historia.jpg

Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
DE MUJERES MADERISTAS FORMALES A CONSTITUCIONALISTAS AGUERRIDAS

 

Los miembros del antiguo régimen porfirista significaron para el presidente Francisco I. Madero un constante peligro de insurrección. Aunque en un principio logró sofocar la sublevación del general Bernardo Reyes, en diciembre de 1911, y la perpetrada por Félix Díaz en Veracruz, en octubre de 1912, y a pesar de que ambos militares fueron reducidos a prisión, estos lograron tomar parte en el cuartelazo encabezado por Manuel Mondragón, que en febrero de 1913 derrocó al gobierno maderista.

La llamada Decena Trágica, asonada militar que tuvo lugar en la ciudad de México del 9 al 18 de febrero de ese año, fue la acción más radical que la contrarrevolución encabezada por los hombres del porfiriato opuso al gobierno federal.

El general Victoriano Huerta se unió al grupo rebelde, así como un importante sector del Ejército Federal, y aprehendió el 18 de febrero al presidente Madero y al vicepresidente José María Pino Suárez, obligándolos a renunciar a sus respectivos cargos. Huerta ocupó la presidencia y pese a que garantizó el respeto de las vidas de ambos, los hizo asesinar el día 22 (le ese mismo mes cuando eran trasladados del Palacio Nacional a la Penitenciaría del Distrito Federal.

De esta manera quedó cancelado el primer proyecto democrático del siglo XX mexicano, pero a su vez, se reorganizaron las fuerzas revolucionarias que habían derrocado a Porfirio Díaz.

Venustiano Carranza, gobernador del estado de Coahuila, lanzó el 26 de marzo de 1913 el Plan de Guadalupe, por el que desconoció al general Huerta como Presidente, y estipuló la formación del Ejército Constitucionalista, en el cual fungiría como Primer Jefe. La participación de elementos del sexo femenino dentro de las filas del constitucionalismo fue de gran importancia, ya que ofrecieron sus servicios en diversos ámbitos dentro de la lucha.

Desde el momento mismo del cuartelazo, la inconformidad femenina se dejó sentir y fue así como Julia Nava de Ruisánchez y Gregoria Reyes de Maldonado, entre otras, propagaron panfletos contra el régimen de Huerta. Incluso la primera de éstas, que fue traductora y redactora de EL Diario del Hogar de la ciudad de México, elaboró un manifiesto antihuertista, que le valió ser aprehendida.

Una parte considerable de mujeres que se adhirieron a la causa de Carranza ya habían desempeñado, desde la etapa de la revolución maderista, actividades en contra de la injusticia prevaleciente en el país, es decir, la participación de la mujer mexicana encontró un hilo conductor entre los dos grandes movimientos políticos y sociales que tuvieron como fin dar una tenaz batalla a la intolerancia tanto de Díaz como de Huerta.

En este grupo pueden mencionarse a las antiguas maderistas María Guadalupe Moreno, Adelaida Mann y Virginia Negrete Herrera, quienes realizaron una intensa tarea de propaganda en pro del constitucionalismo. La primera hizo circular masivamente el Plan de Guadalupe, e incluso llegó a desarrollar una campaña de acopio de armas en el estado de Guanajuato.

Por su parte, Mann se encargó de difundir el discurso del senador chiapaneco Belisario Domínguez, pronunciado en 1913 en contra del gobierno ilegítimo del general Huerta, así como de la distribución de las proclamas del Primer Jefe y del periódico El Renovador, publicado en la ciudad de México.

Otras que se unieron al carrancismo en calidad de propagandistas, fueron María de los Ángeles Contreras y Carlota Urquidi Márquez, quien se dio a la tarea de difundir los periódicos El Renovador y El Constitucionalista, impreso éste en Veracruz.

La tribuna periodística y el ámbito educativo también fueron escenarios centrales donde la mujer pudo participar activamente al lacio del constitucionalismo. De esa forma, por ejemplo, Rosaura Lima Téllez en 1914 fue redactora en Veracruz del periódico El Pueblo, órgano oficial de la Primera Jefatura. Por su parte, Laura Apodaca de Castañeda hizo importantes aportaciones en el terreno educativo, que posteriormente le serían reconocidas por Carranza al nombrarla directora de la Escuela Normal para Señoritas.

