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BATALLA POR LA SUPERVIVENCIA EN ATLIXCO, LA SOMBRA TRAS LA GLORIA DEL 5 DE MAYO

 

La batalla del 4 de mayo de 1862 en Atlixco contra los franceses permitió́, un día después, la gloria del escuadrón militar de Ignacio Zaragoza, aunque no fue un conflicto político, sino de sobrevivencia lo que dio entrada al combate suscitado en el municipio ubicado a menos de una hora de la capital.

El cronista de dicha ciudad, José́ Raymundo Alvarado Huerta, refirió́ que tras un análisis de los archivos históricos no existe información clara sobre lo sucedido claramente ese histórico año en la región: “La gente de Atlixco no participa, sino que presta el terreno solo para la batalla”.

A decir del investigador, las leyendas urbanas apuntan algunos aspectos. Por ejemplo: la guerra en la ex hacienda La Trapera determinaría una estrategia de defensa para que, por aquella zona, el Ejercito francés no invadiera con mayor número de soldados los cerros de Loreto y Guadalupe.

También un intento de defensa de los mexicanos contra los originarios de Francia, para que no se llevaran “las municiones de boca”, las cuales se encarecían en aquella época.

“En la historia hay que tener un concepto claro de lo que pasó, además de que esto es un hecho histórico de honor nacional, porque pudimos contra los franceses… En la hacienda había un convoy con alimentos, entonces se vigilaba que nadie fuera para allá́, pero se encuentra el Ejercito del centro y se da el enfrentamiento”, detalló.

El historiador señaló́ que, de acuerdo con el libro “La gloria de Atlixco” (1934), de Gabriel Cuevas, los conservadores que hacían guardia en el municipio de Izúcar de Matamoros perdieron la vida en la zona ahora conocida como “la ciudad de las flores”.

Sin embargo, hay una confusión, porque el enfrentamiento “no fue la gran batalla que se presume”, pues a través de investigaciones en documentos oficiales se demostró́ que el general José́ María Cobos no contaba con tres mil soldados ni otro grupo importante de militares de la capital, sino que sólo hubo 825 combatientes. La anterior cifra se presume, por el total de medallas que entregó en diciembre de 1862 Benito Juárez García, presidente de la Republica, en la zona de los fuertes a los ganadores de la guerra.

LA PRIMERA VERSIÓN

La llegada de los franceses a México por la ruptura de los tratados de La Soledad dio entrada el 28 de abril a la batalla de Acultzingo, una guerra de un par de horas.

En aquella época, el general Manuel Vicente Ramón Doblado.

Partida (1818-1865) buscaba una estrategia para reconciliar los conflictos económicos entre México y Francia. En tanto, los conservadores tenían una tropa en el eje Atlixco-Matamoros-Chautla.

“Las cartas que se escribieron relataban que se estableció́ un acuerdo entre los conservadores y liberales para irse y atacar a los franceses. En un periodo corto se dieron los escritos entre Doblado y los generales Leonardo Márquez y José́ María Cobos para darse un arreglo; se dice, en el que la Republica se compromete a pagarle el salario a los soldados y rangos que participaron en la batalla con la Secretaria de Guerra y Marina”, agregó.

Las misivas se desarrollaron el 4 de mayo, día en el que se presumió́ se dio el combate con la población atlixquense, situación que desecharía que el enfrentamiento se suscitó́ en esa fecha, aunque el mito dice lo contrario.

El cronista de la ciudad explicó que en 1862, Atlixco estaba tomado por los conservadores al mando del general Domingo Herrán, quienes precisamente tenía un vínculo directo social con los emperadores Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, pues fueron sus padrinos de boda.

Según documentan los textos antiguos, las tropas de la capital de Ignacio Zaragoza que quedaron al mando de los comandantes Tomás O’Horán y Antonio Carbajal llegaron a la región atlixquense. Aunque al Ejercito conservador se sumaron atlixquenses a los bandos de ataque, aquellos que iban contra su propio país.

En las leyendas urbanas señalan que el general O’Horán llegó con una división y brigadas de mil y mil 200 elementos de infantería, caballería y artillería. Sin embargo, el investigador precisó que con datos del diario “Monitor Republicano” se puede estimar que sólo hubo una avanzada también denominada “fuerza de pleito” con 60 caballos del grupo “exploradores del valle”, que les fueron prestados por el general Leonardo Márquez.

La primera confrontación se realizó́ en las inmediaciones de la ex hacienda de Las Ánimas y que estaba en el perímetro del municipio que en aquella época alcanzaba en viviendas seis manzanas. Mientras, los conservadores respondían al ataque desde la hacienda de La Alfonsina.

LA CONFUSIÓN

Retomando las publicaciones del libro “La gloria de Atlixco”, el especialista detalló que el enfrentamiento de las tropas poblanas con Francia pudo registrarse a las 4:00 horas en la hacienda de La Trapera.

Aunque precisó que el autor del libro mencionado, Gabriel Cuevas, pudo hacer esta narrativa para conjuntar dos hechos históricos: la Batalla del 5 de Mayo de 1862 con el “Sitio de Puebla de 1863”, cuando un 14 de abril la división del Ejercito del centro, al mando de Miguel María de Echegaray, atacó la región con motivo de la cuesta de San Juan Tianguismanalco.

“El enfrentamiento se ejecuta porque se conoce de la existencia de los franceses. Los llanos –o traidores de La Trapera como se les conoció́– pelean en una puesta en escena de San Juan Tianguismanalco a la zona de Tenextepec. Ambas divisiones dicen que ganan, que se apoderan de víveres, pero vayamos a las cuentas:

Francia tenía tres mil soldados y México mil 500. Se hace un mito”, agregó.

SITIO ABANDONADO

Lo cierto es que La Trapera es un sitio histórico, aun en medio del mito. Actualmente se encuentra situada entre terrenos de cultivo y contadas viviendas, aunque sólo son ya trozos de muros en los que, aquel años se resguardaron los víveres de guerra.

En el sitio, en el sur de Atlixco, se aprecia una construcción de piedra de cantera derrumbada, que sólo conserva unas escaleras incompletas hechas del mismo material.

Hace un año, en 2014, el gobierno municipal colocó una placa conmemorativa que no tiene la descripción de los hechos ocurridos, pero sí los logotipos, eslogan y nombre del presidente José́ Luis Galeazzi Berra, con la fecha de su periodo de gestión. Lo que queda del inmueble se encuentra grafiteado.

Fuente: Karen Meza. Capitalpuebla.com.mx. ZEG. Creative Commons.

 
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