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EL FRAILE INSURGENTE JUAN VILLERÍAS

 

Dentro la celebración por los doscientos años de independencia nacional, se remembraron hazañas y personajes que hicieron de México una nación libre y soberana. Así Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Josefa Ortiz de Domínguez, José María Morelos, entre otros, han sido y están siendo objeto investigaciones que enaltezcan aún más su memoria, lo que nos permite ver, además de los ideales que los motivaron a sublevarse, el lado desconocido de sus vidas, puesto que eran personas con virtudes y debilidades. Esto ha llevado a reflexionar acerca de ¿quiénes estuvieron apoyando a dichos héroes nacionales? ¿qué hicieron estos personajes “secundarios” para contribuir a la causa independentista? ¿por qué la historia nacional los ha relegado? Estos y otros planteamientos han de ser abordados por la reconstrucción histórica desde la perspectiva regional.

Tal es el caso de Juan Villerías, lego de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, cuya misión fundamental fue el cuidado y atención de los enfermos. Tratar a Villerías es entrar en un tema difuso. Pues, como otros insurgentes poco estudiados, la información acerca de ellos es escasa, dudosa e incluso ficticia. Por ello, en estas líneas se expondrá un panorama con datos referentes a este insurgente, como los actos que llevó a cabo, sus logros, derrotas y lugares donde luchó contra el ejército realista.

Origen de Villerías y Conspiración en San Luis Potosi

Hasta ahora su origen resulta incierto. Manuel Muro obtuvo información sobre el juanino donde se mencionaba que era oriundo de Querétaro; con el fin de confirmar ese dato, se trasladó hasta  dicha ciudad para investigar la fecha y lugar exacto de su nacimiento. Sin embargo los esfuerzos fueron infructuosos. Muro también menciona que tuvo amistad con personas que le aseguraron conocer a la familia del insurgente donde manejaban la versión de que Villerías era originario de San Luis.  En  su intento por confirmar esta versión acudió al archivo de la parroquia de El Sagrario en la capital potosina, lamentablemente su investigación también resultó en vano. Pero Manuel Muro deja ver que la indagación no fue exhaustiva pues no revisó el resto de los curatos de ciudad en los que pudieron haber bautizado al insurgente.

Cuando estalló el movimiento de independencia, la noticia se expandió rápidamente por toda Nueva España, San Luis Potosí no fue la excepción. Muro menciona: “al llegar a oídos de Villerías simpatizó inmediatamente con esta revolución, haciéndose uno de sus más entusiastas partidarios”. Luego, se le unieron el capitán Joaquín Sevilla y Olmedo, el licenciado Trelles y demás personalidades de “sociedad”. Celebraban sus reuniones en la casa conocida comúnmente como “Las coheteras”, cercana al domicilio de Villerías.  Tal era el entusiasmo que, el 24 de octubre de 1810, al salir Félix María Calleja — comandante de la brigada de infantería de la Intendencia de San Luis Potosí—  rumbo a Querétaro para combatir la insurrección, partidarios de Villerías pusieron manos a la obra para que la provincia de San Luis tomara parte en la reciente lucha. Este grupo se encargó de recordar a los habitantes las injusticias que vivieron sus antepasados a manos del gobierno español.

Mientras esto sucedía en San Luis Potosí, otro lego de la misma orden de San Juan de Dios, fray Luis Herrera, se reunía con Hidalgo en Celaya, aprestándose a servir como cirujano. Aunque esto sólo sucedió por unos días pues fines particulares le orillaron a separarse ­—dijo­— del movimiento. Se dirigió a San Luis Potosí, pero en el camino fue aprendido por las fuerzas realistas. Ante tal situación, Herrera les hizo saber a las tropas que lo capturaron su condición de lego de la orden de San Juan de Dios. Fue trasladado al convento del Carmen donde se encontraban presos otros revolucionarios como el alférez Nicolás Zapata y el teniente de dragones Francisco Lanzagorta. En las celdas de este convento, Herrera era frecuentado por fray Gregorio de la Concepción, religioso carmelita, quien sirvió  de enlace entre ambos juaninos; así empezó a estar al tanto de las conspiraciones que se suscitaban en San Luis a favor de la insurgencia. Según Manuel Muro, Herrera supo que tras leer una carta que el fraile carmelita le entregó; “un lego compañero de Ud., que aunque no lo conoce, lo llama su amigo, le ofrece sus servicios”. Así fue como fray Gregorio de la Concepción influyó en el envío de Luis Herrera al convento hospital de San Juan de Dios. El lego Herrera no imaginó que la razón de su traslado al templo, por petición de Juan Villerías, era para iniciar la revuelta y toma de San Luis. Pues el lego capturado había estado con Miguel Hidalgo, y Villerías necesitaba conocer detalles del movimiento insurgente.

