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PROCLAMAS, DESFILE, MÚSICA Y CIRCO. MARCHA OBRERA EN TIEMPOS DE VICTORIANO HUERTA

 

En la víspera se adornaron las calles por las que transitaría la manifestación. Alrededor de 25 mil obreros se reunieron en la Plaza de la Constitución a las nueve de la mañana del 1 de mayo de 1913. Agrupados en sociedades formaron una gran columna que comenzó a desfilar por la calle de San Francisco y la avenida Juárez. Participaban la Casa del Obrero Mundial, el Partido Popular Obrero, la Gran Liga Obrera, el Partido Socialista de México y docenas de agrupaciones de obreros textiles, sastres, impresores, zapateros, ebanistas, carpinteros, plomeros, canteros, empleados de comercio y restaurantes, entre muchas otras denominaciones y oficios.

Por primera vez se organizaba en México el Día del Trabajo, con el propósito de conmemorar las luchas laborales de todo el mundo y en especial de los obreros caídos en la ciudad de Chicago, Estados Unidos, en mayo de 1886. Fue la asamblea de la Segunda Internacional la que en 1889 aprobó la designación del primero de mayo como fecha emblemática de la pugna por mejores condiciones de trabajo.

En nuestro país, la modernización económica impulsada por el porfiriato favoreció el establecimiento de industrias textiles, mineras, petroleras, agrícolas y de transporte ferroviario, generando inversiones, empleos e infraestructura; no obstante, este progreso se realizó a costa del bienestar de los trabajadores y de un notable retraso en la legislación laboral. Las huelgas de Cananea, Sonora, en 1906,  Río Blanco, Veracruz, en 1907, y la de los ferrocarrileros en 1908, fueron acontecimientos que reflejaron la injusticia de las relaciones entre el capital y la fuerza de trabajo.

En los albores del siglo XX, la influencia norteamericana y europea del socialismo y del anarcosindicalismo cristalizó en el desarrollo del magonismo, del Partido Liberal Mexicano y del periódico Regeneración. Su ideario nutrió los discursos de la lucha obrera en los inicios de la Revolución. Con el triunfo de Francisco I. Madero y la afirmación de una sociedad en rebeldía, las organizaciones obreras e industriales se fortalecieron para exigir los derechos correspondientes de asociación sindical, declaración de huelga, salario mínimo, reducción de las jornadas de trabajo e indemnizaciones en casos de enfermedad, defunción y accidentes de trabajo.

De enero a septiembre de 1912 se registraron 40 huelgas en los estados de Veracruz, Puebla, Guanajuato, Aguascalientes, Hidalgo, Jalisco y el Distrito Federal. Sin embargo, el gobierno de Madero mantuvo una actitud ambivalente frente a los conflictos obreros. Por una parte, apoyó la creación del Departamento del Trabajo en diciembre de 1911, a efecto de formalizar la mediación gubernamental entre los empresarios y las asociaciones obreras, pero por otro lado se sintió inclinado a favorecer al capital, amén de perseguir y encarcelar a líderes obreros sin avanzar en la elaboración de una ley del trabajo.

A su vez, Victoriano Huerta enfrentó el doble reto de combatir a sus enemigos en el campo de batalla y alentar la estabilidad económica y social. De ahí que su gobierno aprobase la manifestación pública de asociaciones como las de los obreros, en lugar de reprimirlas, observando cómo engrosaban el contingente de la oposición revolucionaria. Lo anterior explica por qué, a unos meses de la Decena Trágica, Huerta permitió la realización de la marcha obrera.

Aquel primero de mayo, un grupo de ciclistas anunciaba el desfile y marcaba el derrotero. La bandera roja era preludio de la columna y detrás de ella avanzaban los alumnos de la Escuela Industrial de Huérfanos. Los manifestantes llegaron sin contratiempo al Hemiciclo a Juárez en la Alameda. El periódico El Imparcial comentaba admirado: “Fue verdaderamente imponente este acto por la inmensa muchedumbre que se agolpaba en derredor del monumento. Pocas veces se ha congregado tal cantidad de gente en un paraje público.”

