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BATALLA DE VALLADOLID

 

La Batalla de Valladolid fue una acción, que se dio durante la Guerra de Independencia, en la cual tuvieron una importante participación las fuerzas insurgentes, bajo el mando de José María Morelos y Pavón, que combatieron contra las tropas realistas, dirigidas por el Brigadier Ciriaco del Llano y el Coronel Agustín de Iturbide. Tuvo lugar los días 23 y 24 de diciembre de 1813, en una localidad muy cercana a la ciudad de Valladolid (hoy Morelia), llamada Lomas de Santa María.

Las tropas de Morelos se componían aproximadamente de 5,600 hombres, quienes atacaron Valladolid, al medio día del 23 de diciembre de 1813, apoyados por las fuerzas de Hermenegildo Galeana, Nicolás Bravo y Mariano Matamoros.

En la mañana de ese día, Morelos envió un ultimátum al comandante de la plaza, el Coronel Domingo Landázuri, para que entregara la plaza, con la promesa de respetar su vida y la de los defensores realistas. Pero Landázuri comenzó a fortificar la ciudad y a esperar refuerzos por parte del Virrey Félix María Calleja, a fin de defender la plaza.

Después de un violento enfrentamiento, finalmente la ciudad no pudo ser tomada por los insurgentes, iniciando así una etapa de decadencia en la prestigiosa trayectoria militar de Morelos, ya que lo seguiría una cadena de derrotas, hasta culminar con el fusilamiento del “Siervo de Nación”, sin que por ello se deje de reconocer la gran labor que tuvo como organizador dentro de la insurgencia.

A través de la batalla aquí narrada, podremos encontrar a grandes hombres y mujeres, todos ellos con ideales que los llevaron a tomar las armas, para ver a su nación libre e independiente, sin llegar a importar los sacrificios que tuvieran que pasar. Ellos ofrendaron su vida, por lo que se estima conveniente conocer su origen y su importante contribución a cada una de las causas, y de esta forma valorarlos, ya que fueron escribiendo páginas gloriosas de nuestra historia nacional.

Antecedentes

Una vez iniciada la lucha de independencia en el pueblo de Dolores, el 16 de septiembre de 1810, por el Cura Miguel Hidalgo y Costilla y sus seguidores, se atrajeron muchos adeptos, entre ellos el sacerdote de Carácuaro, José María Morelos y Pavón, ofreciéndose como capellán de los insurgentes, en el pueblo de Charo; sin embargo, Hidalgo, intuyendo sus cualidades y atributos militares, lo conminó a insurreccionar la parte sur de la Nueva España, principalmente Acapulco.

De esta manera, iniciaría una de las carreras militares más importantes y de gran trascendencia, para la lucha armada iniciada en 1810, ya que será Morelos quien dé el empuje necesario a la insurgencia, así como la visión política indispensable, una vez que los iniciadores de ésta fueron hechos prisioneros y fusilados en Chihuahua, el 31 de julio de 1811. De esta forma, Morelos se convierte en el personaje idóneo para comandar las fuerzas insurgentes. Morelos cumplió la orden dada por Hidalgo, llevando a cabo una serie de campañas, a

las cuales fueron adhiriéndose sus más importantes colaboradores, como en Tecpan, donde se le sumaron los hermanos Hermenegildo y Juan Pablo Galeana, con un numeroso grupo de peones, que asistieron con gusto a engrosar sus fuerzas, hasta 3,000 hombres, aunque la mayoría desprovistos de armas. Poco después, en el poblado de Coyuca se le unió Juan Álvarez.

En su primer ataque al puerto de Acapulco, al ser amagado por los realistas y no poder tomarlo, se dirigió a Chilpancingo, en donde se le unieron los hermanos Bravo, don Leonardo, don Miguel y Nicolás (hijo del primero). De esta población se dirigió a Tixtla, integrándose a su ejército el joven Vicente Guerrero, y posteriormente continuó hasta Chilapa, donde organizó sus tropas. De ahí siguió su campaña hacia Tlapa, y una vez que tuvo el control de esa, se dedicó a sitiar Chiautla, la cual capituló en pocos días.

Al sentir su dominio sobre la región, Morelos decidió dividir su ejército, con el objetivo de ampliar su área de influencia; una parte la dejó bajo el mando de Hermenegildo Galeana, la cual debería atacar Taxco; la otra bajo el mando de Miguel Bravo, quien debía dirigirse a Oaxaca. La tercera permaneció bajo su mando, y con ella marchó hacia Izúcar; es precisamente en esta plaza donde se une a él, el Cura Mariano Matamoros, quien sería su lugarteniente más valioso, hasta su muerte.

De Izúcar, Morelos pasó a Cuautla, punto en donde se fortificó, ya que los realistas, bajo el mando del General Félix María Calleja, le pusieron un sitio, el cual duró 72 días, del 19 de febrero al 2 de mayo de 1812, y en donde el Ejército Insurgente dio muestras de gran valor y habilidad, para la defensa en cuanto al asalto de columnas o bombardeos, siendo un hecho significativo de este sitio, la entrada en escena de Narciso Mendoza, conocido como “el Niño Artillero”, y que concluyó con el rompimiento del sitio por parte de las tropas de Morelos, aun a costa de muchas vidas, al no aceptar el indulto ofrecido por Calleja.

Después del sitio de Cuautla, Morelos se dirigió nuevamente a Izúcar y luego a Chiautla, con el fin de organizar sus fuerzas, y es ahí donde se enteró de que a Leonardo Bravo lo habían tomado prisionero los realistas, y que había sido remitido a México, para ser juzgado como rebelde.

