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BREVE HISTORIA DE LA GANADERIA EN CHIHUAHUA

ANTECEDENTES DE LA GANADERIA EN CHIHUAHUA

El origen de la ganadería del Estado de Chihuahua fue por demás modesto, como lo han sido las grandes empresas que caracterizan el empeño del hombre.

Durante los primeros años de la exploración y colonización española de lo que hoy es el Estado de Chihuahua, el ganado era temporalmente introducido y utilizado, casi en su totalidad, para la alimentación de soldados y colonos. Posteriormente, ya a finales del siglo XVI, se formaliza la crianza de ganado en la región del sur del Estado, correspondiendo al capitán Cristóbal de Ontiveros el mérito de ser el fundador de la ganadería chihuahuense. Como dato preciso, en 1590 funda con sus hijos la estancia ganadera de “Roncesvalles" en las cercanías de Parral, dándose así la base de la actual ganadería del Estado de Chihuahua.

Para el año de 1598, la hacienda de los Ontiveros se había convertido en un importante venero de ganado bovino. De ella salió un gran número de las siete mil cabezas que el adelantado Don Juan de Oñate y sus 130 vaqueros llevaron hasta la "Estancia de los Caballeros", hoy Santa Fe, capital del Estado de Nuevo México en los Estados Unidos.

Ya en el siglo XVII, con el crecimiento de la población y multiplicación de la ganadería, se crearon nuevas haciendas, viéndose los colonos de la época dedicados a la ganadería, en la necesidad de buscar nuevos pastos. El avance fue gradual hacia la región central del Estado. A este peregrinar en pos de mayor espacio para la cría de ganado, se debió en parte el descubrimiento de importantes centros mineros, algunos todavía en producción.

La ganadería de aquellos años era una industria rústica, pero acorde a las necesidades de la época. Si bien la carne era la base de la alimentación, comparativamente su valor era bajo, pues el cuero y el cebo tenían mayor valor y demanda, para la fabricación de los arreos de trabajo, así como para la fabricación de jabón y velas.

Aunque el ganado bovino era el más numeroso, la cría de equinos también fue muy prospera, gracias a los pastizales abundantes y de buena calidad, así como a su gran demanda que tuvieron para el transporte y la milicia.

Asimismo la crianza de cabras ovejas y cerdos, fomentada por los misioneros jesuitas que llegaron a evangelizar la región serrana, creció en forma importante durante los siglos XVII y XVIII.

Con la fundación de la ciudad de Chihuahua en 1709, aparecieron grandes latifundios que por mucho tiempo caracterizarían el Estado. Dichos latifundios iniciaron su formación gracias a las concesiones otorgadas por la corona española, formándose hatos ganaderos de 10 mil a 100 mil cabezas de ganado bovino y equino. Cabe mencionar que no se trataba de concesiones temporales, sino de derechos definitivos y heredables.

Se pusieron de moda los denuncios de tierra: De esta manera el español Benito Pérez de Rivera adquirió las haciendas “El Sauz" y "Encinillas", situadas al norte de la ciudad de Chihuahua. Tiempo después, estas haciendas jugarían un papel principal, a manera de centro de la ganadería del Estado.

Los herederos de Pérez de Rivera vendieron las haciendas al General Zubiate, cuyos sucesores a su vez la traspasaron a Don Manuel de San Juan y Santa Cruz quien en 1748 fue embargado por la hacienda real. Ante este acontecimiento, durante casi 40 años, empleados de la hacienda real se hicieron cargo de la administración de dichas tierras, hasta 1786 fueron vendidas al Conde de San Pedro de Álamo quien adquirió nuevas mercedes de tierra, constituyendo un enorme latifundio que se extendía desde las goteras de la ciudad de Chihuahua hasta los Médanos de Samalayuca ya casi en la actual. frontera con los Estados Unidos.  

La administración del enorme latifundio quedó a cargo de Don Pedro Guemes y Bustamante y de Don Felipe González de Cossío. Pasado el tiempo, los familiares de este último adquirieron estas propiedades

El poseer grandes extensiones ganaderas, estaba acorde con la idiosincrasia y condiciones socio-económicas de la época. Los problemas legales a que se enfrentaban los propietarios, eran el impedir daños a las tierras de cultivo de los vecinos de las poblaciones y el no afectar las tierras comunales de pastorales que tenían cada población esto era el ejido español en su antiguo concepto de la Europa medieval.

También tenían un muy grande problema que enfrentar: La aparición de los apaches, excelentes guerreros y ladrones de ganado, que siempre jugarían un papel muy importante dentro de la historia de la ganadería; Podríamos decir que es el apache el más remoto ancestro del abigeo, azote del ganadero que hasta nuestros días no se ha podido exterminar.

