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JOSÉ MARÍA MAYTORENA; ENTRE EL RELATO DE VIDA Y LA HISTORIA DE VIDA

 

José María Maytorena ha sido un actor revolucionario vilipendiado por la historia oficial. Rescatar sus relatos de vida, además de escudriñar diversos archivos, nos permitió construir su biografía política y también una serie de acontecimientos que marcaron el destino de la Revolución mexicana.[1]

La importancia de los testimonios propios de Maytorena, de los testigos y de sus detractores, así como los documentos oficiales, ha permitido comprender a un sujeto que fue capaz de capitalizar la Revolución. Maytorena fue un actor consciente de que su actuación política y el desenlace de su movimiento no le concederían que sus detractores lo dejaran hablar de su propia experiencia. Por ello, Maytorena plasmó en sus relatos de vida su propio testimonio como revolucionario, lo que implicó la justificación de sus actos. Dejar hablar al sujeto, escucharlo y confrontarlo nos permitió reconstruir uno de los momentos más importantes de la historia de México del siglo XX. El triunfo de la Revolución mexicana en manos del grupo sonorense de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, enemigos políticos de Maytorena, originó una interpretación limitada de la figura de Maytorena, la cual ha sido ignorada o controvertida para la historia oficial. Todavía en vida de Maytorena se hicieron publicaciones periódicas nacionales que llegaron a narrar la visión del sujeto sobre los acontecimientos. Su muerte (1948) despertó cierto interés en la prensa nacional, aunque tuvieron que transcurrir varias décadas para avivar el interés en su persona por parte de historiadores mexicanos y norteamericanos. En los últimos años ha surgido una inquietud específica en el maytorenismo por parte de la historiografía sonorense, especialmente por el historiador Ignacio Almada Bay.

José María Maytorena, consciente de su posición política y del desenlace de su carrera pública, produjo una serie de testimonios sobre su actuación y participación en los movimientos revolucionarios. Así como la posición social y económica de Maytorena le permitió construir un capital político, económico, social y simbólico capaz de mantener su liderazgo, también lo hizo susceptible aún más a las críticas por parte de sus enemigos. Desde su vida en el exilio, Maytorena fue severamente atacado por sus detractores por lo que publicó su obra: Algunas verdades sobre el general Álvaro Obregón,[2] en la que refutaba las aseveraciones que Obregón había dado a conocer tres años antes en su libro Ocho mil kilómetros en campaña.[3] El regreso de Maytorena a México en los años treinta generó la divulgación periodística sobre su trayectoria política. Maytorena señalaba, en algunos de sus testimonios, que muchos de los relatos de su vida política se los enviaba a Martín Luis Guzmán para su publicación.[4] La figura de Maytorena propiciaba, por un lado, la defensa apasionada del sujeto y, por el otro, la satanización de su actuación. Él representaba un proyecto revolucionario diferente al planteado por el grupo vencedor.

La historiografía no le ha dado un trato preferencial a este personaje político que terminó siendo un actor vencido en la Revolución mexicana. Algunos lo han considerado un hombre que tuvo la posibilidad de convertirse en el ganador del movimiento revolucionario, en cambio, sus detractores lo han acusado de oportunista y de traidor a la patria. Sus relatos de vida cobran gran importancia dentro de este contexto, ya que permitió reconstruir una historia de vida desde el sujeto mismo y a través de testimonios tanto de sus seguidores como de sus detractores. Es importante resaltar la distinción que hizo el sociólogo norteamericano Norman Denzin entre el relato de vida (life story) y la historia de vida (life history). El relato de vida se refiere a la historia de una vida narrada tal y como el individuo la ha vivido y ha sido contada por él; en cambio, la historia de vida es la narración relatada por un tercero con base en el propio relato de vida y otras clases de documentos.[5] Este trabajo pretende analizar el diálogo y la confrontación entre el relato de vida y la historia de vida del sujeto. Para ello, resultó sustancial la consulta de archivos públicos y privados, tanto de sus seguidores como de sus detractores.