Una vez reorganizado su ejército, Morelos se dirigió a recuperar las plazas de Chilpancingo, Izúcar y Chiautla, que se habían perdido durante el sitio de Cuautla. Posteriormente derrotó de manera definitiva a los realistas en Zitlala, Tixtla y Chilapa, donde se le informa que Valerio Trujano se encontraba sitiado por los realistas en Huajuapan. El caudillo se dirigió al punto, y sorprendió al enemigo por la retaguardia, logrando con ello salvar al insurgente y a sus tropas.

Para combatir, Morelos prefería ejércitos pequeños y bien disciplinados, poniendo en práctica acciones que hoy tipificamos dentro de la táctica de “guerra de guerrillas”, por medio de desplazamientos rápidos, en distintas direcciones, y la difusión de noticias falsas acerca de sus movimientos, logrando con ello desconcertar al enemigo, a la vez que aumentaba sus provisiones y pertrechos, a expensas de sus adversarios.

En 1812, vinieron meses de esplendor en su carrera militar, como las tomas de Tehuacán, Orizaba, Oaxaca y Acapulco. Con la toma de este último, Morelos dominó casi todo el sur, pero surgieron conflictos entre los jefes insurgentes, ya que cada quien obraba como mejor le parecía, por lo que había que unir a los americanos bajo un solo gobierno.[1]

Es así que, a principios de 1813, Morelos se dio a la tarea de organizar a las fuerzas insurgentes, para lo que llamó a los integrantes de la Suprema Junta Nacional Americana, mejor conocida como Junta de Zitácuaro, e hizo elegir diputados para conformar el Congreso Constituyente, el cual estuvo integrado por Ignacio Rayón, Sixto Verduzco y José María Liceaga, entre otros.

Mandó solemnizar el 16 de septiembre, como aniversario de la Revolución de Hidalgo en el pueblo de Dolores, los días de los santos de Hidalgo y Allende, y el 12 de diciembre, festividad de la Virgen de Guadalupe. De igual manera se decidió quitar la máscara a la lucha de Independencia, dejando de tomar el nombre del Rey Fernando VII, para proteger a la causa independentista, y en cuanto a la Constitución misma, instó en la necesidad de excluir absolutamente el nombre del monarca. Todo esto sirvió para dar fuerza al movimiento de Independencia, dando inicio el Congreso de Chilpancingo.

El 14 de septiembre de 1813, se iniciaron las sesiones del Congreso de Chilpancingo, el cual se inauguró con un breve discurso leído por Morelos, en el que pronunciaba que la base de la Nación, se hallaba en tener un cuerpo de hombres sabios, amantes de su bien, que se rigiesen con leyes acertadas y diesen a la soberanía, todo el aire de majestad que le correspondía. Posteriormente, se dio lectura al documento que llevó por título: “Sentimientos de la Nación”. En este documento, Morelos consignaba las opiniones sobre el sistema político que convenía adoptar y la marcha que debía seguir el Congreso, proponiendo desde luego:

“Que la • América era libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía, y que así se sancionase, dando al mundo las razones.[2]

• La religión católica sea la única, sin tolerancia de otra.

• La soberanía dimana inmediatamente del pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes, dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judicial, eligiendo las provincias sus vocales, y éstos a los demás, que deben ser sujetos sabios y de probidad.

• Los empleos los obtengan sólo los americanos.

• La buena Ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen su opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

• Que para dictar una ley, se discuta en el Congreso, y decida a pluralidad de votos.

• La esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro, el vicio y la virtud.

• Que en la misma se establezca, por ley constitucional, la celebración del día 12 de diciembre en todos los pueblos, la devoción mensual.

Morelos fue nombrado, por unanimidad, Alteza Serenísima, lo cual rechazó, ya que lo creía superior a sus fuerzas y capacidad; sin embargo, el Licenciado Sixto Verduzco le invitaba a aceptarlo, ya que la voz del pueblo y el ejército lo habían decidido. Posteriormente se retiró a la Sacristía. Después de dos horas, refiere Alamán, finalmente cedió, y fue reconocido como el Primer Jefe Militar, en quien se depositaba el ramo Ejecutivo de la Administración Pública, reservándose el mismo Congreso dictar el tratamiento que había de dársele. De esta manera, relata tanto Alamán, como Bustamante, que Morelos quedó sometido desde el primer día al Poder Legislativo.

Una vez instalado el Congreso, Morelos les entregó el poder y su autoridad a los diputados. Como prueba de su patriotismo y valor, lo designaron Capitán General, con el tratamiento de “Alteza”. Él no quiso aceptarlo, y adoptó el de “Siervo de la Nación”.[3]

Morelos prestó juramento de “defender a costa de su sangre la religión católica; la pureza de María Santísima; los derechos de la nación americana; desempeñar lo mejor que pudiese el empleo que la nación se había servido conferirle”.[4] Posteriormente se realizó un Te-Deum.[5]

El 6 de noviembre de 1813, la Asamblea aprobó que se llevara a cabo la declaración de Independencia, redactada en su cuerpo principal por Carlos María de Bustamante y Andrés Quintana Roo. Al día siguiente, Morelos salió rumbo a Valladolid, para establecer el Congreso e invadir las provincias de Guadalajara, Guanajuato y San Luis Potosí. Fue así como dio inicio su cuarta campaña militar, después de haber realizado su tarea como legislador y organizador del movimiento independentista, triunfando los ideales republicanos.