Toma de San Luis Potosí

Durante la noche del 10 de noviembre de 1810, el capitán Sevilla y Olmedo juntó dos patrullas que tenía bajo su cargo. Villerías y Herrera, una vez reunidos, dirigieron su camino hacia el convento del Carmen con el pretexto que fray Tomás de la Purificación fuera a confesar a José Pablo de la Serna, vecino principal de la ciudad, que dijeron se había enfermado violentamente. Una vez puesta la carnada y al salir fray Tomás con su compañero fray Bartolomé, los insurgentes se abalanzaron sobre ellos haciéndolos prisioneros junto con los guardias y el resto de la comunidad religiosa del convento para soltar a los encarcelados. De ahí se dirigieron al convento de San Francisco donde liberaron a otros presos. Posteriormente atacaron la casa del comandante Cortina —rico comerciante— cuya guardia, al ver próximo el ataque que se avecinaba, abrió fuego contra los hombres de Sevilla y Olmedo quien se arrojó sobre el cuartel. Ya en manos de Sevilla sacó diez cañones y los situó en las entradas de la Plaza Mayor. Los demás cuarteles cayeron fácilmente. Sólo se había resistido el de Cortina que, tras una hora de batalla, sucumbió ante las tropas de Villerías y Herrera. Nereo Rodríguez Barragán menciona: “El saldo fue de 17 muertos de los conjurados, 8 de los realistas, más 10 heridos de los primeros y 4 de los segundos”.

Datos de Primo Feliciano Velázquez nos indican que: Cuando José Rafael Iriarte y Leitón (cabo Leitón) supo lo ocurrido en la provincia de San Luis Potosí, envió el 14 de noviembre de 1810 un oficio a Luis Herrera, “preguntando si podía pasar por aquí, pues se dirigía a Guanajuato en auxilio de Allende”.  Herrera que para entonces había asumido el rol de líder en San Luis, accedió a dar el paso a Iriarte. Así, el 16 de noviembre llegó con una multitud de indios armados de Huejúcar y Colotlán. Iriarte fue bien recibido por los insurgentes potosinos, pero éste no correspondió a las atenciones. Al respecto Rafael Montejano menciona: “Al contrario, cuando estaban en lo mejor del banquete que le ofrecían, los ascendió a grados muy altos y los encerró inmediatamente”. Esto con la intención de apoderarse de la artillería y tropas que tenían los anfitriones y del posterior saqueo de la ciudad. El único que pudo escapar fue Villerías, quien marchó rumbo a Guanajuato con un grupo de 50 hombres en busca de Hidalgo y Allende.

Villerías junto a Mariano Jiménez

Cuando Jiménez es destinado a la zona norte de Nueva España para expandir la insurgencia, Juan Villerías se le unió. Emprendieron la marcha rumbo a Saltillo en donde el brigadier Antonio Cordero —jefe de tropas en Coahuila— había empezado a movilizar a sus elementos por órdenes de Félix María Calleja para detener la sublevación, teniendo ventajosa posición en el campamento de Aguanueva. Pero el 6 de enero de 1811, Cordero fue tomado por sorpresa en batalla de Puerto del Carnero; aún así logró escapar, durándole poco esa ventaja pues fue aprehendido por Juan Villerías en la estancia de Mesillas. Se decía que Villerías tenía malos tratos con los prisioneros, lo que es de llamar la atención pues su formación en una orden religiosa le permitiría tener compasión ante el sufrimiento de sus semejantes. Por lo que Mariano Jiménez le ordenó al lego entregarle al prisionero, salvándole la vida.

