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CONSUMACIÓN: AGUSTÍN DE ITURBIDE DESFILA

 

Y el Dragón de Fierro, como también se conocía a Agustín de Iturbide, entró triunfante a la Ciudad de México, a la cabeza del Ejército Trigarante, el 27 de septiembre de 1821. Mucho tiempo había corrido desde que el cura de Dolores había desencadenado el movimiento independentista. Once años después, muertos el propio Hidalgo y Morelos, dispersas las diezmadas tropas insurgentes, una campaña militar iniciada en Teloloapan llevaría a Iturbide, en el curso de seis meses, a convertirse también en lo que hoy podríamos llamar un Gran Negociador.

Es una vieja discusión, casi centenaria, la que insiste en arrojar a Iturbide al círculo del infierno que aloja a los villanos de la historia y envolverlo entre brumas, para enaltecer los logros muchos o pocos, de su coprotagonista en la historia de la consumación de la independencia, Vicente Guerrero, y aunque tiempos hubo, en que, por decreto, el caudillo insurgente del sur recibió el calificativo de “consumador de la Independencia”, los resultados de investigaciones serias y rigurosas, la aparición progresiva de diversas pruebas documentales ofrecen los argumentos necesarios para dar a cada uno de ellos el peso histórico que les corresponde. Por encima de esas consideraciones individuales, existe un mérito fundamental que decide la independencia: la posibilidad de anteponer, al interés personal, el interés de la nación.

En 1821, el reto de la independencia se resuelve mediante un pacto entre Iturbide y Guerrero; con una campaña militar que se complementa con un acuerdo político, producto del interés de dos personajes que militando en bandos diferentes, fueron capaces de ceder en algo por un fin común: la libertad de México.

Bien se sabe que, usualmente, en un proceso de negociación, ninguna de las partes obtiene el cien por ciento de lo que desea. Tal era el caso de quienes en 1821 se decidieron a negociar para resolver la cuestión independentista: no había ya, propiamente, una guerra activa; Guerrero, refugiado en las montañas del sur del país, era consciente del límite de sus acciones; poco podía hacer fuera de su refugio natural, pero también era cierto que las fuerzas de Iturbide tampoco podían penetrar en  el escondrijo insurgente y acabar con los rebeldes. En principio, la situación no tenía visos de solución sencilla.

Las condiciones externas a la Nueva España también influyeron en el acuerdo definitivo: el restablecimiento de la Constitución de Cádiz propició el desmoronamiento del imperio español en las manos de Fernando VII: los criollos realistas se sintieron traicionados al ver resurgir una ley de aliento liberal que, además de ir en contra de sus ideas, malpagaba los años de leal combate, porque no les reconocía mérito alguno. Es así que Iturbide atrae a los realistas al pacto; les propone conservar la única forma de gobierno aceptable para ellos, la monarquía. A los antiguos insurgentes, ¿qué les propone el Gran Negociador? Les oferta igualdad y un gobierno cuyo poder sería acotado por medio de una constitución.

“…Solo lo concebí, lo extendí, lo publiqué y lo ejecuté…”, recordaría Iturbide del Plan de Iguala, anunciándose como parte del mismo espíritu de lucha que había nacido en Dolores. Había sostenido una intensa comunicación epistolar con los personajes más relevantes de la Nueva España y había pulsado el ánimo de todas las fuerzas involucradas. Podía dar el paso decisivo. Con el Plan de Iguala idea y presenta la que será la nueva insignia del acuerdo nacional: la bandera de las tres garantías, formada por el blanco, símbolo de la religión, el verde, de la independencia y el rojo de la unión. Al amparo del nuevo símbolo se integrarían sus tropas con las de Vicente Guerrero e iniciaría la marcha del Ejército Trigarante.

Aun cuando el virrey Apodaca declaró a Iturbide fuera de la ley, la disposición ya no surtió efecto alguno. Del 24 de febrero de 1821 (fecha que hoy conmemoramos como Día de la Bandera) al 27 de septiembre del mismo año, las tropas trigarantes recorrieron el país, con mínimos enfrentamientos; a su paso, se le unían las tropas realistas comandadas por criollos e incluso por españoles; otras ciudades o gobiernos locales, aunque no estuvieran en el camino hacia la capital del reino, proclamaban su adhesión al pacto por la independencia.

Del lado de los insurgentes, otro tanto ocurrió: Guerrero, Juan Álvarez, Ramón Rayón y Nicolás Bravo cumplieron las comisiones de Iturbide; recelosos, Ignacio Rayón y Guadalupe Victoria se mantuvieron aparte.

Nunca se concretó en forma la oposición realista; Apodaca, prácticamente sin tropas, fue depuesto, y su sucesor, el mariscal Francisco Novella, apenas marcó la transición para que el nuevo virrey enviado desde España, Juan O'Donojú, se involucrara de inmediato en los acontecimientos; muy pronto advirtió que la causa española estaba perdida. Decidió pues, en el momento justo, e Iturbide le elogiaría, años después, esa capacidad: el nuevo enviado del rey de España se reunió con el general trigarante.

Fruto de ese encuentro fueron los Tratados de Córdoba, firmados el 24 de agosto de 1821, donde se acordó la entrega de la Ciudad de México. El último virrey español haciendo uso de su autoridad, dispuso la rendición de la guarnición española y la salida de sus últimas fuerzas rumbo a Europa. A las puertas mismas de la capital, en Azcapotzalco, se libró la última batalla de la guerra de independencia; los trigarantes comandados por Anastasio Bustamante se impusieron a los escasos españoles.

Así, Iturbide entró a la capital el 27 de septiembre. Con él avanzaban los 16 mil soldados del ejército trigarante y entre ellos desfilaba Guerrero con sus tropas. Después de la llegada triunfal, siguió la fiesta nacional, el pueblo se sabía independiente gracias a la voluntad de acuerdos que significaban la posibilidad de ganar todo en bien de la patria. En este proceso, Iturbide se reveló como un aglutinador de ideas, como un hombre de acción muy propio del siglo XIX, con una visión política de intensa modernidad.

Fuente: Articulo autoría de Bertha Hernández. 200 años de del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional. México 2010.

 
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