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LA BATALLA DE LA ESTACIÓN DE LAGOS

 

Después de la Decena Trágica del 13 al 22 de febrero de 1914 en la que perdieron la vida D. Francisco I. Madero y el Lic. Francisco Pino Suárez; y luego, D. Gustavo A. Madero; el gobernador de Coahuila D. Venustiano Carranza abandera el Movimiento Constitucionalista desconociendo el Gobierno del usurpador Victoriano Huerta. Diversos grupos de civiles empuñaron las armas en todo el País, constituyéndose en jefe supremo de las fuerzas que protestaban por tal crimen. Entre esos grupos destacaba Francisco Villa; notable por su valentía y conocimientos naturales en el arte de la guerra. Los golpes a sus adversarios, audacia y valentía, escribieron hazañas en los momentos difíciles en que a sangre fría, sus ataques causaban terror entre sus atacantes. Pronto se hizo famoso hasta que logró integrar la famosa División del Norte.

Pero luego vinieron las diferencias entre Francisco Villa y Venustiano Carranza. Primero fue la muerte del súbdito inglés Williams H. Benton a manos de Rodolfo Fierro. Luego, por los comentarios que hizo cuando el 9 de abril de 1914 desembarcan unos marinos norteamericanos en el río Pánuco, cuando dijo: “Yo a esos bolillos me los ceno en una botana…” Y lo que vino a romper definitivamente sus relaciones, fue la desobediencia de Villa ante los ordenamientos de Carranza para la toma de Zacatecas el 24  de junio de 1914. Villa se regresa a Torreón y de plano, desconoce a Carranza.

Intervienen algunos militares con la esperanza de terminar con estas dificultades y deciden reunirse en la Ciudad de México. Pero como en estas reuniones el ambiente no era favorable para los revolucionarios del norte, se propone una Convención General para el 10 de octubre en Aguascalientes; por considerarlo geográficamente el centro del País.

Conservo en mis archivos una copia de las intervenciones que hicieron Francisco Villa y el zapatista Lic. Antonio Díaz Soto y Gama; obsequio de mi fino amigo el cronista de Aguascalientes, D. Alejandro Topete del Valle.

Ahí,  el 1º. de noviembre de 1914 nombran presidente interino a Eulalio Gutiérrez. Todos los templos de la ciudad repicaron sus campanas porque  con esto, se ponía fin a la Revolución Mexicana. La División del Norte y Zapatistas marchan a la Ciudad de México a garantizar los acuerdos habidos en la Convención. Venustiano Carranza no los reconoce y traslada su cuartel general a Veracruz.

Aquí termina la Etapa Constitucionalista y sigue la tercera parte de la Revolución Mexicana… Carranza contra Villa… villistas contra carrancistas….

Como anotamos anteriormente; Carranza no reconoce a Eulalio Gutiérrez, quien huye hacia el norte; pero, es derrotado por los carrancistas. Obregón ocupa nuevamente la capital de la República y luego se dirige al norte a combatir a Villa.

En Jalisco, los villistas y carrancistas se pelean por ocupar la capital del estado. Por el bando constitucional, Manuel M. Diéguez, Manuel Aguirre Berlanga y Tomás López Linares son gobernadores de la entidad. También el villista Julián Medina, con quien participan los laguenses Mariano Azuela y su compadre José Becerra y Villalobos, es gobernador de Jalisco en dos ocasiones: Del 17 de diciembre de 1914 al 18 de enero de 1915; y del 13 de febrero al 17 de abril de 1915. Entre tanto, Diéguez gobernaba el estado desde Ciudad Guzmán. Cuando Guadalajara es ocupada  por los carrancistas, los villistas se van a Lagos de Moreno. Después, el Gral. Medina se va a Estados Unidos.

Por otro lado, villistas y carrancistas presentan cuatro grandes batallas entre Celaya y Aguascalientes. Hay quienes consignan que se enfrentaron cuarenta mil combatientes por cada bando. La primer batalla fue en Celaya los días 6 y 7 de abril de 1915; la segunda fue los días 13, 14 y 15 del mismo mes en la misma ciudad. La tercera, del 1º. al 5 de abril entre Silao y León y que yo llamo la Batalla de la Trinidad Pomona.

Obregón ocupaba la hacienda de Santa Ana del Conde y aquí fue donde una puerta de mezquite recibió un cañonazo villista y un madero voló por los aires y fue a dar contra la humanidad del Gral. Obregón y casi le cercenó el brazo. Equivocadamente lo llaman “El Manco de Celaya”. Yo conozco el lugar porque ahí viví varios años y era tradición entre los antiguos del lugar que fueron testigos de los hechos en su juventud de algo que no está consignado en la historia. El Dr. Osornio, su médico de cabecera, luego que le administró los primeros auxilios y verlo en condiciones tan lamentables, opinó llevarlo de emergencia a León para atenderlo convenientemente. Pero cómo sacarlo; la estación de la Trinidad estaba llena de villistas. Llamaron a un grupo de mujeres, vistieron de mujer al Gral. Obregón y así lograron burlar la vigilancia de los norteños y pudieron salvarle la vida al Gral. carrancista. Yo viví varios años  en esta hacienda de Santa Ana del Conde, cuyos datos históricos algún día publicaré; partiendo desde que estas tierras, en tiempos coloniales, fueron obsequiadas a colonizadores del Valle de Señora.