Revisando la escasa bibliografía que trata a Juan Villerías, se encuentra un dato en particular que deja una estela de duda, al mencionarse que participó en la desafortunada batalla de Puente de Calderón. A continuación se presenta la información que da origen a esta confusión: Rafael Montejano y Aguiñaga dejó un indicio de este dilema al escribir:

Lo tocante a Villerías es dudoso. Éste, después de que lo soltó [sic. aunque se menciona que escapo] Iriarte, huyó con cincuenta hombres y fue a reunirse con Allende, al lado cual estuvo en Puente de Calderón [17 de enero de 1811]. Después la emprendió al norte y se unió a Jiménez en la acción de Aguanueva, tocándole prender al coronel Cordero.

Manuel Muro mencionó:

Militó á las ordenes de este señor [Miguel Hidalgo] en la correría que hizo por las provincias de Michoacán y Jalisco, encontrándose en la batalla de Calderón en la que peleó con arrojo y valor. Después de la derrota del ejército insurgente en dicho punto, siguió acompañando a Hidalgo hasta el Cedral, de donde se dirigió á hacer la campaña en el Nuevo Santander [Tamaulipas] […]

Nereo Rodríguez Barragán escribió, que después de que Villerías escapó de Iriarte, tomó el camino a Guanajuato en busca de Allende y participó en la batalla de Puente de Calderón. En contraparte Primo Feliciano Velázquez señaló lo siguiente:

Hidalgo, al capturar Guadalajara, creyó asegurado el triunfo definitivo, sin desestimar por eso la revolución en San Luis, que se extendió luego a las provincias internas. Allende dio el mando de ellas al teniente general don Mariano Jiménez, quien por el Venado, Charcas, Cedral, Matehuala y Catorce, debía dirigirse al Saltillo […]

Revisadas las anteriores declaraciones, se pude apreciar las discrepancias en el espacio-tiempo respecto a Villerías.  En principio se relata que Villerías estuvo en la batalla Puente de Calderón junto a Ignacio Allende y después se unió a Jiménez en la acción de Aguanueva, lo cual no es coherente cronológicamente si se toma en cuenta que el primer enfrentamiento se llevó a cabo el 17 de enero de 1811 y segunda lucha fue el 6 enero del mismo año, es decir, 11 días antes. Por lo tanto el lego juanino no pudo haber estado junto a Hidalgo o Allende en Guadalajara, si antes había emprendido la marcha desde Guanajuato hacia Saltillo junto a Mariano Jiménez. 

La narración de Primo Feliciano Velázquez nos indica que Villerías estuvo ya había estado en Matehuala antes de morir. Puesto que atravesó San Luis Potosí pasando por Venado, Charcas, Matehuala, Catorce y Cedral. Así lo muestran las siguientes notas de Rafael Montejano: Juan Villerías se encontraba en Venado para el día 7 de diciembre de 1810 con 14,000 hombres con rumbo a Saltillo.  Del 14 al 28  de diciembre permaneció en Matehuala, junto a Mariano Jiménez donde se expidió un bando.

Villerías y su paso por el Nuevo Santander

Una vez reunidos Ignacio Allende y Mariano Jiménez en Saltillo (24 de febrero de 1811) acordaron llegar a Estados Unidos lo antes posible. Ante el temor de una nueva derrota por la nula formación militar del ejército insurgente que venía aquejando a Allende desde el inicio de la revolución, lo que les había valido el fracaso de Puente de Calderón. No así por Jiménez quien tenía el mando de la columna expedicionaria en el norte, por lo que ordenó a una sección de sus tropas fuera a Monterrey y otra a Monclova. Villerías se encamino con una sección rumbo a Nuevo León, “circunstancia a la que debió no caer prisionero en Baján”.

