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NOTICIAS VARIADAS A BENITO JUAREZ SOBRE LA SITUACIÓN DE OAXACA Y LOS INDÍGENAS

 

(Benito Juárez)

Mi estimado y buen amigo:

En momentos de poner a usted un mensaje telegráfico, preguntándole si había recibido mi carta de fecha 17, ha sido en mi poder su apreciable de 27 de junio, que me ha venido a librar de una inquietud terrible.

Para evitarme igual caso en lo sucesivo, escribiré a usted directamente y sin firma, dejando a su discreción la elección del conducto para su contestación; el último me parece inmejorable.

Por supuesto que todo ello no evitará el que si mis cartas caen en poder de moros, mi estilo y la materia me denuncien inmediatamente, pero ya ahora importa poco.

Me he declarado su gacetillero o cronista y, aunque mis noticias temo mucho que no sean las primeras que reciban en ésa, referentes a nuestro estado, siempre procuro que sean las más exactas y ciertas.

Las elecciones se han llevado, como usted debe saber, sin novedad; al cabo, en favor del Chato. En la sierra hubo sus trastornos de que el gobierno acusa como motores a Fidencio Hernández y a Pancho Meixueiro o sea a don Miguel Castro.

El caso fue que habiendo mandado la autoridad fijar cartelones postulando su candidato, de la noche a la mañana resultaron cambiados por otros en que se proclamaba a Castro.

La autoridad hizo arrancarlos públicamente; el pueblo se opuso abiertamente y al abrir prisiones y cintarazos y aun amenazas de asesinato, sin embargo, pudo más la piedra que el cántaro.

En Juchitán hubo también, por motivos semejantes, sus trastornos; pero aquí no pudo nada la autoridad porque ganó las elecciones Roberto Maqueo que, según el decir de malas lenguas, también tiene sus pretensiones al gobierno, pero esto parece tan absurdo, tan ilógico, tan contrario a sus verdaderos intereses, que sólo lo consigno como un rumor sin más fundamento que el miedo del gobierno, empeñado en descubrir, en cualquier persona de influencia, un rival y, en todo hombre honrado, un enemigo.

El domingo se celebra el triunfo consabido con el gallo de que tenía usted noticias; un repique en catedral, cohetes, discursos y brindis a la luz de la luna; de las personas decentes conocidas sólo tomó parte en la función Pepe Castellanos que, por su fogosidad y entusiasmo, se ha hecho el hombre de moda en la política.

El lunes por la noche, el club de algunos estudiantes del instituto, entre los que figura el estado mayor del Chato, se dirigió por la noche con música, cohetes y mezcal, a la casa del general Porfirio para ofrecerle su voto; en el discurso pronunciado, al efecto, por el Presidente de la sociedad, se vertieron ideas belicosas que hicieron reír a muchos y que obligaron al general a contestar que aceptaría con gusto y gratitud la prueba de simpatía que le daban los alumnos del Instituto, siempre que se prescindiera de esos principios de guerra que lo convertían de candidato legal de un pueblo, en jefe de un partido de revoltosos.

Al presidente del club de artesanos -como se llama a una sociedad que nunca ha existido, lo mismo que otras de diversos nombres, tanto aquí como en los distritos- que también ofreció con su voto sus servicios personales en la guerra, contestó en el mismo sentido, concluyendo con las siguientes palabras:

"Si el voto general de la nación resultara en favor de don Benito Juárez -a quien de ninguna manera puedo juzgar más que de un servidor fiel a quien la nación mexicana debe grandes e importantes servicios-, yo seré el primero, respetando la voluntad pública, en reconocer en él la autoridad y quitarme el sombrero en su presencia".

Sus palabras se refieren a algunos insultos soeces y de mal gusto con que quiso adornar su discurso don Rosalino Cruz, (alias) Pirote el Barbero, que es el presidente del supuesto club.

Sin embargo de todo esto, continúan los preparativos de guerra; por orden expresa del gobernador, uno de los miembros del club de estudiantes pidió una sesión extraordinaria en la que propuso se formara una lista de las personas que, pertenecientes al mismo club, se hallaban en disposición de tomar las armas para remitirla con una protesta al Gral. Porfirio, pero la mayoría tuvo el buen sentido de rechazarla aprobando, por unanimidad, lo siguiente:

"El club de estudiantes del Instituto de Oaxaca, del que por no pertenecer a otro establecimiento quedan excluidos los cuerpos...10 -el estado mayor del Chato-, protesta sostener, por todos los medios legales, la candidatura del ciudadano Gral. Porfirio Díaz, mientras dure la cuestión electoral".