Breve semblanza de los contendientes

José Ma. Morelos y Pavón. (1765-1815)

Al iniciarse el movimiento de Independencia y conocedor del levantamiento de Miguel Hidalgo, que había sido su rector en San Nicolás, decidió hablar con él. Al parecer, su intención era la de ofrecerse como Capellán, pero una vez llevado a cabo este encuentro, el 20 de octubre de 1810, Hidalgo le convence de que marche a la costa del sur, con el fin de reunir tropas y tomar el puerto de Acapulco, lugar que Morelos conocía muy bien. El 25 de octubre, acompañado de una veintena de voluntarios mal armados, Morelos parte de Carácuaro hacia las tierras calientes del sur, en calidad de lugarteniente de Hidalgo, con su reducido ejército, conformado por campesinos e indígenas, con quienes logró conquistar parte del sur del territorio de la Nueva España.

Morelos continuó luchando y ofreció su apoyo incondicional al Congreso, el cual, en 1814, logró publicar un Decreto Constitucional, donde se declaraba a la América Independiente de cualquier otra nación. Escoltando al Congreso rumbo a Tehuacán, fue hecho prisionero en Tezmalaca y conducido a la Ciudad de México, donde se le formó causa y se le condenó a muerte, lo cual se cumplió el 22 de diciembre de 1815, en el pueblo de Ecatepec.[6]

José María Morelos y Pavón es considerado una de las figuras más importantes de la lucha de independencia. Su actividad insurgente duró cinco años, durante los cuales fue capaz de desarrollar cuatro campañas militares, además de una obra política, doctrinal y administrativa, en la que se recoge un pensamiento avanzado, innovador y cargado de sentido popular y social. Para la época, se le reconoce su talento militar, capaz de enfrentarse y doblegar en varias ocasiones al Ejército Realista, superiores en número, bajo el mando del temible Félix María Calleja.

Félix María Calleja del Rey

Organizador y Jefe del Ejército del Centro (1810-1812) durante la guerra de independencia, y Virrey que gobernó de 1813 a 1816.

Félix María Calleja del Rey llegó a México en 1789, ostentando en un primer momento, el cargo de Capitán de Infantería, en el Regimiento de Saboya, que cambió por el del Regimiento de Puebla. Posteriormente fue promovido a Comandante de la Brigada de Infantería de la Intendencia de San Luis Potosí.

Al iniciarse el movimiento de independencia, y después de la exitosa y breve campaña de 1810, a las órdenes de Miguel Hidalgo, y ante los excesos de los rebeldes, el Virrey Francisco Javier Venegas ordenó a Calleja, marchar a la Ciudad de México en su auxilio, ya que los insurgentes habían cosechado una importante victoria sobre las fuerzas virreinales, en el Monte de las Cruces, muy cerca de la ciudad.

En las planicies de Aculco, derrotó por completo a los insurgentes bajo el mando de Hidalgo, y más tarde, en la Batalla de Puente de Calderón, en contra de Ignacio Allende. Como recompensa por su victoria, el Teniente General Félix María Calleja recibiría el título de Conde de Calderón. Reconquistó Guanajuato y Guadalajara, y combatió en contra de Ignacio López Rayón y de Morelos.

Después de fracasar en el sitio de Cuautla, en 1812, cuando Morelos logró salir, después de casi dos meses de sitio, Calleja regresó a la Ciudad de México, y recibió el cargo de Virrey, en reemplazo de Venegas.

Durante su gobierno se dio a la tarea de reorganizar la hacienda pública que estaba en bancarrota y el ejército mal pertrechado. Con el dinero obtenido, organizó un ejército poderoso y bien equipado, pagado y disciplinado.

Mientras tanto, Morelos continuaba sus brillantes campañas por el sur del país, buscando al mismo tiempo, una base política para su movimiento. Es durante este lapso, que el Virrey Calleja ordena, a finales de 1813, seguir detenidamente las actividades de éste, para lo cual formó el Ejército del Norte, bajo el mando del Brigadier Ciriaco del Llano, a fin de combatirlo, derrotándolo en la batalla de Valladolid, con lo cual vendría un declive en las fuerzas insurgentes. A pesar de ello, se proclamó la Constitución de Apatzingán, en 1814.

El 20 de septiembre de 1816, se le reveló del cargo, en 1818 regresó a España, y después de algunas actividades militares, falleció en Valencia, el 24 de julio de 1828.

Ciriaco del Llano

Militar español. Al estallar la lucha por la Independencia, en 1810, era Capitán de Fragata. En agosto de 1811, hizo su primera campaña contra los insurgentes, llevando el mando de una sección de tropa de marina y voluntarios de Cataluña.

Su primera batalla fue en la hacienda de San Cristóbal, en los llanos de Apan, contra las fuerzas insurgentes de José Francisco Osorno y Mariano Aldama. Aunque sufrió grandes pérdidas, desalojó a los insurrectos. Esto le valió que fuera ascendido a Coronel.

Posteriormente, hizo campaña en el sur del Virreinato de la Nueva España, combatiendo y sitiando Izúcar (más tarde llamada de Matamoros), donde fue derrotado. Marchó a auxiliar a Calleja en el sitio de Cuautla, contra Morelos.

Fue de los que combatieron con mayor valentía, por lo que se le ascendió a Brigadier, y posteriormente recibió la orden de Calleja, para defender la ciudad de Valladolid, a finales de 1813, en la cual, junto con Iturbide, logró derrotar a las fuerzas de Morelos. A principios de 1814, se volverá a enfrentar a los insurgentes, en la batalla de Puruarán, en la cual los venció completamente, haciendo prisionero a Mariano Matamoros, a quien fusiló poco después.

