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GENERAL JESÚS GONZÁLEZ HERRERA CUSTODIO DEL PRESIDENTE JUÁREZ EN LA LAGUNA

 

La misión de Santa Ana de los Homos fue de las primeras que se fundaron en La Laguna, después de la de Santa María de las Parras en el año de 1598, por el padre jesuita Juan Agustín de Espinosa. Perduró en sus funciones evangelizadoras por muchos años y, como todas las misiones de la región, más tarde se transformaron en poblaciones estables y después en haciendas.

Con tal calidad, don José María Herrera fue propietario de la antigua hacienda de Homos, desde fines del siglo XVIII, hasta la tercera década del siglo XIX, cuando una familia de Nieves, Zacatecas, vino a La Laguna en busca de trabajo.

Por su seriedad y honradez, ésta es aceptada precisamente en la hacienda de Homos. Dicha familia estaba compuesta por don Salvador González y doña Pilar Borrego, con sus hijos, quienes se dedicaron a las labores agrícolas de la hacienda, con la circunstancia de que pasando el tiempo, uno de sus hijos, Jesús, contrae nupcias con la hija del señor Herrera, de nombre María del Pilar. El nuevo matrimonio procrea varios hijos, de los cuales, el segundo, que nació en el año de 1833, recibió el nombre de Jesús González Herrera y fue bautizado en Santa María de las Parras.

El niño crece en la hacienda, siendo su niñez y su adolescencia tranquilas; estuvo rodeado de amor y calor hogareño, a pesar de que la hacienda de Santa Ana de los Hornos tenía un nuevo dueño, don Leonardo Zuloaga, quien la había comprado a los herederos del señor Herrera.

Zuloaga, español de origen vasco, vino a México por el año de 1821, trasladándose a Saltillo junto con su hermano Pedro, aquí se separaron, pues mientras Pedro se fue a Chihuahua, Leonardo viajó a Parras, comprando posteriormente la hacienda de Hornos, como ya se dijo.

Poco a poco, Zuloaga va adquiriendo en propiedad todas las tierras laguneras, promoviendo la agricultura principalmente. El nuevo dueño y señor no veía con malos ojos a Jesús, sin embargo, el joven demostró siempre un carácter firme y rebelde. Transformado en un experto jinete, a pesar de su corta edad, miraba con recelo a Zuloaga, a quien consideraba un tirano.

Su espíritu, de lucha y rebeldía comenzó a despertar, pues desde ese entonces aconsejaba a los pastores que no pagaran al patrón el tributo que se les exigía situación que encolerizaba profundamente a don Leonardo.

Pasó el tiempo y en aparente tranquilidad, el joven Jesús González Herrera se dedica a los quehaceres agrícolas y ganaderos de la hacienda. Las fuentes históricas lo describen como un mozalbete corpulento, de ojos azules, piel blanca y mirada penetrante. De un carácter recio y espíritu rebelde; de buena estatura, de ademanes viriles y de buenas facciones, con un porte arrogante y siempre en desacuerdo con la sumisión, la humillación y el servilismo.

Las muestras de su espíritu de lucha contra las injusticias

Pronto Jesús manifestó su rebeldía a los mandatos del patrón, a quien consideraba como un déspota, por el mal trato que daba a los peones, lo que provocó un distanciamiento, por el momento silencioso, entre ambos.

Mientras todo esto sucedía, sobrevino la promulgación de la Constitución de 1857, y claro está que los conservadores y clericales se unieron en desacuerdo con el paso trascendental que había dado el gobierno mexicano en favor del futuro desarrollo de la patria. Zuloaga, de acuerdo con Vidaurri y demás conservadores, simpatizaba con el movimiento contrario al gobierno de Juárez y sus nuevas leyes, provocando en el joven González Herrera su salida de la hacienda, para unirse a las fuerzas republicanas que habían comenzado a levantarse en el estado de Durango.

