos Degollado en manos también de las fuerzas remanentes conservadoras, Leandro Valle recibió la comunicación oficial en la que se le participaba la formación de ”una Brigada compuesta del Batallón 2º ligero de Zacatecas, el Batallón Moctezuma, el escuadrón Romero, 60 hombres del de Reforma y quinientos hombres de la División del Estado de México; llevando además cinco piezas de montaña”.

Esa brigada quedó a las órdenes del general Valle, con la cual se dirigió hacia Toluca a primera hora del día 22 con el objeto de reencontrarse con las fuerzas que tenía bajo su cargo el general Jesús González Ortega para atacar a los reaccionarios. Previamente debían reunirse con los hombres del coronel Tomás O´Horán y con los del general José María Arteaga. En la mañana del 23 de junio, Leandro Valle y la tropa de los batallones Zacatecas y Moctezuma que lo acompañaban; emprendieron su marcha dispuestos a llegar a Tenango, pero al situarse apenas a la altura del monte de las Cruces, fueron sorprendidos por el enemigo, cuya fuerza era mayor y se encontraba ya bien organizado por sus jefes conservadores Márquez y Zuloaga, quienes, al saber la noticia de los movimientos de O´Horán y Valle, salieron la noche del 22 a combatir al bando liberal, y avanzaron en la madrugada del 23 con un plan: sorprenderlos en el histórico monte.

Ante las negativas del general Valle de retirarse sobre la montaña rumbo a San Mateo, el enfrentamiento que se prolongó por más de dos horas con gran arrojo y determinación. De manera infructuosa, Leandro Valle todavía optó por romper el sitio.

Finalmente, con bajas considerables y agotadas sus municiones, aquel 23 de junio de 1861, Leandro Valle fue hecho prisionero por Lindoro Cajiga y Jiménez Mendizábal. Leonardo Márquez ordenó que ese mismo día fuera pasado por las armas por Manuel Beltrán y Puga.

Se dispuso que se dieran treinta minutos para el preparativo del fusilamiento. Valle escribió unas palabras de despedida recordando a sus padres, hermanos, amigos, compañeros y a su prometida; asumió su muerte como un acto lógico en el juego de la guerra, pues expresó que:  “No se hace conmigo más que lo que yo hubiera hecho en igual caso; por manera que nada de odios pues no es sino en justa revancha”.

Considerado por Márquez como traidor a la patria, Leandro Valle fue fusilado por la espalda; acto seguido, se le puso en  “un paraje público para escarmiento de los traidores”.

Al conocer tan funesta noticia, el general Felipe Berriozábal encomendó al coronel O´Horán buscar el cadáver, el cual en efecto, fue encontrado pendiente de un árbol.

El 28 de junio, sus restos se trasladaron a la Ciudad de México y fueron expuestos en el salón de sesiones del Ayuntamiento.

El Monitor del día 29 presentó en un artículo el siguiente cuadro, semejante a las imágenes de una película de horror:

El cuerpo está horriblemente desfigurado. Fue fusilado por detrás, y se conoce que se hizo fuego a quemarropa, pues tiene enteramente chamuscado el pelo de la nuca. Dos balas le rompieron completamente los parietales y el frontal, vaciándoles los sesos y abriendo toda la parte superior de la cabeza. La frente quedó con una forma irregular. Otra bala, penetrando por la nuca salió por la quijada inferior, rompiendo todos los dientes. En el pecho tiene tres balazos que penetraron por la espalda. Los facultativos que recibieron ayer el cadáver, le extrajeron una bala de fusil. Tiene los brazos levantados; y se conoce que el cuerpo, tibio aún, fue colgado de un árbol. Cuando llegó el cadáver, venía con calzones, en mangas de camisa, y sin zapatos; traía una chaqueta de paño, hecha pedazos; toda la camisa está empapada en sangre. El rostro del cadáver, aunque desfigurado y hecho pedazos, conserva aún la sonrisa con que el héroe murió. Esta circunstancia ha llamado la atención de todos.

El mismo día en que se publicó la nota anterior, se le dio sepultura con honores militares en el Panteón de San Fernando. Hoy día, sus restos se encuentran en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Así terminaba la vida del general Leandro Valle Martínez, pero, ¿quién había sido aquel joven que vivió tan sólo 28 años? Traigamos a la memoria algunos datos biográficos.

Nació en la Ciudad de México, el 27 de febrero de 1833. Fue hijo de Rómulo Valle, militar de carrera, y de Ignacia Martínez. Durante su infancia, su familia se estableció en Jonacatepec, en el actual estado de Morelos, lugar en el cual realizó sus primeros estudios. Siendo un niño de 11 años, fue admitido en el Colegio Militar de Chapultepec. En éste, conocería a Miguel Miramón, con quien llegaría a establecer una amistad sincera, pese a que en el futuro pertenecerían a bandos distintos. De sargento segundo fue ascendido a subteniente en 1847, por orden del vicepresidente de la República, Valentín Gómez Farías. Este año representaría para la incipiente carrera de las armas del joven Leandro la oportunidad de cerrar filas, en primer lugar contra los “Polkos”, o confabulados de La Profesa que pretendían derrocar a Gómez Farías, y, en segundo, al ponerse a las órdenes de Antonio Banuet en defensa de la Capital, en aquella guerra injusta que el ejército mexicano sostuvo contra el estadounidense.

Algunas de las biografías de Leandro Valle insertan fragmentos de líneas literarias de su autoría; se sabe que, además de formarse como un orador, gustaba de escribir poesía.

Sin haber concluido su formación escolar en el Colegio Militar, hacia marzo de 1853, Valle dio un paso adelante, pues logró ascender a teniente de ingenieros y segundo ayudante del Batallón de Zapadores. En los próximos meses, vendría un ascenso más, ahora, como capitán segundo de la 4ª Compañía de Zapadores; también se integraría a la Compañía de Ingenieros de la Guardia del general Antonio López de Santa Anna.

Sin embargo, su estancia en dicha guardia se vio interrumpida en 1854 con su renuncia. Para esos momentos, su padre, Rómulo del Valle, había sido detenido por las autoridades santanistas; poco después, Leandro Valle engrosaría las filas de la revolución de Ayutla encabezada por don Juan Álvarez en contra de la dictadura del presidente Santa Anna.

Para marzo de 1856, Leandro Valle demostró que lo suyo era la milicia al combatir contra los rebeldes de Zacapoaxtla, Puebla, que con la bandera de “religión y fueros” se habían levantado en rechazo absoluto al gobierno establecido.

Enviado a París por Ignacio Comonfort para perfeccionar sus conocimientos militares, sólo permaneció en aquella ciudad europea como agregado militar en la legación mexicana encabezada por Francisco Modesto Olaguíbel. Por falta de cupo, se vio impedido de ingresar a la escuela a la que se le había destinado.

Pero México lo necesitaba, así es que fue llamado por el gobierno en noviembre de 1857 a petición de la Dirección General de Ingenieros. Leandro Valle se reincorporó a las actividades militares como jefe de la 1ª Compañía del Batallón de Zapadores. Al estallar la Guerra de Reforma, junto con su padre se enlistó en el ejército liberal bajo el mando del general Anastasio Parrodi; más tarde estaría a las órdenes de Santos Degollado. Las fuerzas de las que formó parte enfrentaron a los conservadores en Salamanca, Guanajuato, distintos puntos de Jalisco, Colima, Michoacán, entre otros lugares en donde su participación fue destacada. Durante la histórica batalla de San Miguel Calpulalpan, sus habilidades castrenses quedaron más que demostradas. A los 26 años, había sido nombrado general de Brigada.

El triunfo que tuvieron los liberales en Calpulalpan significó el fin de la Guerra de Reforma. Valle fue nombrado Comandante militar del Distrito Federal. Ocupó una curul como diputado por el estado de Jalisco en el Congreso de la Unión que se instaló el 9 de mayo de 1861.

En junio 3 y 15, respectivamente, tendrían lugar los asesinatos de Melchor Ocampo y Santos Degollado. Aún faltaba la muerte de otro importante miembro del ejército constitucionalista, traidor a los ojos de los conservadores, pero tratado por sus compañeros liberales con los honores que merece un héroe, sobre todo por Vicente Riva Palacio en la oración fúnebre con la que lo despidió.

¿Hasta qué punto el triunfo liberal se dio en enero de 1861, si unos meses después Melchor Ocampo, Santos Degollado y Leandro Valle sucumbieron en manos de gavillas lideradas por el grupo conservador?

Al término de la Guerra de Reforma el gobierno de Benito Juárez debió recuperarse de la devastación ocasionada a lo largo de tres años de lucha. La tarea no era para nada sencilla. ¿Cómo organizar la administración pública? ¿Cómo enfrentar a la Iglesia católica? ¿Qué medidas había que tomar para reorientar la economía? ¿De qué manera se podría lograr un desarrollo que incorporara a todos los sectores de la sociedad? ¿Cuáles eran los medios para construir la unión nacional?

Las posibles respuestas a esas interrogantes pueden rastrearse en la historia, una ciencia que para muchos resulta improductiva pero que con sus métodos de estudio, nos permite sistematizar los hechos con el fin de obtener una mejor comprensión e interpretación de la realidad pasada, así como conservar la memoria de los hombres que nos antecedieron. Atienda, pues, el lector las presentes líneas, ubicadas en el marco de la conmemoración del sesquicentenario de la muerte del general Leandro Valle.

Fuente: Articulo autoría de Emma Paula Ruiz Ham, investigadora del INEHRM. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México - Unidad Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. Comisión Organizadora 200 años del inicio de la Independencia y 100 años del comienzo de la Revolución. Creative Commons.

 
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