Los archivos consultados para esta investigación fueron diversos, ocupando un lugar central los archivos personales de Maytorena. Uno de ellos, albergado en las Colecciones Especiales de la Biblioteca Honnold/Mudd en el Claremont College, California (AJMM); y el otro forma parte de una colección particular (AJMMcp). El primero es mucho más rico y versátil que el segundo ya que por su mismo volumen le da mayor realce a los testimonios del sujeto. El segundo, aunque es de menor envergadura y en algunos casos existen copias de documentos albergados en California, contiene algunos documentos que por su originalidad arrojan valiosas aportaciones. Estos documentos fueron de una riqueza incalculable, sin embargo, no hubiera sido posible el trabajo sin la consulta de otras tantas fuentes valiosas. Los documentos que alberga el Archivo General de la Nación (AGN), Ramo Presidentes: Obregón, Calles y Cárdenas; Ramo Intervención de Bienes y Ramo Revolución, así como la Colección Manuel González Ramírez, permitieron esclarecer algunas preguntas que planteaban otros documentos. Esta última colección pertenecía al Archivo del Patronato de Historia Sonorense y cuenta con documentos de gran valor para aclarar algunos elementos de la trayectoria política de Maytorena. El Archivo Histórico General del Estado de Sonora (AHGES) ofreció algunas aportaciones, aunque fueron mayores sus limitaciones. Las contribuciones del Archivo del Centro de Estudios Históricos de México, Condumex, fueron una aportación valiosa, ya que permitieron acrecentar las fuentes respecto a la correspondencia entre Maytorena y Venustiano Carranza. No menores fueron las contribuciones del Archivo Histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional (AHSDN) que ayudaron a ampliar el conocimiento sobre la actuación de Maytorena durante la Revolución; pero, más que nada, algunos documentos ofrecieron información que mostraba el espionaje a que eran sujetos los maytorenistas. En este mismo sentido fueron importantes las aportaciones del Archivo Calles y Torreblanca (ACTB), especialmente los fondos Elías Calles (FEC) y fondo Presidentes (FP). El Archivo de Alberto B. Piña (AAP), albergado en la biblioteca de la Universidad de Arizona en Tucson, fue uno de los de mayor importancia, ya que Piña fue de los personajes claves en el maytorenismo. Su cercanía con el sujeto lo convirtió en un informante clave, en un promotor del movimiento y en uno de los vehículos centrales en la construcción de redes del maytorenismo. Su fidelidad, pero a la vez su actitud, unas veces incondicional y otras crítica, le permitió legar importantes testimonios para entender a Maytorena y el maytorenismo. Estos testimonios contribuyeron en la reconstrucción de las redes de informantes y de espionaje del grupo maytorenista. De menor valor resultaron los archivos de distintas universidades en el estado de Texas en la Unión Americana. La exploración en los acervos de los estados fronterizos de la Unión Americana permitió reconstruir una vida y un movimiento revolucionario.

Las fuentes hemerográficas también fueron relevantes para este trabajo. La prensa sonorense no pudo ser investigada, ya que, por cuestiones del deterioro del material, no fue posible el acceso a ella. Consultamos algunos periódicos publicados en la ciudad de México, tales como, The Mexican Herald (1913 y 1914) y El Imparcial (1913); además de periódicos editados en los estados fronterizos del sur de Estados Unidos, tales como La Prensa, El Paso Morning Times y The Arizona Daily Star. Los dos primeros provenientes del estado de Texas, el primero de San Antonio y el segundo de El Paso. La Prensa se editaba en español. En el primero consulté el año de 1915 y en los otros dos periódicos, el año de 1913. Estos periódicos desempeñaron un elemento clave en el movimiento revolucionario, las aportaciones fueron sugerentes sobre todo respecto a algunos acontecimientos importantes en la actuación de Maytorena. Los grupos contendientes tuvieron centros de información en las ciudades fronterizas norteamericanas. No obstante, algunas veces, parte de la información estaba sustentada en un simple rumor. The New York Times, periódico destacado de los Estados Unidos, fue consultado en aquellas fechas en que se dieron sucesos relevantes durante la Revolución. Es interesante hacer notar que cuando en una nota periodística se mencionaban acontecimientos sobre algún estado en particular, se trataba de Chihuahua o Sonora.

Durante la Revolución mexicana, la prensa, en manos de algún grupo revolucionario, constituyó una herramienta sustancial para buscar el consenso dentro de los revolucionarios en el país así como en los habitantes y autoridades de Estados Unidos, especialmente del sur de ese país.