Nunca se había manifestado más ampliamente declarada ni con tanta unanimidad la voluntad del pueblo oaxaqueño en todas sus clases, incluso la indígena a quien siempre se ha juzgado como indiferente a los asuntos públicos por su falta de ilustración, que en esta vez.

Sin la maldita dominadora influencia del gobierno, la elección habría resultado redonda a favor de Porfirio para el gobierno del estado y de don Benito Juárez para Presidente de la República.

Este es un hecho que debe animar a todas las personas influyentes que se interesan sinceramente por el porvenir de la nación y los derechos del pueblo.

Nuestra clase indígena carece de ilustración, no cabe duda; pero le sobra el instinto de su propia conservación y conveniencia; será el instinto del animal, si se quiere, pero lo cierto es que, guiadas por ese instinto, huían todos y abandonaban sus pueblos y sus casas a la aproximación de una fuerza extranjera; con ese mismo instinto vendían a un soldado francés en un peso lo que a nosotros nos daban en un real y, por último, mientras ellos no encontraban un guía ni un correo que les sirviera a peso de oro, a nosotros nos llevaban noticias y nos facilitaban recursos y, aunque muchísimos murieron fusilados por servirnos de correos, nunca se dio caso que uno solo entregara nuestra correspondencia al enemigo ni se negara a servirnos.

Estos son hechos que hablan mucho más alto que las declamaciones inútiles de muchos periodistas. La raza indígena es indolente, creémosle necesidades; carece de ilustración, eduquémosla haciendo suyos nuestros intereses.

Es débil, robustezcámosla y su fuerza será nuestra. Es un error carísimo el creer 10 Abreviatura ilegible. que la fuerza del indio es el principio de nuestra destrucción; del indio salvaje de nuestras fronteras podrá ser, pero no del indio dócil y humilde que conocemos.

Entre los soldados y los criados domésticos tenemos una prueba patente de ello; póngale usted el chacó a un indio y sáquelo a la calle, inmediatamente se cree otro, encontrará a sus paisanos de la víspera y se creerá mejor o diferente a ellos; lo mismo sucede con los criados; póngales usted un pantalón y un sombrero y no volverán a salir de la ciudad y hasta olvidarán su idioma y el peor insulto que podrá hacérseles será el de llamarles indios.

Esto, sin educación, será un mal si se quiere, pero es un mal que con un poco de tacto puede convertirse en grandes bienes para todos y que está probando en sí mismo una cosa esencial, que son susceptibles de educación, que consideran su clase primitiva como una degradación y que todos aspiran a salir de ella, a desprenderse de esas costumbres, de ese traje que es para ellos un sambenito que la sociedad les ha impuesto.

Pero yo estoy divagándome en disertaciones filosóficas que ni son ni vienen al caso; vuelvo, pues, a mi asunto y quede sentado que la elección del Chato no ha sido el resultado de un voto público sino la consecuencia de influencias dictatoriales desarrolladas a mansalva por la debilidad del pueblo y, más que todo, por el afán único de todos: la conservación de la paz.

Nos faltan las elecciones secundarias y aunque las primarias –para Presidente y diputados- han sido a favor del Gral. Porfirio, se espera que, aclarado ya el horizonte político, el Chato cambie de opinión y los electores resulten juaristas.

Este sería el golpe de gracia para el pobre general, que no tiene nada de imposible el que así suceda y, si el señor comisionado del gobierno general en ésta, o sea el Sr. Medrano, hubiese obrado con más actividad y mejor dicho con menos miedo, podría asegurarse como ganada, al menos, la mitad de los diputados; pero se limitó a ver al Chato y ofrecerle $50 000 por la elección; éste, que entonces creía como en un principio en el triunfo del general, le contestó que se estaba esperando sacar igual ventaja a su hermano y le previno - son sus palabras-, que si sabía que daba un solo paso en este sentido, lo mandaría poner en la cárcel como falseador del voto público y no lo dejaría en libertad hasta pasada la elección, con lo que bastó para que nuestro hombre no volviera a sacar las narices de su casa, pero, con una poquita de voluntad, fácil le hubiera sido averiguar y saber que más de la mitad de los jefes políticos son enemigos personales de Porfirio, colocados por el Chato en los días del pleito con su hermano en reemplazo de los que éste había dejado, quienes, sólo obligados por las circunstancias y por el temor de perder el empleo, se han conformado con procurar la postulación de su enemigo; pero que, desde el momento que han visto decidirse la opinión pública en favor de don Benito, habrían cambiado con mucho gusto la elección sin que fuera necesario gastar un centavo, sólo con ofrecerles en ésa la protección del gobierno o su influencia para que conserven su empleo.