Inconforme, regresa a La Laguna para convertirse en el paladín de las instituciones y defensor de los campesinos. Así, organizó grupos dentro de los cuales estaban los colonos de la Vega de Marrufo, en donde nacerá después la población de Matamoros, Coahuila y estimuló nuevamente a los pastores laguneros a no pagar más el tributo o renta por el usufructo de las tierras de pastoreo, que el latifundista Zuloaga les rentaba. Esto le acarreó muchos enemigos pero, por otro lado, dio lugar a que se rompieran las hostilidades hacia un nuevo y naciente movimiento social en La Laguna.

Efectivamente, Leonardo Zuloaga amenazó a González Herrera y promovió un litigio en contra de los pacíficos colonos de la Vega de Marrufo, y como dice el historiador coahuilense don Esteban Portillo:

...al ver esto, los accionistas enviaron varios representantes apoderados, para sostener con energía el pleito, con sus títulos de posesión en las manos. Fue el primero, el coronel José María López Portillo, quien libró un combate con la gente de Zuloaga, en la Hacienda de la Concepción (La Concha o La Chona), habiendo caído prisionero y enviado ante las autoridades de Parras.

Este hecho histórico es interesante, pues señala que en La Laguna se libró el primer combate en contra del latifundismo en todo México, después de la guerra de Independencia.

Después suceden otros combates, tales como el de la misma Vega de Marrufo donde cayeron muertos varios de los dependientes de los negocios comerciales de Zuloaga quien, por este hecho, el 14 de mayo de 1862, envió al principal dependiente de la hacienda de Hornos, Pablo Mier, y a los empleados Simón Santoyo y Urbano San Miguel, además de un grupo armado, con órdenes precisas de desalojar a los colonos del poblado que ellos llamaban con el nombre de Matamoros.

Jesús González Herrera, dispuesto a defender los derechos de los colonos matamorenses, recibió a la gente de Zuloaga con varias descargas de fusil y en breve combate los derrotó, privando de la vida a Mier, a San Miguel y a cuatro hombres más.

Así se prolongan las luchas, pues para ese entonces el invasor francés había profanado el suelo mexicano y, sabedor de ello, González Herrera organizó los grupos rebeldes de La Laguna, recibiendo el grado de coronel, de parte del Ejército Mexicano.

Jesús González Herrera de pensamiento liberal

Hace una pausa en su vida militar activa y regresa a Viesca, con el objeto de contraer matrimonio con una bella y valerosa mujer, doña Carmen de la Fuente Cortinas, oriunda de esta villa, el 20 de octubre de 1862, según acta levantada en el Registro Civil de esta población.

El nuevo matrimonio se establece allí, viviendo en una casa de la calle de Hidalgo, casi enfrente de la casa por la misma calle, que posteriormente servirá de custodia a la comitiva del presidente Juárez y al Archivo de la Nación, el que en once carretas, arrastradas por bueyes, traía consigo el señor Presidente de la República, licenciado Benito Juárez García, el 11 de agosto de 1864, en su paso rumbo al norte, tratando con ello de salvaguardarlo de los imperialistas y traidores.

El coronel González Herrera, amigo entrañable de Juárez y de pensamiento liberal como él, se convirtió automáticamente en su protector y lo acompañó en su paso por La Laguna, como buen conocedor de todos los lugares de la región.

A petición del Presidente, organizó a los custodios del Archivo de la Nación, que encabezaba don Juan de la Cruz Borrego, su tío.

