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LUIS MOYA REGIS

 

EL GENERAL LUIS MOYA (1855-1911)

Nació el 21 de junio de 1855 en el Real de Sombrerete, Zacatecas. Fue hijo de José Luis Moya y María Fortunata Regis de Moya.

Su niñez y juventud transcurrieron en la Hacienda de San Agustín de Melilla, municipio de Nieves, propiedad de la familia Pimental, de la que su padre era administrador, situación que le permitió el continuo trato con la gente del campo. Fue educado bajo severas normas morales y de trabajo.

Muy joven recorrió gran parte de la República Mexicana: San Pedro de las Colonias (donde conoció a Francisco I. Madero varios años antes de que se iniciara la lucha armada); La Laguna, Durango, Chihuahua y Arizona, donde trabajó en una negociación minera.

En 1878, a los 23 años de edad, contrajo matrimonio con Micaela Puente.

A principios de 1909, reunido en la Plaza de Armas de Chihuahua, se congregó con un grupo de individuos que abiertamente conspiraban contra el régimen porfirista, anhelando justicia y libertad. Así, se unió con Abraham González, el coronel Lomelín, Cástulo Herrera, Guillermo Vaca, Braulio Hernández y el licenciado Aureliano González y fundan el Club Anti-reeleccionista.

Al llegar Madero a Chihuahua, se entrevistó con los socios del mencionado club, nombró a Moya coronel y le pidió iniciar la lucha en un poblado entre Parral y Jiménez, posiblemente en San Pedro Madera. No encontró respuesta en los poblados y decidió internarse en territorio zacatecano. Para comenzar  la revolución en su estado, inició el ataque en Nieves, el  3 de febrero de 1911. Esta primera acción militar puso de manifiesto su conducta revolucionaria con respeto a las vidas y propiedades de la población civil.

Luis Moya Regis poseía un valor temerario,  tuvo la visión de comprender el movimiento revolucionario y la forma en que debía enaltecerlo. Trataba por todos los medios de que sus compañeros no cayeran en la vulgaridad del pillaje para no dar de esa manera motivos al pueblo mexicano de considerar a los mismos revolucionarios como tropas de bandidos o ladrones. A pesar de ello, la prensa, apoyando al régimen del General Porfirio Díaz, los calificó dignos de la horca.

Trató de inculcar a sus hombres la idea de que las finalidad que se perseguía era derrocar al dictador Porfirio Díaz, para tener una distribución más equitativa de la riqueza. Estos ideales, por ningún motivo, debían ser divididos y mucho menos desprestigiados por ellos que hacían la revolución.

Cuando llegaba a ocupar algunos poblados, hacía lo posible por que sus hombres respetaran las vidas y pertenencias de los habitantes, por lo que, cuando se tenían noticias de la presencia de los hombres de Moya, la gente no temía, pues estaba segura de que ningún atropello se cometería en contra de ellos. Aun las instituciones bancarias y las oficinas rentísticas tuvieron muestra de su honradez, pues los bancos nunca vieron menguadas sus pertenencias.

Al llegar a alguna población, trataba de poner en orden la administración, disponiendo que les fueran pagados los bajos salarios a los empleados y principalmente a los maestros. Entre las diferentes plazas que ocupó fueron lo que hoy es Miguel Auza y Juan Aldama, San José y San Juan de Guadalupe, Chalchihuites; además, hizo rendirse a importantes poblaciones en Durango, Aguascalientes y Jalisco.

La lucha adquirida por el aguerrido Luis Moya duró poco, pues al entrar a Sombrerete el día 9 de mayo de 1911, después de haber rendido la plaza que se encontraba bajo el mando del Teniente Coronel Trucy, tras un duro combate, tomó la población y, al hacer su recorrido, se escuchó un disparo, cayendo muerto el general Moya, que iba como sus acompañantes a pie y caminando con toda tranquilidad, como era su costumbre.

Sus restos fueron trasladados al Mausoleo de los Hombres Ilustres de Zacatecas.

Fuente: Secretaría de Educación Pública, México.

 
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