chihuahuense.jpg

SER PERIODISTA EN LA REVOLUCIÓN MEXICANA: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

 

 

A la memoria de Ignacio Herrerías, el primer corresponsal de guerra revolucionario que justo en este día (13 de agosto de 2012) se cumplen cien años de su asesinato, y a la de su nieta, mi amada madre, la eximia soprano Betty Fabila, fallecida el pasado 7 de agosto.

Betty Zanolli Fabila.

El 13 de agosto de 1912 la sociedad mexicana se cimbró: tropas zapatistas habían asaltado un tren a la altura de Ticumán dando muerte a los pasajeros que iban en él, pero con especial dureza habían ultrajado y torturado, antes de quemar los vagones, a dos periodistas: Humberto Strauss de "El Imparcial" e Ignacio Herrerías de "El País". Herrerías tenía 32 años de edad y formaba parte de una dinastía de hombres entregados al periodismo y a la fotografía, por un lado sus hermanos Fortunato, Gonzalo y Ernesto, por el otro sus primos Casasola, en aquellos años particularmente Agustín Víctor, con quien él se formó. Desde muy joven comenzó realizando algunas de las primeras crónicas de sociales que hubo, pero a partir del estallido de la Revolución se convirtió en corresponsal de guerra en pleno campo de batalla, en el que entrevistó a los principales protagonistas de la gesta, lo mismo a Villa que a Orozco, Madero, Carranza y al propio Zapata, lo que le hizo ser testigo presencial de dos de los más trágicos y emblemáticos sucesos de la gesta revolucionaria: la crónica de la muerte de la familia Serdán en noviembre de 1910 y la toma de Ciudad Juárez en 1911. El periodismo era su vida, su pasión y su apostolado, tanto que a finales de ese año fundó y presidió la primera agrupación mexicana de periodistas, la Asociación de Periodistas Metropolitanos, para cuyos agremiados consiguió seguridad médica y un terreno en el Panteón Civil de Dolores donde podrían ser inhumados. Tres décadas después, en 1944, su hijo Ignacio F. Herrerías, fundador de Novedades, sería ultimado por la espalda en la propia oficina del entonces regente del Distrito Federal Javier Rojo Gómez, víctima de la traición de uno de sus ex trabajadores, Florencio Zamarripa.

Sí, dos trágicas muertes que enlutaron a una misma familia de periodistas, de la misma manera como en la actualidad el país está enlutado por las decenas de miles de muertes y en especial por las del centenar de periodistas que han muerto en la última década, como Ignacio Herrerías, ofrendando su vida a la causa periodística.

Hoy, cien años después, el panorama para el periodismo nacional no sólo no ha variado, se ha ensombrecido y es por demás dramático. A más de un siglo desde que Herrerías luchara por el bienestar social de los periodistas, en el mes de junio de 2012 fue promulgada la Ley para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, aprobada por el Senado, y a partir de entonces diversos estados de la República han hecho lo propio a nivel local. Sin embargo, la gran pregunta es ¿los nuevos ordenamientos legales frenarán las amenazas, los atentados, los asesinatos crecientes de periodistas? Uno de los mayores retos del nuevo régimen será la salvaguarda plena de la libertad de expresión y de la integridad de sus profesionales, pero ésta no podrá ser tal mientras la impunidad y la violencia reinen. Sin duda es loable que se diseñen nuevos dispositivos legales, pero ¿de qué manera evitarán estos los crecientes índices de asesinatos de periodistas? Todos los días nos es recordado que México es uno de los países con mayor número de crímenes en su contra, tan sólo de 2006 a la fecha han ocurrido 78 asesinatos -11 en lo que va de 2012- y 14 desapariciones, pero ahora también lo es respecto del número de ataques a los medios de comunicación, más de 40 en el mismo periodo.

En este panorama ¿podrán la nueva ley federal y las locales combatir estas tendencias y ofrecer una verdadera protección a los periodistas y luchadores sociales? Con federalizar los crímenes de esta naturaleza, extender la protección al periodista y sus familiares y establecer órganos ex profeso no basta y menos frenará la ola creciente de atentados contra los periodistas. El problema todos lo sabemos es de fondo y ante la muerte es demasiado tarde actuar.

Crítica es la incapacidad del Estado Mexicano para garantizar la libertad de expresión. La democracia que vivimos es por demás cuestionable, como evidente es la enorme vulnerabilidad que enfrentan los periodistas auténticos. Mientras el país no se serene, los procesos de todo tipo se realicen en apego irrestricto al mandato constitucional y se logre impulsar una transformación educativa que contribuya a formar una nueva moral ciudadana, los crímenes contra el periodismo y contra la ciudadanía continuarán recrudeciéndose. Sí, la responsabilidad es del Estado, pero también lo es de toda la sociedad.

En la fotografía aquí presentada, Ignacio Herrerías (izquierda) retrata a Pascual Orozco y a Francisco I. Madero dialogando, en tanto Abraham González también conversa con un periodista, Gerald Brandon durante la Toma de Ciudad Juárez.

Fuente: Articulo autoría de Betty Zanolli Fabila . Ser periodista: entre la vida y la muerte. El Sol de México. 13 de agosto de 2012. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla : Una historia en imágenes. Mayo de 1911.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia