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MANIFIESTO DE GUADALUPE VICTORIA CON MOTIVO DE LA TOMA DE SAN JUAN DE ULÚA

 

El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos a sus compatriotas.

Conciudadanos:

El pabellón de la república tremola en el castillo de Ulúa.

Yo os anuncio con indecible gozo que al cabo de trescientos cuatro años han desaparecido de nuestras costas los pendones de Castilla.

Fue mi primer cuidado al ocupar el asiento del poder por vuestra voluntad, ofreceros con absoluta confianza apoyada en vuestro valor, que el obstinado ibero reduciría su dominación a los antiguos límites.

Ha llegado un día de tanta gloria y ventura para la patria.

¡Mexicanos!

Por un camino de sangre, trazado en el pueblo de Dolores, marchasteis con denuedo a obtener el triunfo decisivo.

Él os ha costado la vida de vuestros héroes, el sacrificio de víctimas sin número, la ruina y el incendio de vuestros hogares.

El despotismo se ahoga en un mar de sangre y de lágrimas.

Veracruz, la ilustre Veracruz, apellidando la causa nacional ha llevado esta obra grandiosa a su último complemento.

Allí un puñado de valientes luchando con el clima y con la muerte en todos sus aspectos, ha triunfado bajo los escombros de la heroica ciudad.

Una página de luto y de horror, conservará para siempre la memoria del invencible pueblo que desafió por sí solo y destituido de los recursos de la guerra, a los últimos que osaran alimentar las esperanzas de la tiranía.

Veracruz ha adquirido un renombre inmortal, que llevará su gloria a las extremidades de la tierra.

Ella merece la gratitud nacional.

Testigo fue de sus padecimientos sin límites.

Los altos poderes de la nación los conocen.

Veracruz debe esperarlo todo de su justificación y aprecio.

¡Compatriotas!

La providencia del Eterno hace nacer un orden de cosas enteramente nuevo.

Todas las llagas se cierran, las desconfianzas y los recelos no existen ya.

Donde quiera que fijéis vuestra vista, allí aparecen hermanos y amigos.

Todas las opiniones, todas las sectas y partidos se agrupan al derredor de la bandera nacional.

Los temores sin motivo y las sediciones sin esperanzas no volverán a turbar el reposo de la gran familia.

Las pasiones han muerto.

La unión funda sus títulos en razones de interés común, sobre los desengaños, en los principios generosos, en la nobleza de vuestros pechos.

¡Desdichado el que sembrare la discordia!

¡Más desdichado el que rompa nuestros vínculos fraternales!

La patria vengará sus injurias.

¡Mis amigos!

Lo pasado pertenece al dominio de la historia.

A vosotros toca aseguraros un porvenir de bendición y felicidad.

Los tiempos se abrevian, y México se conducirá por vuestra mano al colmo de sus destinos.

¿Quién no empieza a ver hoy aumentos sin término de nuestro poder, de nuestro crédito y ventura?

México, dando una cara a la Europa y otra a la Asia, presenta la riqueza de su seno virginal para el cambio, las relaciones y utilidades recíprocas.

México, alzándose del fango de la esclavitud con la majestad de los pueblos libres antiguos y modernos desenrolla un carácter sublime y augusto que la política ha sometido a sus cálculos, y los gabinetes a sus resoluciones.

Abrumado el coloso español bajo su peso, cayó.

Grandes pueblos nacieron del fondo de sus ruinas.

México levanta la cabeza.

El sentimiento de su dignidad ocupa el universo.

Esta es, compatriotas, la obra de vuestras manos.

¡Mis amigos!

Al comunicaros esta nueva de importancia inexplicable, doy al pueblo la razón de mis afanes y de mis operaciones.

Ahora que el éxito correspondió a mis votos, me glorío, y sea lícita la expansión de mi pecho, de que el año de 1825 se acerque a su término, tan próspero y feliz como fue su principio.

La nación puede cortar todavía laureles en un campo dilatado.

Si los gabinetes de la Europa se reconcilian con las luces favoritas del siglo y acomodan su política a intereses tan solemnemente pronunciados en aquel continente, nosotros cultivaremos francas relaciones de paz y de amistad con todo el universo.

La gran república será no menos estimada y aplaudida por la riqueza de sus tierras, que por la equidad y benevolencia de los ciudadanos que la componen.

¡Mexicanos!

Una época se acerca de dicha inmensurable.

¡Gloria, compatriotas, al hizarro general que ha consumado los trabajos de cuatro años para la rendición de la fortaleza enemiga!

¡Gloria y honor a los valientes que allí han comprado este día de júbilo nacional con sus fatigas, su sangre y heroicos padecimientos!

La patria, reconocida a tan distinguidos servicios, sabrá recompensarlos.

¡Conciudadanos!

¡Viva la república mexicana!

México, noviembre 23 de 1825.

Guadalupe Victoria

Fuente original: BN (Biblioteca Nacional de México), Colección Lafragua, vol. 393, impreso

Fuente: Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp. Creative Commons.

 
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