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TIBURCIO FERNANDEZ RUIZ

 

GENERAL TIBURCIO FERNÁNDEZ RUIZ (1887-1950).

Nació en La Experiencia, Chiapas, finca de la zona del Grijalva, el 27 de abril de 1887. Primogénito de don Tomás Fernández y de doña Elodia Ruiz, el estudiante de derecho, el fugaz combatiente en las filas de Villa y del Batallón Hijos de Tuxtla, el mapachi mayor, el gobernador “contrarrevolucionario”, el senador aplacado y el ranchero manso de sus últimos años es retratado con verdadera elegancia y dominio de las herramientas del historiador y del escritor por Valente Molina.

A través de una biografía cronológica –narrativa, como las escritas por Paco Ignacio Taibo II– en las que abundan los datos minuciosos, rescatados de conversaciones y de fondos documentales que abarcan la Universidad de Tulane, el Archivo General de la Nación y la Hemeroteca Nacional, entre muchos acervos, el autor plasma la compleja vida de Tío Bucho, un personaje al que se le había aplazado y se le debía un trabajo de este tipo.

Valente Molina logra con su investigación presentarnos los rasgos de un hombre terco, empecinad y rebelde, pero de escasas palabras, quien encabezó una lucha regional muy singular, como los muchos levantamientos que se suscitaron en el México revolucionario.

El movimiento de los mapaches en Chiapas –de defensa de la “familia chiapaneca”, de la “contrarrevolución” o del “levantamiento rebelde– no podría entenderse sin la participación de Tiburcio Fernández Ruiz. Fue el centro, el catalizador de un número importante de personas que se sintió agraviada por la incursión de carranclanes venidos del Norte con la intención de traer la revolución a un estado austral y fronterizo.

Antes de esos acontecimientos que catapultaran a Tío Bucho, conocemos a través de esta biografía los orígenes del jefe rebelde frailescano, su nacimiento en la Experiencia, sus antecedentes sevillanos, su “parientada” de Villaflores, sus años de estudiante en Chiapa de Corzo, San Cristóbal y el Distrito Federal, y como culmen, aquella famosa conversación con Villa para pedirle su anuencia para combatir en Chiapas y armarse con los rifles que le quitara al enemigo.

El mapachi mayor tiene entonces 26 años. Promulga el acta de Canguí. Se rebela contra los carrancistas. Pelea. Reúne primero a un centenar de combatientes. Después a dos mil. Lo acechan. Logra triunfos. También sufre derrotas. Incursiona dos veces a Tuxtla. Es temido. Gasta cinco años de su vida en incordiar y en atacar a los gobiernos y al ejército enviados del centro.

La derrota de Carranza es su triunfo. El generalato alcanzado entre los mapaches se transmuta en general de división del ejército mexicano. Y los años de lucha armada en capital político que lo lleva a la gubernatura y, después, a dos periodos seguidos como senador de la república.

A los 39, dice Valente, regresa a la universidad para concluir la carrera de leyes que había dejado inconclusa para unirse a la División del Norte y formar después ese grupo de centauros chiapanecos, devoradores de maíz crudo, que provenían casi todos de la frailesca o de fincas del centro de Chiapas.

Con la licenciatura concluida, Tío Bucho decide instalarse en Tuxtla y alejarse de las actividades políticas. Lo suyo será desde entonces hasta su muerte el rancho: cultiva maíz, cría ganado, vende reses, quesos, leche y mantequilla lavada. Cuando Ida Langman, esa enamorada de Chiapas, cuenta que en su excursión a Cerro Brujo en 1948 se hospeda en la casa grande del general, allá en Coita: “Para mí, el rancho era una nueva experiencia. Los animales menores del corral se paseaban libremente por todas las piezas de la casa. En el cuarto donde pasé la noche, dormía también una gallina en su nido. Durante la noche, arriba en el techo, caminaba algún animal que, a cada paso, desprendía pedacitos de tierra, que caían encima de mi cama. No supe qué animal sería pero me cubrí con la cobija y dormí bastante tranquilamente. En la mañana, me dijeron que se trataba de tlacuaches que dormían durante el día, y en la noche se despertaban para buscar alimento”.

Tiburcio Fernández era un hombre, como lo cuenta Langman, sencillo y de campo, que la bola lo arrastra a las armas.

Ya retirado, aparece de cuando en cuando en algún acto político y desfila, a veces, con su traje de general de división los 16 de septiembre por las calles de San Cristóbal. Le da tiempo para enamorarse y procrear hijos, hijas. Sufre también las ausencias. La muerte de un hijo de 24 años y de dos esposas.

En 1950, después de una operación de vesícula muere a la edad de 62 años. Había nacido en 1887 y la Revolución lo había encontrado en la juventud dispuesta para estos combates.

Tiburcio Fernández Ruiz falleció en la Ciudad de México el 8 de diciembre de 1950.

A su funeral acude el gobernador Francisco Grajales y un contingente importante de viejos mapaches montados en sus caballos, centauros al fin.

Francisco Grajales era su viejo conocido. Su amigo. Cuando mataron al padre del gobernador, Emilio Grajales, el poeta y autor del Himno a Chiapas, se cuenta que Tiburcio Fernández se acercó al huérfano para invitarlo a combatir con las mapaches: “Vamos, le dijo, a vengar la muerte de tu padre”. Y el joven aquel, casi niño, se decidió por el camino de las armas hasta convertirse en general y después en gobernador.

Tiburcio Fernández Ruiz es el mayor esfuerzo de investigación en torno a este hombre parco y terco, decisivo en su momento, olvidado después, y que gracias al trabajo de Valente Molina podemos conocerlo y comprender sus acciones en una etapa fundamental en la historia de México y de Chiapas.

Fuente: Reseña del libro: Molina, Valente (2014). Tiburcio Fernández. Tuxtla Gutiérrez: León de la Rosa Editores. Molina, Valente. Tiburcio Fernández. Biografía narrativa. 2014. Editorial Herencia México. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

 
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