En 1815 se le nombró General en Jefe de las fuerzas, que hicieron la expedición contra el Fuerte de Cóporo, el que no logró tomar, a pesar del duro asalto que lanzó contra esa posición. Después de la proclamación del Plan de Iguala, combatió a Agustín de Iturbide y a sus fuerzas. Fue sitiado en Puebla, de la que fue Intendente, en julio de 1821. Capituló frente a Iturbide, estipulándose que las tropas españolas serían llevadas a La Habana, a expensas del nuevo gobierno.

Después de esa capitulación, marchó a Coatepec, y luego al puerto de Veracruz, desde donde se embarcó rumbo a España.[7]

Agustín de Iturbide. 1783-1824

Nació en Valladolid, actual Morelia, el 27 de septiembre de 1783; sus padres fueron José Joaquín de Iturbide, acaudalado español y Josefa de Arámburu, nativa de Michoacán. Murió en Padilla, Tamps., en 1824.

Estudió en el Seminario de Valladolid, y a los quince años se dedicó a las labores del campo. A los 17 años ingresó a la milicia, como Alférez, en el Regimiento de Infantería Provincial de su ciudad natal. En 1805, a los 22 años, casó con Ana María de Huarte.

Al estallar la revolución de 1810, Miguel Hidalgo le ofreció el grado de Teniente General, que no aceptó. Combatió a los insurgentes, quienes, según sus palabras, “infestaban y desolaban al país”, mostrando siempre exceso de crueldad, como fue en la batalla del Monte de las Cruces, donde sobresalió por su valor y tenacidad para perseguir a los insurgentes, pues consideró siempre criminal, al indolente cobarde que, en tiempos de convulsiones políticas, se conserva apático, y simple espectador de los males.

Fue ascendiendo por méritos propios, en brillantes acciones, como fue la captura de Albino García, que le valió su ascenso a Teniente Coronel, y la victoria sobre Rafael Rayón, el de Coronel. A finales de 1813 combatió en la acción de Valladolid, en donde infringió una seria derrota al Ejército Insurgente comandado por Morelos, y a principios de 1814, en Puruarán, les dio un nuevo golpe, que por un momento se vio amenazada la causa insurgente, derrotando a Mariano Matamoros. Se tiene conocimiento que sostuvo con sus propios medios, a las tropas que estaban bajo su mando; además, se preocupó por la educación, y por la valorización de las hazañas de sus soldados.

Iturbide fue uno de los militares criollos que combatió como realista contra los insurgentes, en particular a Morelos. En el marco de la etapa de consumación, Iturbide pactó con el General Vicente Guerrero, para llegar a un acuerdo con él, el 24 de febrero de 1821, donde juntos proclaman el Plan de Iguala en el que se conjugaban las Tres Garantías, que dieron sustento a la Independencia de México. Para sostener el Plan de Iguala, se conformó el llamado “Ejército Trigarante”, en el que se reunieron las Tropas Realistas de Iturbide y de los insurgentes de Guerrero, y al que poco a poco se unirían la mayoría de las demás guarniciones realistas del país.

El 24 de agosto de 1821, Iturbide firmó los Tratados de Córdoba con Juan O’Donojú, Teniente General de los Ejércitos de España y último Virrey de la Nueva España. El 27 de septiembre del mismo año, el Ejército Trigarante entra a la Ciudad de México. Al día siguiente, una Junta Gubernativa proclama el Acta de Independencia del Imperio Mexicano.

En diciembre de 1822, el General Antonio López de Santa Anna se levanta en armas con el Plan de Veracruz, exigiendo la reinstalación del Congreso. Las presiones que recibió Iturbide por parte de sus opositores políticos, en la Ciudad de México, lo hicieron reunir al mismo Congreso que había disuelto antes, y abdicar ante él, el 19 de marzo de 1823.

El 22 de marzo, Iturbide abandonó la capital escoltado por Nicolás Bravo, y el 11 de mayo se embarcó rumbo a Europa. Permaneció un tiempo en Livorno, Italia, para trasladarse luego a Londres. El Congreso que le había decretado primero una pensión, después lo declaró traidor y fuera de la ley, en abril de 1824. Regresó a México el 14 de julio del mismo año. Fue aprehendido al desembarcar en Soto la Marina, Tamps., y condenado a muerte, sin juicio previo, el 19 del mismo mes y año. Fue fusilado en Padilla, Tamps. Sus restos se encuentran actualmente en la Capilla de San Felipe de Jesús, en la Catedral Metropolitana, exhibidos en una urna de cristal.

Los contendientes

El Ejército del Norte

Se encontraba conformado por las fuerzas del Brigadier Ciriaco del Llano, quien contaba con una sección de Toluca, compuesta por los Regimientos de Infantería de Línea, de Nueva España y el Fijo de México, y una Compañía de Marina; la caballería se integró por los Regimientos de Dragones de México, Querétaro, San Luis, San Carlos y Fieles de Potosí, con seis piezas de artillería de diversos calibres.

Iturbide contaba con el Batallón de la Corona, Cuerpo de Frontera, Lanceros de Orrantia y otros piquetes de caballería.

Landázuri tenía bajo su mando, los cuerpos de la guarnición, que eran el primer Batallón de la Corona, el Ligero de México y los Dragones de Tulancingo.

Todas estas tropas se encontraban bien disciplinas y adiestradas, así como bien pertrechadas, ya que contaban con el financiamiento de la Corona Española.

El Ejército Insurgente

El Ejército Insurgente de José María Morelos y Pavón, era reducido, a diferencia del primer ejército insurgente que tuvo Hidalgo, conformado en su mayoría por castas e indígenas, y se encontraba bien equipado y disciplinado. Contaba con treinta cañones de todos los calibres y una inmensa provisión de municiones, todo esto reunido durante los meses que estuvo en Chilpancingo. En esta ocasión, el número de sus fuerzas era aproximadamente de 5,600 a 5,700 hombres, todos ellos de las diferentes armas.