Es oportuno transcribir aquí este hecho histórico, tal como lo registró la maestra Rosario Fernández, quien hace interesante el relato de tan dramáticos momentos:

[...] Era la mañana del cuatro de septiembre de 1864, cuando la Comitiva Presidencial se detuvo frente al caserío de El Gatuno, a la puerta misma del desierto. Se detuvo allí para dar descanso y pienso a los animales; para descansar, enjugarse el sudor y sacudirse el polvo los hombres. Y lo hace precisamente ahí en El Gatuno, porque el Presidente, en años anteriores, había recibido en Palacio Nacional, a tres hombres de la región, don Darío L. Orduña, don Leonardo Ibarra, y don Sabino Reyes, que habían ido en comisión a pedirle justicia contra los desmanes del terrateniente español Leonardo Zuloaga. Éste, apoyado por Vidaurri, les había arrebatado los once sitios de tierras que cediera el Gobierno Federal. La lucha fue terrible. Zuloaga había armado una fuerza de 180 hombres montados, con órdenes de arrasarlo todo. Las familias serían deportadas o destruidas al grito de 'religión y fueros'. Los vecinos de la región por su parte, encabezados por Jesús González Herrera, se reunieron y armados también, dispuestos a morir por sus tierras y familias, así como por la causa liberal. Del furor de la lucha y valentía de los matamorenses, da fe este corrido que cantaban

los soldados:

Tulises de Matamoros

Que de todos son asombro

Ya les quemaron sus casas

Les quedaron los escombros

Sí, afirman los nietos de los valientes guerrilleros, aquí estuvo don Benito Juárez. En esta mera casa. Entramos en el amplio aposento cuadrangular vastísimo, tan usado como habitación única por nuestros campesinos del Norte. Esta estancia, comedor, alcoba; en él no hay promiscuidad; sugiere, eso sí, la entrañable unidad de los seres que se refugian bajo el mismo techo en su pobreza, con su temor a los animales salvajes y su aversión al amo. En este rincón -continúan nuestros informantes-, estuvieron sentados alrededor de una mesa, hablando con voz queda, don Benito Juárez y compañeros de lucha: José María Iglesias, Guillermo Prieto, Lerdo de Tejada,.. Después del almuerzo camina el señor Juárez bajo una enramada que había frente a la casa, las manos hacia atrás, los ojos clavados en el suelo, preocupado, se detiene de pronto y pide que llamen a González Herrera jefe de la guerrilla liberal. Tiene un encargo que hacerle: necesita un hombre capaz de cumplir una misión de importancia suma, de vida o muerte. Se ausenta don Jesús y al rato regresa con el hombre, alto, barbado, de complexión atlética. Se llama Juan de la Cruz Borrego y es agricultor de la región. Se sientan los tres bajo la sombra de la enramada. Juárez con su habitual actitud solemne les explica:

las once carretas colmadas de fardos traen los Archivos de la Nación. Los invasores y traidores quieren apoderarse de estos documentos. Hasta Chihuahua, a donde él se dirige el camino es largo y lleno de acechanzas. Quiere poner en manos de los Tulises esos tesoros, seguro de que sabrán guardar a riesgo de sus propias vidas. Don Juan de la Cruz Borrego contesta con un parco: 'descuide usted, señor' e informa que tiene un puñado de hombres a la altura de la misión. Es todo. El indio y el norteño se estrechan las manos sin más palabras,

Gracias a las gestiones del coronel González Herrera y otros más, el señor licenciado Benito Juárez, legítimo Presidente del Gobierno de la República, efectuó el primer reparto agrario del país, otorgando los títulos de propiedad a los colonos matamorenses. Además, el 8 de septiembre de 1864, estando en Mapimí, Durango, por decreto, eleva a Matamoros al rango de villa, y al coronel Jesús González Herrera, al grado de general.

La lucha contra el Imperio se recrudece y por todos lados brotan grupos patriotas, principalmente en el estado de Coahuila, encabezados y estimulados por su gobernador don Andrés Saturnino Viesca Bagues; interviniendo con su caballería de La Laguna el coronel González Herrera, en los combates de Parras, contra el traidor Máximo Campos, y en Santa Isabel el primero de marzo de 1866, demostrándose con el triunfo la bravura y la hidalguía de los hombres de La Laguna. Y el hecho del éxito de !a batalla, marca la iniciación

de la restauración de la República, al romperse el cerco imperialista en los estados del norte.