La cuarta batalla fue en las proximidades de Aguascalientes; del 6 al 10 de julio. Villa estaba acantonado en esta ciudad y Obregón en Encarnación de Díaz. Aquí vivió por espacio de tres meses. Ocupaba una casa por la calle Hidalgo que luego habitó D. Juan Flores.

Lagos de Moreno, por el lugar geográficamente estratégico en que se encuentra y riqueza ganadera de sus muchas haciendas, siempre fue antojadizo sitio de ambos bandos para reforzar sus caballerías. Villa giró instrucciones para intervenir varias haciendas y hasta la fábrica de hilados y tejidos La Nueva Victoria. Por lo que uno y otro bando impusieron a  los presidentes municipales del lugar: en 1914, el coronel villista Ismael S. Hurtado. Llegaron los carrancistas y dejan al Cor. Genaro S. Kimbal. Otros villistas fueron el Cor. Francisco S. Lomelí  y el poeta laguense Francisco Guerrero Ramírez,  de quien  luego hablaremos.

A fines de junio de 1915  fue la Batalla de la Estación de Lagos. Como queda dicho, Villa estaba en Aguascalientes y Obregón en la Encarnación. Entonces, el Gral. Fierro con movimiento atrevido que realizó con todo sigilo y  a pesar del espionaje que Obregón tenía, no se dio cuenta a tiempo del movimiento villista, hasta encontrarse ya muy lejos del cuartel obregonista de la Encarnación.

Las miras de Fierro eran, atacar a León o a Lagos, o apoderarse de valioso convoy con suministros y pertrechos obregonistas; interrumpiendo a su vez las vías férreas y así mantener incomunicado a Obregón.

La amenaza para la causa obregonista era terrible y el golpe inevitable; pues la guarnición de Lagos era reducida, que fue el primer punto que pudo tocar el villista. Era materialmente imposible para Obregón mandar auxilios de la Encarnación, pues dejaba desprotegida esa plaza y en manos del mismito Francisco Villa.

La situación era crítica; pero los lances como éste, eran donde salían a flote la clarividencia, pensamiento rápido y genio militar de Obregón. Era importante salvar el convoy  y también la plaza carrancista de Lagos.

Un mensaje telegráfico urgente de Obregón al general Diéguez; afortunadamente los villistas no habían destruido las líneas telegráficas; y esto hace que este jefe movilice mil doscientos hombres de León a Lagos.

Obregón encarecía a Diéguez rapidez y cautela, pues se temía una “apachada villista”; es decir, un sorpresivo ataque nocturno a la pequeña guarnición de Lagos. Fierro ignoraba la llegada del refuerzo; y tal vez como lo tenía previsto, la madrugada del 1º. de julio se lanzó sobre la plaza creyendo fácil y seguro el triunfo. Nunca pensaron encontrar tal defensa como la que hizo Diéguez en Lagos. Este jefe obregonista, que fue gobernador del estado de Jalisco, era un valiente a toda prueba y siempre fiel a la causa constitucionalista. En él privaba  siempre el optimismo y entusiasmo.

La Batalla de la Estación de Lagos, dio como resultado una victoria más a la causa obregonista y una derrota más a los villistas. En el campo de batalla quedó buen número de combatientes de ambos lados y hasta el propio Gral. Diéguez recibió un balazo en el brazo izquierdo al encontrarse combatiendo y rechazando a los asaltantes.

El cerro de San Miguel era guarnición carrancista y toda la estación; pero el combate se extendió a toda el área donde ahora están las colonias La Adelita, Tepeyac y el Seguro Social; La Higuera, Sepúlveda, La Palma, Los Ángeles y El Chipinque.

¡Qué horrible despertar de Lagos ese día! Montones de cadáveres de hombres y caballos, amigos o enemigos, juntos en el último momento. Los gritos de ¡Viva Carranza! o ¡Viva Obregón  de los grupos que regresaban a la población, luego de perseguir al enemigo, hicieron salir de sus casas a los desvelados vecinos de Lagos.

Triste cuadro presentaba para quienes se atrevieron a aventurarse a la estación del ferrocarril. Un cúmulo de cuerpos esparcidos por donde quiera reflejando en sus rostros lo angustioso de aquella noche. En el tren del Gen. Diéguez, su carro privado “El Atoyac”, tenía en su caja y cristales, todos los balazos que pudieron caberle.

El Gral. Diéguez se va a la Encarnación donde acompañó al general Obregón en la convalecencia de sus heridas recibidas en las batallas; éste, en la de Santa Ana del Conde; aquel, en la de Lagos. Tengo una fotografía en la que aparecen en los escalones de acceso a un vagón del tren; ambos con sus brazos en cabestrillo junto al Dr. Osornio. Esta fotografía les fue tomada en Encarnación de Díaz. Casasola erróneamente menciona que fue tomada en Lagos.

Fuente: Articulo autoría Ezequiel Hernández Lugo. www.am.com.mx. Publicado 18/11/2013.

 
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