Además de las divisiones de Matamoros y de Hermenegildo Galeana, las fuerzas de Nicolás Bravo contaban con un grupo de flecheros de Coscomatepec, los cuales eran excelentes combatientes.

Batalla de Valladolid

Una vez establecido y organizado el Congreso de Chilpancingo, Morelos decidió realizar una nueva campaña, que en principio no tenía bien definida y, ninguno de sus colaboradores más cercanos sabían a ciencia cierta, pues no les había comunicado con claridad el fin de la misma, por lo que, algunos autores, dicen que el objetivo de tomar la ciudad de Valladolid podría ser, porque era su lugar natal o porque el punto era más importante que Chilpancingo, y ahí quería establecer el Congreso. Quizá era también, porque durante toda la época colonial, el camino México-Valladolid fue de gran importancia para las diligencias, así como lo fueron Veracruz-México, Acapulco– México, México-Guatemala, México-Chihuahua, México-San Luis Potosí y México-Guadalajara. Es así que, un día antes de salir de Chilpancingo, Morelos dio la orden a Bravo y a Matamoros, de que marchasen con sus tropas que tenían en las provincias de Veracruz y de Puebla. Éstas eran las mejores con las que contaba la causa insurgente. Posteriormente, ordenó a Miguel y a Víctor Bravo, que con más de 1,000 hombres dieran seguridad al Congreso.

Preparativos

El 7 de noviembre de 1813, después de recoger la artillería instalada en Chilpancingo, y de asegurarse que todas las plazas estratégicas, como Oaxaca, Tehuacán, Taxco y otras, quedaran bien defendidas, inició la marcha con Galeana, pasando por Zumpango, Cañada del Zopilote y el río Mezcala, donde se detuvo dos días. Posteriormente se dirigió a Santa Teresa, Tepecoacuilco, Iguala, Teloloapan, Almoloya y Tlalchapa, punto donde se le incorporaron Matamoros y Nicolás

Bravo. Avanzaron por la margen derecha del Mezcala hasta Huetamo, llegando a Carácuaro el 12 de diciembre, donde celebró la fiesta de la Virgen.[9]

En el transcurso del trayecto de Carácuaro, avanzó hacia Valladolid, donde se unieron a sus tropas, las partidas de Felipe Arias, Matías Ortiz y Gertrudis Vargas. Continuó su itinerario por Tacámbaro, Tiripitío y Undameo. Tras un lento, pero seguro avance, el ejército de Morelos se componía de aproximadamente 5,600 hombres, de infantería y caballería, todos ellos bien equipados y disciplinados, con 30 cañones de todos los calibres y gran cantidad de municiones. Finalmente decide acampar el 22 de diciembre, en las lomas de Santa María, al sur y a la vista de Valladolid.[10]

De igual manera, el Mariscal de Campo Ramón Rayón, quien contaba con una fuerza de 600 infantes, 300 caballos y 2 cañones de campaña, y su hermano Rafael, con sus 200 hombres de todas las armas, debían reunirse en las inmediaciones de San Miguel, con el objeto de apoyar el ataque a Valladolid, lo cual no fue posible, ya que Iturbide los derrotó, impidiendo con ello lo planeado por los insurgentes.

Mientras tanto, las fuerzas realistas, encabezadas por el Virrey Félix María Calleja, estaban bien enteradas de los movimientos que realizaba Morelos, porque muchos de sus informantes eran los curas de los pueblos por donde iban pasando, de ahí que Calleja comenzó con los preparativos para defender Valladolid, ciudad que se encontraba bajo el mando del Teniente Coronel Domingo Landázuri, quien solamente contaba con 800 hombres para defender la plaza, por lo que, para llevar a cabo su defensa, Calleja ordenó al Brigadier Ciriaco del Llano, que con 2,600 hombres saliera de Ixtlahuaca, para unirse en Acámbaro con el Coronel Agustín de Iturbide y sus 1,000 hombres de las tres armas, y se encontraran en Indaparapeo y formaran así el Ejército del Norte.

Ramón Rayón, desde Tlalpujahua, buscó apoyos para continuar su marcha hacia donde se encontraba Morelos, observando atento los movimientos de los realistas, para lo cual dio aviso al “Siervo de la Nación”. Pero éste, sin hacer el mínimo caso, le ordenó que se incorporaran. Esto provocó que más tarde, Rayón fuera atacado por los Fieles del Potosí, comandados por el Teniente Coronel Matías de Aguirre, en el cerro de Jerécuaro, y posteriormente, Iturbide atacara a su hermano Rafael Rayón, en el campamento de Santiaguito.

El 22 de diciembre, Morelos se encontraba ya establecido en las Lomas de Santa María, así que, en la mañana del 23, envió a Domingo Landázuri una intimidación, en la cual le pedía rindiera la plaza en menos de tres horas,[11] la cual fue llevada por el músico de la Catedral, Nicolás Luján. Con el plazo que concedió Morelos, en la intimidación, al comandante de la plaza, dio tiempo a que llegaran los refuerzos del Virrey Calleja.

