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MANIFIESTO DEL GENERAL OROZCO A LA NACIÓN

 

 

El pueblo de Chihuahua, como el de otros de los Estados de la República, se ha levantado en armas contra la Administración Maderista, y a la altura a que ha llegado la revolución, para orientarla y apresurar su término, para destruir calumnias y evitar malas interpretaciones, es necesario dirigirme lealmente a la Nación y hacerle saber con toda claridad y certeza cuáles son los orígenes, los ideales y las esperanzas de este grandioso movimiento armado, que en brevísimo tiempo se ha desarrollado con potencia formidable por todo el país, y que en plazo también muy breve hará ondear orgullosas y triunfantes en la capital misma de la República, las banderas de esta revolución definitivamente libertadora.

Es preciso decirlo para honor y prestigio de esta insurrección justísima: no la inspiran bastardas ambiciones ni miras interesadas ni despreciables despechos, no la manchan miserias políticas ni degradantes personalismos; no hay en el fondo de ella nada que no sea justo y necesario.

Este movimiento netamente popular, es sólo la explosión tremenda e inevitable de las decepciones, de las cóleras acumuladas en el corazón del pueblo, contra un Gobierno que, emanado de una revolución que debía haber sido redentora, faltó a sus deberes y burló sus promesas y escarneció la dignidad del pueblo, despreciando las exigencias de la opinión pública y reponiendo en el Gobierno de la Nación los hombres y los procedimientos de la caída y justamente odiada dictadura de Porfirio Díaz.

El Gobierno de Francisco I. Madero traicionó a la revolución, traicionó al pueblo, traicionó a los que con abnegación y sacrificio lo elevaron y se vendió a los enemigos de ayer, a los que por todos los medios lo combatieron.

Para esos enemigos, para los sicarios de la pasada tiranía, fueron los halagos y las concesiones y para los que lucharon, para los que derramaron su sangre y expusieron sus vidas por la libertad anhelada, para los humildes hijos del pueblo, fueron los desprecios y los abandonos.

El Plan de San Luis Potosí, cuyas promesas enardecieron a los desheredados e hicieron soñar a tantas víctimas del despojo autoritario en una reivindicación efectiva y próxima; el Plan de San Luis Potosí que ofrecía solucionar el problema agrario en provecho del pueblo, distribuyendo tierras, castigando usurpaciones e impartiendo justicia a los expoliados por el abuso del poder; ese plan famoso que fue la bandera de la rebelión en los días difíciles y terribles en la lucha, fue relegado al olvido tan pronto como Madero alcanzó la Presidencia; los grandes expoliadores del pueblo en la dictadura porfiriana, los Terrazas, los Creel, los Iñigo Noriega, conquistaron fácilmente el favor del nuevo Gobierno, y los humildes, aunque heroicos defensores de la libertad, los que elevaron con su esfuerzo y su sacrificio ésta nueva administración, tan pronto corrompida y desquiciada, quedaron en la misma situación de miserables y oprimidos, sin ver realizada la distribución de las tierras ni verificado el castigo de las usurpaciones.

En lo político, tampoco fueron cumplidas las grandes promesas de libertad y democracia que figuraban con sugestivas atracciones en el plan revolucionario de 1910, la imposición del Vice-Presidente Pino Suárez, fue el principio de una serie de fraudes y atropellos al sufragio electoral:

Testigos: los casos de Chiapas, Puebla, Veracruz, Sonora, Yucatán y otros que dan la medida de lo que se puede esperar del Gobierno Maderista en materia de sufragio efectivo.

La libertad de imprenta ha sido también pisoteada en las personas de muchos periodistas a quienes se ha perseguido en muchos de los estados de la República, culminando este despótico procedimiento en el caso de La Revista de Mérida, que fue verdaderamente salvaje y causó admiración y escándalo de uno a otro extremo del país.

La renovación del personal gubernativo, prometida por el Plan revolucionario y esperada con ansia por el país, renovación que se imponía como base para el desarrollo de un programa de Gobierno, nunca llegó a realizarse, y los hombres manchados del antiguo régimen y aborrecidos por el pueblo, desde los llamados diputados y magistrados hasta los Jefes Políticos y Alcaldes Municipales, continuaron en sus puestos, provocando el descontento general.

Un afán de conciliación, no moderado y razonable, sino llevado hasta la complacencia y la complicidad, hizo que en poco tiempo la situación del país volviera a ser casi la misma que en los tiempos de la dictadura porfiriana; con los mismos procedimientos y los mismos hombres, y con ésto la decepción y el descontento germinaron en el corazón del pueblo.

No es extraño pues, que el movimiento revolucionario suspendido por los torpes Tratados de Ciudad Juárez en Mayo de 1910, continúe hoy con renovados vigores y con mayor empuje.

Estaba previsto que la revolución que detuvo a medio camino la torpeza política y la timidez absurda de Madero y sus satélites, tendría que reanudarse para llegar hasta el fin, como llegará ahora que no habrá vacilaciones ni componendas que se opongan a la soberana voluntad del pueblo.