Se inicia el siglo XIX y con el la guerra de independencia que cambiaría el destino de los habitantes de la Nueva España. A pesar de que esta guerra no se desarrolló en territorio chihuahuense, tuvo ciertas consecuencias para la economía regional, agravándose la situación después de cambios de gobernantes hicieron que la actividad ganadera regional disminuyera.

A mediados del siglo aparece en escena Don Luis Terrazas Fuentes, quien se convertiría en puntal de la ganadería mexicana. Hijo de Juan Terrazas y Petra Fuentes, vecinos de la región de Satevó,  nació en Chihuahua en el año de 1829 y para 1859 ya era uno de los terratenientes del Estado. La primera escritura a su favor data del 7 de enero de 1851, siendo esta la correspondiente a la propiedad heredada de su padre situada en la margen izquierda del Río Chuviscar.

No se sabe a ciencia cierta cuando se iniciaron las operaciones en gran escala de Don Luis, pero se cuenta que diez años después de heredar su primera propiedad, ya efectuaba compras considerables de ganado, y como cada cabeza adquirida requería de más terreno para su crianza y desarrollo, fue haciéndose cada día de mayor cantidad de ranchos.

Las veinte haciendas ganaderas que llego a tener Don Luis sumaban un total de dos millones 639 mil 954 hectáreas equivalentes a la novena parte de la superficie total del Estado, aunque se presume que el imperio terracista abarcaba cuatro millones 460 mil cien hectáreas.

En cuanto a cabezas de ganado, nadie sabe con exactitud cuantas llegó a poseer Don Luis. Hay quien dice que fue dueño de un millón de vacunos, ovinos tenía 250 mil y entre caballos, asnos y mulas, sumaban 150 mil cabezas.

Los herraderos de becerros en las haciendas de Don Luis Terrazas alcanzaron números cercanos a los 140 mil en un año sin contar los ejemplares de ganado caballar, ovino y porcino. Mención aparte merece la caballada de Don Luis, ya que sus bestias se contaban entre las de mejor sangre del país.

A propósito de Don Luis Terrazas, escribió un norteamericano: "La Historia de los imperios ganaderos del mundo, no podría ser mencionada sin nombrar a Don Luis Terrazas, como en la historia de Estados Unidos de América no puede dejar de mencionarse a George Washington”.

Chihuahua es quizá el Estado donde se impulso de manera más absorbente e injusta el régimen latifundista de la propiedad individual, como consecuencia de la legislación sobre terrenos baldíos y nacionales expropiados. A partir de 1875, con el apoyo de los gobiernos de Lerdo de Tejada, González y Porfirio Díaz, las concesiones a particulares y a compañías para realizar deslindes, mediciones, fraccionamientos y evaluaciones, ocasionaron grandes perjuicios a las clases pobres, pues les cercenaron parte de su fuerza económica. Los particulares y compañías favorecidas con dichas concesiones, tenían derecho a la tercera parte de los terrenos que deslindaron cometiéndose verdaderos despojos contra pequeños propietarios y poseedores enajenados.

Entre las principales compañías se cuentan la de Ignacio Gómez del Campo y socios, Jesús E. Valenzuela y socios, Lauro Carrillo y socios y la de Antonio Asúnsulo.

Gran parte de la economía del latifundio ganadero descansaba en la exportación de novillos hacia Estados Unidos y en el mercado de la ciudad de México. En esos años ya existían las engordas, que proveían al mercado nacional de importantes cantidades de carne, alcanzando un consumo promedio de 17.4 kilos al año por habitante. Actualmente el promedio ha descendido a 10.8 kilos anuales por persona.

No obstante el rendimiento ganadero se veía constantemente mermado por la amenaza apache, feroces huestes de estas tribus llegadas del norte en mortales  oleadas, asolaban ranchos y poblados combatiendo encarnizadamente el avance de la civilización y de la ganadería.

 

La lucha contra los apaches duró más de doscientos años, no terminó como equivocadamente se cree, con La muerte en "Tres Castillos" del temido indio Victorio, pues ganaderos del otro lado de la frontera continuaron azuzando y armando a numerosos jefecillos indios, que por años siguieron cometiendo cuantiosos robos de semovientes, hasta que fueron sometidos en 1896 por el ejercito federal auxiliados eficazmente por grupos de ganaderos norteños.

El acaparamiento desmedido y el trato despótico de muchos terratenientes hacia sus empleados provocó un clima de descontento en el Estado. Se dieron casos en que las familias que habían poseído un lote o solar a través de generaciones, de pronto se encontraban con que ya no eran dueños ni de sus casas, porque habían sido absorbidos por el latifundio.