Ataque a la garita de Zapote

Antes de recibir una contestación por parte del realista Landázuri, Morelos ordenó a Hermenegildo Galeana, que ocupase la Garita del Zapote; para llevar a cabo esta orden, Galeana formó a las tropas en columnas por compañías, con armas a discreción, sin disparar un tiro, hasta estar cerca del fortín de la garita. A retaguardia y de frente al camino hacia México, Nicolás Bravo, Pablo Galeana y Ramón Sesma se formaron para ocupar la orilla de un corral de piedra, inmediato a la garita, con el fin de acometer al mismo tiempo y sostener sus fuegos. Así, cuando recibió la orden, llegaron y ocuparon el fortín al machete, realizando la operación rápidamente en columna cerrada, que Galeana logró penetrar hasta una cuadra adelante de la garita, haciendo un alto para esperar al resto de las tropas que habían quedado bajo el resguardo de Nicolás Bravo, generalizándose el combate contra los realistas, en cuya oportunidad cargó sobre él, toda la fuerza que se encontraba en la plaza. Bajo el mando de Landázuri con cañones y en las calles de Valladolid, comenzó un terrible tiroteo.[12]

Al recibir apoyo los defensores de Valladolid, la toma de ésta no se presentó tan sencilla como esperaban los insurgentes, pues Bravo fue atacado por Iturbide, lo que provocó que éste se replegara hacia donde estaba Galeana, quedando así en medio de dos fuegos. De este movimiento quedaron cercados 233 de sus hombres, quienes fueron desarmados y hechos prisioneros. Sin embargo, Galeana y Bravo, aunque con desventaja, se mantuvieron combatiendo desde las 15:00 hasta las 17:30 hrs. de la fecha.

Enterado Morelos de la aflictiva situación de sus generales, envió a Matamoros con su división a conjurar el peligro, pero Galeana no esperó, y junto con Bravo se abrió fuerza entre los realistas, considerando que en pocas horas podían llegar los refuerzos de Llano e Iturbide. Con esta acción, Galeana realizó una obra de gran valentía. Sin embargo, había perdido 700 hombres y una considerable cantidad de armamento. Los campamentos insurgentes se encontraban conformados ahora por las fuerzas de Matamoros y de Morelos, y parte de las tropas que se salvaron de Galeana.

Ciriaco del Llano e Iturbide también tuvieron pérdidas, ya que, por un correo interceptado, se supo que muchos fueron los heridos, pues se dijo que no cabían en los hospitales de Valladolid.[13]

Se cuenta que en uno de los campamentos insurgentes, Nicolás Bravo lloraba, ya que había perdido en esa triste acción, a una división de héroes, que había formado en Coscomatepec. A pesar de ello, con su diezmada división, Galeana gritaba sobre la necesidad de reanudar el ataque de inmediato, mientras Morelos, nos dice Ubaldo Vargas, “se manifestaba indeciso y confiaba a Matamoros la dirección de las nuevas maniobras”.

Mientras transcurrían las últimas horas del día 23, en medio de una desesperada inactividad y un fatal desconcierto entre los insurgentes, los realistas estaban en completa actividad, ya que durante la noche, las divisiones completas de Llano y de Iturbide, lograron llegar a Valladolid, y concentrarse para reforzar la plaza sin mayor dificultad.

Para el día 24 de diciembre, Matamoros ya tenía la dirección del combate, y ordenó el despliegue de toda su infantería, en una línea de dos en fondo, mientras la caballería quedó sobre las lomas, en la misma dirección. Ante estos movimientos realizados por Matamoros, el Brigadier del Llano dedujo que se preparaban para la retirada, o bien que se lanzarían a un nuevo ataque, por lo que, para asegurarse de ello, ordenó a Iturbide llevar a cabo un reconocimiento.

Para ello, Iturbide dispuso de 160 infantes y 190 jinetes de Fieles de Potosí, de Dragones de San Luis, de San Carlos y de Lanceros de Orrantia. Iturbide se adelantó hacia el campo insurgente, llevando a los infantes a la grupa de los caballos (esto es, en ancas o parte trasera del equino), y de pronto se inició la batalla, rompiendo así la débil línea de los insurgentes, quienes no pudieron detenerlos, ya que siendo el doble en número, de lo que parecían a lo lejos, abrumaron a los insurgentes, y cuando empezaba a oscurecer, iniciaron una desordenada retirada.

Aprovechado el desconcierto, los realistas persiguieron a la caballería insurgente, penetrando en el mismo campamento de Morelos, a pesar de estar defendido por 97 cañones. Esta violenta acción por parte de los realistas, provocó gran desorden y confusión, siendo de tal magnitud, que el mismo Morelos estuvo a punto de ser capturado.

Es así que, en plena oscuridad, los insurgentes comenzaron a pelear entre sí, con una terrible ferocidad. La causa, al parecer, fue una extraña orden que Morelos dispuso, que de Capitán hacia abajo, debían tiznarse las caras y las piernas, si las traían descubiertas, pero la orden fue interceptada, y entonces Iturbide dijo a sus infantes que iban en los caballos de los dragones, que también se tiznaran el cuerpo, así los insurgentes en la sombra, vieron a los realistas con las caras ennegrecidas, que los atacaban.

Lograda la confusión, los realistas se retiraron y dejaron a los insurgentes entregados a la tarea de destruirse unos a otros. Morelos, ante esta situación, inició la retirada, lo que se convirtió en una fuga incontenible. En vano fueron los esfuerzos de Matamoros, Galeana y Sesma para detener a los soldados, presas del pánico; es así como la oscuridad nulificaba al ejercito insurgente.[14]

Una vez logrado el desastre entre los insurgentes, Iturbide regresó victorioso a Valladolid; su audacia e ingenio vencieron a un Morelos desconocido, apático, desconfiado o quizá enfermo.

