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LA “ÚLTIMA PRADERA”, LA LUCHA POR SU SUPERVIVENCIA EN RESERVA DE LA BIÓSFERA DE JANOS, CHIHUAHUA

Grandes extensiones de pastizales están en riesgo de desaparecer, y con ello la extinción de uno de los ecosistemas de mayor importancia del norte del país

Llenos de acentos cafés en el que las nubes con forma de algodones parecen poder tocar la fina arena del desierto para generar vida entre la nada, los pastizales constituyen uno de los ecosistemas más grandes y la subsistencia de más de 800 millones de personas en el mundo, pero según expertos corren el riesgo de morir en los próximos 12 años.

A 230 kilómetros de Ciudad Juárez, entre el desierto de Chihuahua, se encuentra uno de esos lugares que parecen transportar a un paisaje del siglo pasado.

Se trata la Reserva de la Biósfera de Janos, considerada una prioridad para la conservación de la naturaleza en Norteamérica, debido a su diversidad biológica, por lo que un grupo de asociaciones, instancias gubernamentales, académicos y especialistas dedicados al cuidado del medioambiente trabajan en la recuperación de sus pastizales.

“El pastizal es tan importante como la selva, nada más que las selvas son más sexys que los pastizales”, comentó Antonio Esquer Robles, gerente de la Reserva Ecológica El Uno, ubicada en 18 mil 500 hectáreas de la misma zona.

Ahí fue descubierta la última gran colonia de perros llaneros del continente y fue introducida la única manada de búfalos de pelaje puro en el norte de México, quienes comparten los pastizales con diversidad de especies nativas del desierto y aves migratorias a lo largo de todo el año.

LA ÚNICA MANADA DE GENÉTICA PURA

La Reserva de la Biósfera de Janos representa un importante corredor natural dentro del sistema de áreas protegidas de Canadá y Estados Unidos, por lo que hace seis años se inició en El Uno el proyecto de los búfalos, también conocidos como bisontes silvestres americanos (Bisón Bisón).

En 2009 fueron liberados 23 ejemplares de pelaje puro en semicautiverio, luego de que un grupo de investigadores de la UNAM observó que la manada conocida como Janos–Hidalgo, que pasaba entre Nuevo México y Chihuahua, comenzó a desaparecer, informó el especialista de la iniciativa de conservación de pastizales The Natural Conservacy (TNC) en México y norte de Centro América.

Además de ser una de las 300 especies en peligro de extinción en el país, el bisonte es una parte muy importante para restaurar la funcionalidad ecológica del pastizal y era la pieza que faltaba en el rompecabezas para mantener la funcionalidad ecológica, explicó Esquer Robles.

Los primeros ejemplares de linaje puro llamado “la cueva del viento” eran adolescentes de un año y medio, pero al parecer una de las hembras era mayor y llegó cargada, por lo que al siguiente año nació la primera cría, a la que se le llamó La Uno.

Después de cinco años, en 2014 se liberaron ocho nuevos ejemplares; cinco hembras y tres machos de linaje “castillo de roca”, provenientes de Vermejo Park Ranch de Nuevo México.

Con dos de los 12 linajes puros identificados, la manada ubicada en la denominada “Última Pradera” continúa siendo la única de pelajes puros, al menos que se haya comprobado en los cerca de 24 sitios que existen de bisontes en el norte de México.

Hace una semana habían nacido cuatro nuevas crías, pero se espera que al menos 20 hembras más cumplan en estos días los nueve meses de gestación, para sumar ya un total de 90 búfalos.

“El objetivo general es recuperar al bisonte en su área de distribución histórica en México como son los pastizales del desierto de Chihuahua, Sonora, Durango, Zacatecas y lograr una manada sana de 160 ejemplares para poder mejorar otras mandas donde no existen genéticas puras”.

De acuerdo con el ecologista, los bisontes son una parte fundamental en los pastizales, porque cuando caminan remueven la tierra, permitiendo la filtración del agua de la lluvia para recargar los mantos acuíferos.

