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PRESENCIA Y MUERTE DEL CABALLEROSO GENERAL MANUEL DOLORES ASÚNSOLO (1881- 1911)

 

Los atentados, los despojos, la arbitrariedad y una falta absoluta de libertad, cada vez más ignominiosa en nuestro país durante los últimos años del Porfirismo, precipitaron el torrente revolucionario que estalló en Chihuahua el 20 de noviembre de 1910. El pueblo había agotado ya su paciencia.

La campaña antirreleccionista de Francisco 1. Madero, que había proclamado la fórmula Madero-Vázquez Gómez, terminó con el triunfo fraudulento de Porfirio Díaz y el encarcelamiento del candidato opositor. Madero logró fugarse de la prisión de San Luis Potosí y se refugió en San Antonio, Texas, desde donde dio a conocer el Plan de San Luis, con el que se regiría la Revolución.

El pueblo prestó amplio apoyo a las consignas de Madero y a las de los hermanos Flores Magón, cuyo alzamiento semanas después, en Baja California, fracasó. El asesinato de Aquiles Serdán, en Puebla, fue el prolegómeno del movimiento. Pascual Orozco y Francisco Villa iniciaron la guerra de guerrillas. Federales y revolucionarias chocaron sucesivamente en los encuentros de Pedernales, Cerro Prieto, Mal Paso y Ciudad Guerrero, Chihuahua.

El 12 de febrero de 1911 Madero entró en territorio mexicano. Unido a Abraham González se dirigió a atacar Casas Grandes. Al ser rechazado se refugió en la hacienda de Bustillos donde, junto con José Luz Blanco, Pascual Orozco y Pancho Villa, planeó el sitio de Ciudad Juárez. Porfirio Díaz, mientras tanto, prometía mejoras en la justicia y en la ley electoral; sin embargo la subversión ya era incontenible en todo el país. La muerte del paladín zacatecano Luis Moya avivó la hoguera.

El ejército libertador avanzó siguiendo la línea del Ferrocarril Noroeste y llegó a Ciudad Juárez el 19 de abril.

Madero estableció su cuartel general en la "casa gris", donde recibió las embajadas porfiristas de Oscar Braniff y Toribio Esquivel Obregón, y posteriormente de Francisco Carvajal, quienes venían a proponerle el cese de las hostilidades. Las negociaciones fracasaron.

El 7 de mayo don Francisco [1]. Madero decidió levantar el sitio a Ciudad Juárez, que se prolongaba demasiado, y dirigirse al sur. Pero informado de que el presidente Díaz había anunciado su propósito de renunciar, volvió sobre sus pasos para continuar el cerco.

Mientras tanto, los hermanos Ambrosio, Rómulo y Francisco Figueroa se alzaban en armas en el estado de Guerrero. En el vecino estado de Morelos surgía otra figura de extraordinarias proyecciones: Emiliano Zapata, que se levantó en armas para protestar contra los latifundistas que despojaban de las tierras a sus legítimos dueños, y contra el brutal sistema de leva, que convertía en forzados soldados a los campesinos que se atrevían a rebelarse contra los hacendados. El 11 de marzo de 1911 Zapata se incorporó al movimiento revolucionario iniciado por Madero.

Vencidas militarmente las fuerzas porfiristas que había en Morelos, el caudillo Zapata, conocedor de la situación política y social de esa entidad, se negó a tratar con los "delegados de paz" que le enviaron, pues por una parte estimó innecesario conferenciar con ellos y, por otra, los consideró, con sobrada razón, desafectos del movimiento popular. [1]

Sin embargo, John Womack informa de una nueva reunión en la que participaron, entre otros, los generales Leyva, Zapata y Asúnsolo para tratar en Jonacatepec un armisticio que sí tuvo éxito.[2] Al frente de tropas guerrerense que dependían del general Figueroa, Manuel D. Asúnsolo ocupó pacíficamente la plaza de Cuernavaca el 21 de mayo.

Pero ¿quién fue el general Manuel D. Asúnsolo? Es muy poco lo que se conoce de él y fue muy corta su gloria –murió a los 30 años de edad-; sin embargo, es un digno ejemplo de aquellos hombres comprometidos con su tiempo que surgieron en un marco nacional y local de contradicciones.