Paso de Villerías (1810 - 1811)

Según los datos revelados por Villaseñor y Villaseñor, tras conocerse la captura de Ignacio Allende y Mariano Jiménez, Villerías que se encontraba con Joaquín Sevilla y Olmedo, ante el temor de los ataques del teniente coronel José Manuel Ochoa, deciden unirse a Ignacio López Rayón, recién nombrado suprema autoridad del movimiento de independencia, previo a la  traición de Baján. Así pues, los insurgentes lograron reunirse la noche del 31 de marzo. Y el 1º de abril, se llevó a cabo, según Gregorio Ponce de León, “la acción gloriosa de Rayón en el Puerto de Piñones y cuya habilidad estratégica para librarla ha sido reconocida y elogiada […]”

Después de la acción junto a Ignacio López Rayón, el lego Villerías sintiéndose seguro, decide emprender el camino hacia la provincia del Nuevo Santander (Tamaulipas) con idea de encontrarse con Luis Herrera quien había marchado a dicha provincia para expandir el dominio insurgente. Pero al saber de la muerte de su compañero de orden religiosa, cambia de parecer y concluye ir hacia Santo Domingo de Hoyos (Hidalgo, Tamps.) en Nuevo Santander y Río Blanco (Zaragoza, N.L.), Sevilla y Olmedo insistió, en vano, que nada había por hacer en esos lugares, por lo que decidió seguir a López Rayón en su camino a Zacatecas.

En los anteriores párrafos encontramos algunas diferencias con lo expuesto por Isidro Vizcaya en su obra En los albores de la independencia […], en la cual cita una declaración hecha por José Manuel Ochoa. Menciona la batalla que sostuvo contra Ignacio Rayón, diciendo que los insurgentes eran seis mil a los que se les había unido el lego Villerías la noche anterior (31 de marzo de 1811) y que traían veinticuatro cañones y seis culebrinas; y la declaración dice que los insurgentes que estaban en Saltillo eran tres mil quinientos con veintidós cañones. Es un error que Villerías se hubiera unido a Rayón, pues el día 4 de abril el lego se encontraba en Río Blanco y apenas tuvo conocimiento de la captura de los caudillos insurgentes Ignacio Allende y Mariano Jiménez.

Partiendo de los datos de Vizcaya, Villerías se encontraba como ya se señaló en Río Blanco, estaba su cuartel general. De ahí se encaminó hacia Palmillas, aumentando su tropa con indios de Tula, llegando a tener una fuerza de 600 hombres. Sabiendo que el comandante de las Provincias Internas de Oriente, Joaquín Arredondo y Mioño se movería tras él, Villerías por conducto de fray Francisco González invito al realista a unirse a las fuerzas insurgentes y éste, que se encontraba entonces en Aguayo (Ciudad Victoria, Tamps.), ordenó que se quemara la invitación públicamente el 26 de abril de 1811. Villerías, al tener conocimiento de lo anterior y al enterarse que el comandante realista Arredondo saldría hacia Tula para atacar a los insurgentes de esa región, en un nuevo intento por conseguir una fuerza mayor invitó al coronel Juan Nepomuceno Jiménez a unírsele, quien a su vez invitó a Gordiano del Castillo, Antonio Boeta y Viviano Farías. Pero éste último delató a Nepomuceno Jiménez lo que ocasionó su fusilamiento a manos de Arredondo.

El día 8 de mayo se sucedió la batalla de Tanque Colorado, en donde fue derrotado el lego Villerías por el capitán Cayetano Quintero; en el documento publicado por Nereo Rodríguez, encontramos la siguiente narración:

El 8 de mayo (de 1811), el mismo día que nos hallábamos en la Miquihuana, distante de Palmillas como 16 leguas [88 km. Aproximadamente] ese mismo día supimos que Villerías se hallaba en Tanque Colorado y así fue que calculamos tener la función como a las 10 del día, por lo que aquel avanzaba y nosotros adelantábamos. Como a las dos de la tarde llegamos al punto donde nos esperaban los rebeldes, en formación de batallas, con siete cañones de a doce, batiendo sus tambores, avanzamos como 300 pasos y un pedrero rompimos el fuego […] y a poco se pusieron en fuga.

El saldo de esta acción fue a favor de los realistas, con la captura de 300 rebeldes entre los que se encontraban el ministro de gracia, el padre González y el confesor de Villerías; 19 heridos y30 muertos que habían sido arrastrados desde la sierra hasta el campamento de los realistas.