Existe valiosa documentación para testimoniar la vida y los hechos del general Jesús González Herrera. Dentro de ella están los escritos del insigne periodista don Francisco L. Rodríguez (q.e.p.d.), quien escribió con el pseudónimo de don César de Bazán, y del culto escritor lagunero Alfonso Ramírez Leyva. En sus escritos consignan:

Perseguido por los terratenientes que se habían convertido en sus acérrimos enemigos, el general Jesús González Herrera, que a raíz del pronunciamiento en contra de Lerdo de Tejada, el movimiento lo encabezó precisamente él, atizando la hoguera en Parras, desde donde viene a Viesca, mientras el jefe político del distrito de Viesca, con residencia en Matamoros, Coahuila, coronel Doroteo Rosales enemigo mortal del general González Herrera, era jefe del Partido Lerdista de La Laguna, quien llamó a las armas a sus parciales, entre los que contaban antiguos revolucionarios como Carlos Herrera, coronel Carlos González Montes de Oca, Toribio Regalado y otros más, que formaron la Alianza de La Laguna.

Estos enemigos del general González Herrera, se dieron cita en Matamoros, Coahuila. el 21 de enero de 1876, pues sabían que el jefe pronunciado, contaba con bastantes hombres valientes de Viesca, San Pedro, y del mismo Matamoros.

Hombres leales como el coronel Chapman, comandante Jesús Cortinas, Severiano Ávila, Agustín Domínguez e Ildefonso Pérez. Rosales al acecho, sabe que los revolucionarios salen de Viesca, y pasan por la hacienda de Hornos, dirigiéndose a Mieleras, y de ahí a la villa de Lerdo, para después, el día 25, ocupar el Rancho del Torreón.

La tumba de un héroe

González Herrera y su gente, después de acampar en el Rancho del Torreón, el 25 de enero de 1876, muy de madrugada al día siguiente, tomaron río abajo, movimiento que fue conocido por el coronel Rosales, y ocasionó que el grupo rebelde se encaminara a la hacienda de la Concepción (La Concha o La Chona), cuyo casco se situaba en la margen derecha del río Nazas, cerca del paso conocido como el Paso del Huacal, a corta distancia del rancho de San Rafael del Huero, donde hoy se encuentra el ejido de La Concha.

Habiendo avistado las fogatas del enemigo, el coronel Doroteo Rosales envió una patrulla de reconocimiento, con instrucciones de provocación sin resultado alguno, pues el general González Herrera y sus hombres se encontraban fortificados en la casa principal de la hacienda.

Don César de Bazán describe claramente el episodio con fundamento en los partes rendidos al gobernador del estado de Coahuiia, en ese entonces Antonio García Carrillo, diciendo:

Considerando inexpugnable la posición enemiga, los del gobierno se abstuvieron de atacarla y se ocuparon en tender un cerco en espera de que la carencia de víveres obligaría a los sublevados abandonar el recinto murado, y poder batirlos a descubierto. Efectivamente, hacia la una de la tarde, la tropa sublevada salió de la finca cruzando el río por el paso mencionado, pero en ese preciso momento, el coronel Rosales ordenó cargar sobre los contrarios que se vieron embarazados bien pronto en sus movimientos de retirada por los caballos que se bascaban, de donde surgió la confusión, viéndose obligados la mayoría, a huir a pie, pues el fondo del tajo de Sacramento era lodoso, y costaba mucho trabajo escapar a caballo. En ese preciso instante, hacían llover una lluvia de plomo sobre los rebeldes, haciendo una verdadera carnicería, que se llevó a cabo en el personal de la música, personal que en la villa de Viesca quiso seguir las banderas de González Herrera. En esos instantes de confusión el grave Jefe Rebelde seguido del coronel Elizondo, y de su segundo Juan Chapman, así como de los principales oficiales, se detuvieron a detener la retirada, pero con tan mala fortuna que sus caballos se atascaron pesadamente impidiéndoles la defensa. González Herrera vio caer uno a uno sus oficiales. Comprendiendo la derrota, se dispuso a vender cara su vida. No pudiendo salir el caballo desde el fondo del tajo, entre el pajonal, se batía bravamente y fueron de su pistola todos los muertos del gobierno que cayeron en la refriega.