Miembro de una familia acomodada, latifundista y de gran abolengo, Manuel Dolores Asúnsolo fue un joven fuera de serie que no comulgó jamás ni con los prejuicios ni con los procedimientos insolentes de su clase. Nació en Chihuahua el 15 de abril de 1881, hijo de Juan Manuel Asúnsolo Sacqui y de Beatriz Jaques Maceira Sánchez Pareja, cuyo matrimonio tuvo once hijos.[3]

Educado en Chihuahua y luego en los Estados Unidos de Norteamérica, donde estudió milicia de 1900 a 1902 en el Colegio Militar de Michigan, en Orchard Lake, casó con la distinguida dama Marie Morand Pitre, oriunda de Sandwich Ontario, Canadá, descendiente de antiguos colonos franceses establecidos en aquel país.[4] Con ella procreó cuatro hijos, que cuando Asúnsolo murió (1911) tenían las siguientes edades: María, seis años; Francisco, cinco años; Manuel, tres años, y Beatriz, diez meses. [5]

Regresó a su patria procedente de San Luis Missouri y se instaló en Chilpancingo, Guerrero, donde ejerció de 1905 a 1911, asociado con Noble B. Judah, el oficio de la minería en la región de Chichihualco.[6]

Al iniciarse en el estado de Guerrero la Revolución contra el régimen de Díaz, Asúnsolo se incorporó desde un principio a las fuerzas surianas al mando del general Ambrosio Figueroa. Junto con el general Figueroa y sus hermanos Francisco, Andrés y Rómulo, y con los coroneles Martín Vicario, Ernesto Castrejón y el mayor Fidel Fuentes, tomó parte activa en la organización de numerosos contingentes en los minerales de La Dicha y La Delfina, así como en las poblaciones de Chichihualco, Zumpango del Río y Tlacotepec. El general Asúnsolo sostuvo con fondos propios estos contingentes, al frente de los cuales asistió al ataque y toma de las plazas de Chilpancingo e Iguala.?

Manuel Asúnsolo permaneció a las órdenes del general Figueroa y figuró entre los jefes y oficiales que decidieron integrar el gobierno provisional del estado de Guerrero (16 de mayo). Cuando los federales evacuaron la plaza de Cuernavaca fue designado para que con ochocientos hombres ocupara aquella ciudad, lo que efectuó pacíficamente, como ya hemos visto, el 21 de mayo de 1911, entregando la plaza al general Emiliano Zapata.

Esta acción controvertida fue una decisión respetuosa a la autoridad de Zapata,[8] que desde luego no fue aprobada por su superior, el otro líder del sur, general Ambrosio Figueroa.[9]

La "voluntad del pueblo", el "programa de la Revolución", dice Mario Colín, fueron conceptos en los que, ciertamente, en la avalancha revolucionaria había numerosos y distintos criterios. Manuel D. Asúnsolo tenía los suyos, y armonizaban con sus propósitos de unir fuerzas para dar vida a un nuevo sistema distinto en su base al que los revolucionarios trataban de destruir. Éste fue el sentido de su intervención y de su conducta en relación con las divergencias entre los caudillos rivales Ambrosio Figueroa y Emiliano Zapata. [10]

Por ello, Manuel Asúnsolo vivió en Morelos el último periodo de su vida revolucionaria en perfecta armonía con los zapatistas. Durante los tres meses que duró Asúnsolo en Cuernavaca, su honorable y buena presencia, cordial y educada, caballerosa y conciliadora, dejó una grata impresión a quienes lo conocieron. Así, Arturo Figueroa Uriza dice de él: "Era persona culta, de palabra elocuente y jovial..."[11] Y la escritora británica Rosa E. King, que lo trató muy de cerca en aquella capital cuando acudió a él, en la alcoba de su cuartel, para pedirle que las huestes de Zapata no saquearan las instalaciones de su hotel, dice:

Subimos las escaleras de las viejas barracas, a un cuarto al cual un indio nos señaló con la punta de su rifle. Para mi sorpresa, la habitación estaba perfectamente limpia, la cama impecable, y orden y limpieza se veían por doquier -algo totalmente inusual para un ejército en campaña. El hombre que me recibió cortésmente y en perfecto inglés, fue el mismo general Asúnsolo.

Desde que conocí al general Asúnsulo, ya no tuve más temor. Asúnsolo era un individuo diferente de los malencarados y rudos indios que lo rodeaban. Más como un hombre a los que yo estaba acostumbrada.

Era un militar de familia aristocrática, educado en los Estados Unidos de Norteamérica y lleno de vida, al cual le gustaba la música moderna del Jazz […] [12]

Asúnsolo acompañó a Madero, con su estado mayor, desde Tres Marías hasta Cuernavaca (12 de junio), [I3] luego se dirigió a Tepoztlán -donde fue aclamado por su limpia trayectoria como "invicto paladín de los derechos de! pueblo"[14]_, y de aquí a la capital de! país, donde le esperaba la muerte a manos de! Hijo del coronel Pablo Escandón, jefe de! Estado Mayor de Porfirio Díaz, gran hacendado y exgobernador de! estado de Morelos.

Según se sabe, entre Pablo Escandón hijo y Manuel Asúnsolo existían viejas rencillas por la participación de éste en la Revolución. Un grupo de amigos, deseando poner fin a aquella predisposición acordaron ofrecer una cena en el Café Colón, donde los rivales en efecto se dieron un abrazo de reconciliación. Lo cierto es que ese mismo día, de un lugar a otro se fueron a instalar, finalmente, por invitación de Escandón, al bar de! Jockey Club en el Palacio de los Azulejos (hoy Sanborns de Madero), donde Asúnsolo fue imprecado nuevamente con impertinencia por Escandón, subiendo de tono e! ánimo entre ambos hasta que el segundo sacó su pistola e hirió arteramente al primero --que iba desarmado-- de tres balazos, que originaron su deceso al día siguiente. Manuel D. Asúnsolo falleció a las ocho y cuarto de la noche del 25 de noviembre de 1911. [15] Tres días después, Zapata proclamaría e! Plan de Ayala, y un año y meses más tarde, Madero era asesinado.