El pueblo y nada más que el pueblo, siempre abnegado, siempre heroico, es quien hace ésta revolución; mienten villanamente y calumnian al pueblo con el mayor cinismo los que aseguran que este movimiento gigantesco está inspirado y sostenido por el despecho y la ambición de los porfiristas y científicos derrotados.

En primer lugar no están derrotados los porfiristas y científicos, puesto que gozan del favor de la insurrección, no somos capaces de servir de instrumento a los porfiristas ni a los científicos ni a nadie.

Tampoco tenemos alianzas vergonzosas con el Reyismo, lleno de manchas y desprestigio.

Somos hombres conscientes, hombres de principios y de credo definido, que hemos nutrido nuestro espíritu en las enseñanzas del Partido Liberal, y que no tenemos otros ideales que los que ese gran partido lleno de glorias y grandezas, siempre honrado y siempre puro, que a través de nuestra historia ha realizado las mejores conquistas para la Patria, que ha defendido al pueblo de todos los despotismos y que, bajo la dictadura porfiriana, fue el único que combatió al tirano con franqueza y energía, y fue el que con su propaganda, con sus luchas, con su sacrificio, preparó y encendió la revolución de que Madero pretendió aprovecharse sin saber dirigirla ni sostenerla.

Queremos el exacto cumplimiento de la constitución de 57 y Leyes de Reforma, la más amplia libertad política y religiosa, la efectividad del sufragio, la libertad de imprenta, la no reelección, el fomento de la instrucción pública con la multiplicación de escuelas y el mejoramiento de la condición del maestro; el respeto a la soberanía de los estados y la independencia de los Municipios, la abolición de las jefaturas políticas, el reinado de la verdadera democracia y la distribución (de tierras) para satisfacer el más profundo y legítimo anhelo del pueblo.

No pretendemos atropellar garantías legales ni violar derechos legítimos, pero estamos resueltos a hacer justicia y a no permitir que se sigan burlando de los anhelos más ardientes de la Nación, en provecho de unos cuantos privilegiados.

Y como los elementos corrompidos de la pasada dictadura, conservados por el maderismo conciliador y torpe, no son los indicados para la realización del nuevo programa, queremos la renovación de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y judicial, por medio de elección popular que arroje de la Presidencia, del Congreso y de la Suprema Corte de Justicia a los que ahora constituyen esos poderes, y lleve en lugar de esa podredumbre insoportable, a ciudadanos honrados y aptos, elegidos por la libre voluntad del pueblo.

Somos liberales independientes y dignos. Tenemos conciencia de nuestra misión y no somos de los que se doblegan como un rebaño ciego a los caprichos de un hombre, ni de los que se sacrifican ingenuamente sólo para satisfacer ajenas ambiciones.

No reconocemos ídolos ni los reconoceremos jamás. Designaremos un Presidente Provisional de la República al triunfo de la revolución, pero no pretenderemos imponer a ese mismo ciudadano para la Presidencia constitucional.

No queremos hacerles a nuestros conciudadanos la injuria de marcarles candidato.

Queremos que todos tengan la amplia libertad para elegir al que consideren más digno, y concretamos nuestra misión a hacer respetar la voluntad nacional.

Podéis, pues, estar tranquilos, conciudadanos, sobre las tendencias y los resultados de la presente revolución.

Lejos de restaros garantías os las dará más amplias y completas; lejos de atropellar vuestros derechos viene a hacerlos efectivos.

Nuestros hechos actuales acreditan ya la honradez de nuestros procedimientos.

Las fuerzas liberales, por donde quiera que han pasado, han sido correctas y respetuosas con todos los ciudadanos, conquistándose generales aplausos y simpatías.

Nuestro programa liberal nos obliga a observar una conducta siempre apegada a la honradez y a la justicia, y estamos resueltos a ser siempre fieles a nuestro programa.

Nosotros no hacemos la guerra al estilo vandálico del Gobierno que, impotente para vencer a los rebeldes en buena lid, apela al incendio salvaje de pueblos y a la persecución de familias inocentes.

Mexicanos:

El triunfo de esta revolución, definitivamente redentora, es indudable; pero más pronto vendrá la victoria y menos serán los trastornos que sufra la nación, si se multiplican los esfuerzos de todos los buenos patriotas para llegar cuanto antes al anhelado fin.

Hacemos un llamamiento a todos los mexicanos dignos para realizar un esfuerzo supremo en pro de la causa de la libertad y justicia.

Que los ambiciosos, los personalistas, los impuros, se aparten de nosotros, pero que vengan a nuestro lado los dignos, los generosos, los abnegados, los que comprendan la grandeza de nuestros ideales y se sientan dispuestos a luchar por la felicidad de la Patria.

A la revolución, mexicanos, basta de engaños y de traiciones, basta de burlas y de atropellos.

Caigan los falsarios, los ineptos, los nuevos tiranos y los nuevos explotadores, y llegue al fin, después de tantos sacrificios y tanto duelo, la hora bendita de realizar la voluntad del pueblo.

Reforma, Libertad y Justicia.

Chihuahua, Marzo 8 de 1912.

Pascual Orozco.

Inés Salazar.

Emilio T. Campa.

Y demás jefes y oficiales del Ejército Nacional Revolucionario.

"International Job, Printing Office".

El Paso, Tex.

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 650-653. 

 
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