Para el día 25, Ciriaco del Llano ordenó que las fuerzas del ejército realista avanzaran sobre el campo enemigo. Pero al llegar, encontraron el campo lleno de cadáveres y destrozos; sólo el Padre Gómez, cura de Petatlán y confesor de Morelos, se encontraba gravemente herido; fue conducido a Valladolid y fusilado en una de las plazas de esa ciudad.[15]

Llano e Iturbide continuaron persiguiendo a Morelos, utilizando para ello toda su caballería. La persecución fue implacable, ya que Morelos derrotado, con su ejército disgregado y sin reponerse de su situación, llegó a la hacienda de Chupío, para reunir allí a sus dispersas y diezmadas divisiones.

Galeana se quedó en Puerto Viejo, cerca de Valladolid, permaneciendo allí hasta que los demás jefes insurgentes se reunieran.

Consecuencias

En la desafortunada acción de las Lomas de Santa María, mejor conocida como la Batalla de Valladolid, se perdió el inmenso material de guerra acumulado en Chilpancingo, a costa de tanto sacrificio. Todo el magnífico Ejército Insurgente, engrosado en el camino, quedó deshecho en aquella fatal acción de noche buena.

Las esperanzas que abrigaba Morelos, de establecer el Congreso en Valladolid, y de abrir una nueva campaña en el centro del país, donde se encontraban las regiones más ricas y pobladas del territorio, fueron un total fracaso. Es a partir de esta derrota, que declinaría, de manera vertiginosa, el gran prestigio militar de José María Morelos y Pavón, iniciando así una serie de derrotas para las tropas insurgentes. A pesar de ello, Morelos escribiría en esos días a Andrés Quintana Roo, lo siguiente: “Es preciso llevar con paciencia las adversidades…” y con indomable energía de gran patriota agregaba y si no fuera arrogancia, añadiría que aun ha quedado un pedazo de Morelos y Dios entero…”(sic).

El General De León Toral nos dice, que Morelos siempre mostró un espíritu ofensivo en sus marchas y acometidas, las cuales estaban bien planeadas; pero los sucesos de las Lomas de Santa María borraron, en unos cuantos días, las glorias obtenidas durante los cinco años de campaña del “Siervo de la Nación”.[16]

Para corroborar su acción, días más tarde, Iturbide reafirmará su victoria en la Batalla de Puruarán, en donde Morelos deja la dirección en manos de Mariano Matamoros, desoyendo los consejos de Hermenegildo Galeana, al pedirle que no se llevara a cabo ninguna acción, hasta que las fuerzas estuvieran completamente restablecidas y organizadas.

De esta forma, Matamoros quedó como jefe de los insurgentes, y acatando las órdenes dadas por Morelos, hace frente a las fuerzas realistas, con las pocas tropas que se lograron salvar de Valladolid, ahora en Puruarán; en esta acción, Iturbide lo derrotó en menos de media hora, y en esta ocasión, la derrota fue en toda regla, nos refiere el General Urquizo, pues no se valió de ningún ardid, como en Valladolid, para vencerlo.[17]

Con esta derrota, toda la línea defensiva del sur de la Nueva España fue penetrada, y en dramática secuela, los realistas se apoderaron de Chilpancingo, Acapulco, Oaxaca y de casi todas las comarcas intermedias. El caos dentro de las fuerzas insurgentes no podía ser detenido, y la dirección de Morelos acabaría por dividirse en multitud de guerrillas y pequeñas jefaturas, luchando cada una de éstas con gran fervor patriótico, pero sin una buena coordinación.

A pesar de las desventuras en la lucha armada, los congresistas pudieron promulgar la Constitución de Apatzingan, el 22 de octubre de 1814.

A partir de entonces, el Ejército Insurgente sufrió una larga cadena de reveses, pues nunca más presentó batalla en contra del Ejército Realista. Conforme se replegaba a las montañas, sufría importantes bajas y perdía estratégicas plazas, como el puerto de Acapulco y la ciudad de Oaxaca.

Para el año de 1815, el panorama era francamente desolador, y sólo Morelos se empeñó en salvar la unidad del movimiento, que él suponía garantizado por la existencia del Congreso. Así, haciendo un último esfuerzo por salvarle, intentó su traslado de Uruapan a Tehuacán, a través de cañadas y montañas. El avance era lento y el esfuerzo le valió el ser capturado, a manos del desertor Matías Carranco, en el pueblo de Tezmalaca, un infortunado 3 de noviembre de 1815. De inmediato, Manuel Mier y Terán, uno de los líderes regionales de importancia, disolvió el Congreso.

Una vez hecho prisionero, a Morelos se le acusó de traición, fue degradado de su condición sacerdotal y murió fusilado en el pueblo de Ecatepec, el 22 de diciembre de 1815.

Conclusiones

La Batalla de Valladolid forma parte de la Cuarta Campaña de Morelos; es breve, pues concluye con la derrota que se inflinge nuevamente a las fuerzas insurgentes de Morelos, en Puruarán, en donde perderá a uno de sus más valiosos hombres, como fue Mariano Matamoros, hecho prisionero por Ciriaco del Llano, quien en poco tiempo le juzga y lo condena a ser fusilado, en febrero de 1814, con lo cual Morelos exclamó ¡He perdido uno de mis brazos! Sin embargo, el “Siervo de la Nación” continúa.