El mismo Nereo Rodríguez Barragán comenta que para el 9 de mayo se emprendió la búsqueda de Villerías, acción encomendada a Cayetano Guadalupe Cardona, relata:

Al día siguiente fui destinado a perseguir a Villerías y su plana mayor y marché hasta El Pantano [Bustamante, Tamps.], camino de Matehuala, a donde se dirigía Villerías, según supe, de huida con su cuadrilla; en El Pantano tuve razón de que la noche anterior habían pasado los rebeldes y de allí retrocedí, perdidas las esperanzas: todavía aprisioné a siete hombres y a otras tantas mujeres, a quienes dejé libres.

Al tratar de ubicar la localidad de Tanque Colorado, encontramos que con ese nombre no existe en ninguna localidad en el área que sugiere el párrafo anterior, pero en una carta de la Comisión Geográfico - Exploradora se encuentra un poblado llamado el Tanquecito, el cual se sitúa entre Bustamante y Palmillas, dato relevante pues después de la refriega los insurgentes huyeron hacia El Pantano (Bustamante) para dirigirse posteriormente a Matehuala. Señalamos esto pues, a título personal no podemos asegurar que sea o no el lugar de la batalla, lo dejamos a consideración del lector.

Derrota en Matehuala y muerte de Villerías

Con las derrotas sufridas y un ejército maltrecho, Villerías se dirigió a Matehuala, huyendo de los realistas. Ahí creía poder reagrupar su fuerza, teniendo el entendido que esta población apoyaba al movimiento insurgente. Así, al aproximarse a Matehuala, volvió a hacer una invitación de alianza, esta vez al gobernador de los indios, quien se negó a participar en la revolución y dio cuentas a la Junta de Seguridad del Real de Catorce, la cual se preparó para la defensa estando al frente de la tropa el párroco de Catorce José María Semper. Primo Feliciano relata de la siguiente manera lo sucedido en Matehuala:

Al hacer el cura Semper un reconocimiento, en compañía del patriota Luis Cruz, se adelantaron los insurgentes; su grito de ¡Viva la América! Fue contestado con el de ¡Viva España! Atacaron violentamente por la calle que va al pueblo, dando apenas tiempo a disparar dos veces el cañón que a su cargo tenia Suage; pero la infantería y caballería se lanzaron sobre ellos con tal denuedo, que al cabo de una hora de lucha los pusieron en fuga, quedando en el campo tendidos cinco insurgentes, su general Villerías y el capitán de los indios flecheros.

Juan Villerías fallece en Matehuala, San Luis Potosí el 16 de mayo de 1811.(1)

El semanario Nuevo Día, menciona lo siguiente:

[…] el Combate sostenido con las fuerzas realistas comandadas por el Cura de Catorce, en el Tanque Colorado [Estuvo detrás de lo que hoy es conocido como la Catedral de la Inmaculada Concepción] de donde lo trasladó [a Villerías] su caballo hasta la esquina que forman las calles hoy Morelos y Celso N. Ramos, frente a San Salvador.

Esta última versión deja entrever que Villerías ya había sido herido o muerto, pues revela que el caballo que montaba lo llevo hasta el lugar donde lo encontraron, a un costado de la Iglesia de San Salvador. Por lo que respecta sus restos, Manuel Muro dice que fue enterrado en la Villa de Matehuala; otra versión indica: “los realistas arrojaron el cadáver a un pozo que existía en la antigua Hacienda de Guangoche (hacienda de beneficio que se ubicó sobre la actual calle Hidalgo), Gabriel Niño nos dice que, a raíz de la consumación de la independencia, sus restos fueron depositados frente a la puerta de entrada de la capilla del panteón Hidalgo. y en donde se tiraba toda clase de desperdicios”.

Mucho se menciona en medios de difusión locales que Villerías fue fusilado donde se encuentra una placa conmemorativa la cual dice que fue “asesinado”, lo que dista mucho de la realidad, pues para haber sido fusilado Villerías tendría que haber pasado por un juicio de lo cual no existen datos, y por lo que toca al asesinato, es más lógico que haya perecido durante la refriega que si lo hubiesen atacado a traición.