Lo mismo ocurre cuando se revuelcan sobre los pastos, ya que hacen hoyos o depreciaciones en los que se forman charcos de agua de la lluvia y se convierten en el hábitat de distintas especies, como los sapos.

Al caminar, los búfalos podan los pastizales y evitan catástrofes como incendios forestales, además de que promueven la diseminación de la semilla para que haya más cobertura de los pastos.

Los diferentes pastizales que hay en Janos permiten a los bisontes obtener todos los nutrientes que necesitan, por lo que las hembras están bien alimentadas y los becerritos nacen muy grandes, se estima que de 50 a 60 kilogramos, mientras sus padres llegan a pesar de 900 kilos a una tonelada y sus madres de 600 a 700 kilos.

Su orina y su excremento también son importantes, ya que permiten la fertilización del suelo y el buen funcionamiento de los pastizales.

Cerca del 35 por ciento de los ejemplares que conforman la manada de El Uno son machos. De acuerdo con el representante de TNC, todavía un 50 por ciento es sano, pero lo ideal es tener entre 8 a 10 hembras por cada macho.

Dijo que la juventud de la manada le costó la vida a varios becerritos los primeros años, quienes morían víctimas de sus propios padres, por lo cual se tuvieron que hacer varias estrategias como instalar una “guardería” para apartar a las crías de los machos.

El año pasado un macho se encargó de defender a las crías de los machos adultos, y aunque después murió se convirtió en el héroe de la manada, recordó el gerente.

Esquer Robles también comentó que las crías normalmente se mantienen con sus mamás hasta los dos años, por lo que hay ocasiones que se observa a la hembra con sus hijos de dos años, un año y el nuevo becerrito, juntos.

Después de los dos años, los machos juveniles se mantienen con la manada pero ya no pegados a su madre, y los machos de cuatro o cinco años en adelante forman grupos separados, que visitan la manada de vez en cuando pero se mantienen totalmente aparte, hasta que vuelven a unirse completamente en la época de apareamiento, o sea en agosto, ya que en mayo se da la mayor cantidad de nacimientos.

El primer año de apareamiento debido a su corta edad algunos bisontes jóvenes “querían andar con muchas hembras y ninguna les hacía caso”, por lo que los siguientes años tuvieron que aprender a cortejar a una sola, comentó.

Los ejemplares más grandes de El Uno cuentan apenas con 7 años, y aunque en promedio viven 20, de acuerdo con su calidad de vida pueden llegar hasta los 30 años.

Sus cuernos están formados por hueso cubierto de queratina, la misma sustancia que forma las uñas y el cabello del hombre, y mientras que las hembras los tienen más cortos, en los machos se aprecian más curveados y separados.

Aunque la manada de Janos nunca ha atacado a nadie, el levantamiento de la cola cuando hay alguien cerca es un motivo de alerta para sus cuidadores, aunque también la levantan cuando defecan o cuando están a punto de parir.

Este año se espera abrirles una hectárea más hacia el oeste para incluir un poco de diversidad de hábitat con un cerro y áreas con mayor mezquite.

Durante casi todo el día se mantienen en movimiento y alcanzan una velocidad de aproximadamente 60 a 70 kilómetros por hora, y pueden recorrer cerca de 40 kilómetros sin parar, es decir cerca de 40 minutos.

El gasto operativo anual del proyecto va de 1.5 a 3 millones de pesos, y hasta hoy ha sido considerado como un éxito para los pastizales y para la recuperación de la propia especie.

Aunque todavía se analizan las acciones que se harán cuando la manda alcance sus 160 integrantes, una de ellas podrían ser la formación de manadas satélites de 30 a 40 individuos compuestas por animales de todas las edades, algunos con experiencia, hembras reproductivas y adolescentes, para que la manada sea madura.

Existen también diversas opciones para cuando los ejemplares alcancen una edad mayor, entre los 20 y 30 años, como la caza deportiva, la ganadería o la caza fotografía.

