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TRANSACCIÓN DE CIUDAD JUÁREZ

 

EL IDEALISTA REVOLUCIONARIO esperaba con ansia el triunfo del señor Madero para que todo el pueblo mexicano se rigiera por nuevas instituciones, nuevos procedimientos en la máquina administrativa, nueva vida que transformara al México antiguo del porfiriato con el México moderno que había de evolucionar poco a poco, pero de manera segura y definitiva hacia un porvenir mejor, como así sucedió según veremos en el curso de nuestras Memorias de la Revolución.

Cuando se tomaron las fuerzas insurgentes comandadas por Pascual Orozco, José de la Luz Blanco, Giuseppe Garibaldi, Raúl Madero, etc., Don Francisco I. Madero no quiso primeramente que se tomara a sangre y fuego Ciudad Juárez, sin embargo, contra su voluntad, los revolucionarios impulsados por su política de acabar con el porfiriato, sin tener en cuenta las órdenes del jefe de la revolución, tomaron Ciudad Juárez, que estaba defendida por el Gral. Juan N. Navarro, acosándolo por las fuerzas por todas parte hasta que rindiera su espada de soldado a los jefes maderistas Giuseppe Garibaldi y Raúl Madero, dándose así por terminada por el momento, aquella enconada lucha.

Naturalmente que al ser preso el Gral. Navarro, todos los revolucionarios que lo habían vencido pidieron que se le aplicara la pena capital conforme al Plan de San Luis Potosí. [1] Pero Madero se opuso abiertamente al fusilamiento de Navarro protegiéndolo a tal punto que lo introdujo en su coche a pesar de las protestas de sus correligionarios y lo pasó al otro lado de la frontera, salvándole así la vida. Este acontecimiento tuvo repercusiones graves, pues fue una de las causas por las que tanto Pascual Orozco como Francisco Villa, increpando al señor Madero por su falta cometida que ellos consideraron grave, se propusieran aprehenderlo. Y así lo intentaron.

Orozco, entrando al cuartel general de la Casa de Adobe, sujetó por un brazo al jefe de la Revolución diciéndole: Es usted mi prisionero, señor Madero. A lo que contestó el caudillo: Eso nunca, primero muerto. Asimismo Villa con iguales intenciones abrazó al señor Madero para inmovilizarlo, pero éste haciendo esfuerzos inauditos se sacudió de los brazos fuertes de Villa y saliendo de la pequeña casa donde se encontraba arengó a los soldados revolucionarios, diciéndoles más o menos estas palabras:

Soldados, quieren aprehender a su Presidente.

Entonces la multitud que lo escuchaba prorrumpió en aplausos para el jefe, obligando a Villa a que depusiera su actitud, arrepintiéndose de su inusitada violencia.

Posteriormente, aseguran los testigos presenciales de aquella escena, Villa, arrepentido de lo que había hecho, lloró abrazando efusivamente a Don Francisco I. Madero.

Cuando los porfiristas se dieron cuenta del resultado, para ellos increíble, del triunfo de los revolucionarios, inmediatamente se apresuraron a nombrar una comisión que se acercara al señor Madero para pactar los términos de una paz que diera fin a la guerra en beneficio de todo el pueblo, pues según decían, la contienda habría seguido por todo el país, sin ánimos de transacción.

Los delegados fueron Don Francisco Madero, Sr. en representación de su hijo Francisco I. Madero y por el Gobierno porfirista los señores Don Rafael Hernández, Don Óscar Braniff y Toribio Esquivel Obregón quienes se apresuraron a entablar pláticas para transar, es decir, declarar vencedora a la Revolución.

Los revolucionarios, convencidos de que aquel arreglo de pacificación no daría los resultados que anhelaba el pueblo, se opusieron resueltamente a llevar a cabo la transacción que proponían los científicos porfiristas.

Entre los principales opositores estaba don Venustiano Carranza, que era el Ministro de la Guerra del Gabinete Presidencial de Don Francisco I. Madero, el que declaró lo siguiente:

"Nosotros, los verdaderos exponentes de la voluntad del pueblo mexicano -exclamó aquel hombre con voz poderosa- no podemos aceptar las renuncias de los señores Díaz y Corral, porque implícitamente reconoceríamos la legitimidad de su gobierno, falseando así la base del Plan de San Luis Potosí.

"La revolución es de principios, la revolución no es personalista, y si sigue el señor Madero es porque él enarbola la enseña de nuestros derechos, y si mañana, por desgracia, este lábaro santo cayera de sus manos, otras cien manos robustas se apresurarían a recogerlo. Así nosotros no queremos ni Ministros ni Gobernadores, sino que se cumpla la soberana voluntad de la nación.

"Revolución que transa es revolución perdida. Las grandes reformas sociales sólo se llevan a cabo por medio de las victorias decisivas. Si nosotros no aprovechamos la oportunidad de entrar en México al frente de cien mil hombres, y pretendemos encauzar la revolución por la senda de una ficticia legalidad, pronto perderemos nuestro prestigio y reaccionarán los amigos de la Dictadura. Las revoluciones para triunfar de un modo definitivo necesitan ser implacables. ¿Qué ganaremos con la retirada de los señores Díaz y Corral? Quedarán sus amigos en el Poder, quedará el sistema corrompido que hoy combatimos; el interinato será una prolongación viciosa, anémica y estéril de la Dictadura; al lado de esa rama podrida, el elemento sano de la revolución se contaminará; sobrevendrán días de luto y de miseria para la República, y el pueblo nos maldecirá, porque, por un humanismo enfermizo, por ahorrar unas cuantas gotas de sangre culpable, habremos malogrado el fruto de tantos esfuerzos y de tantos sacrificios. Lo repito: la revolución que transa, se suicida." [2]

El estimable escritor español Rogelio Fernández Guel, partidario acérrimo de Madero, previendo lo que iba a suceder, termina afirmando:

"¡Palabras proféticas, que resonarán siempre en mis oídos, y que amargamente recordaría Francisco I. Madero en los días luctuosos de los combates de la Ciudadela!" (3)

Por desdicha para la historia patria los delegados del Gobierno de Don Porfirio, así como algunos familiares del señor Madero, lo indujeron a aceptar la paz nombrando presidente provisional a Don Francisco León de la Barra, reconocido científico.

Si es cierto que esta transacción hizo la paz por lo pronto, después originó la anarquía durante el Gobierno provisional del Lic. Francisco León de la Barra, y aún posteriormente, cuando el señor Madero fue nombrado, casi unánimemente por el pueblo, Presidente Constitucional de la República Mexicana.

Notas: (1) "...serán fusilados dentro de las veinticuatro horas después de un juicio sumario, las autoridades civiles o militares al servicio del Gral. Díaz, que una vez estallada la Revolución hayan ordenado, dispuesto en cualquier forma, trasmitido la orden o fusilado a alguno de nuestros soldados.". (2)   ROGELIO FERNÁNDEZ GUEL, Episodios de la Revolución Mexicana, pp. 70 y 71. Imprenta Trejo, Hnos., San José, C. R., 1914. (3)   ROGELIO FERNÁNDEZ GUEL, Op. cit., p. 71.

Fuente: Mis Memorias de la Revolución. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García. Editorial Jus, S. A. México, 1977. Pp.48-51.

 
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