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CARTA DE RICARDO FLORES MAGÓN A MARÍA BROUSSE DE TALAVERA

 

[Los Ángeles, California,] febrero 28 de 1909.

 María:

Estoy muy contento porque apruebas mi conducta de luchador, conducta que nos hará sufrir mucho a ti y a mí, porque encoleriza a los verdugos del pueblo al ver que no pueden corromperme; pero en cambio, yo viviré con mi conciencia tranquila, y tú, mi dulce mujercita, cuando por fin un día me tengas en tus brazos no te sentirás humillada bajo mis besos y mis caricias, sino que te sentirás contenta de proporcionarle dicha a un hombre firme que te adora.

Se equivocan, mi vida, los que creen que puedo venderme. Soy viejo rebelde; no comencé a luchar ayer. [Porfirio] Díaz puede hacerme millonario en un abrir y cerrar de ojos. Pero no es riqueza lo que quiero, ni poder, ni gloria vana. Quiero que mi conciencia esté tranquila, y sólo puede estar tranquila sirviendo a los que sufren. Y si tengo la aprobación de la mujer que amo, ¿qué otra cosa puedo desear? No necesito más que tu aprobación, no quiero otra cosa sino que mi María no se avergüence de amarme.

María, tus deseos son los míos. Yo también quiero poner mi boca en la tuya y estar así horas enteras bebiendo cada quien el aliento del otro hasta quedar satisfechos. Sí, criatura amada, si supieras qué consuelo siento cuando te veo, no dejarías de pasar por aquí. Se remueve hasta lo más íntimo el amor que te tengo cuando te veo y más te amo.

Mi vida: puede alguna vez ser de importancia la cuestión de fechas y horas. Fíjate en las fechas que pones en tus cartitas. Rara es la vez que pones una fecha correcta, y hablas a veces de que pasarás temprano, pero no sé cuándo es ese mañana ni qué hora es temprano. Fíjate, mi vida, en los días, en las fechas, en las direcciones. Todo eso es importante para gentes como nosotros los revolucionarios. Ahora sí, creo que nos llevarán la semana que comienza mañana. María, amada mía, no me compres nada tú; te lo suplico, criaturita mía. Me duele el corazón de pensar que te quitas de la boca un bocado para dármelo. No, mi vida, no, mujercita mía, no hagas eso.

Tu Ricardo sufre pensando en la miseria en que te encuentras. No me mandes nada más que tus besos y tus sonrisas. Con eso estoy conforme y te mando todo mi amor.

Quedo enterado de que vas a vivir con Tachita. Salúdala cariñosamente. La quiero como a una buena hermanita. No escribo lo que me pides porque estoy malo. Ayer pasé un día terrible; muy malo me vi. Es imposible que pueda yo aliviarme en la cárcel. No me abato por mis enfermedades y además soy de constitución fuerte, pero a la larga no sé cómo me vaya. Necesito ponerme formalmente en cura, pero en la cárcel no me aliviaré porque me falta toda comodidad. Hoy amanecí un poco mejor, pero con la cabeza adolorida y el cuerpo hecho pedazos. Sólo porque es para ti, escribo esta carta. Solamente para ti no me siento fatigado porque te amo.

¿A qué hora pasarás hoy? En las tardes, pasa entre cinco y cinco y cuarto porque a esa hora todavía te veo bien. Más tarde ya no te veo bien y ya sabes el encanto que para mí tiene verte bien tu carita tan linda que quisiera comer a besos.

No me dijiste nada de Larragoitiz. Dame también su dirección exacta. Te ruego que estés lista para venir a verme en visita. [Oscar] Lawler dice que va a dejar entrar una vez a los amigos antes de irnos. Temo que no lo sepas a tiempo si estás esperanzada en que te lo avisen los abogados porque ellos no se fijan en cosas pequeñas. Por eso, te suplico que estés lista. Me moriría de pena si todos vinieran menos tú, y creo que no se pasa la semana sin que nos lleven a Arizona. Necesito más fósforos, pero no me los compres tú. Dile a algún amigo que me los mande pronto. Se me acaban porque hay muchos más pobres que yo, que nunca reciben nada de afuera. Te voy a mandar con esta ropa tus libritos. El otro libro lo tiene Manuel [Sarabia].

Acaba de pasar Amadita, pero pasa tan pronto que no me da tiempo de encender el fósforo. Hace cuatro o cinco días que pasó también, pero se detiene unos segundos nada más.

Espero verte hoy y saborear el besito que me envíes, ¡qué dulces me saben tus besitos! ¡Qué gusto siento cuando veo tu carita que me sonríe! Te amo, dulce bien mío, y por eso todo lo que haces me simpatiza, todos tus movimientos y tus actitudes me caen en gracia. Está contentita, pues tu Ricardo te adora. ¿Cuándo nos uniremos? Me voy a morir de desesperación. ¿Estás delgadita? Pobrecita, te hace falta tu Ricardo, ¿verdad? Pero ya satisfarás todo lo que deseas; saborearás todas las ternuras de tu Ricardo y todas sus caricias. Ten calma, María, que después, por el hecho mismo de haber estado privados tanto tiempo el uno del otro, será más intenso nuestro goce cuando por fin nos pertenezcamos. No estés tristecita.

Piensa que tu Ricardo es tuyo porque lo has comprado con tus sufrimientos y él sabrá pagarte haciéndote sentir una dicha que tal vez nunca has conocido. Piensa en mí y si alguno se expresa bien de Magón, piensa que ese hombre es tuyo y que sufre por tu amor. Adiós, ángel mío. Recibe en tu boquita mis besos y está satisfecha con el grande amor de tu

 Ricardo

 Hijita amada:

Ya salió el Border de febrero, yo lo tengo. Recibí el Appeal que ustedes me mandan con la ropa. No dejen de enviármelo. Eustolia regresó a su casa pronto. Sé de ella porque la esposa de Librado [Rivera] le comunica a este hermano noticias de esa doña. Recibí tu simpática postal. Muchas gracias por ella y unos besitos también. Ya vi que sentenciaron a [Antonio de P.] Araujo. (1) Eustolia no se comunica conmigo. Si sabe algo será por conducto de la esposa de Librado. Yo estimo a esa niña; pero a ninguna niña amo como a mi hijita Lucía. Tú eres mi hijita consentida. Estoy seguro de que te amo tanto como si llevaras mi sangre y eso es debido a que adoro a tu mamá. Así es que no te enceles de otras niñas. Ninguna de ellas es como mi hijita Lucía tan buena, tan inteligente y tan linda. Te digo esto porque sé que eres muy celosita y no quiero que sufras por causa de tu padre que tanto te ama. Va bien la agitación. Recibe un besito y el cariño muy grande de tu papá

 Ricardo

 (1)  Antonio de P. Araujo fue arrestado en Waco, Texas, el 14 de septiembre de 1908 por Thomas Furlong y acusado de violación de las leyes de neutralidad por su participación en los preparativos de la toma del poblado de Las Vacas, Coahuila, el 24 de junio de 1908. En enero de 1909 fue sentenciado a dos años y medio de prisión, los que purgó en la penitenciaría de Leavenworth, Kansas.

Fuente: Obras Completas de Ricardo Flores Magón. Correspondencia 1 (1899-1918). Compilación,  prólogo y notas: Jacinto Herrera Bassols. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. México, 2000. pp.513-515.

 
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