Éstos fueron Agapito Montelongo, que sufrió de González Herrera un balazo en la frente; Facundo Sifuentes a quien le destrozó la mandíbula inferior; Gabino Mercado con un balazo en la cabeza, y Francisco Mercado, muerto en la misma forma. También fueron hechos heridos por los compañeros de González Herrera, los soldados gubernistas Francisco Martínez. Valentín Guerrero y Juan López. [Más adelante agrega]: Como un león enjaulado, seguía batiéndose denodadamente, el antiguo patriarca, amigo de don Benito Juárez y de Victoriano Cepeda, pero una orden de Rosales hizo que los suyos, se precipitaran disparando a la vez sobre el bravo militar de los días de la intervención, y fue entonces cuando cayó el general Jesús González Herrera acribillado a balazos, entre el lodo y la sangre de su caballo. Sus enemigos se precipitaron sobre él. Estaban furiosos por la muerte de sus compañeros y arrastrándolo sacaron el cadáver para conducirlo hasta unos

bordos cercanos, sin que dejaran de disparar sobre el cuerpo del muerto. Con cólera salvaje, con algo de satánico y de infernal que no les hace honor alguno, no sólo porque se trataba del hombre de mayor prestigio y bravura de La Laguna, sino por sus instintos de bárbaros, que no acusan nobleza alguna en la acción. Luego, por órdenes de Rosales, colgaron el cadáver de uno de los álamos, las facciones estaban desfiguradas, la espesa barba castaña había desaparecido; la sangre y el cieno sobre la ropa hecha jirones, haciendo aquel despojo humano más horrible, y tanto que se dijo que aquel cadáver no era el de González Herrera, sino de su coronel Elizondo, apenas llegado de Durango, perteneciente a las fuerzas pronunciadas de Susano Ortiz, y que había a unirse al jefe lagunero en la Villa de Viesca, a donde fue conducido por el jefe del partido gonzalista, de Matamoros, el señor don Pedro José Montoya.

Quedaron muertos según el parte rendido, aparte de González Herrera, Juan Chapman, el coronel Elizondo, Agustín Domínguez, Tranquilino Orejón, Florencio López y José M. Agundis, que no fueron identificados. Don Francisco L. Rodríguez termina este doloroso episodio, agregando:

Los prisioneros en número de 23 entre los que se encontraban los músicos de Viesca, que no habían perecido. El cadáver del general González Herrera, descolgado y lavado por manos piadosas, fue conducido a la Congregación de Mayrán, donde se sepultó rápidamente a causa del estado de descomposición que impidió ser conducido a Parras donde pretendían exhibirlo. Desde un principio se dijo y así se sabe a través de las generaciones que al darle sepultura se colocó una masa de carro como señal, que lo identificara algún día que quisieran rescatarlo.

Los miembros del Instituto de Investigaciones Científicas e Históricas de La Laguna, tomando en consideración versiones como ésta, además de las orientaciones del dilecto amigo Alfonso Ramírez Leyva, en 1980, hicimos varios viajes al ejido Mayrán del municipio de San Pedro, con el objeto de corroborar datos, recoger la tradición oral de la gente mayor, respecto al sitio de la sepultura del general González Herrera.

Visitamos también al señor José Díaz Morales, jefe del comisariado ejidal, quien inmediatamente nos facilitó todo. Además, platicamos con don Tomás Borrego Solís, descendiente directo del jefe de los custodios del Archivo de la Nación, Juan de la Cruz Borrego; con don Gabino Álvarez y su hija Francisca; también con don Julio Lastra, Santos López, Ramón Alvarado Ruiz, Arnulfo Álvarez Delgado, Emilio Ramírez González, José Garay Quevedo; con Jesús Cano Ruiz y Carmelo Regalado, recabando más datos que posteriormente nos conducirían al éxito, con el descubrimiento de la tumba del general Jesús González Herrera.

