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UN PEDAZO DE PATRIA: AGUASCALIENTES
Escrito por fuentes citadas   

Desde su fundación en 1575, la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes fue un punto estratégico. Lugar equidistante al océano Pacífico y al Golfo de México, ubicado en la meseta central, al norte de las tierras fértiles del Bajío y al sur de los desiertos norteños, sus condiciones geográficas permitieron el desarrollo de cientos de haciendas que crecieron bajo el amparo del célebre Camino Real de Tierra Adentro -también conocido como la ruta de la Plata que venía desde Santa Fe (Nuevo México), y llegaba hasta la capital novohispana, pasando además por Zacatecas, San Luis Potosí y Querétaro, entre otras poblaciones.

Durante el México virreinal Aguascalientes formó parte del reino de Nueva Galicia cuyo gobierno tenía su sede en Guadalajara. Al consumarse la independencia, su territorio se unió al estado de Zacatecas hasta 1835, cuando, según cuenta la leyenda, doña María Luisa Fernández Villa de García Rojas solicitó a don Antonio López de Santa Anna la independencia de Aguascalientes y su erección como estado libre y soberano. El caudillo jalapeño aceptó a cambio de un beso de la hermosa mujer, el cual dio la noble señora sin miramientos. El marido se hizo “ojo de hormiga” pero curiosamente fue nombrado primer gobernador del estado.

El visitante ocasional, el turista o el hombre de negocios con algo de tiempo libre, puede ver esta historia plasmada en los muros del Palacio de Gobierno -bajo la óptica del maestro chileno Oswaldo Barra Cunningham quien fuera discípulo de Diego Rivera- y así comenzar un recorrido por el centro histórico de la ciudad, visitando los edificios más atractivos por la memoria que guardan.

La plaza de la Patria, coronada con una columna realizada por Manuel Tolsá en 1808, invita a conocer la Catedral Basílica edificada en la primera mitad del siglo XVIII. A un costado se encuentra el célebre Teatro Morelos -recinto que en octubre de 1914 abrió sus puertas a las principales facciones revolucionarias dispuestas a decidir el futuro de la patria.

Aunque la entrada principal al teatro Morelos se encuentra permanentemente cerrada –el recinto sólo se abre para algunos actos oficiales-, en la parte posterior se encuentra un pequeño acceso por donde es posible ingresar. El teatro aún huele a Patria. En sus corredores pueden verse las imágenes de las sesiones de la Soberana Convención Revolucionaria y en el pequeño museo de sitio, se encuentra la mesa donde fue colocada la bandera firmada por Obregón, Villa, Ángeles y otros revolucionarios más cuyos intereses personales pudieron más que el interés nacional y todo terminó en una terrible guerra fratricida. Los visitantes de macabro humor también pueden apreciar la mascarilla mortuoria de Pancho Villa que muestra claramente las partes de su rostro tocadas por las balas asesinas.

Durante varios siglos, Aguascalientes fue un lugar propicio para el desarrollo de importantes haciendas ganaderas y agrícolas. El status que brindaban las grandes extensiones de tierra –además de la riqueza, por supuesto-, hizo florecer propiedades con miles de hectáreas. El convulsionado siglo XIX y el no menos violento inicio del XX, así como el reparto agrario de la década de 1930, dieron cuenta de la mayoría de las haciendas. Muchas fueron destruidas, otras abandonadas, algunas más lograron conservar si acaso, la casa grande y el casco.

Para aquellos curiosos que buscan conocer un poco más de cada región, en Aguascalientes se antoja imprescindible la visita de varias haciendas ubicadas a pocos minutos de la ciudad y en cuyos muros, trojes, jardines y habitaciones aún pueden escucharse las voces del pasado. Pero la que aquí nos ocupa es la Hacienda de Pabellón.

Esta finca del siglo XVII, fue construida como capilla de San Blas y posteriormente funcionó como casa grande y trojes. Como museo abrió sus puertas el 12 de octubre de 1964, con el objetivo de difundir el movimiento de Independencia. Sus cuatro salas permanentes están divididas de la siguiente manera: museo de sitio de la comunidad, galería de héroes y próceres, guerra de la Independencia y hacienda de Pabellón de Hidalgo (reproducción a escala).

“El bribón del cura”, así llamó Ignacio Allende a don Miguel Hidalgo cuando sus diferencias se hicieron insostenibles y la derrota definitiva los alcanzaba. Huyendo de las tropas realistas, luego de haber sido destrozados en la batalla de Puente de Calderón, cerca de Guadalajara, los maltrechos insurgentes llegaron hasta la Hacienda de San Blas donde el cura de Dolores fue destituido del mando. Ubicada en Pabellón de Hidalgo, la vieja construcción alberga hoy el Museo de la Insurgencia donde se exhiben piezas y documentos de los aciagos años de la guerra de independencia. Sólo queda en pie la casa grande y se levanta como un sitio más de la llamada Ruta Hidalgo.

Fuente: Articulo autoría de Alejandro Rosas. Comisión Organizadora 200 años del inicio de la Independencia y 100 años del comienzo de la Revolución. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México - Unidad Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. Creative Commons.

 
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