Ante esta situación, cuando en 1910 estalla la Revolución, encontró en nuestro Estado un campo abonado para su expansión. Los revolucionarios de Chihuahua, supieron sacar provecho de la riqueza ganadera del Estado, financiando el movimiento con el producto de la exportación de grandes hatos hacia Estados Unidos. En 1913, siendo Francisco Villa gobernador provisional de Chihuahua, ordenó que todos los expendios de la ciudad vendieran a 15 centavos el kilo de pulpa y a 10 centavos el de carne con hueso, ordenando que se trajera ganado de donde se encontrara, por supuesto sin costo alguno

Así file como paradójicamente, el latifundio ganadero colaboró a cavar la tumba del sistema político que lo había creado.

Puede decirse que la ganadería chihuahuense ha sido industria en constante evolución. A lo largo de su historia, los criadores de ganado, principales protagonistas de la misma, se han preocupado por mejorarla introduciendo diversas razas en la búsqueda de nuevas cruzas con mejores características de producción.

Un paso histórico de gran trascendencia en este sentido ocurrió en 1883, cuando Don Félix Francisco Maceyra, ganadero chihuahuense y en ese entonces Gobernador del Estado,  introdujo unos ejemplares de ganado cebú comprados a un circo de Nueva Orleans donde eran exhibidos como bichos raros. Don Félix logró aclimatar los animales a sus haciendas "Bachimba" y "Los Remedios" al sur de la ciudad de Chihuahua, ya en la zona desértica; iniciando una serie de cruzamientos con su ganado criollo español que le rindió excelentes resultados formándose así el famoso ganado "Bachimbeño" conocido por su mayor tamaño, bravura y resistencia a la sequía.

El ejemplo de Don Félix Maceyra fue seguido por otros ganaderos no solo con el ganado cebú, sino también con otras razas de origen británico acreditadas en el mundo por su calidad y rendimiento. Al respecto, fue sin duda la introducción de la raza Hereford la que revolucionó la ganadería en Chihuahua. Existen diferencias de opinión sobre su introducción al Estado, y aunque se sabe que Don Luis Terrazas trajo toros de esta raza, además del ganado introducido a la región de Babícora y de Ascensión entre los años de 1883 y 1885, se atribuye la introducción formal de la raza Hereford a Don Abraham González, ganadero prócer chihuahuense, quien en 1904 trae un pie de cría consistente en 100 vaquillas y 36 toretes procedentes de Kansas E.U.A. , como es bien sabido el encaste de este ganado Hereford con el ganado criollo español existente no se hizo esperar, originándose así el famoso ganado "Cara Blanca de Chihuahua”.

La absorción del ganado de origen español fue gradual pero consistente, contribuyendo a ello la introducción de otras razas como la Shorthorn o Durham traída por los inmigrantes Mormones y Menonitas, así como la raza Aberdeen Angus traída a Chihuahua por William Benton, ingles radicado en Chihuahua. Estas razas y otras más, traerían tiempo después valiosas aportaciones para el desarrollo de la ganadería.

Como ya se indicó, con el siglo XX llegó la Revolución Mexicana, movimiento armado que trajo dramáticos cambios a la vida de Chihuahua, que obviamente afectaron a la ganadería. El progreso de la ganadería se estancó, las tierras cambiaron inesperadamente de propietario y el número de ganado fue sistemáticamente mermado hasta casi quedar los ranchos desolados. El ganado llegó a escasear y tuvo que traerse de Sonora y de Estados Unidos para surtir el abasto local.

Este forzado descanso de los pastizales de Chihuahua, provocó una notable mejoría en la condición de los mismos, preparándose coincidentemente para una nueva fase de la ganadería de Chihuahua. En esos años (1920-1923) una gran sequía azotó al sur-oeste de los Estados Unidos, concertándose un acuerdo de arrendamiento que significó la entrada de 68 mil cabezas de ganado "Gringo" en su mayoría de la raza  Hereford. Dicho ganado fue conocido como "Colas Quemadas" por su marca de fuego que se les había aplicado para su control precisamente en la región caudal.

Contra lo que se pudiera creer, las colas quemadas no dejaron ningún provecho a nuestra ganadería en cuanto al mejoramiento del pie de cría existente, pues no se permitió la venta de vaquillas o sementales; solo quedarían accidentalmente unos 780 animales de los conocidos como "alzados" los que fueron vendidos en 1920 a un señor de apellido Bagby, dueño del rancho "La Gregoria".