El primero de julio de 1980, a las 9:00 de la mañana, mientras la señora María Teresa Velásquez de Castillo y el ingeniero Antonio Mendoza, prominentes miembros del Instituto se dedicaban a tomar copias de los interesantes documentos históricos sobre la congregación de Mayrán, Las Habas y San Nicolás, los demás, entre los cuales estuvieron don Eduardo Guzmán, don Víctor Cema, César Maeda –tomando fotografías y películas-, Manuel Aparicio Juárez, Alfonso Castillo Rodríguez y sus hijos, además de César Saúl Sánchez, fuimos al panteón del ejido, que se encuentra en "las goteras", al norte, que tiene una extensión de por lo menos una hectárea. Acompañados de las personas mayores del lugar, llegamos pues a un arenal de gran altura, donde se encuentran los sepulcros con sus cruces, y pronto nos señalaron algunos sitios orientadores, como los linderos del antiguo panteón y el posible lugar en donde podría encontrarse la masa de carro de muías, como indicio seguro de la tumba del general, Estábamos decidiendo el lugar, cuando la señora Dominga Chavarría, con una precisión y sin titubeos, nos dijo: "miren, no batallen, la masa que buscan yo la vi hace 52 años al pie de la losa de mármol de la tumba de mi abuelo don Guadalupe Chavarría, que ahora están cubiertas por cantidad de arena por el paso del tiempo, nomás sigan la cruz de mi abuelo y ahí la encontrarán".

Fuente: Iglesias, José María, Revistas históricas mensuales, Monterrey, 1864.; Lerdo de Tejada, Sebastián, Verdadera crónica de viaje, del 22 de septiembre a octubre, Biblioteca Nacional, México, 1864.; Maeda Villalobos, Luis, Historia de La Laguna. Raíces de un pueblo, Monografía histórica presentada por el Instituto de Investigaciones Científicas, Históricas y Geográficas del Estado de Coahuila, Unidad Laguna, Torreón, edición independiente, 1979.; Rodríguez Chihuahua, Matías, El pueblo y su memoria, Dirección Municipal de Cultura de Torreón, tomo 23, Colección Centenario, Torreón, 2005.; Tamayo, Jorge L., Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia, tomo 9, 2V ed., Presidencia de la República, México, 1974.; Treviño Rodríguez, Roberto, Por la Vega de Marrufo, Memoria Histórica de Matamoros, Coahuila, Dirección General de Culturas Populares PACMYC, Torreón, 2004. Valdés, José Santos, Matamoros, ciudad lagunera. Editora y distribuidora de publicaciones, México, 1973.; Dos coahuilenses en la historia de la patria. Gobierno del Estado de Coahuila. Consejo Editorial del Estado.Colegio Coahuilense de investigaciones Históricas.

Luis Maeda Villalobos. Dos Coahuilenses en la Historia de la Patria. Articulo autoría de Matías Rodríguez Chihuahua. Educador, cronista de su ciudad natal. Desde 1992 pertenece a la Asociación Nacional de Cronistas Mexicanos. Miembro de la Asociación de Investigadores de Historia y Paleontología de La Laguna. Autor de Mapimi voz del tiempo; Matamoros, vientos de poesía; Y luego vino el reparto agrario; A Matamoros. Su historia en un recorrido; Relatos mineros; Crónica al general González Herrera; La Gruta del Tabaco, patrimonio histórico nacional; Trágica manifestación campesina y General Alfredo Breceda Mercado, entre otras obras. Editor de la gaceta cultural Huellas. Colaborador de los periódicos El Siglo de Torreón, La Opinión y Siglo XXL Director de la revista cultural La Voz del Cronista. Imagen: Museo Juarista.

 
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