Año con año aumentaban las publicaciones periódicas en la Revolución mexicana, aunque muchas de ellas fueron de corta duración.

Nerviosa, perseguida, frágil, amenazada, fugaz, la prensa durante los años de la Revolución Mexicana es fuente ineludible para el estudio de esta época. Ella misma, sin embargo, no ha sido aún objeto de un examen suficientemente riguroso, pese a que es el campo de expresión más importante de la cultura popular y políticas urbanas. Arma de lucha y foro de discusión, su presencia permite recrear los tiempos pasados en la dimensión vital que a veces omiten o desdibujan otras fuentes”.[6]

Una de las fuentes periodísticas más sugerentes para esta investigación fue El Correo del Bravo, periódico que se publicaba en El Paso, Texas, y que, por lo menos en una importante etapa de la vida del periódico, fue sufragado por Maytorena. Friedrich Katz, en su obra Pancho Villa[7], se cuestiona los motivos que tuvo Maytorena para aportar los gastos de una publicación cuya circulación estaba prohibida en Chihuahua, que tenía pocos lectores potenciales y su sede estaba cerca del dominio villista. La respuesta va en el sentido de que buscaba el apoyo villista, ya que uno de los elementos que exalta la publicación es sobre las bondades de la reforma agraria villista.[8] Los testimonios con que contamos están albergados en la Bancroft Library de la Universidad de California en Berkeley y forman parte del Archivo de Silvestre Terrazas. Los ejemplares inician con la publicación del 2 de enero de 1914 con el número 324, Año II, tomo 11 y terminan en octubre de 1914. Sin embargo, no existen ejemplares de los meses abril y mayo de 1914, fechas en que proliferaron los comentarios acerca de la reforma agraria villista avalada por Felipe Ángeles. No tenemos conocimiento del tiempo que fue publicado el periódico y todo parece indicar que José María Maytorena lo utilizó como instrumento para informar sobre su actuación, pero sobretodo fue el medio al que recurrió para desprestigiar al enemigo en turno. El periódico tenía diversos corresponsales en varias partes del sur de Estados Unidos, tales como Salvador Camacho en Tucson, Arizona; H. Borunda en Nogales, Arizona; y Lorenzo Rosado en El Paso, Texas.

Los documentos con los que contamos señalan que Alberto B. Piña le sugirió a Maytorena buscar apoyo de una publicación periódica para informar sobre los acontecimientos del grupo maytorenista y utilizar ese medio para comentar las injusticias que, según ellos, cometían los carrancistas en contra de los maytorenistas. Piña le hizo ver la necesidad de tener un instrumento como ése para lograr su objetivo. De esta manera, sugirió que sufragara los gastos de un periódico que ya era editado por conocidos de ellos como del Vando[9] y Serrano. La periodicidad de su publicación era diaria pero el 22 de marzo anunciaron que circularía dos veces al día, excepto los domingos en la tarde y el lunes en la mañana. Algunas ediciones eran extras debido a la gran demanda que tenían, según lo expresaban sus editores.

Con todas estas fuentes reconstruimos una biografía política de nuestro sujeto: José María Maytorena Tapia nació en San José de Guaymas, Sonora el 18 de junio de 1867, hijo de José María Maytorena Goycochea y Santos Tapia Arvizu, quienes lograron amasar una fortuna considerable. Ello le dio al personaje rasgos característicos, ya que fue una de las familias más acaudaladas de su estado natal a fines del siglo XIX y principios del XX. La fortuna del matrimonio se sustentó fundamentalmente en grandes extensiones de tierra en el valle de Guaymas dedicadas a la agricultura fundamentalmente. Ello les permitió entretejer redes familiares, sociales y clientelares que convirtieron a Maytorena en un eje dentro de esas redes.