El único "beneficio" que dejaron los "colas quemadas" fue la hierba tóxica conocida como la alfombrilla (Drymaria arenaroides), que se desarrolló cuando el ganado gringo acabo con los pastizales. La alfombrilla fue descubierta por un veterinario americano y por el Dr. Alejandro Cuilty de Chihuahua. En el año de 1954 se produjo una gran mortandad de ganado bovino, al grado de que la Unión Ganadera Regional de Chihuahua llegó a ofrecer cuantiosos premios a quien diera con la causa, siendo varios ganaderos junto con otros vaqueros, quienes encontraron el mal; era la tóxica "alfombrilla” herencia de los "colas quemadas”.

Por esos mismos años se inició la formación de un país dentro de otro; a principios de 1921 llegaron los Menonita trayendo, como ya se dijo, su ganado Durham o Shorthorn y caballos de tiro, estos colonizadores de origen holandés, procedían de Canadá y en el tiempo que llevan instalados en varias regiones del Estado particularmente en la zona de Cuauhtémoc, produciendo leche, queso, embutidos y avena, han progresado considerablemente gracias a su laboriosidad y disciplina.

Todos estos acontecimientos sucedidos en los años veintes, culminaron para el sector ganadero con la formación de la Asociación de Ganaderos de Chihuahua en el mes de noviembre del año de 1925, la cual se llamó Cámara Nacional Ganadera de Chihuahua y fue la base para la actual Unión Ganadera Regional de Chihuahua.

De 1929 a 1932 se realizaron grandes operaciones comerciales de ganado con los Estados Unidos de Norteamérica, no obstante la fuerte depresión económica de ese país. Para el año de 1937 ya vencida la crisis económica, los engordadores norteamericanos adquieren grandes cantidades de becerros chihuahuenses principalmente "aguilillas" o "caras blancas"

Durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas se inicia la reforma agraria, estableciéndose las concesiones de inafectabilidad ganadera por 25 años y fue expedida también la Ley de Asociaciones Ganaderas, lo cual dio la base jurídica para la fundación de las Uniones Ganaderas.

Las exportaciones ganaderas, importantes generadoras de divisas para la economía del país, solo se vieron interrumpidas durante el año de 1946, cuando apareció la fiebre aftosa, lo cual ocasionó que se establecieran numerosas empacadoras, muchas de ellas aún en funcionamiento.

La fiebre aftosa se prolongó por más de siete años, disminuyendo en mas del 50% la producción ganadera de los Estados exportadores. Durante la campaña contra esa epizootia, el sector ganadero de Chihuahua se distinguió por su actividad, marcando pautas para su erradicación, aún cuando nuestro Estado quedó libre de la enfermedad, las autoridades sanitarias del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos ordenaron el 26 de diciembre de 1946, el cierre de la frontera a la importación de todo el ganado mexicano, perjudicando gravemente la economía del Estado y del país.

Como el ganado chihuahuense no resultó afectado por la fiebre aftosa, se determinó el envío de bovinos jóvenes de raza Hereford a la capital del país., para que fueran utilizados en la producción de vacuna y en las pruebas de inocuidad y potencia de la misma. Esto vino a solucionar en parte el problema de cierre de la exportación ya que la comisión México-Americana para la erradicación de la fiebre aftosa, adquirió en 1949 para tal propósito cerca de 57 mil cabezas de ganado.

La inexistencia de la fiebre aftosa en el país se decreto en 1955, y después de 34 años no se ha vuelto a atender un solo caso, gracias a los efectivos métodos aplicados por Sanidad Animal del Gobierno Federal.

Con estos eventos se puede decir que nació la ganadería moderna en Chihuahua, adoptándose una serie de prácticas ganaderas de los Estados Unidos, que caracterizan a la ganadería chihuahuense. La introducción de nuevas razas es parte de ello y en 1954 es introducida la raza de ganado Santa Gertrudis por el señor Dick R. Watking. Dos años después se introduce la raza Charoláis por el Lic Oscar Flores Sánchez a la zona desértica del Estado.

Este tipo de actividades en pro del mejoramiento genético de la ganadería fue continuo y a finales de la década de los sesenta se inicia la cría de ganado Brangus en la región de Buenaventura, que años después revolucionaría la ganadería del Estado. Otras introducciones más recientes de razas de bovinos que vale la pena mencionar son la Beefmaster en 1984, la Limousin en 1985, la Salers en 1988.

Finalmente después de esta breve crónica, cabe una reflexión: El Estado de Chihuahua es grande, tanto en su superficie como en el espíritu de su gente; siendo grande su aportación en esta actividad para el enriquecimiento de nuestra historia cultura y economía.

 

 

http://www.tecnovet.com.mx/articulos/ar23Breve.html

Conferencia sustentada por MVZ Delfino González Domínguez, Septiembre 1989.

Redacción corregida por Ing. Luis Octavio Parada González

 
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