Hubo algunas que desplegaron su acción revolucionaria dentro de alguna asociación femenil. "Tales fueron los casos de Natividad Herminia Álvarez Herrera y Francisca Manrique Guillén, ambas pertenecientes al Club Femenino Lealtad, quienes participaron en manifestaciones y en giras de difusión y propaganda del constitucionalismo.

Dentro de la lucha armada una parte del sector femenino también ofreció importantes servicios a la causa del Primer Jefe. Algunas se encargaron directamente de reunir contingentes de hombres para combatir a Huerta.

A esta labor se dedicó Rosaura Bustamante, quien en marzo de 1914 fue detenida y recluida en prisión en el puerto de Veracruz, por simpatizar con el constitucionalismo y enviar juchitecos al gobernador de Oaxaca, Miguel Bolaños Cacho, a fin de que constituyeran una fuerza armada que se adhiriera al ejército de Carranza.

De igual manera, a raíz del golpe de Estado huertista, Sara García Sabido ingresó a la Revolución cuando incitó a rebelarse a la población indígena de la Villa de Max Cañú, Yucatán, además de apoyar la formación de un grupo militar en esa región.

Por otro lado, en 1914 la chiapaneca Fidelia Brindis Camacho apoyó con recursos económicos a Luis Espinosa cuando éste, en el estado de Chiapas, se levantó en armas contra el régimen de Huerta. Asimismo, hubo mujeres que empuñaron las armas a favor del carrancismo.

Magdalena Alcántara combatió en 1913 en Durango al lado del general constitucionalista Domingo Arrieta, y participó en diversos hechos de armas tales como el ataque y toma de la ciudad de Durango y el sitio de Torreón, Coahuila, entre otros.

También se desempeñó como enfermera, actividad que venía realizando desde el tiempo de la revolución maderista. El servicio médico fue un aspecto de vital trascendencia durante la lucha armada.

En este rubro fue fundamental para la causa carrancista el apoyo de los cuerpos voluntarios de enfermeras, entre las que destacaron Sara Perales y Celia Espinoza Jiménez. En 1914, en Monterrey, Nuevo León, la primera de ellas se afilió al constitucionalismo en calidad de enfermera en jefe, en tanto que la segunda, después del golpe de Estado de 1913, se incorporó a la Cruz Blanca Neutral. Poco tiempo después ésta desarrollaría importantes funciones dentro del gobierno de Carranza establecido en Veracruz.

Mujer versátil, de recio carácter, fue Juana Torres, quien apoyó al movimiento constitucionalista en los estados de Nuevo León y San Luis Potosí. Como enfermera logró sobresalir cuando sanó las heridas de Eulalio Gutiérrez. También empuñó las armas en distintos combates y fungió en labores de espionaje.

Dentro de esta última actividad cabe señalar la colaboración dentro del contingente carrancista a Eva Flores Blanco quien en el año de 1913 realizó junto con Pablo González importantes misiones confidenciales.

De igual manera, puede mencionarse el caso de María Trinidad Ontiveros, quien después de fugarse del presidio donde la había recluido el régimen de Huerta pudo incorporarse al Ejército Constitucionalista, al que sirvió como espía de 1914 a 1917, y en el que alcanzó el grado de capitán primero.

Fuente: Las mujeres en la Revolución Mexicana, 1884-1920. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Investigación Histórica. Begoña Hernández y Lazo y Ricardo Rincón Huarota (Coordinación), Martha Eugenia Ordaz Schroeder, Liliana Bárcena Díaz, Mauricio Bretón, González, Carlos Bustamante López, Gustavo Adolfo Cubero Piña, Marta del Rayo González Vázquez, Ma. Elizabeth Jaime Espinosa y Magdalena Rivera Pérez.

 
Joomla extensions and Joomla templates by JoomlaShine.com
Agregar a Favoritos      Ligas de Interes     Mapa del Sitio      Miembro Honorable     Fuentes/Creditos      Contacto/Buzon de Sugerencia