Sus relatos de vida inician con su incorporación a los clubes liberales en Sonora, a fines del siglo XIX. En esa etapa de su vida, Maytorena exaltaba el liberalismo heredado de su padre, José María Maytorena Goycochea. Más tarde, en 1908, participó y organizó el movimiento reyista en Sonora, especialmente en Guaymas. El vínculo de Maytorena con Bernardo Reyes se había originado por la amistad entre éste y el padre de Maytorena cuando Reyes fue enviado a una misión militar a Sonora. El apoyo que le brindó a Reyes ocupó algunas de las páginas de sus relatos. No dejaba de insistir el entusiasmo del que fue objeto Reyes en Sonora, especialmente en Guaymas y a la vez su actitud vacilante. No menor fue el lugar que ocupó en sus relatos su participación en el movimiento de Francisco I. Madero, su campaña nutrida y entusiasta, el apoyo recibido por parte de diversos grupos así como las fricciones que se dieron en el momento de la caída de Porifirio Díaz. El gobierno maderista en Sonora que estuvo a cargo de Maytorena ocupó varias páginas explicando las fortalezas de su gobierno y minimizando las debilidades. Los enfrentamientos que se dieron durante el gobierno provisional en Sonora fueron un antecedente de lo que sería su gobierno en el estado, ya que la contienda se caracterizó por el enfrentamiento entre las elites locales por la candidatura al vicegobierno. El triunfo de Eugenio Gayou como vicegobernador significó para grupos de otras localidades una imposición de Maytorena. La toma de posesión el primer día de septiembre de 1911 dejó entrever algunos conflictos entre los grupos. Maytorena no dejaba de exaltar que las condiciones que imperaban en el estado y en el país eran las que impedían el éxito rotundo de las políticas aplicadas durante su gobierno. Varios elementos le preocupaban, tales como: el levantamiento de los indios yaquis, la rebelión orozquista y sobre todo el enfrentamiento velado o expuesto con algunos de los diputados. La caída del gobierno de Madero llevó a Maytorena a uno de los puntos más álgidos en sus relatos. La usurpación del poder por parte de Victoriano Huerta puso a prueba la capacidad de Maytorena de tomar posición ante una eventualidad.

Este momento de la vida de Maytorena propició el interés del sujeto en sus relatos de vida. Su búsqueda incansable para justificar su actuación se vio favorecida por la participación de Víctor Venegas quien materialmente escribió algunos de los relatos y siempre insistiendo en que estaban sustentados en los apuntes de Maytorena. Por otro lado, vale la pena recalcar que el sentido de los relatos obedece al momento en que los hizo el sujeto así como su intención por el objetivo que pretendía alcanzar.

Desde que Maytorena, siendo gobernador del estado, permanecía en la ciudad de México en los primeros días de 1913, manifestaba su inquietud por las condiciones que imperaban en la capital de la república. Madero insistía que la situación estaba bajo control. Cuando Maytorena regresó a su ciudad natal a tomar un descanso antes de retomar el poder, fue informado de los sucesos en la ciudad de México. Su intranquilidad se acrecentó y buscó el apoyo de sus seguidores más cercanos para tomar una decisión. Las alianzas con los diputados no estaban en el mejor momento y ellos aprovecharon la coyuntura para no propiciar una acción conjunta con el gobernador que no pudo tomar una decisión rápida y por ello, en un primer momento, optó por la renuncia. Sin embargo, su duda aumentó y por sugerencia de algunos diputados eligió solicitar una licencia hasta por seis meses.

El 26 de febrero de 1913, el Congreso local le concedió a Maytorena la licencia y nombró al diputado Ignacio L. Pesqueira como gobernador interino. Maytorena consideraba que no podía siquiera iniciar la defensa del estado, es por ello que “para evitar ese conflicto y prevenir dificultades, se convino en que el gobernador constitucional se separaría con licencia de su puesto”.[10] Además señaló que midió sus fuerzas “y calculando que ni por el estado de mi salud, ni por circunstancias especiales de carácter netamente personal, podría dominar la situación que veía aproximarse, me determiné a renunciar”,[11] y añadía: “Unánimemente se opusieron a ello aduciéndose diferentes causas y haciéndome ver con numerosas argumentaciones que mi presencia como Gobernador Constitucional era irremplazable en las circunstancias, por lo que me propusieron que me separara con licencia, la que acepté y con pretexto de mala salud, me separé del Gobierno, no sin antes haber obtenido de mi sucesor, señor Ignacio L. Pesqueira, la formal promesa de que desconocería a Huerta”.[12] Según Taracena,