La Revolución Mexicana, prolongada por la escasez de hombres impertérritos, fue tan violenta que causó la baja sangrienta de muchos de sus mejores y más nítidos protagonistas.

Notas: 1 Gildardo Magaña, Emiliano Zapata y el agrarismo en México, vol. 1, [s.i.], México, 1934-1952, p. 132., 2 John Womack, Zapata y la Revolución mexicana, trad. Francisco González Aramburo, (América nuestra. Caminos de liberación, 10), Siglo XXI, México, 1977, p. 79.; 3 Daros proporcionados por su hija, María Asúnsolo.; 4 Ibid.; 5 Declaraciones de la viuda del general Manuel Asúnsolo, en el periódico ElImparcia4 29 Noviembre 1911, Méx.ico, p. 8.; 6 History 01 "La Princesa" and "La Indiana" mines, 1905 to 1911. Letters from: Noble B. ]udah, fr. and Manuel D. Asúmolo, Archivo particular de María Asúnsolo, Vda. de Colín, Cuernavaca, Morelos.; 7 V. Arturo Figueroa Uriza, Ciudadanos en armas; antecedencia y datos para la historia de la Revolución mexicana, vol. 1, B. Costa Amic, México, 1960, p. 174, y Relación de méritos certificados en el Archivo Milirar de la Secretaría de la Defensa, el 21 de agosto de 1940, por el ex general de brigada Rómulo Figueroa, de cuyo original tiene copia en su archivo particular la señora María Asúnsolo, Vda. de Colín.; 8 y aunque ciertamente el historiador norteamericano Womack (op. cit., pp. 91-92), trata con mucha ligereza este aspecto, él mismo reconoce estupefacto -sin entender el verdadero meollo bien intencionado de Asúnsolo, que contrasta marcadamente con la beligerancia de Federico Morales, ejecutor de Gabriel Tepepa en Jojutla- que: "El 26 de mayo, al día siguiente de dicho fusilamiento, Zapata conversaba cordialmente con Asúnsolo." Y, además, que el 29 de ese mismo mes: "Zapata, Asúnsolo y otro rebelde que había colaborado con los Figueroa, Alfonso Miranda, declararon que se habían arreglado satisfactoriamente las diferencias entre los dos movimientos revolucionarios." Pero todavía más, dice el mismo Womack, que el propio Zapata desde entonces, "estaba recibiendo regularmente dinero para pagar sus tropas rebeldes y las deudas revolucionarias. Entre el 29 de mayo y el 2 de junio, el Banco de Morelos y la oficina de Cuernavaca del Banco Nacional le entregaban veinte mil pesos para los gastos de su ejército". Cabe subrayar aquí que justamente Juan Carreón, gerente del Banco de Morelos, era paisano y conocido de Manuel Asúnsolo. Y aunque aquél "hacía incapié en que Zapata parecía ser incapaz de disciplinar a sus hombres", se comprometió "con gusto en colaborar con la causa de la Revolución, e incluso, asumir el cargo de gobernador provisional del Estado de Morelos, siempre y cuando Asúnsolo permaneciera en Cuernavaca".; 9 V. Arturo Figueroa Driza, op. cit., vol. 1, p. 209.; 10 Mario Colín Sánchez, En la flor de la vida. Presencia y muerte de Manuel D. Asúnsolo, cuyo original inédito será próximamente publicado por su viuda María Asúnsolo.; 11 V. Arturo Figueroa Uriza, op. cit., vol. 1, p. 174.; 12 Rosa E. King, Tempest over Mexico. A personal chronicle, Little, Brown and Company, Boston, 1936, pp. 66 Y68.; 13 Gildardo Magaña, op. cit., vol. 1, p. 163.; 14 Aún conserva entrañablemente su hija, María Asúnsolo, en un marco sencillo pero bellísimo, la banda tricolor del general que tiene una leyenda que dice, sin fecha: "Al Ilustre General Divisionario Manuel D. Asúnsolo,/ invicto paladín de los derechos del pueblo.! Tepoztlán le ofrenda su gratitud perenne."; 15 Los periódicos de la época relatan el hecho horrorizados por las circunstancias que concurrieron, de premeditación, alevosía y ventaja, cuyo epílogo concluyó, días después, con la muerte también del asesino, que se dio un balazo en una pierna al sacar su revólver para matar a Asúnsolo.

Fuente: Articulo autoría de Ignacio González-Polo. Universidad de México.

 
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