“A lo mejor hacemos una muestra gastronómica con un bisonte adulto, todavía no sabemos, pero existen muchas opciones”, comentó luego de que en Estados Unidos se utiliza vende su carne como cortes o para hamburguesas.

Su piel también puede ser utilizada en la producción de muebles y bolsas, aunque la prioridad a corto plazo es la permanencia de una manada sana, dijo el ecologista.

PERRITOS, ECOLÓGICAMENTE CLAVES

A los perros llaneros no le gusta el pasto largo, por lo que cuando los bisontes comen el pastizal estos también comienzan a formar más colonias en la zona. Es ahí cuando ambas especies comienzan a compartir su hábitat.

Miles, quizá millones, de los también llamados perritos de la pradera de cola negra son considerados como una especie ecológicamente clave para los pastizales.

Al establecerse en numerosas colonias impactan profundamente el ecosistema, de tal manera que modifican el paisaje, incrementan la heterogeneidad ambiental e inciden en la diversidad biológica, detalla la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) en Biodiversitas.

Aunque a principios de 2014 su aparente disminución preocupó a los estudiosos de la reserva de Janos, a finales del mismo año comenzó a notarse una mayor proliferación de los mamíferos de la familia de las ardillas, cuyo cuerpo robusto, ágil y fácil de confundir con las tonalidades del desierto. Pesa aproximadamente un kilogramo.

De acuerdo con Esquer Robles, se siguen analizando los motivos, pero se cree que algún tipo de plaga los afectó de manera temporal, ya que actualmente se pueden observar numerosas familias con pequeñas crías en sus madrigueras.

Mientras que en los alrededores las familias cuentan con tres o cuatro crías, las colonias de El Uno se conforman por hasta siete perritos en cada madriguera, destacó.

Los perritos de las praderas son esenciales para mantener los pastizales e impedir la desertización y la invasión del mezquite, ya que destruyen los mezquites y otras plantas invasoras que proliferan en áreas sobrepastoreadas, explica la Conabio.

Al cavar las madrigueras formadas por laberintos de túneles de hasta 34 metros de largo y 5 metros de profundidad, y destruir la vegetación erguida en el desierto, favorecen las propiedades físicas y químicas del suelo, el ciclo hidrológico, la estructura de la vegetación, la descomposición de material vegetal y las relaciones interespecíficadas de vertebrados e invertebrados.

“Mucha gente piensa que los perritos son plagas que se acaban el pasto, pero lo que realmente hacen es generar zonas de alta calidad de pastizales, por ello son una especie clave y prioritaria en estas zonas”, dijo Esquer Robres.

REFUGIO DE AVES MIGRATORIAS

Gracias al buen trabajo de los bisontes y los perritos de la pradera, los pastizales de Janos constituyen un importante sitio de invernación de aves que viajan desde Canadá hasta la Patagonia.

Por ello, la zona es considerada uno de los 2 mil humedales que, de acuerdo con la Convención Ramsar, existen en 160 puntos del mundo, de importancia internacional por ser adecuados para la conservación de la diversidad biológica mundial y para el sustento de la vida.

Los sitios Ramsar son reconocidos como hábitat de fauna y flora características, especialmente de aves acuáticas, claves como hábitat y sitios de alimentación de las aves migratorias hemisféricas, por lo que su pérdida sería irreparable.

Aves que viajan de Canadá a Argentina y viceversa descansan, se alimentan e incluso anidan en los pastizales de Janos y luego continúan con su destino.

Una de estas especies son los halcones de Swanson, que llegan en verano y “en agosto se reúnen, hacen grupos como de 100 y se van hasta Argentina”, comentó Esquer Robles.

Hay otros que vienen de América del Sur con destino a Canadá o Estados Unidos, como el gavilán Northern Harrier, el aguililla real y el águila cabeza Blanca, algunos en invierno y otros en verano.

Janos también cuenta con su propia especie de águila real, de la cual actualmente se tienen detectados siete nidos identificados alrededor de El Uno, ya que permanecen siempre cerca el pastizal.

Fuente: Hérika Martínez Prado | NorteDigital.mx. Crerative Commons.

 
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