El Gobernador de Sonora, José María Maytorena, pidió una licencia de seis meses para dejar en libertad a los jefes Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Salvador Alvarado y Bracamonte, de consumar órdenes de aprehensión, fusilamientos, ahorcamientos, despojos saqueos de bancos y otras medidas radicales, dispuestos como estaban a ser inflexibles con los traidores.[13]

Las versiones de la separación del gobierno aumentaron:

Todas las instancias hechas por los jefes militares y por los prefectos, presidentes municipales y comisarios de policía, es decir, por todo el escalafón del gobierno civil, y la actitud del pueblo levantado contra Huerta no fortalecieron el ánimo de Maytorena y entonces le fue impuesta una licencia de seis meses para “atender a su quebrantada salud”, así conservaba su investidura de gobernador constitucional separado temporalmente por causa de fuerza mayor, y dejaba de ser rémora para la resolución que el pueblo reclamaba, airadamente ya a esas alturas por las inmerecidas complacencias que se habían venido teniendo con aquel hombre completamente desmanejado, cuyas funciones podía desempeñar otro ciudadano que nombrara el Congreso del Estado con la facultad que le confería su condición de representante del pueblo...[14]

Los hechos, independientemente de los motivos, reflejaban ya una disminución del liderazgo por parte del gobernador Maytorena, la cual se acrecentó por su actitud vacilante en momentos tan importantes para la vida del estado.

La solicitud de licencia de Maytorena la sustentó en el pretexto, según sus propias palabras, de su precario estado de salud. En un escrito Maytorena señalaba:

Fue en este momento cuando yo, consultando mi conciencia, y midiendo mis fuerzas y calculando mis aptitudes, me hice la reflexión de que ni por el estado de mi salud, ni por mi ignorancia en asuntos de guerra podría ser el jefe de un gobierno militar; y entonces me determiné a renunciar a mi puesto, habiéndoselo expresado así a todas las personas a quienes había convocado a esa junta. No se admitió mi proposición de renuncia, alegándose principalmente esta razón que me pareció de peso: que con mi separación le faltaría a la Causa el prestigio de un gobernador constitucional; y me vi obligado a condescender en que la forma más adecuada de solucionar aquel conflicto sería aceptar una licencia por seis meses que me concedería la Legislatura a propuesta de los señores diputados, presentes en la reunión.[15]

Según McCreary, Obregón, Hill y Alvarado le dijeron a Maytorena que era una decisión equivocada dejar el estado y que Pesqueira no les gustaba, a lo que el gobernador les dijo que debían respetar la resolución de la legislatura y que debían apoyar al gobierno.[16] “Una noche durante una cena en el hotel Cohen de la capital, los diputados Ignacio Bonillas y Eduardo González trataron de convencer a Hill y a Alvarado de la validez de sus razones”.[17] A pesar de que Maytorena había propuesto como gobernador sustituto a Juan G. Cabral, tanto la legislatura como los militares no secundaron esa propuesta y prosperó la designación de Ignacio L. Pesqueira como gobernador sustituto.

En ese momento, Maytorena consideraba que Pesqueira desconocería al gobierno de Huerta y posiblemente avalaría situaciones que Maytorena no quería o no podía promover. La solicitud de licencia para ausentarse del cargo por un periodo máximo de seis meses, le daría tiempo a Maytorena para conocer la posición de los distintos gobiernos locales y sobre todo le permitiría ver el desarrollo de los acontecimientos con mayor tranquilidad. Muchos eran los escenarios posibles, grandes las vacilaciones y pocas las certezas. Así, Maytorena obtuvo la licencia por parte de la legislatura y, a la vez, el compromiso del gobernador sustituto de que desconocería al gobierno de Huerta. De esta manera, posiblemente, pretendía dar tiempo para ver los hechos con la distancia que a veces se requiere, despejar los escenarios con la idea de posicionarse en el mejor de ellos o simplemente su decisión reflejaba el temor a una decisión que le implicaba destreza, oficio político y liderazgo. Con esto, se iniciaron, para Maytorena, años turbulentos en su vida política. Los conflictos en la capital mexicana y los problemas internos del estado, unidos a la actitud vacilante de

Maytorena, no hicieron posible que él lograra aglutinar el apoyo que requería para atacar al gobierno que había traicionado a Madero. Según Friedrich Katz, “a fin de cuentas el fracaso de Madero representó el fracaso de la clase social a la cual pertenecía y cuyos intereses consideraba idénticos a los de México: los hacendados liberales”.[18] Añadía que la falta de cumplimiento a las promesas hechas a los campesinos originó el retiro del apoyo por parte de ellos a líderes como Carranza y Maytorena. No obstante, Maytorena consiguió, todavía años más tarde, el sustento por parte de un importante grupo de indios yaquis a cambio de nuevas promesas.

