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MAR E INDEPENDENCIA, 1825

 

Todo país que aspira a la afirmación de su soberanía e independencia política debe disponer del control indiscutible e irrestricto de sus fronteras territoriales. Entre septiembre de 1821 y noviembre de 1825, las autoridades políticas, militares y navales de México y España se enfrentaron bajo estos principios. El escenario lo integraba el puerto de Veracruz, la fortaleza de San Juan de Ulúa, las islas vecinas y las proximidades de la costa.

La alianza entre el coronel realista Agustín de Iturbide y los jefes insurgentes representados por Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, hizo posible la negociación política y el consenso para declarar la independencia de México respecto a España. La firma del Plan de Iguala, la conformación del Ejército Trigarante, su entrada triunfal en la Ciudad de México y la suscripción de los Tratados de Córdova, fueron acontecimientos de clara orientación libertaria y nacionalista.

No obstante, existía una plaza provista de murallas, baluartes y una fortaleza inexpugnable que permanecía leal a la corona española: la ciudad y el puerto de Veracruz, así como el castillo de San Juan de Ulúa. El general José María Dávila, gobernador de la plaza, se negó a la rendición, a pesar de contar con pocos hombres y en contra del ánimo de la población, inclinada a apoyar la independencia. Dávila abandonó el puerto y se hizo fuerte en San Juan de Ulúa la noche del 26 de octubre de 1821. Llevaba 200 soldados, artillería, municiones y pertrechos, además del dinero de la tesorería del ayuntamiento. El armamento que no pudo trasladar lo dejó inutilizado y preparó la defensa de un recinto que era su deber mantener y defender a nombre de su majestad, el rey de España.

Aquella situación se prolongó a lo largo de cuatro años, debido a la circunstancia política de México y de España. En la península ibérica, el golpe militar del teniente coronel Rafael de Riego dio lugar a la instauración de un gobierno liberal basado en la Constitución de Cádiz. No obstante, Fernando VII era un monarca inclinado al absolutismo y aprovechó los movimientos conservadores para desestabilizar al gobierno y a la ley suprema que le habían impuesto. En todo caso, el conflicto político, la guerra civil y la bancarrota derivada de la pérdida casi total de las posesiones americanas, explican la ausencia de un proyecto decidido por reconquistar México, apoyando la defensa de San Juan de Ulúa. No obstante, es preciso subrayar que hasta donde fue posible, el castillo no dejó de recibir apoyo en cuanto a la provisión de víveres, pertrechos y tropa proveniente de la isla de Cuba, que era entonces posesión española.

En tanto, México iniciaba su vida independiente con grandes dificultades. Después de proclamarse emperador, el 21 de julio de 1822, Agustín de Iturbide tuvo que resistir la animadversión política y las conspiraciones de grupos que alentaban la instauración de un gobierno republicano, hasta que en marzo de 1823 se vio obligado a renunciar a la corona. Se instauró la primera república federal, cimentada en la Constitución de 1824, cuyo primer presidente fue Guadalupe Victoria. En medio del vaivén político el país atravesaba una grave crisis económica. La guerra de Independencia arruinó los campos, las ciudades, el comercio y la minería. Se carecía de medios efectivos para el cobro de impuestos adicionales a los de la aduana y el gobierno trabajaba siempre con adeudo y sueldos atrasados. En estas condiciones era difícil emprender una estrategia efectiva para la rendición de San Juan de Ulúa.

No obstante, el gobierno nacional adquirió algunos barcos que, si bien no eran suficientes para garantizar la soberanía marítima, conformaron la base de la primera Armada de México. Se trataba de las goletas Iguala y Anáhuac, así como de las balandras cañoneras Chalco, Chapala, Texcoco, Orizaba, Campechana y Zumpango, a las que después se agregaron la Tampico, la Papaloapan y la Tlaxcalteca. Por lo demás, fue en la Iguala donde se izó el pabellón nacional por vez primera y de manera oficial.