Los oradores Rafael Pérez Taylor, Antonio Díaz Soto y Gama, Jacinto Huitrón y Epigmenio Ocampo pronunciaron discursos relativos al valor del trabajo y a la constancia en la lucha por sus demandas. El público, emocionado, aplaudía y ovacionaba a cada uno de los oradores. Después los manifestantes emprendieron la marcha hacia la Cámara de Diputados. Para entonces la columna se había ensanchado de forma considerable, razón por la cual fue necesario dividirla en dos grupos que arribaron por la avenida de los Hombres Ilustres, la calle de San Diego y la avenida Cinco de Mayo.

A las once del día llegó una parte de la manifestación a la Cámara de Diputados, para  solicitar la presencia de los diputados “renovadores”, a quienes entregaron un pliego de iniciativas referentes a la jornada laboral de ocho horas, así como al pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo y al reconocimiento jurídico de las organizaciones obreras. Una comisión formada por los diputados  Gerzayn Ugarte, Heriberto Jara, Hilario Carrillo, Isidro Fabela y Francisco Curiel, salió a recibirlos y a expresar que las iniciativas serían tomadas en cuenta para la propuesta de leyes y decretos en la materia. Poco después la manifestación se dirigió al jardín Jesús García —plaza de Santa Catarina—  con objeto de depositar una ofrenda floral en memoria del héroe de Nacozari. La columna retornó a la Plaza de la Constitución para dar por terminada la marcha.

Llegada la tarde, para recreo y disfrute de los participantes, hubo música y baile en el Tívoli del Eliseo y en el parque Balbuena. La animación no decayó ni un momento y la hermosura de la tarde contribuyó para que los jardines del Tívoli se vieran repletos de concurrentes. La banda de policía amenizó el acto, ejecutando las mejores piezas de su repertorio.

De forma simultánea, en la población de Tacubaya, el comité organizador de los Clubes Obreros Independientes del Distrito Federal celebró también el Día del Trabajo. Hubo discursos y desfiles amenizados por diferentes bandas de música que recorrieron la localidad. Aquí los actos fueron presididos por los generales Félix Díaz y Manuel Mondragón, mediante un reparto de ropa. Más de mil obreros desfilaron ante las oficinas del comité para recibir la prenda de obsequio.

A las dos de la tarde, en los salones del comité, se sirvió una comida a la que asistieron representantes de la prensa, algunos industriales y miembros de las agrupaciones obreras. En el momento del brindis, Santiago Sierra, presidente del comité, se mostró satisfecho por los adelantos en la formación de sociedades obreras que en las próximas elecciones postularían a Félix Díaz y a Francisco León de la Barra como presidente y vicepresidente de la República.

A las cuatro de la tarde hubo una función del Circo Welton para los obreros que asistían con sus familias. Dos horas después se retiraron los generales Díaz y Mondragón, en medio de entusiastas vítores de los obreros. Por último se organizó un baile que terminó avanzada la noche.

La marcha inaugural del primero de mayo transcurrió sin represión ni roces políticos. Del amanecer al ocaso, las organizaciones obreras se hicieron presentes en la Ciudad de México y en Tacubaya, demostrando su capacidad de convocatoria y su voluntad para exigir mejores condiciones de trabajo. A la vez, el programa de acciones y los discursos dejaron al descubierto las alianzas de los líderes obreros con personalidades de los bandos conservador y revolucionario. No obstante, la dureza del gobierno de Huerta los pondría en aprietos unos meses después. México se hallaba en la fase intermedia de un movimiento social que obligaría a las organizaciones obreras a radicalizar sus posiciones y a mediar con los poderes constituidos para obtener verdaderas conquistas en materia de trabajo y fortalecer su presencia en la arena de las instituciones políticas.

Fuente: Articulo autoría de David Guerrero Flores. 100 años de la Revolución Mexicana. 200 años de del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional. México 2010.

 
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