Este momento crucial en la vida de Maytorena arroja elementos de análisis respecto a la diversidad de las fuentes y sobre todo porque el sujeto hacía alusión a motivos o a pretextos de acuerdo a su audiencia y al momento que se vivía. Las complicadas circunstancias que se presentaron contribuyeron a la indecisión de Maytorena. Adolfo de la Huerta se expresaba de Maytorena argumentando que

El hombre se sentía perdido, enteramente desalentado. Sin duda la enfermedad lo tenía acobardado, pues Maytorena en otras ocasiones había dado pruebas de valor evidente. En los combates era hombre decidido y brioso. [...] Era de pocos alcances Maytorena en el terreno de la política y no se daba cuenta de lo que en torno suyo se desarrollaba. Había estado en los principios de la revolución sin saber realmente por qué.[19]

Las versiones que más han prosperado han sido aquéllas que los enemigos políticos de Maytorena han difundido. Esto no significa que carecen de sustento. El argumento simple es que fue un cobarde y se añadía que estaba comprometido con aquéllos a quienes se les llamaba “científicos”; es decir, aquéllos que estaban con el gobierno de Victoriano Huerta. A la vez, señalaban que Maytorena lo hizo por conservar sus privilegios personales, familiares y sociales. Con respecto al primer argumento, el camino es fácil si aceptamos esto sin analizar las demás acusaciones. Referente a su compromiso con los llamados científicos tiene un sustento. Políticos, como Rodolfo Reyes, que habitaban en la ciudad de México le insistieron en la necesidad de reconocer al gobierno, exaltaban las fallas que Madero había tenido y por lo cual no fue posible sostenerse en el poder. Reyes cumplió un papel importante, su amistad heredada de sus padres permitió que mantuvieran entre ellos correspondencia en la que conminaba a Maytorena a reconocer al gobierno usurpador y lo exhortaba a que reconociera la validez de brindarle el apoyo al gobierno y de la conservación del orden. La amistad que durante años y a través de la anterior generación se había gestado, era un elemento sólido para Maytorena. En cuanto a su interés de sostener sus privilegios personales, familiares y sociales, él no lo aceptó e insistió en que no tenía los elementos suficientes para enfrentarse a los intereses de algunos grupos. El dilema era fuerte, ya que él pertenecía a esas élites privilegiadas y sobre todo, la decisión debía ser tomada inmediatamente. Maytorena hizo hincapié en que la determinación no fue unilateral, sino que fue tomada con el consenso de la legislatura del estado. Él había optado, según lo expresó, por la renuncia, pero que algunos de sus amigos y seguidores le recomendaron que solicitara licencia por un espacio de seis meses. La licencia tenía como ventaja que Maytorena podía reponerse de sus males, se tomaba el tiempo necesario para decidir considerando todos los escenarios posibles, y sobre todo, percibiendo el desarrollo de los acontecimientos y la actitud de los diferentes grupos.

Sus detractores, en voz de Álvaro Obregón,[20] argumentaban que Maytorena pensó en reconocer al gobierno, ya que envió al general federal Miguel Gil un telegrama advirtiéndole del ataque a Cananea y que, a través de un emisario, le ofreció conferenciar para ver si llegaban a un arreglo con el gobierno del centro. A la vez consideraban que había rechazado el apoyo ofrecido por Álvaro y José Obregón, Fermín Carpio y Severiano Talamante para no reconocer al gobierno usurpador, arguyendo que no quería Maytorena perturbar el orden del estado y que había llamado, en un telegrama enviado a Calles, “bandidos y traidores” a quienes querían rechazar al gobierno de Huerta. A todo esto Maytorena respondió negando esos argumentos; lo del general Gil fue falso, ya que señaló que quien advirtió al general del ataque planeado fue al prefecto de Arizpe; es más, el ofrecimiento del diálogo fue iniciativa de Gil y Maytorena lo rechazó.[21] Maytorena aseveró que era cierto que aceptó, para una ocasión posterior, la cooperación de Obregón y acompañantes, excepto la de José Obregón, hermano de Álvaro, ya que había incurrido en excesos cuando fue presidente municipal de Huatabampo en 1911.[22] En cuanto al telegrama enviado a Calles, Maytorena refutó:

Este cargo es fraudulento e hijo de la más refinada mala fe. Desde la invasión orozquista en el estado merodeaban gavillas de verdaderos bandoleros en los Distritos del Noroeste, y mi telegrama a Calles, así como alguno otro a las autoridades respectivas, se referían a dichos bandidos; como perfectamente se interpretó en la época, efectuándose la persecución de esos malos elementos. Obregón ahora procura sobre un hecho cierto hacer una aplicación perversa y tendenciosa.[23]

La indagación en las condiciones en que se dieron esos acontecimientos son útiles para entender que la razón, justificada o injustificada, de la solicitud de licencia no es tan simple ni el calificativo de cobarde sobre Maytorena es la única explicación. Respecto a la mala salud, durante su vida, Maytorena tuvo severos problemas gastrointestinales y cualquier situación desestabilizadora propiciaba el agravamiento de su padecimiento. Él señalaba en algunos escritos que utilizó eso como “pretexto” y en otros decía que ése había sido el motivo. En realidad, aprovechó su padecimiento crónico como excusa para no revelar su dilema al reconocimiento del gobierno de Huerta.

El contexto en que se desarrollaron los acontecimientos fue confuso: por un lado, la información que provenía de la capital de la República era dada principalmente por sujetos implicados e interesados en el reconocimiento; por el otro, las publicaciones periódicas, sobre todo la prensa estadounidense, se sustentaba en opiniones de ciudadanos norteamericanos en territorio nacional así como quienes habitaban en los estados fronterizos de la unión americana. Las razones dadas por sujetos como Rodolfo Reyes no podían ser objetivas, ya que tomó parte desde un inicio en el levantamiento contra Madero y fue nombrado por Huerta ministro de Justicia; tampoco podían ser tomadas por Maytorena con la indiferencia que tal vez la situación requería debido a los lazos de amistad entre las familias. José López Portillo y Rojas ligado al movimiento reyista de 1909, fue nombrado secretario de Relaciones Exteriores. La postura de los distintos actores que participaban en el gobierno de Sonora no era homogénea; el ejecutivo titubeaba, el legislativo y algunos militares apoyaban el desconocimiento, y algunos grupos económicos promovían el reconocimiento. Sin embargo, los mismos grupos estaban divididos y esos hechos se desarrollaron en pocos días y con información encontrada y escasa que no podemos pensar que la discusión y las opiniones eran inamovibles. Posiblemente pocos optaron por un camino invariable y lograron la congruencia en los meses siguientes. De hecho, las alianzas entre los grupos se fueron modificando y las rupturas entre ellos ocasionaron el curso posterior de los acontecimientos.

La posición del poder legislativo era indecisa en el desconocimiento abierto y sobre todo en la manera de llevarlo a cabo. La mayoría de ellos se inclinaba por esa postura aunque no de manera contundente. En el caso de los militares parecía que la postura de Obregón de no aceptar al nuevo gobierno era la que prevalecía. No obstante, lo fundamental fue la incapacidad de Maytorena para tomar una posición firme y de esa manera utilizar su liderazgo para convencer que su postura llevaría al éxito al estado de Sonora. Aunque Maytorena tenía muchos frentes de conflicto abiertos, todavía conservaba un liderazgo capaz de unificar a los sonorenses en una empresa en común. Además, el ser un gobernador constitucionalmente electo, le daba legitimidad al discurso político. A pesar de los obstáculos que había tenido Maytorena en los meses de gobierno transcurridos, había logrado saltear muchos de ellos. El enemigo externo podía desvanecer de momento, por lo menos, las desavenencias internas.

