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FUSILAMIENTO DEL CURA HIDALGO

 

MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA, INSURGENTE Y RELIGIOSO MEXICANO (1753-1811)

 Mejor conocido como Miguel Hidalgo y Costilla, Cura Hidalgo o Padre de la Patria (mexicana), fue el iniciador de la Independencia de México.

CAPTURA Y MUERTE

Muchos escritores a lo largo de la historia, han catalogado a la captura de Miguel Hidalgo como un error táctico en la lucha por la independencia. Se le relevó del mando militar en favor de Allende, pero conservó el liderazgo político. Marchó a Zacatecas y Saltillo para facilitar la adquisición de armas de Estados Unidos. Ignacio Elizondo antiguo insurgente, que se había cambiado en secreto al bando realista, lo traicionó, siendo aprehendido Hidalgo junto con Allende, Aldama, Jiménez, Abasolo, Lanzagorta y otros en Acatita de Baján, Coahuila y llevados a Chihuahua.

Ya en Chihuahua, Ángel Abella, comisionado como Juez por el comandante general de las provincias internas interrogó al Cura Hidalgo quien prometió decir verdad en lo que supiere y fuera preguntado, si bien no se le dijo la causa de su prisión supone que es por haberse levantado para independizar de España la entonces llamada Nueva España.

Derivado de su confeción, se le imputaron delitos de alta traición, promotor de crímenes y asesinatos, sedicioso y conspirador y le obligaron a firmar una retractación por "sus errores cometidos contra la persona del Rey y contra Dios".

El proceso se alargó, con 43 declaraciones de mixto fuero. Se le colocó entre los amantes de las ideas de la ilustración y se le condenó a la degradación.

El escenario para su degradación: un altar arreglado con un crucifijo sobre él en medio de dos cirios encendidos. En una plataforma se colocaron cuatro sillones, viendo al público y dando la espalda al altar, en los cuales se sentaron el Ministro de la degradación y tres prelados asistentes. La orden dada por Francisco Javier Olivares, Obispo de Durango la ejecutó el doctoral del mismo obispo, Francisco Fernández Valentín. Con sádica paciencia se realizó la infame ceremonia.

Con un cuchillo rasparon las manos y las yemas de los dedos a Don Miguel Hidalgo al tiempo que se exclama:

Te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste con la unción de las manos y los dedos... el hábito clerical y te desnudamos del adorno de la Religión y te despojamos; te desnudamos de toda orden, beneficio y privilegio clerical; y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con ignominia al estado de hábito seglar...

Luego con unas tijeras se le cortó algo de cabello y un peluquero terminó la operación, haciendo desaparecer la tonsura al tiempo de que se le decía:

Te arrojo de la suerte del Señor, como hijo ingrato, y borramos de tu cabeza la corona, signo real del sacerdocio, a causa de la maldad de tu conducta.

Al final del ceremonial de la degradación le entregaron a los jueces de la curia. El juez Abella le conminó para que expusiera las razones que tuvo para sublevarse contra el Rey y contra la Patria. El embargo la condena fue:

Excomunión y pena de muerte para Miguel Hidalgo. Por profesar y divulgar ideas exóticas: partidario de la Revolución Democrática Francesa. Por disolución social: al pretender independizar a México, del imperio Español. En consecuencia, por traidor a la Patria. 

 

30 DE JULIO DE 1811, FUSILAMIENTO DE MIGUEL HIDALGO 

Miguel Hidalgo murió el 30 de julio de 1811 fusilado por las fuerzas realistas. Las cabezas de Hidalgo junto con Allende, Aldama y Jiménez, fueron expuestas en sendas jaulas de hierro en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas hasta 1821, con el fin de dar escarmiento a sus seguidores.

Hasta el final, el Cura Hidalgo defendió la independencia y "el derecho que todo ciudadano tiene cuando cree que la patria está en riesgo de perderse".

El día de su fusilamiento pidió que no le vendaran los ojos ni le dispararan por la espalda (como era la usanza al fusilar a los traidores). Pidió que le dispararan a su mano derecha, que puso en el corazón. Hubieron de ser necesarias dos descargas de fusilería y el tiro de gracia para acabar con su vida, tras lo cual un comandante tarahumara, de apellido Salcedo, le cortó la cabeza de un solo tajo con un machete, para recibir una bonificación de veinte pesos.

Sus restos fueron llevados a la capital con grandes honores tras la instalación Michoacán, cuando la Hacienda de Corralejo pertenecía a esta Arquidiócesis, de ahí que Michoacán proclamará a Miguel Hidalgo como michoacano y no como guanajuatense. Hasta hace pocos años se terminó esta controversia declarando a Miguel Hidalgo como originario de Guanajuato. Es uno de los héroes más reconocidos en México.

 

Tomado de: Bibliografía Sierra Partida, Alfonso. Perfiles de grandeza en la historia de México, Departamento del Distrito Federal, México, 1978.

 
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