La construcción y ampliación de la fortaleza de San Juan de Ulúa, edificada sobre el lecho de un arrecife al norte del puerto de Veracruz, transcurrió a lo largo de dos centurias, para quedar terminada a finales del siglo XVIII. Se compone de un cuadrilátero central con sus baluartes, cortinas y aspilleras, además de un conjunto de bóvedas a prueba de bombas. Una torre llamada Caballero Alto hace la función de vigía y mirando a tierra se localiza un revellín propicio para el atrincheramiento, junto con obras de defensa como el foso inundado, la explanada para morteros, la palizada y el puente levadizo. El lugar tenía la capacidad de alojar a un numeroso contingente con provisiones, pólvora y armamento. Era tan destacada su posición, que controlaba la entrada y salida de todas las embarcaciones en el puerto de Veracruz.

Los años transcurridos entre octubre de 1821 y noviembre de 1825, oscilaron entre la negociación, la tolerancia, las amenazas y las agresiones. Los españoles de San Juan de Ulúa tuvieron la artillería necesaria para bombardear el puerto en varias ocasiones, sembrando el miedo y la incertidumbre entre la población que abandonaba la ciudad para buscar refugio en Mocambo, Boca del Río y Alvarado. A su vez, los mexicanos sólo podían responder en tierra con tiros de bajo calibre, además de los ataques marítimos de la Iguala y de algunas lanchas cañoneras.

A lo largo del enfrentamiento participaron sucesivamente, del lado español, el general José María Dávila, el brigadier Francisco Lemaur y el brigadier José Coppinger. Por parte de México actuaron de forma consecutiva, el general Manuel Rincón, el brigadier Antonio López de Santa Anna, el brigadier José Antonio Echávarri, el capitán de fragata José María Tosta, el general Miguel Barragán y el capitán de fragata Pedro Sainz de Baranda. La escuadrilla mexicana definió su estrategia central a partir del bloqueo, para rendir a los españoles por falta de relevos y el suministro provisiones y armas. No obstante, eran tan pocas las naves en activo y a menudo tan inoperantes para la persecución de barcos, que en varias ocasiones se filtraron naves para proveer de hombres y pertrechos a los españoles confinados en Ulúa. Asimismo, se montó un fortín en Mocambo y en la isla de Sacrificios, pero su artillería y las naves que ahí fondeaban, infligían daños menores a la imponente fortaleza. Para colmo, entre la tripulación no se disponía de marineros matriculados. Los pescadores de la costa utilizaban embarcaciones pequeñas, pero no estaban habituados a la vida en altamar, ni estaban dispuestos a participar en acciones de guerra. Para reclutar gente se recurrió a la leva, lo cual suscitó deserciones constantes, al grado que varias naves dejaron de utilizarse por falta de tripulación.

No obstante, para infortunio de los leales españoles, la resolución del conflicto fue asunto de tiempo y de paciencia. El bloqueo mexicano surtió el efecto deseado. A principios de 1825 la tropa comenzó desertar de San Juan de Ulúa, donde abundaban ya los enfermos de escorbuto, mal propiciado por la falta de vitaminas presentes en los vegetales frescos.

En noviembre los generales José Coppinger y Miguel Barragán convinieron las bases de la capitulación, a fin de sancionar el cambio de dominio de la fortaleza y permitir la salida de la guarnición con honores, realizar la entrega de armamentos y municiones y asistir a los muchos enfermos que había en la fortaleza. Finalmente, el 23 de noviembre de 1825 fue arriada la bandera española con todos los honores de ordenanza y poco después se izó el pabellón nacional con una triple salva de veintiún cañonazos. La noticia fue recibida con júbilo en las principales ciudades de México: s e oficiaron misas, se echaron al vuelo las campanas, se ofrecieron discursos y se organizaron festejos públicos. A partir de ese día, no hubo fuerzas militares extranjeras en toda la República que pusieran en duda la independencia nacional.

En conjunto, la resistencia del puerto de Veracruz, el bloqueo y la capitulación de San Juan de Ulúa, marcaron el principio de las acciones de la Armada de México que, si bien es cierto contó con escasos recursos y tuvo una acción más orientada al bloqueo que a la ofensiva directa, quedó revestida de loa y encomio por perseverar en la afirmación de la soberanía de nuestro país frente al mar y ante el mundo.

Se respeta ortografía de origen.

Fuente: Articulo autoría de David Guerrero Flores. 100 años de la Revolución Mexicana.  200 años de del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional. México 2010.

 
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