Maytorena no tuvo el temple para medir sus fortalezas y enfrentar al enemigo externo aludiendo a su capital político y social que conservaba en el estado. Todo ello propició un giro en su carrera política, lo que manifestó constantemente en sus relatos de vida. Maytorena, consciente del deterioro de su fuerza por la falta de decisión, reforzó sus testimonios para que la historia justificara su actitud. En ello contribuyeron en un sentido y en otro, sus seguidores así como sus detractores. Así nos enfrentamos a un sujeto que la historia marginó y que por un momento de su vida, nubló una carrera política de éxitos y fracasos, de ideales y de frustraciones, de conveniencias y de convicciones. Sin embargo, próximo al centenario de la Revolución mexicana, resulta pertinente hacer hablar a sujetos que la historiografía castigó.

Notas: 1.- Laura Alarcón Menchaca. José María Maytorena. Una biografía política. Zapopan: El Colegio de Jalisco, El Colegio de Sonora y Universidad Iberoamericana, 2008.; 2.- Esta obra fue publicada por el autor en Los Ángeles, California, por la imprenta de El Heraldo de México en 1920.; 3.- Álvaro Obregón. Ocho mil kilómetros en campaña. México: FCE, 1959. (Fuentes para la Historia de la Revolución Mexicana, V).; 4 “Escritos de José María Maytorena”. Carpeta: Escritos varios. Archivo de José María Maytorena, colección particular (en adelante AJMMcp).; 5 Cfr., Daniel Bertaux. “El enfoque biográfico: su validez metodológica, sus potencialidades”. Historia oral e historia de vida. México: FLACSO, 1988. (Cuadernos de Ciencias Sociales, 18), pp. 55-80.; 6 Así fue la Revolución Mexicana. La Revolución día a día. México: Senado de la República, SEP, INAH,CNFE, 1985, tomo 7, p. 1429.; 7 Friedrich Katz. Pancho Villa. Trad. Paloma Villegas. México: Era, 1998, t. 1, pp. 391-392.; 8 Idem.; 9 Del Vando era director de la Biblioteca del Estado de Sonora durante la decena trágica. El Correo del Bravo. El Paso, Texas, 15 de marzo de 1914, p. 1.; 10 Venegas, “Escritos sobre…”, AJMMcp, p. 142.; 11 Maytorena, Informe del gobernador de Sonora…, p. 47.; 12 Maytorena, “Escritos sobre…, AJMMcp, p. 3.; 13 Alfonso Taracena. Historia Extraoficial de la Revolución Mexicana: desde las postrimerías del porfirismo hasta los sexenios de Echeverría y López Portillo. México: Jus, 1987, p. 97.; 14 Antonio G. Rivera, La Revolución en Sonora. México: sin editorial, 1969, p. 293.; 15 Maytorena, “Escritos sobre…”, Archivo José María Maytorena. Colecciones especiales. Honnold/Mudd Library. Claremont College, California (en adelante AJMM), caja 3, carpeta 17- 2 C.; 16 Guy Weddington McCreary, From glory to oblivion. The real truth abourt the Mexican Revolution. Nueva York: Vantage Press, Inc., 1974, p. 82. En ello coincide Héctor Aguilar Camín, La frontera nómada. Sonora y la Revolución Mexicana. 2ª ed. México: Cal y Arena, 1997, p. 372.; 17 Aguilar Camín, La frontera nómada..., p. 372.; 18 Friedrich Katz, La guerra secreta en México. Trad. Isabel Fraire. México: Era, 1982, t. 1, p. 139.; 19 Roberto Guzmán Esparza (transcripción y comentarios). Memorias de don Adolfo de la Huerta según su propio dictado. México: Guzmán, 1957, p. 56. El autor fue secretario particular de De la Huerta desde diciembre de 1923 hasta fines de 1933.; 20 Álvaro Obregón, op. cit., passim y Maytorena contesta a esto en su obra Algunas verdades sobre el general Álvaro Obregón, passim.; 21 Maytorena, Algunas verdades..., p. 24. Estos puntos prácticamente los transcribe McCreary, op. cit., pp. 93-95.; 22 Maytorena, Algunas verdades..., p. 13.; 23 Ibid., p. 25.;

Fuente: Articulo autoría de Laura Alarcón Menchaca. José María Maytorena. Entre el relato de vida y la historia de vida. El Colegio de Jalisco. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla .

 
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