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MARIANO MATAMOROS: EL BRAZO IZQUIERDO DE MORELOS

 

José María Morelos llevaba cerca de un año encabezando la lucha de Independencia en el sur de la Nueva España, cuando el 16 de diciembre de 1811 en Izúcar, Puebla, se presentó un hombre delgado, rubio, de ojos azules y con marcas en la piel que demostraban que había sido presa de la viruela, una enfermedad que en aquella época mató a muchos. Más no a él, pues el destino le tenía preparado un camino de lucha por sus ideales y convicciones, que comenzaban a tomar forma en el momento de la entrevista con el insurgente Morelos, en donde solicitó, con su voz gorda y hueca, integrarse a la lucha armada.

Mariano Matamoros era un sacerdote perteneciente al clero secular, que se había graduado como bachiller en artes y teología. Por su formación religiosa, debía tener una actitud de servicio y humildad; por ello, siempre fijaba la vista en el suelo, simulando obediencia y abnegación; sin embargo, su espíritu albergaba una fortaleza marcial que le permitió ganarse la confianza de Morelos y ser nombrado en poco tiempo coronel.

Acompañó al caudillo insurgente en una de las batallas más recordadas de la lucha de Independencia: el sitio de Cuautla. La historia cuenta que esta población se componía en su mayoría de chozas humildes unidas entre sí por cercas de piedra, y que las construcciones más grandes y mejor construidas eran el convento de Santo Domingo y la iglesia. Al llegar los caudillos a Cuautla, fueron informados de que se acercaba el ejército realista al mando de Félix María Calleja, no dejándoles tiempo para movilizarse a otro sitio, por lo que pusieron manos a la obra para resguardar el pueblo. Levantaron trincheras y se hicieron cortaduras o bloqueos en los puntos más convenientes; se abrieron troneras y se mandó allegar la mayor cantidad posible de víveres y forrajes. A Matamoros le fue encargada la custodia de Buenavista, punto extremo sur del perímetro fortificado.

El primer enfrentamiento se llevó a cabo el 19 de febrero de 1812; después se sucedieron uno tras otro para sorpresa del general Calleja, que esperaba acabar con ellos en un dos por tres debido a la diferencia de armamento, preparación y cantidad de hombres. Después de varios enfrentamientos, Félix María Calleja solicitó al virrey autorización para sitiar al pueblo entre seis u ocho días; al llegar la comunicación afirmativa, actuó inmediatamente.

El 21 de abril, José María Morelos le pidió al coronel Matamoros que saliera en busca de víveres; después de una batalla en la que murieron varios de sus hombres, consiguió romper el cerco. En Santa Inés, se unió con Miguel Bravo y otros jefes, con quienes intentó regresar a Cuautla para cumplir con la tarea que le había asignado su general; además, sabía que era la única esperanza para la gente que se encontraba presa; sin embargo, fracasó.

El 2 de mayo José María Morelos y sus tropas rompieron el cerco y se reunieron con Mariano Matamoros. La defensa heroica de Cuautla cubrió de gloria los nombres de Morelos, Galeana, Matamoros y los hermanos Bravo, y dio más fuerza y más prestigio a la causa de la Independencia que la más espléndida victoria. La admirable valentía de estos hombres fue reconocida con los años, incluso por su enemigo, Calleja.

Mariano Matamoros permaneció al lado del caudillo insurgente del sur; con él tomó la ciudad de Oaxaca y fue ascendido a mariscal de campo. Morelos llegó a considerarlo su brazo izquierdo, como lo demuestra en una carta fechada en Acapulco el 29 de julio de 1813 donde se lee: “El Sr. Matamoros es mi segundo. Se hace forzoso respetarlo y convenir con él en todo lo que no choque directamente con el bien de la nación”.

Siempre se le veía con un uniforme grande de mariscal y mostraba que no descuidaba el adorno de su persona, pero sobre todo apoyando a su general Morelos, aun cuando no estuviera de acuerdo. Como sucedió después de la derrota en Valladolid, hoy Morelia, cuando se retiró hacia Puruarán en donde José María Morelos, en contra de la opinión de Mariano Matamoros, quiso presentar batalla, en la que a pesar de todos sus esfuerzos el mariscal fue derrotado y hecho prisionero.

Mariano Matamoros fue conducido a Valladolid donde se le dio proceso. Condenado a muerte, fue pasado por las armas en la plaza de la ciudad, el 3 de febrero de 1814. Tenía 44 años. El honor y la gloria se le reconocieron después de consumada la Independencia, en 1823 cuando el Congreso decretó que sería honrada la memoria de los que llamó “beneméritos de la patria en grado heroico”. Uno de ellos fue Mariano Matamoros.

Junto con los demás próceres que nos dieron Patria, fue sepultado el 17 de julio de 1895 en la capilla del Señor de San José y allí permanecieron 30 años hasta el 16 de septiembre de 1925, día en el que fueron llevados a su descanso definitivo en la Columna de la Independencia. En el tercer armón descansan los restos de Mariano Matamoros y se encuentra en el mismo nicho que José María Morelos, con quien permaneció a su lado hasta la muerte.

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Articulo autoría de Lorenza Espínola Gómez de Parada. 100 años del Comienzo de la Revolución Mexicana.  200 años de del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional. México 2010.

 
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