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NOBLE INTENTO DEL JUEZ SAMPERIO A FAVOR DEL GOBERNADOR ABRAHAM GONZÁLEZ

 

 

NOBLE INTENTO DEL JUEZ SAMPERIO

UNA VEZ PRESO el Gobernador González, Victoriano Huerta ordenó telegráficamente al Gral. Rábago que lo consignara a un Juez Militar, quedando a disposición de la Secretaría de Guerra. Así se hizo, habiéndose nombrado a un joven Capitán, de apellido Escoto, para que instruyera la causa del "rebelde".

El flamante cuanto inexperto Juez, considerándose lego absoluto en esos fregados de la injusticia huertiana, y con el pudor de su natural ignorancia, fue a consultar el caso, precisamente con el Magistrado Samperio, el cual le aconsejó lo único que conforme a la Ley y a la rectitud tenía que hacer: dejar en libertad a la víctima de aquel ilegal procedimiento, conforme al auto que le dictó el mismo consejero, en los siguientes términos:

"Póngase en inmediata libertad al Gobernador Constitucional del Estado de Cihuahua, Abraham González, por no constar en autos el haber sido previamente desaforado por el Congreso de la Unión."

Con ese motivado acuerdo judicial, Rábago, si hubiera querido, habria podido dejar en libertad a su dizque amigo, a quien ofreciera formal protección. Pero lo más grave no fue eso, sino que diera parte de la conducta del improvisado Juez Militar al propio Huerta, quien, como era lógico, continuando sus siniestras maquinaciones, modificó sus planes, instruyendo al citado Gral., para que, vigilando estrechamente al reo, lo tuviera a su disposición en espera de nuevas órdenes, que fueron las finales del trágico epílogo.

El Lic. Samperio, sabedor de la tremenda noticia, se apresuró a visitar personalmente al detenido. El centinela de vista que lo custodiaba, sorprendido por la presencia del señor Juez, violando la consigna que le dieran, dejó pasar al funcionario, en la creencia quizá de que el visitante iba en ejercicio de sus funciones oficiales.

Señor, dijo Samperio al Gobernador, vengo a informarle lo que está pasando. Y le contó lo sucedido, añadiendo:

Su vida corre muy serio peligro. Estoy pronto a servirlo en la inteligencia de que no habrá necesidad de que me formule la demanda respectiva, pues con su sola aquiescencia yo mismo redactaré el escrito que en estos instantes firmaría para que mi resolución surta efectos desde luego, quedando usted en inmediata libertad.

No, señor Lic., le contestó el aludido, no puedo hacerlo, porque Rábago me acaba de ofrecer que si no pido amparo él me garantizará la vida "bajo su palabra de honor". En estas condiciones y agradeciéndole su bondadosa actitud, prefiero "correr el riesgo" sin acogerme a la justicia federal.

El generoso y osado Juez, que en aquel trance estaba exponiendo su seguridad y su porvenir en la judicatura, insistió con el obcecado y crédulo Don Abraham para que siguiera su consejo. Todo en vano; pareciera que un sino fatal empujaba a aquel gran patriota hacia el martirio.

Fuente: Mis Memorias de la Revolución. Editados por la Comisión de Investigaciones Históricas de la Revolución Mexicana bajo la dirección de Josefina E. de Fabela. Coordinador: Roberto Ramos V. Investigadores: Luis G. Ceballos, Miguel Saldaña, Baldomero Segura García. Editorial Jus, S. A. México, 1977. pp.61-62.

 
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