A pesar de que las fuerzas insurgentes sufrieron esa dolorosa derrota, no vuelven a tener un enfrentamiento de manera frontal con las fuerzas realistas, consiguiendo con ello, que se aplique la táctica de guerra de guerrillas, y que en todo caso, cada uno de los líderes luchara de manera aislada, lo que trajo una anarquía dentro de las filas independentistas, de fatales consecuencias, pues casi cuatro meses más tarde, Galeana fue muerto por las fuerzas realistas, en Coyuca, con lo que nuevamente Morelos exclamó ¡Se acabaron mis brazos ¡… ¡ Ya no soy nada!, Ante esto, Morelos logró casi concluir su tarea de dar protección al Congreso, el cual promulgó en octubre, la Constitución de Apatzingán, en 1814, llegando con esto a dar las bases legales al movimiento independentista, que al igual que los hombres que iniciaron la lucha, no la vieron culminar. Sin embargo, su legado como organizador y como estratega militar, quedan para la posteridad y como lección para todos los mexicanos, a fin de que valoremos lo que nos legaron nuestros ancestros.

Bibliografia:

Alamán, Lucas, Historia de Méjico desde los primeros momentos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente, Fondo de Cultura Economica, México, 1951, Tomos III y IV.

Alvarez, José Rogelio, Enciclopedia de México, Editorial Planeta, México, 2005.

Baltasar Dromundo, José María Morelos, F.ondo de Cultura Económica, México, 1970.

Bustamente, Carlos María de, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, Talleres Lino tipográficos, Colombia-México, 1926, Tomo II. 2ª. Edición, pp. 277-303.

Casasola, Gustavo, 6 Siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976, Editorial Gustavo Casasola S.A., México, 1978, Tomo 2, p. 540-541.

Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México, México, Tomo 3, 5ª. Edición, p. 3070.

Cosío Villegas, Daniel, Historia General de México, El Colegio de México, México, 1981, Tomo I.

Krauze, Enrique, Siglo de Caudillos. Biografía Política de México (1810-1910), Editorial Tusquets Editores, México, 2007.

León Toral, Jesús de, El Ejército Mexicano y Fuerza Aérea Mexicanos, Secretaría de la Defensa Nacional, México, 1979.

Romero Flores, Jesús, Don José María Morelos.

Atlas Histórico Biográfico, José María Morelos y Pavón, Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, México, 1985 Teja Zabre Alfonso, Morelos. Ed. Austral. 553. Argentina, 1946.

Urquizo, Francisco L., General Morelos genio militar de la Independencia, Editorial Xóchitl, México, 1945, pp. 131-137, 184.

Valle Arizpe, Artemio del, La Güera Rodríguez, Editorial Porrúa, México, 1960.

Vargas Martínez, Ubaldo, Morelos siervo de la Nación, Secretaría de Educación Pública, México, 1963.

Zavala, Lorenzo de, Ensayo Histórico de las Revoluciones de México desde 1808 hasta 1830, México, 3ª. Edición, Tomo 1, 1981, pp. 35-58.

Expedientes de archivo histórico militar:

Archivo de Cancelados.

Hermenegildo Galeana, Mariscal de Campo igual a General de División su expediente sólo contiene la solicitud de pensión para su única hermana la señora Juliana Galeana. Año 1820.

Rafael Rayón, Capitán del Regimiento de Granaderos a Caballo de la Guardia Imperial en 1822. Equivale a Coronel. Sólo contiene información sobre una enfermedad que padece espasmódica de pecho de septiembre a noviembre de 1822.

Mariano Matamoros (Bóveda). Es un homónimo del insurgente, ya que su documentación llega hasta 1824 o más.

Carlos María de Bustamante (Bóveda). No contiene gran información sobre los años de la insurgencia.

Ciriaco del Llano. En el Archivo Histórico Militar XI/418.3/109. La rendición del mismo en Puebla en 1821. Parte donde sólo tiene su firma.

Citas:

1. Alamán, Lucas, Historia de Méjico desde los primeros momentos que prepararon su independencia en el año de 1808 hasta la época presente, Fondo de Cultura Económica, México, 1951, Tomo III, p. 314.; 2. Ídem, p. 321.; 3. Gustavo Casasola, Seis siglos de Historia Gráfica de México 1325-1976, Editorial Casasola, México, 1978, Tomo II, pp. 540, 541.; 4. Alamán, Lucas, Op. cit., p. 324.; 5. Te-Déum, Himno de alabanza y de acción de gracias de la iglesia católica que inicia con las palabras: Te Deum laud mus.; 6. Secretaría de la Defensa Nacional, Cien Militares Distinguidos, SEDENA, México, 1984, Tomo 1, p. 58.; 7. Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México, Editorial Porrúa, México 1986, p. 1720.; 8. Alamán, Lucas, Op. cit., Tomo III, p. 330.; 9. Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, José María Morelos y Pavón, Atlas Histórico Biográfico, México, 1985, pp. 83.; 10. Vargas Martínez, Ubaldo, Morelos Siervo de la Nación, Secretaría de Educación Pública, México, 1963, pp. 168. Confrontar con Alamán, Lucas, en su Historia de México, p.331.; 11. La intimidación fue redactada por su secretario Rosains.; 12. Bustamente, Carlos María de, Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, Talleres Lino tipográficos, Colombia-México, 1926, Tomo II. 2ª. Edición, pp. 299-300.; 13. Vargas Martínez, Ubaldo, Op. cit., p.172.; 14. Urquizo, Francisco L., Morelos, genio militar de la Independencia, Editorial Xochitl, México, 1945, p. 132.; 15. Alamán, Lucas, Op. cit., p. 24.; 16. León Toral, Jesús de, El Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, Secretaría de la Defensa Nacional, México, 1979, p. 101.; 17. Urquizo, Francisco L., Op. cit., p. 137.

Fuente: Grandes Batallas. Grito de Independencia. Secretaria de la Defensa Nacional.sedena.gob.mx.

 
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