A los doscientos años de la muerte de Juan Villerías (13 de mayo de 1811), poco se conoce de este personaje, que como muchos otros religiosos formó parte de un movimiento de liberación, provocado  a raíz de la influencia intelectual francés de la ilustración, gestora de los movimientos de independencia en América, sin dejar de lado la invasión napoleónica a España. Pero lo cierto es que Villerías, al formar parte de la conspiración y con una formación tanto religiosa como filosófica, supo entender que la oportunidad para poner un alto a las injusticias de los españoles, se presentaba con el movimiento que encabezado por Miguel Hidalgo. Si bien es cierto que quien tomó el liderazgo del movimiento en San Luis fue el fraile Luis Herrera, Villerías junto a Joaquín Sevilla y Olmedo fueron los orquestadores de la revuelta en esta ciudad. Lamentablemente, como muchos otros insurgentes, la nula preparación militar, fue el factor decisivo que terminó por mermar en las batallas dirigidas por Villerías. Quizá esta sea la causa de por que Villerías haya pasado a la historia como otro insurgente más. Esperando que este trabajo contribuya a exaltar la memoria de este personaje potosino que así como Mariano Jiménez, han dado identidad a este Estado, lleno de personajes e historias por rescatar.

Nota: 1. Biografías de los héroes y caudillos de la Independencia. Tomo I. Pág. 121.

Bibliografía: Lucas Alamán. 1850. Historia de Méjico, desde los primero movimientos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente. Tomo II. México: Imprenta de J. M- Lara.; Gobierno del Estado de Tamaulipas. 2008. Tamaulipas y la guerra de Independencia: acontecimientos, actores y escenarios: Homenaje a Juan Fidel Zorrilla. México: Gobierno del Estado de Tamaulipas – Comisión Organizadora para la Conmemoración en Tamaulipas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Mexicana.; J. E Hernández y Dávalos. 1985. Historia de la guerra de independencia de México. Tomo II. México: Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. ; Rafael Montejano y Aguiñaga. 2008. Real de Catorce: El Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, S.L.P. México: Luz Portátil.; Manuel Muro. 1973. Historia de San Luis Potosí. Tomo I. México: Sociedad Potosina de Estudios Históricos.; Manuel Muro. 1903. Miscelánea Potosina: Biografías, artículos históricos y de costumbres, tradiciones y leyendas. San Luis Potosí: Tip. de la Escuela Industrial Militar.; Gabriel Niño. 1952 ca. Reminiscencias históricas de Matehuala. Tomo III. Inéd. San Luis Potosí.; José de J. Núñez y Domínguez. 1950. La virreina mexicana: Doña María Francisca del a Gándara de Calleja. Imprenta Universitaria, México.; Gregorio Ponce de León. 1909.  Lic. D. Ignacio López Rayón en Anzures, Rafael. Los Héroes de la Independencia. Tlaxcala: Oficina Tipográfica del Gobierno.; Nereo Rodríguez Barragán. El lego Juan Villerías. El Heraldo. 16 de febrero 194.; Nereo Rodríguez Barragán. 1976. Historia de la Guerra de independencia en la provincia de San Luis Potosí. San Luis Potosí, S.L.P.: Sociedad Potosina de Estudios Históricos.; Nereo Rodríguez Barragán.  Don Juan Villerías, su carrera y su muerte. Centro, vol. II, no. 10 – 11 (noviembre – diciembre 1936).; Primo Feliciano Velázquez. 2004. Historia de San Luis Potosí. Vol. 2. 3ª. ed. México: uaslp – colsan.; S. a. Homenaje a Villerías. Nuevo Día: Semanario matehualense. 17 de mayo de 1936.; Alejandro Villaseñor y Villaseñor. 1910. Biografías de los héroes y caudillos de la independencia. Tomo I. México: Imprenta de “El Tiempo”, de Victoriano Agüeros.; Isidro Vizcaya Canales. En los albores de la independencia: las provincias internas de Oriente durante la insurrección de Don Miguel Hidalgo y Costilla, 1810 -1811. Monterrey, N. L.: Fondo Editorial Nuevo León – itesm, 2005.

Fuente: Articulo autoría de Luis Miguel Rangel Espinosa. Vinculación e Investigación Académica CDHRMA-UASLP. Centro de Documentación Histórica Lic. Rafael Montejano Y Aguiñaga. Creative Commons.

 
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