Como digo a usted antes, se teme o se prevé que el Chato, tratando de quedar bien con el gobierno que triunfará en definitiva, le juegue a su hermano la mala partida de hacerle perder la elección. Las circunstancias que son el fundamento de esta previsión, no pueden ser más singulares.

Usted sabe que el Chato no quiere a nadie, no cree en ninguno; no obedece más ley ni profesa más principio que su capricho; seguro como está del desafecto de todas las personas sensatas, ha sabido formarse un círculo de instrumentos brutos y mirando en todos los demás enemigos temibles qué combatir.

El Gral. Porfirio, cuyo apoyo es la fuerza armada, para poder conseguir ésta, tuvo que sacrificar su crédito y aun la estimación de personas de influencia; pero se chasqueó de medio a medio porque el Chato no le dará un soldado. Podrá él disputárselos con su influencia moral pero poco obtendrá en lucha con la influencia pecuniaria del gobernador.

El Gral. Porfirio ha querido conquistar de nuevo la confianza de algunas personas, prometiéndoles que, ganada su elección, se llevará consigo al Chato y aun ha ofrecido a éste el hacerlo ministro de Guerra; éste ha aceptado en apariencia y muchos entonan ya su himno de victoria, pero todos se pegan chasco; el mismo Chato me ha dicho a mí:

"Seré tan p. . . de salir de Oaxaca para irme a poner en pugna con Manuel González y F. Correón y Negrete y tantos otros, por un destino que ni podré desempeñar ni me producirá gran cosa, cuando puedo vivir aquí tranquilo"; -callaba otra ventaja que es la esencial, la del dinero- y concluía: "si mi hermano me tira, a él le tiro".

Pero Rincón, que ya le he dicho a usted que es el director de la política, lo ha hecho comprender o, mejor dicho, debe hacerlo comprender que, establecido el gobierno de don Benito, con el que al fin está mal, lo acusará inmediatamente, ora sea mandando seguir varios negocios que hay aquí en el juzgado del distrito pendientes en su contra, ora con cualquiera otra razón, lo obligará a ir a México y, entretanto, será fácil o seguro que se le escape el pan de las manos; por esto supongo posible el que a última hora mande llamar a Medrano, le arranque los $ 50 000 con el pretexto de comprar a los electores, se los embolse y dando una simple orden a los jefes políticos haga cambiar la elección.

Entretanto, continúa desconfiando de todo el mundo, hasta de Félix Romero; pretende que el gobierno recibe noticias sobre su conducta que sólo le puede dar una persona que esté muy cerca de él y muy al tanto de sus manejos.

Parece que Romero olió algo y, resentido, presentó su renuncia; pero el Chato, que no tiene otro de quién servirse, le contestó que la aceptaría junto a la de regente y, naturalmente, el otro se fue para atrás.

A la vez se ocupa de atacar a otra clase de enemigos y... ¡cuidado que son muchos!; después de lo que usted sabe referente a Cházari, la lucha ha variado de terreno o, mejor dicho, se ha recurrido a otra clase de armas: se han comprado todos los dependientes de Esteban, se ha ordenado a tres sinodales que examinen y aprueben a uno de ellos, que no sabe gramática, al que se ha puesto al frente de una botica de Valverde y, por último, se ha dado una disposición municipal mandándole cerrar, contra mandato expreso de una ley, una botica que había establecido últimamente en Tehuantepec, por no estar a su frente un profesor; en fin, mil porquerías que causa asco referir.

Por telégrafo participaré a usted el día de nuestro viaje; sólo paramos para que concluya Esteban el inventario de sus existencias para entregar la botica a Othen, que quedará encargado de ella; pero yo desearía que usted me diera alguna esperanza de encontrar ocupación al llegar por allá.

Espero que usted lo procurará con empeño y, entretanto, deseándole mil felicidades, concluyo repitiéndome su afectísimo amigo que besa su mano.

J. I. Álvarez

¡Vaya! Inadvertidamente he ido a firmar la presente, aunque... poco importa.

Vale

Fuente: Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006. Imagen: Oaxacanuestro.com. eumed.net. Creative Commons.

 
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